Aladar 28

Guerra y cine: De la épica a la locura Oct28

Guerra y cine: De la épica a la locura...

Que las artes y la violencia tienen una extraña relación es una evidencia. Y que el cine es el escaparate artístico que se nutre de esa violencia, con todos sus matices, es otra. Los grandes directores, los grandes actores y actrices, los grandes fotógrafos o los grandes productores, suelen tener (a lo largo de sus carreras) algún encuentro con la violencia al otro lado de la cámara. La guerra, tal vez, es la expresión máxima de la locura humana. Por eso son muchas las películas a las que podemos acudir si queremos abordar este asunto. Tan sucio como bello cuando el ser humano lo transforma en motivo artístico. Elegir entre todas las películas de la historia cinematográfica las mejores o las más representativas es, sencillamente, imposible de hacer sin dejar fuera de la lista trabajos de extraordinaria calidad. Por tanto, ese no es el objetivo de este artículo. La idea es hacer un repaso para seleccionar esos aspectos bélicos o narrativos o cinematográficos que explican la guerra (si es que eso es algo posible) y su relación con el arte. Este es el resultado… La estupidez. ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964). ¿Somos estúpidos? ¿Dependemos en exceso de las máquinas? ¿Una pequeña cosa es suficiente para que se produzca un cataclismo? Sí. Stanley Kubrick optó por filmar una película sobre todas estas preguntas manejando el humor como alternativa. Y digo bien, preguntas. Porque se plantean muchas aunque no se dan soluciones. Termina la película de forma poco alentadora mostrando una sociedad devorada por sí misma y pagada de sí misma y todo de sí misma. El guión es divertidísimo, el montaje sencillo y eficaz, la fotografía inmejorable, y la cámara se mueve con delicadeza y acierto milimétrico. Los personajes encarnan el ridículo más absoluto y...

Cuando la muerte viaja en el silencio Oct28

Cuando la muerte viaja en el silencio...

Desde ‘Lili Marleen’, basada en el poema de un soldado de la Primera Guerra Mundial hasta el ‘Devils & dust’ de Springsteen, en la que también se mete en la piel de un combatiente en Iraq, la música del último siglo ha rendido homenajes a aquellos que recurrían precisamente a la música para evadirse del sonido de las balas, y del silencio de la muerte. El rock de los ’70 y la Guerra de Vietnam supusieron una simbiosis absoluta entre la crueldad de los combates y las composiciones desgarradoras, impregnadas de rabia. Las balas silbaban a su alrededor, impregnando el aire de un fétido aliento de muerte. La niebla no dejaba ver los destellos de los Kalashnikov del Vietcong. Unos y otros disparaban a ciegas, guiados solo por el estruendo. La compañía avanzaba, poderosa, aplastando toda la vida que encontraba a su paso. Era un niño al que la madurez le había llegado de golpe, en forma de uniforme mimetizado. Estaba aterrado. Era su bautismo de combate. En la espesura de la jungla, temblaba encogiendo las piernas sobre su pecho, mientras los disparos sonaban desde el otro lado del río. Un cabo del pelotón había tratado de tranquilizarlo, pero sólo consiguió proporcionarle una noche de vigilia. —No tienes que preocuparte. Si escuchas el disparo, es que esa bala ha pasado de largo. No te quería, amigo. No llevaba tu nombre. El joven soldado le miró con una mezcla de agradecimiento e incredulidad, antes de reflexionar que su compañero de armas llevaba razón. A veces, cuando se producía una detonación aislada, se oía el silbido del proyectil antes que el quejido del fusil en la distancia. —En la escuela de Físicas se aprende que las balas viajan más rápido que el sonido. No puedes escuchar...

La última batalla de los soldados Oct28

La última batalla de los soldados...

