¡Monsieur, le cinèma!: Regreso (y estreno) a la ilusión del cine Sep30

¡Monsieur, le cinèma!: Regreso (y estreno) a la ilusión del cine...

Dos manchegos recorren Togo y Benin, llevando por primera vez cine a muchas de sus aldeas, en un proyecto solidario con un fin romántico: regalar a sus habitantes la experiencia que ellos mismos tuvieron de niños, cuando el cine ambulante visitaba las plazas de sus pueblos. La crónica del viaje, documentada en centenares de clips de vídeo, se ha convertido en una película que pretende dar a conocer la experiencia para repetirla en otros lugares del mundo. Ha pasado casi medio siglo desde aquella vez que Rafael Cabanillas obtuvo un pasaje al mundo de la aventura a cambio de una peseta. Aquel niño inquieto que corría por las calles de Torrijos no lo sabía, pero el sencillo gesto de comprar una entrada para el cine ambulante que llegaba en las noches de verano a la Plaza de San Gil marcaría un destino en su vida, y ayudaría a cambiar la de muchas personas a muchos kilómetros de distancia, y a una distancia metafórica aún mayor de la cultura de posguerra de un pequeño municipio toledano. Cabanillas, profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Ciudad Real, embarcó el pasado verano a su amigo Paco Matas para que durante dos meses se convirtieran en transportistas de ilusiones, llevando cine a las más remotas aldeas de Togo y de Benin, en el Golfo de Guinea, al sur del Sur. Los dos pusieron sus ahorros a disposición de la aventura: compraron un ordenador portátil, un proyector, una lona de nueve metros cuadrados, un generador eléctrico de gasolina y cincuenta metros de cable, para poder colocar la fuente de energía a una distancia suficiente como para que el ruido del pequeño motor de explosión no molestara a los espectadores. Jamás habían tenido contacto con el mundo del cine, pero...

Más allá de melodías, acordes y transiciones convencionales Sep30

Más allá de melodías, acordes y transiciones convencionales...

Tuya es un proyecto nacido a raíz de la propuesta musical de David T. Ginzo. Con un epé, Own, interpretado exclusivamente por él, armó una agrupación que lo acompañase en los directos. Fue así como, convenciendo desde el escenario, Tuya editó en 2012 Waterspot, su primer larga duración. Su carácter experimental lo aparta de los circuitos convencionales, aunque la naturalidad y la plenitud de su música lo convierten en un grupo a seguir. Cuesta creer que en la música no esté ya todo hecho. Pero sabemos que no es así. Que a pesar de existir un número incontable y desconocido (y, por si fuese poco, creciente) de canciones, cada día tenemos la oportunidad de escuchar y disfrutar de algo nuevo. Y eso que la escala musical se compone de siete notas. Siete. Pero luego aparecen las alteraciones para rendir buen tributo a su nombre, y de ahí surgen ilimitadas combinaciones que hacen que la música sea, en realidad, un prodigio. Es lo que pasa con prácticamente todo aquello que está relacionado con el arte. Por temas esenciales tenemos la vida, el amor y la muerte. Que nadie nos mueva de ahí. Pero luego surgen los conflictos, los acuerdos, las experiencias que en resumidas cuentas dan pie a millones de novelas, de películas, de cuadros, de fotografías, de canciones. Cada una con su propia mota de particularidad, que la diferencia del resto. Y es así como llegamos hasta Tuya. Tuya no es un conjunto musical al uso, entendiendo por el mismo una agrupación con su número invariable de miembros y su estilo definido. Hay bandas con historias que podrán resultar más curiosas, más insólitas. Pero esta no está nada mal y, desde luego, se aparta de unos cuantos cánones. Tuya se forma a finales de...

Cooltureta

Cooltureta no es un cómic. La portada ya lo deja bien claro. Tacha la palabra «cómic» e imprime «novela gráfica». Claro, no es de extrañar, es mucho más cool hoy en día hablar de novela gráfica que de ese género ya clásico del relato visual. ¿Pero qué es un cooltureta? Un cool de la cultura. Es decir, esos personajes que van por la vida haciendo alarde de lo cool que son, valiéndose para ello, sobre todo, del consumo de ciertos productos coolturales. Esos que viven en barrios cool (como Malasaña en Madrid), que comen comida cool (esa que parece escrita en otro idioma cuando la vemos en el menú del bar cool, el que tiene sillas que se usaban en otra época y una camarera que estudia teatro) y van a lugares cool (es decir, no van a sitios comerciales ni al bar de toda la vida). El protagonista de Cooltureta es un hombre, probablemente un treintañero, que se muda a un barrio cool, donde hay muchos negocios que venden ropa vintage, y bares-librerías. El treintañero va a un cine cool (porque quiere explotar la oferta cultural que le ofrece su nuevo barrio) que no es más que el Cine Doré, conocido también como «la filmo», y luego cruza a un reconocido bar de enfrente que ofrece tapas de autor. Esta es la entrada al libro, y las ilustraciones y el guión son tan buenos, que la verdad es que sentimos que estamos en esas aceras de la calle Santa Isabel junto a los personajes (estos, o los de la vida real). Luego, el treintañero, que quiere pertenecer al mundo cool, acudir a los sitios coolturetas, participa de algunos eventos, como una fiesta del coworking o un festival de cine independiente al que puede...

Liquidación

Editada en la sede mallorquina Sloper, su autor, que ha escrito tres ensayos anteriormente sobre cine y conoce de primera mano el tema y el campo de acción de su personaje Luis Dédalo, siembra controversias con ésta su primera novela que vende como de autodestrucción, siendo en este sentido la referencia, el género y modelo de autoayuda norteamericano, ya tan temiblemente agotado como lo está nuestra propia sociedad. En el libro aparecen sugeridos y narrados los mundos del 15-M y sus consecuencias, los comedores sociales pegados a los pocos y clasistas cines que aún existen en Madrid, el fin de una época que probablemente se clavó tanto en nuestra retina como una aguja hipodérmica. Porque también hay drogas, alcohol y vestigios, muchos vestigios de una época que fue sólo para algunos y en la que muchos de ellos fueron los cínicos que ahora enarbolan esas conciencias que quieren salirse del consumo y no pueden, obligadas a sobrevivir. Narrada en primera persona por este protagonista que no es más que un crítico del Séptimo Arte, cuya estela ideológica parece encontrarse entre el mejor Carlos Pumares y el elegante Antonio Gassett de Días de cine; su historia recuerda por lo de bajada a los infiernos a la de El crepúsculo de los dioses, aún a sabiendas de que no es el muerto en una piscina quién habla, sino el muerto en vida o el que no tiene donde caerse muerto, un inadaptado que somos todos, un desecho social que se empieza a ver a sí mismo como tal, a pesar del dinero que ganó, los polvos que echó o la droga que consumió. Porque el recuerdo que va de la retina al cerebro de aquel gran cine que tanto se reivindica, está hecho de pedazos, de...

