10 películas para explorar el cine social sudamericano

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Entendemos por cine social al grupo de películas que denuncian o exponen una realidad social. Podemos reconocer algunos famosos directores que se dedican al cine social, como el británico Ken Loach, o los hermanos Dardenne en Bélgica, por mencionar solo algunos europeos. En España, Iciar Bollaín con Flores de otro mundo y Te doy mis ojos es otro gran ejemplo. O Fernando León de Aranoa, con Los lunes al sol, Barrio y Princesas. Pero por fuera de Europa también hay un cine social que se hace ver y escuchar en festivales nacionales o internacionales, muestras y ciclos que se organizan permanentemente. Esta selección de 10 películas se refiere en concreto al cine social sudamericano (sin dejar de reconocer que lo hay también en el resto de Latinoamérica y en los demás continentes no mencionados). Un cine imperdible que nos acerca a aquella parte del planeta.

En el cine social hay una serie de temas y tópicos que se tratan con frecuencia: drogas (consumo y tráfico), prostitución, delincuencia, marginación, paro, condiciones laborales, derechos humanos, educación, pobreza, favelas, villas miseria o asentamientos precarios, minorías sociales, y problemáticas específicas de una cultura o región, entre otros y todas sus combinaciones.

El «nuevo cine latinoamericano» fue el que surgió en la década del 60 y se influenció del neorrealismo italiano. Se trató de una corriente ético-estética que intentó conectar el cine con la realidad y con la verdad de su país, comprometiéndose con los aspectos sociopolíticos de la región. Luego vino la década del 70, es decir, los años de las dictaduras. Las películas que aquí se proponen son todas posteriores a estos hechos, por tanto, son películas producidas en democracia que tienen como antecedente político dicho período y como antecedente estético aquel movimiento.

Evidentemente, no todos los países de Sudamérica tienen la misma industria cinematográfica. Hay países en los cuales esta industria cumple un papel muy importante en la cultura. Es el caso, sobre todo, de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Colombia.

Aquí se proponen (casi arbitrariamente)10 largometrajes para empezar a explorar el cine sudamericano.

10. El baño del Papa, C. Charlone y E. Fernández (Uruguay, 2007)
El baño del Papa, C. Charlone y E. Fernández
En 1988 el Papa Juan Pablo II visitó Uruguay. Esta película está basada en ese hecho. Melo es una ciudad del interior que limita con Brasil. Allí vive Beto con su mujer y su hija. Son una familia humilde y habitan un vecindario de bajos recursos. Todo el pueblo está expectante, espera con ansias el día divino en que el Papa pasará por Melo. Los medios de comunicación alimentan esa ansiedad. Estiman que recibirán unos 50.000 visitantes de otras ciudades y de Brasil. Entonces se preparan para el gran acontecimiento. Cada familia va a montar un puesto para vender choripanes, tortas fritas, tartas dulces y demás. Para prepararlo necesitan dinero, y como no lo tienen, hacen lo que haga falta: si hay que hipotecar la casa, la hipotecan. Todo está apoyado en la fe. Es un sacrificio que, si dios quiere, les será retribuido cuando hagan mucho dinero ese día. Beto no va a vender comida sino que tiene una idea mucho más original: construirá un baño en el frente de su casa para que todos los creyentes tengan dónde hacer sus necesidades. Muy a último momento consigue el dinero para hacerlo. Carga una taza del váter al hombro durante kilómetros y llega corriendo. Tarde: el Papa ya pasó por allí, casi fugazmente. No hay 50.000 personas, hay 8.000. Y nadie necesita ir al baño ni comprar comida. El espectador, como la población de Melo, queda derrotado tras ver tan dura película.