En un especial sobre la violencia en el arte, queríamos hablar del tratamiento cinematográfico de las secuelas de la guerra en los veteranos. Con una combinación de lirismo y crudeza, el énfasis se pone unas veces en los cuerpos o almas mutilados, otras en el cuestionamiento sobre el sentido de lo vivido y otras en la inadaptación a la vida civil. Nos centramos en dos películas muy distintas separadas por tres décadas, pero que coinciden en desgranar el duro retorno de tres veteranos, con una mirada cargada de respeto: Los mejores años de nuestra vida y El cazador. Una de las maravillas de la narrativa, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, reside en la posibilidad de acercarnos a lo que han vivido personas de otras épocas y otros ámbitos. Así, a través de películas como Los mejores años de nuestra vida (The best years of our lives, William Wyler, 1946) y El cazador (The deer hunter, Michael Cimino, 1978) hemos podido asomarnos a entrever los sinsabores de los veteranos de la segunda guerra mundial y de la guerra de Vietnam. Ambas coinciden tanto en presentar a tres hombres que viven de diversa manera las secuelas de la experiencia bélica, como en ofrecer un enfoque lleno de compasión por cada uno de ellos. Si bien se tiende a veces a descalificar la compasión, como si necesariamente contuviera una cierta condescendencia que incomoda al que sufre, no tiene porqué ser así. Lo cierto es que en las miradas de Wyler y Cimino, la compasión está revestida de un enorme respeto por los personajes retratados. Y es precisamente en esa mirada donde reside parte de la belleza de ambos largometrajes. En “Los mejores años..” tres veteranos coinciden en el viaje de vuelta a casa, aprensivos ante lo...

El amable disparate Oct28

El amable disparate

Que en un espectáculo prime la diversión sobre aspectos más profundos del arte no está mal. Al contrario, es una cosa muy saludable. El problema es que eso sea lo más frecuente. La fille du régiment es una ópera que incluye un libreto superficial e imposible, pero, además, una partitura firmada por Gaetano Donizetti que es maravillosa y que exige de los cantantes un esfuerzo extraordinario para salir airosos de la batalla. El Teatro Real presenta un divertimento que exalta el bel canto y la inteligencia al diseñar un espectáculo. Si usted cree que la ópera es una forma de diversión, y poco más, La fille du régiment es su obra. Si, por el contrario, cree que la ópera es fuente de conocimiento y una entrada lujosa que da acceso a miradas desconocidas y extraordinarias, La fille du régiment es su obra. Porque no pasa nada por levantar el pie del acelerador y poder asistir a espectáculos divertidos y solo divertidos. Desde luego, si alguien busca pensamiento profundo en esta obra de Gaetano Donizetti se está equivocando de cabo a rabo. Pero si alguien quiere conocer lo que es la ópera por primera vez, el trabajo de Donizetti es una oportunidad de oro puesto que lo amable es, siempre, bien recibido. Nunca estaremos agradecidos del todo con este compositor que, sin dar la espalda a la mejor música buscaba lugares comunes para entendidos, aficionados y recién llegados. La producción que presenta el Teatro Real de Madrid es vistosa, divertida y casi entrañable. Bien la puesta en escena llena de inteligencia que explota las pocas virtudes de un libreto absurdo, bien musicalmente (Bruno Campanella cumple aunque sin grandes alardes), bien el vestuario (cuidadísimos los detalles), todo bien; salvo las voces que van de bien a...

Veinte años no es nada...