Un belvedere y vistas al mar...

Este libro no es una, sino dos joyas, y hace un año que salió sin ser notado. Un belvedere y vistas al mar (Granada, Diputación de Granada, Colección Genil de Literatura, 2013), atribuido en la carátula al pintor, dibujante y diseñador gráfico granadino Claudio Sánchez Muros, es una auténtica rareza al alcance de cualquier bolsillo. Se trata de una edición facsimilar que la Diputación de Granada ha sacado a la luz en homenaje al que fuera uno de los maestros del diseño gráfico de nuestro país, fallecido en 2010. Ligado a la escritura poética desde sus colaboraciones con el grupo Poesía 70 hace más de cuarenta años, la escritura experimental y visualista fue una de las semillas de su concepción plástica y en Un belvedere y vistas al mar retorna Sánchez Muros a la relación entre discurso poético y discurso plástico. Por aquí se anda lo de las dos joyas, me explico: a comienzos de la década de 1990 el poeta Antonio Carvajal regaló al pintor un ejemplar de Extravagante jerarquía, libro en el que se recogían todos los poemarios que Carvajal había editado desde1968, cuando irrumpe en el panorama literario español con el excepcional Tigres en el jardín, hasta 1981 en que dio a publicación Sitio de Ballesteros. El pintor tomará el libro como cuaderno de dibujo y a lo largo de los años mantendrá un diálogo creativo con los poemas, iluminando las páginas de esa delicia para la inteligencia que es Extravagante jerarquía. No se trata de ilustraciones que más o menos pudieran representar gráficamente esta o aquella anécdota, sino de una obra convergente: los poemas incitan a la creación plástica de Sánchez Muros, que se derrama a capricho por la página. Casi siempre respeta el grafista el texto del poema, pero...

Lars Von Trier. El exceso como norma Sep30

Lars Von Trier. El exceso como norma...

Dictador y genio, revolucionario y pesimista, crítico y autocomplaciente… Son muchos los adjetivos que sirven para referirnos a Lars Von Trier, una de los nombres mas personales y polémicos del cine contemporáneo, empeñado en mostrarnos el camino del sufrimiento  y tan propenso a meterse en problemas como eficaz en esquivar etiquetas. Su obra, siempre sorprendente, nos ha proporcionado alguno de los picos mas altos de la cinematografía reciente. A pesar de que los años cumplidos lo alejen de la condición de enfant, Lars Von Trier es, quizás, el director de cine que mas merece la distinción de terrible por su continua necesidad de trasgredir fórmulas cinematográficas y tabúes sociales. Su trabajo es continuación genealógica de la mejor escuela nórdica, con Murnau, Dreyer y Bergman como figuras ejemplares, aunque  el director danés haya sabido mantener una marcada e irreverente autoría artística, de  evolución tan abrupta como coherente y reflejo de una personalidad egocéntrica y brillante a partes iguales, polémica muy a sabiendas, e impertinentemente sincera hasta el extremo de generar odios y fobias. Hablar de Trier es hablar de provocación en cada uno de sus trabajos, que llegan a bascular entre lo impostado y lo impúdico, siendo capaz de perpetrar una boutade de pretensiones experimentales como  El jefe de todo esto  o suicidios artísticos como la apabullante Anticristo. Pero el cineasta danés es sinónimo, sobretodo, de exceso; de exceso visual en su primera época, cuando recién graduado llamo la atención con El elemento del crimen y Epidemic, cintas de un barroquismo formal artificioso que lo sitúan ya como francotirador del acartonamiento académico, frescos experimentales sobre los que edificar su tercer film y su primer gran triunfo, Europa, poseedor de una imaginería visual desbordante que recorre la historia del cine y epítome de un joven Trier...

La belleza de la extinción Sep30

La belleza de la extinción...

Melancolía de Lars Von Trier es recordada por la rueda de prensa de su presentación en Cannes y las declaraciones del director sobre el nazismo, que lo apartaron del Festival como persona no grata. Pero huyendo de la polémica encontramos en su metraje la más firme puesta en escena de su nihilismo filosófico y un compendio de hermosas imágenes que recrean un doloroso estado de ánimo tan tensamente suspendido en el tiempo como la armonía wagneriana que las acompaña. La seriedad que caracteriza el cine de Lars Von Trier surge a menudo de sus propias crisis depresivas, extrapoladas en una profunda y a la vez accesible reflexión sobre la vida y esa parte de la misma que conformamos los seres humanos. Melancolía es la cinta del autor que mas claramente muestra dicha traslación a través de una amenaza exterior que pretende consumir el mundo, y que tiene tanto de íntima orquestación de ciencia ficción catastrofista como de intensa proyección psíquica (similar por ejemplo a la que Hitchcock creó con sus pájaros asesinos en The Birds) de una necesidad de castigo y autodestrucción del ego. En uno y otro caso, lo que el director danés nos ofrece es un nuevo capítulo de su concepción nihilista de la existencia, sujeta a una falta de sentido en la que el ser humano constituye una forma de vida que solo consigue actuar en la anodina displicencia o en el sufrimiento, y que, como indica fríamente la protagonista de la cinta, nadie echará de menos cuando desaparezca. El mayor logro de Trier en esta deslumbrante y pesimista película es recrear todo un estado de ánimo en el que aflicción y belleza visual se retroalimentan para retratar la desolación interior y la salvación balsámica de la muerte, atravesando un cúmulo...

No se puede hacer cine estando deprimido Sep30

No se puede hacer cine estando deprimido...

Lars Von Trier es un buen realizador. Lars Von Trier es un provocador. Lars Von Trier es un director de cine que se deja llevar por sus pasiones sin saber tomar distancia con ellas. Lars Von Trier confunde la provocación con el asco o el escándalo. Todo esto puede decirse de Lars Von Trier; que logra poner a la crítica en guardia o al espectador a la defensiva, con cada uno de sus trabajos. Anticristo es una excelente muestra de ello. La gracia de una obra de arte, o de lo que aspira a serlo, es provocar. Un ejercicio de inteligencia en el observador, un cambio en la percepción de la realidad, la aparición de preguntas (tal vez sin respuesta). Porque, simplemente, provocar un respingo, una mueca de desagrado o una carcajada, se queda corto. En el mundo hay muchas cosas que provocan eso y no son obras de arte. Por otra parte, la gracia de ser artista (entre otras cosas) consiste en, ineludiblemente, tomar una distancia suficiente con lo que se quiere contar para no dejarse contaminar por sentimientos o actitudes que pudieran convertir la obra de arte en algo tan, tan personal, que no interesase a nadie. Normalmente, ni al propio artista. Pues bien, Lars Von Trier es un provocador. Un buen realizador (a veces) que hace oscilar su obra de las zonas más geniales a las más ramplonas y ridículas (más veces). Un hombre que se deja llevar por sus pasiones más allá de lo que debería consentirse (muchas veces) o de ejercer una mirada crítica, casi quirúrgica, y profunda, que resulta perturbadora y enriquece a cualquiera que tenga acceso a ella (a veces). Esto no es cosa exclusiva de Von Trier. Le pasa a todo artista que se precie. Pero...