9. La vendedora de rosas, Víctor Gaviria (Colombia, 1998)
La vendedora de rosas, Víctor Gaviria
Esta es la vida (y la muerte) real en película. Los actores no son actores, son la misma gente que vive en la calle. Y son niños y adolescentes. La vendedora de rosas es una historia que no acaba cuando acaba la película y mucho menos comienza cuando comienza. Es anterior y posterior, y no vemos que vaya a terminar. La protagonista del film (Leidy Tabares) fue recientemente liberada de prisión luego de cumplir 26 años de condena por homicidio y hurto. La mayoría de los varones que participaron en la película han muerto en las calles de Medellín. Y como si fuera poco, Mónica Rodríguez, la mujer en la que se inspiraba esta historia, fue asesinada mientras se rodaba la película. Sí, la realidad supera a la ficción. Es anterior, además, porque como dice la leyenda que se imprime sobre fondo negro cuando acaba el film, ya escribió Hans Christian Andersen el cuento «La vendedora de cerillas» hace 150 años. Es verdad que la historia de Mónica tiene muchos puntos en común con el cuento danés. Pero en la película, además, la historia es violenta, es sangrienta, es de drogas y de los bajos fondos, es decadente, es terrible, es temible y lo peor: es menos que la realidad.

8. María llena eres de gracia, Joshua Marston (Colombia, 2004)
María llena eres de gracia, Joshua Marston
María es una joven colombiana de clase baja que trabaja en una fábrica. Con valentía renuncia a su empleo para no seguir soportando el despotismo de su jefe. Su madre y hermana la reprenden por eso. María se dispone a una búsqueda laboral en Bogotá. Pero de camino a esa ciudad le hacen una oferta: trabajar de mula, es decir, pasar droga dentro de su cuerpo a Estados Unidos. Con esta propuesta detona la película.

El resto es la lucha de María, primero, por ser capaz de tragar tanta droga (se entrena con Lucy, una mula experimentada) y llevarla dentro del cuerpo durante horas en avión (la larga secuencia del vuelo es probablemente lo mejor de la película) sin perder ninguna cápsula en el intento. Luego, por entrar a Estados Unidos sin ser descubierta por la policía que, por supuesto, sospecha. Una vez en Nueva York, por expulsar la droga de su cuerpo y obtener su dinero. Pero también por hacer cierta justicia por mano propia cuando algo sale realmente mal. Por hallar un lugar donde dormir en esa ciudad. Por pasar la angustia. Por encontrar un punto de encuentro y comunicación con su mejor amiga, Blanca, que también está metida en la pesadilla. Por sobrevivir. Y luego, al final, por vivir y darle la mejor vida posible al bebé que lleva dentro de su vientre. El título de la película es acertado e irónico. Lo terrible es que aquí la gracia sea la heroína, y no precisamente en su acepción de femenino de héroe.

7. Machuca, Andrés Wood (Chile, 2004)
Machuca, Andrés Wood
En el caso de esta película, además de social, se trata de un cine explícitamente político. Dos chicos que pertenecen a clases sociales opuestas se hacen amigos en el colegio, situación que es posible gracias a las medidas tomadas por el director de la institución, que abre las puertas a las poblaciones marginadas. El personaje del director, el padre McEnroe, está basado en la figura de Gerardo Whelan, un sacerdote que creó en la década del 60 un programa experimental de enseñanza en Chile. Se trataba de un plan muy progresista que, entre otras cosas, integrara a la clase alta con los sectores marginales. El film está dedicado a la memoria de este sacerdote.

Los mundos de Gonzalo (el niño rico) y de Machuca (el niño pobre) están separados por condiciones no solo sociales sino también políticas e ideológicas. Mientras que en la casa de Machuca se observa una iconografía allendista, en la casa de Gonzalo se observan zapatillas Adidas, mucha comida y una empleada doméstica. Machuca y su gente participan en las manifestaciones políticas vendiendo banderas comunistas y del PS, y saltando con convicción ante el canto «el que no salta es momio», pero también en las del otro bando vendiendo banderas del Partido Nacional y saltando por obligación.

La historia transcurre en Santiago de Chile en 1973. Y llega septiembre: los militares bombardean el Palacio de La Moneda y Allende se suicida. El golpe de Pinochet ha comenzado. Lo que sigue no está en la película, está en la memoria de todos.