Hasta el 15 de noviembre de 2014 se puede visitar en Casa de América la exposición «Reencuentro con Onetti: Veinte años después». Se trata de un homenaje al escritor uruguayo por el vigésimo aniversario de su muerte, que tuvo lugar en la ciudad de Madrid en 1994. En esta exposición se pueden ver fotos, primeras ediciones de sus obras, cartas a él y escritas por él, mobiliario de su mítica casa de Avenida de América 31, objetos personales, cuadros, revistas y libros de célebres escritores firmados y dedicados al autor. Gardel, el ícono argentino por excelencia junto con Maradona y Evita, nació en Uruguay, igual que Juan Carlos Onetti. Y cantaba: «(…) que veinte años no es nada, que febril la mirada…». Veinte años sin Onetti en Madrid es mucho más que nada. Y la sala Frida Kahlo de Casa de América nos invita a ver mucho más que sus febriles miradas, esas que descubrimos en las fotografías que muestran al escritor en los últimos años de su vida, sobre aquella con respaldo de madera, su cama de noventa. Al comenzar el recorrido por la exposición, descubrimos una copia del número 128 de la revista Cuadernos para el diálogo (Madrid, 1974), en el que Julio Cortázar publica el artículo «El pueblo “Onetti”». Allí denuncia la censura que sufren muchos escritores, entre ellos el propio Onetti, por parte de los gobiernos de facto al considerar ciertos cuentos como material pornográfico. Cortázar es irónico y hasta se burla del absurdo de tales inculpaciones. Escribe: «Cuando digo que Juan Carlos Onetti es un motivo de orgullo para nuestro continente, estoy diciendo eso y mucho más». Cortázar estaba revelando lo que todavía no se decía. Y desafiaba la idea que el propio gobierno de Uruguay había tenido al...

Las máscaras que el tiempo arranca Oct28

Las máscaras que el tiempo arranca...

La Sala Malandar de Sevilla acoge el próximo 23 de noviembre la presentación de En busca del tiempo perdido, el nuevo disco de Carlos Abad. Los diez temas que conforman el trabajo hablan recurrentemente el paso del tiempo, y de cómo modifica las relaciones humanas y la propia esencia de las personas. Una lección musical de filosofía, con aires que recuerdan a Jeff Lynne o a The Beatles en muchos de los arreglos y en la propia atmósfera de las canciones. Camina titubeando en cada paso. Cierra los hombros sobre su pecho, y tiende a unir los dedos, que parecen desprovistos de sentido sin una guitarra en las manos. También tiende a bajar la mirada, como si buscara encontrar la visión de seis cuerdas vibrando entre sus caderas. Paradójicamente, su espalda se curva levemente al bajar del escenario, y se yergue cuando la cinta del instrumento ejerce la presión del peso y de la responsabilidad. Tiene arrestos de coraje escénico, pero enseguida son frenados por las riendas de su retraimiento. Así es Carlos Abad (Sevilla, 1982): un músico desnudo de arrogancias, que compone y toca para encontrar los caminos por los que llevar al mundo su visión del mundo. «Nunca pienso en hacer nada comercial. Y no es por no prostituirme, sino porque el único motivo por el que hago esto es por amor al arte, por plasmar en un disco lo que he querido contar», asegura él mismo con una determinación nacida —se percibe en la gestualidad— de principios férreos; inquebrantables. En busca del tiempo perdido es el título que llevan esas diez reflexiones del artista sevillano, agrupadas en un disco que originalmente pretendió que tuviera el vinilo como soporte. «Quería jugar con el tópico de las dos caras de la moneda, y...

Viaje al fin de la noche...