La épica de la sencillez Sep30

La épica de la sencillez...

En la trilogía cinematográfica a la que pertenece Rompiendo las olas, Von Trier recupera su obsesión adolescente por la capacidad de entrega del ser humano. El director danés lo hace además rindiendo un implícito homenaje a su compatriota Dreyer, y desplegando todos los recursos narrativos que el Manifiesto Dogma  pone a disposición de la historia del cine. No puedo decir que Lars Von Trier sea uno de mis directores fetiches. Ni siquiera puedo decir que su filmografía y trayectoria profesional, aún calificándola de extraordinaria en el sentido literal de la palabra, me fascine. No puede negarse que su afán por romper lo establecido y ser el creador de Dogma 95,  uno de los movimientos cinematográficos más auténticos y vanguardistas, le ha elevado según algunos, a la categoría de creador e innovador cinematográfico. Sin embargo, buena parte de sus películas, especialmente las de su más reciente etapa creativa, exceden con creces el buen gusto y se dedican casi exclusivamente a dar rienda suelta a sus instintos pornográficos, mezclados con una buena dosis de sadomasoquismo nórdico.  Películas como Anticristo (2009) y Ninphomaniac (2013) no pueden calificarse más que de subversiones del subconsciente adolescente de un director  pagado de sí mismo y que ha decidido hacer, cinematográficamente hablando, de su capa un sayo. Sin embargo, en medio de esta debacle sexual en la que se ha convertido últimamente su cine, Von Trier (el ‘von’ distinguido es un añadido personal a su apellido producto de su admiración por directores como von Stroheim y von Sternberg) nos ha brindado auténticas joyas del cine. Y probablemente sea Rompiendo las olas (Breaking the waves, 1996) el mejor paradigma de cómo la técnica depurada, cruda y realista producto del Manifiesto Dogma, y la poesía, las emociones y las obsesiones convertidas en fotogramas,...

El ocaso de Jesucristo Sep30

El ocaso de Jesucristo...

Lars Von Trier es capaz de sorprender a cualquiera que se acerque a su obra. Pero en Dogville eso se traduce con más fuerza que nunca: la inteligencia del espectador es tomada en cuenta como fundamental en el encuentro, la originalidad del escenario es apabullante, los diálogos arañan la conciencia, los actores son dirigidos con gran acierto… Y, todo ello, como escaparate para un despliegue fascinante de ideas que permiten distintas lecturas. Una de ellas es esta. ¿No es el rostro de Grace la imagen de Jesucristo? ¿No ha quedado hoy su figura más maltrecha que nunca en pueblo de perros? Asistimos al ocaso del ídolo cristiano de la bondad profunda e incorruptible en una sociedad que rechaza cualquier espejo que no sea made le moi. Dogville es así, ante todo, una historia cruel de espejos: el perro que se mira en la santidad de la joven no puede sino sentir odio hacia ella al dejar al desnudo su inútil maldad, que avergüenza por la realidad última que ello compromete: la belleza no puede ser amada en un pueblo de canes cainitas. ¿Cómo puede la rosa enfermar con las espinas de otras rosas? Coronan de espinas la «arrogancia» de la bondad que encarna de forma incomparable Nicole Kidman, arrodillándose ante el bíblico «como yo os amo, así también vosotros os améis mutuamente». Ponen, más bien, el collar de perro que ¡en realidad les pertenece a ellos!, pero es que en el espejo en que se miran, la imagen que éste les devuelve es la de Grace, y ella, sin embargo, solo pronuncia algo que recuerda mucho a estas palabras del Mesías: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». Pero los habitantes de Dogville solo saben de espejos rotos -propios del príncipe de Valaquia-...

Blues en lo profundo de la marisma Sep30

Blues en lo profundo de la marisma...

El próximo sábado cuatro de Abril llega una nueva edición del festival Tomate Blues, encuentro heterogéneo y de sabor genuinamente popular, que convoca en el Parque de los Hermanamientos de la sevillana localidad Los Palacios y Villafranca, a amantes del blues (y también a amantes de la mas sencilla y pura diversión) de muchos lugares. Con la actuación de grandes músicos como La blues band de Granada o Lolo Ortega, que se encargarán de recrear en plena marisma sevillana un pequeño delta al sur de los Estados Unidos. Cada otoño, con la llegada de las primeras tardes agradables, noches de brisa fresca y el rugir de la vida que se reincorpora a la cotidianidad tras las vacaciones, Los Palacios y Villafranca, localidad del bajo Guadalquivir, ofrece una fulgurante despedida al verano y calma su pasión, volcada en la guitarra y el cante flamencos, en favor del sonido de otro sur igual de sudoroso, adoptando como propio el canto de la Norteamérica mas profunda. El Tomate Blues, festival dedicado a la música nacida a orillas del Mississipi (junto a otras afines) y evento cada vez mas  multitudinario, llega a su cuarta edición el próximo sábado 5 de octubre, convocando por igual  a fieles y profanos de esa música del lamento y la emoción, que tan bien conoce la racial marginalidad de la que surge lo jondo, para dejar claro en la práctica algo que ya intuíamos en la teoría, que en el sur, da lo mismo si es el peninsular o el de los Estados Unidos; el gentío, la fiesta y la música se viven de forma única Quizás el sol bajo reflejado en la marisma, la humedad de estas tierras, se parezcan mas de lo que pensamos a los calurosos páramos en los que...

NIÑOS, DOLOR Y SILENCIO...