6. Ciudad de Dios, F. Meirelles y K. Lund (Brasil, 2002)
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Se trata de una película estéticamente impecable. La narración es compleja, el guión es muy bueno, el montaje es parte del mérito, la cámara es frenética como la vida misma en una favela de Brasil, y la fotografía es excelente. Esto último se lo debemos a César Charlone, el mismo director de fotografía de El baño del Papa, película también estéticamente bella.

Cidade de Deus, título original, ya se convirtió en un clásico del cine latinoamericano y bien ganada tiene su fama. Ciudad de Dios es el nombre de una favela de Río de Janeiro donde transcurre esta historia de narcotraficantes, miseria, amistad, amor, violencia, corrupción y delincuencia. Una vez más, se trata de una película realizada con actores naturales, es decir, algunos son los propios habitantes de la favela interpretándose prácticamente a sí mismos. No es el caso del actor que interpreta el papel de Mané Galinha, uno de los personajes más importantes de la historia, puesto que es Seu Jorge quien lo hace, el cantante y actor brasileño responsable de parte de la banda de sonido de Life Aquatic, la película de Wes Anderson, y de aquellas melancólicas escenas en las que en ese film estadounidense aparecía junto a su guitarra, en alta mar, musicalizando el asunto. Sin embargo, podría haberlo sido: Seu Jorge también salió de una favela de Río.

5. Radio favela, Helvecio Ratton (Brasil, 2002)
Radio favela, Helvecio Ratton
Con mucho menos éxito, el mismo año que Ciudad de Dios también se estrenó Radio favela oUma Onda No Ar, título original en portugués. Se trata de una historia basada en un hecho real: en una favela de Belo Horizonte, en la década del 80, comienza a funcionar una radio pirata que intenta concientizar a los habitantes de la favela y darles una voz a los silenciados. El programa se emite todos los días a las siete de la tarde, en el mismo horario en que sale al aire «La voz de Brasil», el programa de radio oficial del gobierno de turno. La policía, por supuesto, quiere detenerlo cuanto antes y está mucho más interesada en acabar con ellos que con el narcotráfico. La película no lo muestra porque es un testimonio de los primeros años del experimento, pero es reconfortante saber que en 2001 Radio Favela logró la aprobación del gobierno y dejó de ser clandestina.

Hay muchos puntos de conexión entre esta película y la de Meirelles, a pesar de que esta es un poco fallida y muy inferior a la otra en términos cinematográficos. Radio favela es una película menos dura y más amigable aunque entonces menos realista. Carece de la acción que caracteriza a Ciudad de Dios pero no de la tensión que se desprende de ciertas escenas. Tiene además algunos momentos que la acercan al complicado género musical que sabe fácilmente producir fastidio cuando no termina de dialogar bien con el resto del film.

4. Madeinusa, Claudia Llosa (Perú, 2006)
Madeinusa, Claudia Llosa
Probablemente, la película que más fama le dio a la directora peruana Claudia Llosa haya sido La teta asustada, con la que obtuvo el Oso de Oro en Berlinale 2009. Madeinusa es anterior y ya se puede ver en ella un estilo de cine que continúa en la otra mencionada. Magaly Solier es la actriz protagónica en ambos films, quien aporta una fuerte presencia femenina que con su rostro indígena contribuye al sello de Llosa. Se trata de un cine social que refleja lo costumbrista de los pueblos indígenas. En este sentido, se separa del cine social urbano hasta ahora mencionado en tanto este es rural y representa a otro tipo de grupo minoritario.

Madeinusa es el reflejo de la tradición de un pueblo andino de Perú en Semana Santa. Como dios está muerto entre el Viernes y el Domingo Santo hasta que resucite, los habitantes del lugar pueden hacer lo que quieran porque durante ese tiempo santo no hay dios que castigue. Lo que se pone en juego en esta historia es el poder, el patriarcado, la sexualidad y la vida.