Tachado por muchos de misógino y racista, Louis Ferdinand Celine, autor de esta sombría y a su vez aplaudida novela, fue también, y en sus páginas y prólogo así se sugiere, colaborador del régimen nacionalsocialista alemán durante el conflicto armado más importante del siglo XX. Narrada con la existencia de un personaje a través de cuyos antecedentes, (podríamos averiguar qué facetas suyas predominan), entremezcla el estilo directo e indirecto mediante frases cortas e imperativas con otras más discursivas. A pesar de ello, la novela es todo menos un panfleto y en ella se narra desde la idea del infierno personal, propio y ajeno, los sufrimientos tanto de un soldado como de un médico. Situada cronológicamente en todo un punto geodésico tanto histórica como culturalmente, las reflexiones que se hacen a través de Ferdinand o León sobre la psiquiatría o diversas enfermedades terminales que conducen a la desaparición (ese fin de la noche, tantas veces sugerido, que no empieza con el día) son las de un superviviente a la barbarie, alguien que se alza desde su superioridad moral, sobre el resto de los mortales, para descubrir demasiado tarde que él también forma parte de la condición humana. En la manera en que la soberbia propia y ajena hace fenecer todo aliento, encontramos influencia o posible intertextualidad con el Calígula de Albert Camus, por mostrar un referente ideológicamente tan diferente. Pero se trata sin lugar a dudas de una megalomanía seca, en tanto que el lector que se precie disfrutar de su discurso lo hará entre líneas y a la vez sabrá dejarse llevar por el fluir de un texto que tiene también que ver con Marcel Proust y con otros autores de interés. A su vez, el texto es un juego de diálogos que forman...

SEIS TUMBAS EN MUNICH...

Escrita en su día bajo el seudónimo de Mario Cleri (Mario Puzo), el especialista en la Mafia desde que escribiese tanto la novela como el guión de El padrino, nos sitúa en la mente intrépida y vengativa de Mike Rogan, una suerte de matemático superdotado que trabaja descifrando mensajes de los países aliados a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El desembarco de Normandía no juega a su favor, como tampoco lo hace la implantación del Telón de Acero en una Alemania devastada que intenta buscar culpables donde no los hay. Rozando la objetividad en el punto de vista, pero sin perder al personaje más en su periplo por la justicia (omertá) que por la supervivencia, la mayor parte del texto trata de mostrarnos cómo la inteligencia entendida como habilidad para respondernos sobre nuestros propios problemas, puede ser nuestro peor aliado. Somos pozos sin fondo y ya no sólo el tránsito a la locura nos hace diferentes por más insondables, también lo hace el sexo desde el que Rogan se rehabilita, primero pagando, luego buscando la coartada de sus dos primeras víctimas en un bar con su silencioso revolver Walther; la de los dos siguientes inyectando gas a otros tantos sicarios, aquellos que intentaron hacerle desaparecer sin éxito. Para todo lector que se precie, queda en la mente la ineludible elipsis de diez años que Puzo realiza; una elipsis que permite la reconstrucción de su cuerpo, así como el hecho de poder emplearse en una oficina realizando tareas administrativas que pasan por su perfil y le hacen menos peligroso a la vista. La obsesión del autor por la Mafia hace que se recree un pasaje en Sicilia junto a Guido, que lo mismo podría pasar por poderoso caballiere que por cómplice del nazismo;...

El desierto de los tártaros...

El desierto de los tártaros es ya prácticamente un clásico de la literatura universal; una novela fundamental del siglo XX, escrita durante los comienzos de la Segunda Guerra Mundial; es la novela más reconocida de Dino Buzzati, autor italiano que participó desde el periodismo en algunas batallas que tuvieron lugar en dicha guerra. Ya se dijo de esta novela que es kafkiana por su argumento opresivo, kafkiana por el absurdo de lo que inexplicablemente queda atrapado (en términos simbólicos) y no se resuelve, kafkiana porque lo incomprensiblemente irresoluto asfixia. También se puede hacer una lectura de la novela tomando el tema del Otro; la otredad como lo desconocido que amenaza. O bien, dejar de lado a Kafka y a Todorov y acordarse de Beckett por la espera interminable: no sucedió hoy, pero puede que ocurra mañana. Y el absurdo de nuevo, que cuestiona el sentido de la vida, en este caso en particular, el de la de Giovanni Drogo. Porque El desierto de los tártaros es la historia del teniente Drogo que llega a la Fortaleza Bastiani, una Fortaleza de segunda categoría que como frontera marca el comienzo del desierto que se extiende tras ella. El desierto de los Tártaros precisamente, pero no porque haya Tártaros sino porque puede que los haya habido antiguamente. Puede que: estamos ante una novela de la contingencia cuya trama se desarrolla en un lugar (en la Fortaleza, casi todo sucede ahí adentro) que empieza o acaba en el absurdo y el sinsentido (una Fortaleza para defenderse de un enemigo que tal vez es leyenda; una Fortaleza que se defiende de lo desierto). Desde la llegada de Drogo a la Fortaleza, muy joven, hasta sus últimos días transcurren años, durante los cuales desea o planea irse de allí antes...