Durante la niñez, todo queda registrado en una memoria nueva e imprescriptible, para bien y para mal. Expulsados antes de hora de ese paraíso privativo, los niños sufren en silencio y se vuelven prematuramente juiciosos. ¿No lo creen? Escuchen a Nicolas. Pero, sobre todo, sea esta lectura mejor, peor, llevadera o dolorosa, dediquen todos sus esfuerzos a proporcionar una vida mejor y un mundo más habitable a los pequeños que tengan cerca. En la contraportada de la edición de Anagrama se reproduce una frase extraída de la reseña de Vincent Landel en Le Magazine Littéraire que describe a la perfección la novela de Emmanuel Carrère. Dice Landel: «Con un rigor extremo, con un tacto extremo, Carrère traza una red de sutiles señales, amenazas y premoniciones, trabajando con un registro preciso, directo, casi naturalista, en la elaboración de una perfecta narración de terror». Comparto al cien por cien este dictamen al que poco podré añadir en las siguientes líneas, salvo recomendarles encarecidamente la lectura del libro. Emmanuel Carrère nació en París en 1957. Diplomado por el Instituto de Estudios Políticos de su ciudad natal, ha ejercido el periodismo y es guionista de cine y televisión, además de director cinematográfico. Varios de sus libros han sido llevados al cine y en el año 2005 dirigió la adaptación cinematográfica de su novela El bigote (La moustache, 1986). Forman parte de su obra otras novelas como El curso de invierno (La classe de neige, 1995), y De vidas ajenas (D’autres vies que la mienne, 2009), y las biografías Werner Herzog (1982), Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982 (Je suis vivant et vous êtes morts, 1993),y Limónov (2011). Ya he comentado alguna vez que elijo mis lecturas de manera desordenada y poco ortodoxa, a...

Las batallas de Fortuny Sep23

Las batallas de Fortuny...

(Vista de Tetuán, Marià Fortuny. MNAC) El pintor Mariano Fortuny fue comisionado por la Diputación de Barcelona para dejar testimonio de los hechos heroicos del cuerpo de voluntarios catalanes del ejército español en la guerra de Marruecos. La batalla de Tetuán es la pintura militar más destacada después de Goya. El viaje con las tropas implicó para el artista una catarsis artística y personal que produjo su iniciación en la vía del orientalismo. Cuadros, bocetos y estudios preparatorios de las pinturas marruecas se reparten entre el MNAC de Barcelona, el Museo del Prado y los museos de Reus. El seis de febrero de 1860 las tropas de ejército español, al mando del general Leopoldo O´Donell, Presidente del Consejo de Ministros, entraban en la plaza fuerte de Tetuán. La ocupación fue un movimiento estratégico en la guerra hispano-marroquí, iniciada por el gobierno de Isabel II para frenar los hostigamientos de las guerrillas rifeñas sobre las ciudades de Ceuta y Melilla, y reforzar la posición española en el norte de África. En la marcha sobre la fortaleza marroquí fue decisiva la actuación del cuerpo de voluntarios catalanes al mando del general Juan Prim. Con motivo de las escaramuzas militares, la Diputación de Barcelona, que había tomado a sus expensas el coste de la fuerza expedicionaria catalana, encargó a Mariano Fortuny una pintura conmemorativa de gran formato inspirada en el cuadro de Horace Vernet La batalla de Smala (1844) actualmente en el Palacio de Versalles. Se buscaba de esa manera trazar un paralelismo con la labor colonizadora de Francia en Argelia, así como fijar el espíritu patriótico y nacionalista que había conseguido concitar el gobierno liberal español con su intervención en Marruecos. (La batalla de Tetuán, Marià Fortuny. MNAC) La batalla de Tetuán (1865) se vuelve a...

El truco y el mago Sep23

El truco y el mago

Arranca la temporada teatral en toda España. La oferta va desde lo más clásico hasta el teatro experimental, desde lo convencional a las nuevas formas narrativas. El Teatro de la Abadía de Madrid presenta Mi gran obra de David Espinosa. Atrevida, innovadora y atractiva. A falta de recursos y en plena crisis lo mejor es echarle creatividad al asunto. La gran obra soñada por este joven creador se podría encuadrar en lo que conocemos como instalación, aunque el ingenio de la propuesta la convierte en un producto que podría caber en cualquier definición. Imaginen más de trescientos actores, todo tipo de medios (incluyendo, por ejemplo, helicópteros, autobuses y una magnífica máquina que puede generar vientos arrasadores). Ahora, imaginen una sala en la que una especie de dios hace y deshace lo que quiere para generar vida (tan efímera como ficticia, pero vida). Imaginen poder asistir a un espectáculo mágico en el que el mago se deja ver y permite que el espectador conozca todos sus trucos. Pues eso es Mi gran obra. Por favor, piensen que eso se puede concentrar en un espacio ochenta y siete veces más pequeño de lo que ocupa en realidad. Imaginen que los actores se convierten en más de trescientas figuritas (de esas que se usan al construir maquetas de tren), que el helicóptero es de plástico (diez centímetros de largo) y mueve las aspas con el aire que suelta un pequeño secador de pelo; y que al dios creador de vidas efímeras lo cambiamos por David Espinosa que es quien ha tenido esta idea y quien dirige la obra (este hombre mide lo normal y no reduce su tamaño en ningún momento, claro). La cosa queda algo rara, pero pueden acudir al teatro con tranquilidad porque asistirán a...

Volanderas

Volanderas es el último libro de relatos del escritor español Víctor García Antón, que nació en Teruel pero vive en Madrid. Son relatos como eslabones que enlazados en este libro conforman una cadena. Pero cada uno por sí solo es una pieza cerrada, si se quiere. Quiero decir: si rompemos la cadena, que en definitiva es el libro y su trabajo de recopilación y edición, igual quedan piezas que no necesariamente son para armar. Hablando de edición… La editorial que publica esta obra es Tres rosas amarillas, una librería imperdible del barrio de Malasaña que se aventuró también en el oficio de la edición. Al entrar en el local de la calle Espíritu Santo se nos estimula la vista con tanto libro álbum y libro objeto para niños -y no necesariamente para niños-, sobre todo importados. Pero volvamos a (las) Volanderas. Con ese título en el libro no podemos esperar de esta ficción nada fijado, nada establecido, nada anclado. Más bien algo efímero, algo improvisado. Son hojas volanderas, que en el relato «Las octavillas» son observadas por sus propios autores como hojas descartadas por los vecinos, hojas que éstos prefieren usar para avivar el fuego. Panfletos sociales, probablemente, que no interesan ser leídos. Son octavillas volanderas: tal vez unas propuestas sociales o de convivencia, escritas para compartir entre una comunidad, que seguramente se proponen organizar, establecer (algo), pero que se califican por lo accidental, por lo casual, por lo volandero. Todos los relatos nos hablan de una comunidad de habitantes que no participa del sistema. Una comunidad autogestionada, con sus propias reglas y juegos. Una comunidad habitada por personas que en la realidad de la ficción igualmente podrían llamarse personajes. Porque la vida cotidiana de esos personajes (ahora digo «personajes» desde aquí, desde este...

Alberto Cortez, la majestuosidad de un cantautor Sep23

Alberto Cortez, la majestuosidad de un cantautor...