3. Mi socio, Paolo Agazzi (Bolivia, 1982)
Mi socio, Paolo Agazzi
La influencia del neorrealismo italiano en la película Mi socio es muy evidente. Puede tener que ver el hecho de que Paolo Agazzi sea en realidad un director de cine italiano, aunque nacionalizado boliviano. Muchas escenas recuerdan a distintos títulos de Vittorio De Sica, sobre todo. La escena de la boda nos recuerda, además, a Kusturica, aunque debería ser al revés, puesto que la mayoría de su cine es posterior al comienzo de la década del 80. No es de extrañar: el neorrealismo italiano también sirvió de inspiración al cine serbio.

Mi socio es una road movie. Un camión se desplaza de Santa Cruz a La Paz. Nuevamente, se trata de un cine social rural e indígena. El film nos muestra la vida de los coyas (indígenas de allí), además de una entrañable relación entre un camionero y un niño limpiabotas que deviene en ayudante del camionero. Sin embargo, hay que reconocer que la película es fallida. Su estructura e incluso la trama no están bien resueltas. La banda de sonido creada ad hoc es un poco machacona. Pero el resultado no es solo una tierna anécdota; el film muestra a Bolivia con mucha fidelidad en su aspecto geográfico y socio-cultural.

2. Elefante blanco, Pablo Trapero (Argentina 2012)
Elefante blanco, Pablo Trapero
Otro film dedicado a la memoria de un sacerdote: al Padre Mugica, quien desarrolló una labor comunitaria en la Villa 31 (asentamiento precario donde transcurre esta historia) entre las décadas del 60 y 70. Formaba parte del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y su activismo social implicó una amenaza para ciertos sectores políticos. Fue asesinado en 1974. Desde entonces, se convirtió en un ícono para lo habitantes de esa villa. La película lo muestra explícitamente cuando Ricardo Darín, que también interpreta a un sacerdote comprometido con lo social, da una misa en memoria de Mugica. Además, todo su personaje es un homenaje al real sacerdote, incluso el modo en que muere. Elefante blanco no solo homenajea, también expone la realidad de las villas miseria en Argentina. Fue rodada allí dentro y muchos de los actores no son profesionales, son sus mismos habitantes.

Los ya mencionados hermanos Dardenne, referentes del cine social belga, tienen su actor fetiche: Jérémie Renier. Es el protagonista de títulos como El niño o La promesa. Pues bien, Trapero lo quiso para este film y le fue concedido el deseo. No puede quedarle mejor el papel de sacerdote extranjero en la Villa 31 a este experto en la interpretación de realidades sociales conflictivas.

1. P3nd3jo5, Raúl Perrone (Argentina, 2013)      
P3nd3jo5, Raúl Perrone
P3nd3jo5 se lee Pendejos. Y en este tono de originalidad, vanguardia y rupturas va el resto de la película. Un pendejo es un pibe. Un pibe es un pibe (chico) de barrio. Estos pibes de barrio están todo el día en la calle andando en skate. Los pibes se enamoran de una piba (chica) o de otro pibe. Alguna piba, todavía adolescente, queda embarazada. Los pendejos huyen de la yuta (de la policía) y se enfrentan a armas de fuego. Consumen droga y viven la calle. Son los pibes de Ituzaingó (lugar de nacimiento del director), que queda en la Provincia de Buenos Aires, Argentina, un lugar con aspecto bastante menos europeo que la Ciudad de Buenos Aires.

Raúl Perrone es un retratista de la vida no acomodada, de su barrio, de los pibes (su anterior película se llamó Las pibas) entonces sí, es un director de lo social. P3nd3jo5 es su última película estrenada y además rompe moldes. En blanco y negro y prácticamente muda, este filmse propone como una «cumbiópera» organizada en tres actos y una coda. Dura dos horas y media. Es el retrato de una sociedad contado con atípicos recursos estéticos y artísticos. Es la propuesta de un nuevo cine.