Garra de la guerra

Decía Camilo José Cela sobre Gloria Fuertes que era «la angélica y alta voz poética a la que los hombres y las circunstancias putearon inmisericordemente». Y no le faltaba razón. La grandísima voz poética de esta autora no ha alcanzado nunca el reconocimiento debido. Pero, si hay una circunstancia provocada por los hombres que la puteó como ninguna otra, fue la terrible injusticia de la guerra. La guerra que le robó, como a tantos, la inocencia, que la dejó en un mundo despoblado de razón, poblado de dolor y de pobreza, en donde se prohibe comer pájaros fritos, y, en cambio, no se prohiben los niños (…), y se los sigue comiendo el hombre en salsa blanca. La misma que le arrebató al hombre que amaba, y con el que se iba a casar. A la que quiso ir, para pararla, pero la detuvieron en el camino. Aquella tragedia sin la que ella declaró que quizá no hubiera nunca escrito poesía. Puede que lo hubiera hecho igualmente, y puede que no. Eso es algo que no sabremos nunca. Pero lo que es innegable es que toda su vida, y, por tanto, su poesía, están profundamente marcadas por esa vivencia. Tanto en los poemas escritos durante, como sobre ella, como en aquellos que no tienen nada que ver, como su extensísima y magnífica producción destinada a los lectores más jóvenes (los depositarios de su esperanza en un mundo nuevo en el que no volviera a repetirse). Poemas alegres, surrealistas, llenos de vitalidad, no exentos de cierto poso de amargura, o de ironía, en ocasiones. A los que, sorprendentemente, las bibliotecas públicas (que lo tienen en la sección de préstamo infantil), y el Ministerio de Cultura (que le otorgó el Primer Premio en la categoría Infantil...

EL VIOLONCHELISTA DE SARAJEVO...

El hecho real del que parte e inspira El violonchelista de Sarajevo (El Aleph, 2008) es un puñal que se ensaña con el lector, apuñalando veintidós veces su conciencia. Una por cada muerto en un ataque con mortero a Sarajevo en el que murieron veintidós personas que hacían cola para conseguir pan, que ya se había convertido en un producto escaso en la ciudad sitiada, en 1992. Una puñalada por cada una de las veintidós ocasiones en las que el músico Vedran Smajlović interpretó el Adagio de Albinoni en veintidós días consecutivos, en memoria de cada una de las víctimas, justo sobre el cráter que había abierto el obús. La novela del joven escritor canadiense Steven Galloway traslada la cotidianidad de la guerra a las historias de tres personajes que bien podrían ser reales, y que de hecho se inspiraban en crónicas que los reporteros de guerra firmaron durante los días del asedio a Sarajevo. Kenan es un ciudadano sencillo y tranquilo que trata de conseguir agua para su familia, en una ciudad en la que acudir con garrafas a las fuentes se ha convertido en una aventura, en un acto heroico. Dragan es el personaje más reflexivo de la novela, que rememora continuamente a su familia, huida de la ciudad antes del estallido de la guerra mientras trafica con víveres y busca protección. Flecha es el nombre en clave de una francotiradora que protege al violonchelista durante los días en los que firma su hazaña de rendir tributo a las víctimas inocentes. Smajlović conoció la novela cuando ya estaba publicada, y arremetió contra su autor, del que dijo que se había aprovechado de su nombre, haciendo que estallará dentro de su conciencia «una bomba atómica de odio y dolor». El violonchelista vivía retirado...