El hotel Alfonso XIII de Sevilla se engrandeció con la voz del cantautor argentino, Alberto Cortez, para quien, como en una de sus composiciones canta, «La vida da mil vueltas, pero por más que gire, siempre, vuelve a empezar». A los 55 años de su internacional carrera, el de la Pampa, sigue cantando con más fuerza, aún, que con la que comenzó a cantar. Seguramente, alguna noche se habrán detenido, mientras caminaban por la calle San Fernando, de Sevilla, a contemplar la altivez austera, arábigo-andaluza, del Alfonso XIII, un hotel que comenzó siéndolo por albergar en sus opulentas estancias a los invitados de la Exposición Iberoamericana de 1929 mas, probablemente, la noche del 18 de septiembre de 2014 cualquiera de esas miradas detenidas no pudo adivinar que en una de sus dependencias, una voz oriunda de la Pampa Argentina haría invisibles el mármol, los dorados estucos, los tapices, las alfombras, azulejos; las once artesanas arañas de bohemia suspendidas en las maderas orladas, de caoba, de la techumbre mudéjar; y los candelabros aplicados a los muros que separaban las arqueadas y majestuosas puertas. A las 21.15 de la noche en aquél Salón de reyes solo existía la voz de Alberto Cortez. Iluminado por dos modestos focos, Cortez permanecía sentado en el centro del íntimo escenario acompañado por un piano de cola. El público, de amasados años, lo abrazaba manteniendo la misma postura que el cantautor. La escena, acompañada por el tintineo de las cuerdas suaves, se permeabilizaba con la letra que estaba entonando «Mi árbol quedó y el tiempo pasó…». Siempre hubo y habrá cantautores, muchos permanecerán sin que se conozcan sus nombres, pero habrá quienes como él tengan la fortuna de cantarlas y no de cualquier manera, porque de cualquier manera no basta para...

Esas personas que casi siempre sonríen...

¿Cómo llegamos del enamoramiento luminoso al aburrimiento, la traición y la soledad? ¿Es inevitable ese viaje? ¿Viajamos solos o hay overbooking? Pregúntale a James Salter. Tal vez él pueda darte alguna respuesta. Porque cuando en un relato hay verdad, el lector encuentra su hueco; porque si de algo sirve la literatura, en este libro de James Salter podemos encontrar esa utilidad. Por razón de mi oficio, estoy obligada a leer mucho -y algunas veces, muy árido-. A lo largo de los años, he adquirido la costumbre de hacer una primera lectura rápida, casi en diagonal. Este hábito casi inconsciente constituye un filtro muy útil en mi tarea diaria, pero a la hora de disfrutar de un libro por el simple placer de hacerlo, tengo que forzar un ritmo menos mecanizado, más lento y reflexivo, y aun así, siento la necesidad de releer quizá con demasiada frecuencia. El problema se agrava con los cuentos y los relatos cortos. Resulta obvio que para captar la atención del lector en pocas páginas, es preciso recurrir a técnicas literarias diferentes a las propias de la novela convencional. El relato breve dispone de recursos específicos que, bien utilizados, ayudan a dotar de sentido a la historia, sin que la economía de medios propia del género constituya una limitación o un obstáculo. No obstante, una lectura demasiado expeditiva tendrá siempre peores consecuencias allí donde se presupone una cuidadosa selección del material literario y la casi total ausencia de adornos. Lo dicho hasta ahora nada tiene que ver con la, a mi juicio, abusiva utilización del relato corto como vehículo habitual de ciertas tramas erráticas con finales sorpresivos o abiertos, como si dejar estupefacto al lector fuera una exigencia ineludible de esta modalidad literaria. Con la llegada de las nuevas tecnologías,...

La vida dura

Flann O´Brien (seudónimo de Brian O’Nolan) es un escritor irlandés que vivió durante la primera mitad del siglo XX. Se caracteriza por ser uno de los mejores escritores de Irlanda según el canon occidental (que es casi lo mismo que decir: según Harold Bloom) y según la opinión de muchos escritores del siglo XX. Sus libros se reconocen por una prosa delirante, divertidísma y ocurrente, y por sus personajes insólitos. La vida dura es una novela satírica de la que brota, además, el absurdo que tanto caracteriza a las demás obras de este escritor, como El tercer policía y Crónica de Dalkey. Ya que la mencionamos, en Crónica de Dalkey, por ejemplo, teníamos un jugosísimo diálogo entre el personaje de De Selby y San Agustín. Aquí los diálogos (esos que no pueden faltar en una obra de O´Brien; esos que deberían servir de ejemplo de lo que es un buen diálogo en literatura), igual de contundentes, se dan sobre todo entre el señor Collopy y el padre Fahrt. De la misma manera que en Crónica… teníamos al padre Cobble, el jesuita de turno en La vida dura es el padre Fahrt, con ese apellido tan sonoro, que huele tanto a referencia semi-escatológica. Por su puesto otras constantes entre las obras son: el whisky (y las bebidas en general, y la cultura del alcohol y las borracheras), las conversaciones sobre el catolicismo, las ocupaciones misteriosas de algunos de los personajes masculinos, los diálogos intelectualoides… Un recurso interesante en La vida dura es el narrador: se trata de un narrador en primera persona pero que es mucho más testigo de los acontecimientos que protagonista, o siquiera participante. Quien narra es el menor de dos hermanos huérfanos que de pequeños pasan a estar bajo el cuidado del...

Los «síntomas» de una evolución notoria sobre el escenario Sep23

Los «síntomas» de una evolución notoria sobre el escenario...

Después de unos inicios sumergido en el pop folk, Inra es un grupo que con su último trabajo ha abierto las puertas del rock. Síntomas, compuesto por seis canciones, es el nombre de su nueva propuesta, que presentarán en la sala Fun Club de Sevilla este sábado. Una cita en la que estarán acompañados por el grupo gaditano Furia (con quienes ya presentaron su trabajo en Madrid), y en donde pondrán a prueba su evolución musical. Hoy en día, la estabilidad de una banda musical se mide, en muchas ocasiones, por su aparición en los diversos medios de comunicación existentes. No es esto, sin embargo, un medidor fiable de calidad ni un sello de garantía de que el producto anunciado no tenga brechas. Pero sí es cierto que, si un grupo llama la atención de un número elevado de oyentes, los medios posarán sus ojos en él. En el caso de Inra, es cada vez más frecuente verlos envueltos en eventos de promoción, en reseñas de publicaciones especializadas y, no menos importante, en el boca a boca de quienes gozan adentrándose en la oscuridad rota por los focos de una sala de música. Algo estarán haciendo bien. O cuanto menos, algo estarán haciendo que llame la atención. Inra es el fruto de un proyecto iniciado en 2009. Su vocalista y guitarrista (sobre todo, en términos acústicos), Irra Gómez, lo puso en marcha ante la necesidad de dar forma a aquellas composiciones e ideas que rondaban su cabeza. Cinco años después, y con muchas experiencias acumuladas, hoy lo acompañan sobre los escenarios Peter Parellada (guitarra eléctrica), Adrián Llopis (bajo y coros) y Adrián Bilbao (batería). Pero los inicios de la banda no son idénticos a lo que en la actualidad se desborda bajo este nombre....

La casa verde

Compleja, remota a la vez que cercana, La casa verde se trata de una novela que tiene en William Faulkner su máxima inspiración. Una historia que representa el remoto boom latinoamericano y cuyos personajes son y fueron obsesiones del autor; sobre todo, dos: Lituma y la Chunga, a quién dedicó una obra de teatro, donde esta misma casa verde aparece como sociedad urbana frente a otro tipo de garitos que vemos menos distinguidos. Junto a Conversación en La Catedral se trata de su obra más minuciosamente epidérmica y rompedora. Tiene una estructura aparentemente sencilla (cuatro capítulos y epílogo) y utiliza un narrador pegado a los personajes que a veces desdobla su vitalidad o moribundez en monólogos que fuerzan el lenguaje de forma desacostumbrada. Empieza desde la religión y termina con su muerte y al mismo tiempo comienza desde lo marginal para autocelebrarse a veces en exceso. Los personajes nos resultan, como decía, familiares, si bien hay una sensación de claustrofobia a veces que la hace reductible en su disfrute leída hoy. El manejo de la violencia que en La fiesta del Chivo es manifiesto, aquí se contiene, pero permanece latente gracias a la fuerza de un lenguaje que a la vez abraza y defenestra, que mima y al mismo tiempo nos hace partícipes de esa tan bien pintada como siniestra Amazonía. Leerla pasada un tiempo y con la confrontación entre países posible puede llegar a suponer hasta un acto de venganza contra los más débiles. Lo realmente sobrecogedor es que mientras en España vivimos tiempos que a veces pensamos que son regresivos, el nivel de civilidad (que no civilización) nos hace menos mortales en una Santa María de Nieva o Piura donde aparentemente está todo por hacer. No aparece explícitamente Sendero Luminoso, al menos...

Despertando conciencias Sep23

Despertando conciencias...

Pierre Avezard, conocido como Petit Pierre, tuvo una vida alejada del mundo que vivían millones de personas. Su infancia fue corta porque los niños dijeron que tenía cara de culebra; su adolescencia un infierno porque sus compañeros de trabajo le humillaban constantemente. Aunque, ya en soledad, fue capaz de crear un mundo mecánico que dominaba y ordenaba. Carles Alfaro logra una exquisita puesta en escena de la obra escrita por Suzanne Lebeau en la que se cuenta la vida de Petit Pierre y del mundo durante el siglo XX. El siglo XX fue un desastre absoluto. Si algo bueno podemos señalar es que ya sabemos hasta qué punto el ser humano puede llegar a ser brutal, cruel y despiadado; hasta qué punto la normalidad del ser humano puede engendrar atrocidades inimaginables. Si la historia de la humanidad ha estado siempre salpicada de guerras cruentas, de injusticias o de violencia descontrolada; el siglo XX es el periodo en el que nos hemos superado como bestias. El que vivimos, pensamos, disfrutamos y tenemos como esperanza, parece que será parecido. Televisado y muy parecido. Para recordarnos esto, Suzanne Lebeau escribió su Petit Pierre. Y para enseñarnos el trabajo de Lebeau, Carles Alfaro repite en el Teatro de la Abadía de Madrid presentando su nuevo montaje. De factura impecable, intimista, técnicamente sobresaliente (tan sólo la iluminación presenta algunos pequeños problemas que pueden llegar a molestar a un sector del público) y tan exigente como generoso con el espectador. Exigente porque el texto llega como un torrente cuando Adriana Ozores se lanza sin contemplaciones, sin presentar una mínima duda, a interpretar su papel que son muchos papeles. Generoso porque prepara Petit Pierre para que sea una de esas obras que hay que digerir despacio, sobre las que merece la...

El TORCAL DE ANTEQUERA, UN BALCÓN AL UNIVERSO...

A 1200 metros sobre el nivel del mar, en un parque natural de grises formas kársticas se erige, en El Torcal de Antequera (Málaga), una ventana telescópica para las noches estrelladas. El próximo sábado 27 podrán ser testigos de cómo la estrella Antares se aproxima al planeta Marte, su eterno rival. Si se animan, sabrán cómo y por qué. Cuando acomodas tu vehículo allí, en lo alto, puede que un zorro sorprendido te dé la bienvenida y que se despida como si hubiera sido una alucinación pero no, estás en un parque natural y este tipo de cosas puede suceder. Pasar la noche bajo un manto de estrellas y enterarte de cómo se cosen sus hilos galácticos más que una buena idea es un increíble regalo. Que el guía del observatorio, Francisco Gálvez, saque su láser del bolsillo, lo pose en Casiopea, por ejemplo, trasladándote a una nave de Star Wars, estando enfundada en un saco, te sumerge en una experiencia al límite de la ciencia- ficción y si, al mismo tiempo, de fondo sonase el «ni no ni- no- niiii» de Encuentros en la Tercera Fase, apostados en sillones de estos del cine de la Expo que se giran y se reclinan en todas las direcciones, hubiese sido alucinante, aunque una buena silla de playa o el saco de dormir, del que hablamos, tampoco está nada mal para acomodarnos y poder escuchar los relatos cosmogónicos de un ameno y docto matemático- astrónomo. Tres grandes e inteligentes telescopios se erguían ante los espectadores como escaleras hacia el oscuro azul. Normalmente, ponen dos pero debido a la concurrida asistencia (cerca de 200 personas, tan ensimismadas que parecían veinticinco) añadieron uno más para que todos pudiéramos presenciar, casi, el movimiento de los anillos de Saturno; un...

El cielo replicante Sep23

El cielo replicante

En la película de Ridley Scott, Blade Runner, los replicantes (esos seres artificiales que eran capaces de todo y creían tener un alma como la de su creador) se revelan contra el hombre. ¿Tienen los objetos tecnológicos un cielo o un infierno? ¿Forman parte del cielo o del infierno de los seres humanos que tanto dependen de ellos? Daniel Canogar presenta Small Data, una pequeña muestra que puede lograr grandes reflexiones en los visitantes. «¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?» ¿Hay vida después de la desactualización? ¿Dónde va la tecnología cuando es retirada? Lástima que no pueda vivir, pero ¿quién vive?. La trascendencia existencial tecnológica ya existía a comienzos de los ´80, cuando se profetizaba en la película Blade Runner un mundo en el que los replicantes se volvían en contra de su dios, el hombre; un mundo tecnológico en el cada uno tenía su función y pronto pasaba a ser obsoleto; en definitiva, un mundo gris lleno de basura electrónica. Bienvenidos al reino del cyberpunk. El artista Daniel Canogar parece creer que sí hay vida después de que un aparato tecnológico deje de funcionar o simplemente sea sustituido por otro más moderno. Muchos reciclan -podría ser esta una manera de hacerlo-, pero va un poco más allá, busca reanimar lo inanimado. Incluso, su obra tiene un cierto carácter ético, existencial y, por qué no, espiritual; queriendo ir más allá de la muerte de dichos aparatos, les da vida y muestra sus secretos, recordándonos a todos que, en algún momento, tuvieron una funcionalidad y que nuestras vidas humanas no se podían concebir sin ellos. Pero Canogar no se un artista cyberpunk, sus obras son mucho más dulces, más naif, con el toque humano que tendría un replicante, sin sentimientos en sí mismo, pero capaz...

Poesía reunida. Philip Larkin...

Junto con el norteamericano Robert Lowell, el poeta inglés Philip Larkin (1922.1985) es quizá uno de los escritores extranjeros más leídos por las generaciones de poetas españoles que empezaron a salir a la luz a partir de la década de 1980. Puede que ello fuera debido a las coincidencias de visión estética entre la poética de lo cotidiano de Larkin y los intereses líricos de los entonces jóvenes ochentistas españoles que pasaban por las poéticas de la experiencia; o a algo quizá menos evidente, pero puede que más definitivo: la reinvención de la mirada realista que en aquel tiempo se empezó a fraguar tras el antirrealismo que dominó desde finales de la década de 1960. El caso es que el solitario y antipático poeta-bibliotecario encontró su sitio precisamente en la exploración de las vidas modestas, los aconteceres cotidianos y un discurso directo, natural y alejado de todo lo que no fuese una escritura antiornamental. A la altura de 1955, sus Engaños retaron a la santísima trinidad de la poesía en inglés (Yeats, Eliot y Pound) y buscaron el sentido precisamente al otro lado de la poesía, en la calle y en las vidas rutinarias de los habitantes de la ciudad. Poesía de clase media, sin alturas sublimes ni hondas simas de desesperación, sin otra aventura que no fuese la de seguir adelante con el día a día, sin más tragedias que las del vecindario, que curiosamente le llevó a la celebridad convirtiéndolo en uno de los escritores más leídos y populares de su tiempo. Hemos hablado de «reinvención del realismo» y esto de reinventar es más que evidente en la poesía que aspira a explorar la vida de la gente corriente y en el poeta que también construye su autoría como hombre corriente, sin...

Yo fui a E. G. B.

Son varios y distintos los fenómenos que, gracias a las redes sociales, han pasado de ser una idea a convertirse en producto con continuidad de followers en Internet. Este libro trufado de nostalgia y humor (firmado por Javier Ikaz y Jorge Díaz) es un claro ejemplo, que Plaza & Janés ha querido aprovechar y exprimir como un limón, llegándose en breve a la novena edición. La empatía e identificación en los capítulos está muy lograda, siendo el público objetivo no sólo la generación E.G.B., como el niño o niña que estudió gracias o a pesar de la LOGSE (ese plan de estudios por el que se educaba y jugaba a la vez). Nuestros padres, por entonces, tenían menos recursos; pero sí nos decían, y con eso también crecimos, que (a su edad) se jugaba más en la calle, que no había tiendas de golosinas (que empezaron a proliferar más en nuestra época); mientras éramos capaces de jugar con un Spectrum, hacer carátulas de discos o pelis sin necesidad de ordenador o reconocer (aún hoy lo hacemos) el chicle Cheiw Junior de fresa ácida a través de su olor. Viene ampliamente ilustrado con fotografías y dibujitos del momento, recreando desde nuestras series de televisión favoritas, hasta los prohibitivos dos rombos, que nos hacían meternos en la cama con curiosidad y miedo ante lo que pudiéramos ver, para contar al día siguiente en el cole. Esa memoria por la que hoy recordamos los diez primeros versos de la Canción del pirata de Espronceda, empezó a perderse y poco a poco nos hicimos adictos más a la imagen que a la fuerza de las palabras, sin embargo esta cultura de los iconos aún estaba medio en pañales y apenas nos sirvió para conocer una pequeña parte de...

¿Y si vamos a la ópera?...

Los tópicos suelen convertirse en barreras que hacen imposible llegar a la verdad de las cosas. La ópera, al menos en España, se convirtió en un espectáculo artístico reservado a una clase social determinada, a personas de cierta edad y a entendidos (o a los que lo parecían). La ópera quedó instalada en la lejanía, en lo exquisito resevdo a unos pocos. Una lástima. Porque la ópera es universal, puede llegar a emocionar a todo tipo de personas y la tenemos a la vuelta de la esquina de cualquier ciudad con cierto interés por la cultura. Y con presupuesto, claro. Son muchos los que me preguntan por qué me gusta la ópera, por qué acudo con entusiasmo al Teatro Real o cualquier otro foro (sea lo que sea que se represente), cómo puedo conducir mientras escucho semejante cosa. Naturalmente, los que preguntan este tipo de cosas no son aficionados a la ópera. Suelo contestar alzando la ceja. Explicar un gusto o una afición resulta difícil. Y, además, las preguntas son retóricas. En realidad, lo que me quieren decir es que apague el reproductor del coche porque no les gusta o que soy un tipo de lo más raro. Posiblemente, aburrido. Como ellos creen que es la ópera, vaya. He escuchado muchas veces una frase que dice que si vas a la ópera caben dos opciones, o bien te apasiona hasta llorar, o bien detestas el espectáculo. He escuchado esta frase tantas veces como he pensado que es un tópico y, que, a la vez, es bastante discutible. Si alguien entra en, por ejemplo, el Teatro Real de Madrid por primera vez y la ópera que se va a representar es La Bohème de Giacomo Puccini, es muy posible que quiera repetir, es muy posible...

La brillantez de lo clásico Sep16

La brillantez de lo clásico...

Arranca la temporada de ópera en el Teatro Real de Madrid. Y lo hace con fuerza, con elegancia; apostando por un cambio radical respecto a lo que Gerard Mortier propuso durante el tiempo que fue director artístico del teatro. El foro madrileño se vistió de gala para recibir una ópera universal: Le Nozze di Figaro. Elegir a Mozart para inaugurar es una apuesta segura y, esta vez, para tranquilidad de muchos, no hubo sorpresas con una puesta en escena que busca la pulcritud y el respeto absoluto por la idea del compositor. Además de un compositor único e irrepetible por su genialidad, Mozart era algo gamberro. En el caso de Le Nozze de Figaro, nos hace reír acompasando cada nota con la evolución narrativa, acompasando cada elemento musical con el teatral. Mozart era compositor, pero no puede ponerse en duda su enorme capacidad para construir teatro. Gustaba de llevar las cosas hasta los límites establecidos en la época como insalvables en la que escribía sus obras; obras que siguen pareciendo modernas puesto que, al fin y al cabo, tratan temas universales: amor, amistad, lealtad… y son manejadas con una ironía y un sarcasmo atemporal. Y esta ópera que inaugura la temporada en el Teatro Real de Madrid contiene todos los ingredientes del mejor Mozart. Durante los últimos años, muchos aficionados entraban en el foro madrileño con la ceja levantada después de figurarse que iban a asistir a algún experimento o, lo que es peor, a alguna patochada que quisiera tapar la falta de talento de alguien dispuesto a inventar la ópera (otra vez). Otros llegaban encantados por la misma razón (todo hay que decirlo). Esta vez, la puesta en escena de Emilio Sagi resulta de una elegancia extraordinaria y no puede dejar indiferente a...

Todo es mentira Sep16

Todo es mentira

En 1956, Alfred Hitchcock filma el remake de su película El hombre que sabía demasiado. Esta vez, el personaje protagonista es encarnado por James Stewart. Marruecos, Londres, la falta de fe, la desconfianza, la mentira, la ambigüedad y el definitivo viaje hasta la verdad, son algunos de los elementos que el realizador británico utiliza para construir una película en la que se nos muestra un mundo en el que nadie se puede fiar de nadie. Si se pierden los padres, se pierde el hijo. El matrimonio americano formado por el doctor Ben MacKenna y la afamada cantante Jo creen poder acabar con su gran bostezo perdiéndose en viajes indudablemente barrocos, pero su necesidad de aventura para descubrir si aún viven en una dulce dependencia familiar («la adversidad nos puede ayudar»), tienta al destino a traer su propio caos, erigiendo la búsqueda en otra búsqueda, al implicar aquella el descuido irresponsable de lo ya poseído: por saber algo ajeno, pierden lo propio. La imprudencia favorecedora de la tragedia continúa al saltarse el padre la regla de oro enseñada a los hijos: no hablar con desconocidos. Cuando su hijo Hank avanza por el pasillo, se está simbolizando cómo la confianza ciega en lo desconocido y el rechazo del valor de la serena cotidianidad son actitudes de ignorancia que están pidiendo una enseñanza. Pero este símbolo se intensifica redundantemente cuando Hank quita accidentalmente el velo, metáfora de la ignorancia, del rostro de la mujer marroquí; ya que demuestra no temer lo extraño y cómo la consecuencia a esta actitud es trágica. De esta forma, el niño había visto demasiado de aquel rostro. En el Éxodo de la Biblia se pone en boca de Dios: «No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá». Hank...

Asesinato y voyeurismo. ¿Alguien da más? Sep16

Asesinato y voyeurismo. ¿Alguien da más?...

La ventana indiscreta es la máxima expresión del concepto que tenía Hitchcock sobre el medio cinematográfico, en cuanto único arte capaz de representar de manera visual el punto de vista subjetivo del personaje. Plasmó además en ella su opinión sobre el cine como una forma de voyeurismo, en el sentido de manifestación de la curiosidad del ser humano por la intimidad de sus semejantes. Aunque la década de los 40 nos regaló obras extraordinarias de Hitchcock, es probable que él se sintiera más realizado como creador a partir de los 50, cuando sus reiterados éxitos de taquilla le permitieron lograr mayor control sobre sus películas. La ventana indiscreta, (Rear window, 1954) supuso una experiencia muy satisfactoria porque en su contrato con la Paramount pudo preservar un amplio grado de autonomía. Se rodeó de muchos de sus colaboradores preferidos, incluido John Michael Hayes, cuyo brillante guión enriqueció con personajes y situaciones un relato corto del prolífico autor de novelas de misterio, Cornell Woolrich. Hitchcock buscaba siempre la identificación del espectador con los protagonistas, incluso cuando incurrían en conductas de dudosa moralidad. En La ventana indiscreta, Jeff (James Stewart) se distrae de la inmovilidad causada por una pierna rota, espiando a sus vecinos. Contemplamos a través de sus ojos a toda una galería de personajes de Greenwich Village: el compositor que se esfuerza por terminar su última obra, la vivaz bailarina objeto de deseo, la pareja que combate los calores neoyorquinos durmiendo en la terraza, la soñadora solitaria, los recién casados que apenas salen de la cama…, y el siniestro viajante del que Jeff sospecha que ha asesinado a su enfermiza mujer. Tanto la novia del protagonista, Lisa (Grace Kelly) como su enfermera Stella (Thelma Ritter) intentan inicialmente disuadirle de su conducta, pero van dejándose atrapar...

La luz siempre ganará a la oscuridad Sep16

La luz siempre ganará a la oscuridad...

La soga (Rope, 1948) fue la primera película que filmó Alfred Hitchcock en color. Pero eso es sólo una anécdota. Lo importante de este trabajo se encuentra en lo apabullante del diálogo, en la dirección astuta y eficaz, en las interpretaciones de los actores que encarnan a los personajes principales y en un modo de narrar que arrastra al espectador a la zona del suspense más inquietante. El que quiera aprender cine debe ver esta película. Arranca La soga con la imagen de una calle de Nueva York vista desde la parte alta de un edificio. Hombres y mujeres paseando, un policía que ayuda a cruzar la calle a unos niños. La cámara gira y escuchamos el grito de un hombre a través de una ventana. La siguiente toma nos lleva al interior del apartamento. Dos hombres acaban de asesinar a un tercero y meten el cadáver en un arcón. La calma de una ciudad enorme en la que parece que no sucede nada anormal en contraste con la brutalidad encerrada en unos metros cuadrados. Encerrada literalmente puesto que Hitchcock (no fue la única vez que lo hizo) acristala el piso y hace que las juntas de los vidrios tengan la apariencia de barrotes. La película es extraordinariamente teatral. Pero no por ser la adaptación que hizo Hume Cronyn de la obra escrita por Arthur Laurents (The rope’s end). No, es teatral porque el realizador lo quiere así; coloca la acción en algo muy parecido a una caja escénica de un teatro cualquiera. Además, fue la excusa que necesitaba para plantear la película como plano secuencia de principio a fin. En la época en que se rodó la película, técnicamente eso era imposible puesto que los rollos tenían un límite. Hitchcock buscó fundidos a...