Aladar 27

Corralitos, S. A. Oct21

Corralitos, S. A.

La cultura es universal. La cultura no puede convertirse en patrimonio de unos pocos. Y, desde luego, la cultura no es un recinto al que un grupo determinado nos pueda impedir acceder. Sin embargo, no son pocos los que pelean para que la escritura, el cine, la música o la escultura, se conviertan en clubes exclusivos a los que sólo tienen acceso los socios fundadores o los sujetos extraños. Patrañas propias de quien no sabe ni lo que dice. Lo que rodea las manifestaciones artísticas en algunos foros concretos, me irrita. Más a menudo de lo que quisiera. Por lo visto, para ser artista hay que ser muy excéntrico, beber grandes cantidades de alcohol, fumar hasta la extenuación, tener la mirada perdida casi siempre, hablar de autores a los que no conoce ni su madre, mostrar cierto desprecio por los que no son artistas, mostrar un desprecio descomunal por aquellos que tratan de llegar a serlo, odiar a muerte a todo aquel que despunta o que tiene la desfachatez de asomar y no tener complejos al mostrar su trabajo. Eso o ser un estirado que fuma en pipa y al que hay que llamar de usted. Además, por lo visto, para ser artista no hace falta serlo. Novelistas que no escriben, pero beben y comparten borrachera con uno que si lo hace (mal, pero lo hace); pintores que fuman mucho aunque no agarran un pincel desde que son pequeñitos y alternan con escultores que escriben en la revista La escultura es la vida y nadie nos lo podrá robar o poetas que presumen de ser malditos y sufren de la incomprensión social. Son los inventores de un arte inútil y estúpido. Los inventores de lo que podríamos llamar la escuela sólo nosotros entendemos de...

DEMONIOS FAMILIARES O LA LUCHA POR SALIR DE LA OSCURIDAD...

Deambulan por los pasillos y las estancias de la vieja casona familiar; el rencor, los silencios, la culpa. En busca del abrazo cálido que nunca tuvo, Eva se enfrenta a su propio egoísmo y al despertar enérgico del primer amor. Eva y sus Demonios familiares, último regalo de la gran Ana María Matute. El pasado 25 de junio, Ana María Matute nos dejó cuando faltaba apenas un mes para que cumpliera los 89 años y mientras escribía la novela que se ha convertido en su obra póstuma, Demonios familiares, que acaba de publicarse en Destino, con prólogo de Pere Gimferrer y Notas sobre la escritura de una novela inacabada, de María Paz Ortuño. Los dos textos que acompañan a la novela resultan muy enriquecedores. Si bien es cierto que la muerte sorprendió a la autora cuando todavía no había dado por finalizado su trabajo, me parece una reflexión muy interesante la que realiza Pere Gimferrer en el prólogo: «Me niego a considerar que Paraíso inhabitado –novela de la que la propia autora tenía pensada la continuación- y Demonios familiares, sean novelas inconclusas […] Cuando una obra, en la forma en que se nos manifiesta y llega a nosotros, posee plenitud, la noción de inacabamiento carece de sentido”. Igualmente sugestivas son las especulaciones del prólogo en relación con el corte -realista o no- de la novela: “Cada elemento es real, pero no necesariamente realista; verdadero muy hondamente, pero no necesariamente verídico o veraz como una crónica; tiene la verdad de las imágenes simbólicas”. Por otra parte, las notas firmadas por María Paz Ortuño, amiga del alma y ayudante de Ana María Matute hasta sus últimos días, dan cuenta del trabajoso proceso creativo que supuso para la autora este su último libro, escrito y cuidadosamente corregido...

Saborear la danza en familia Oct21

Saborear la danza en familia...

La pedagogía de los espectáculos es uno de los soportes de la difusión de la cultura. De nada sirve intentar dar a conocer un arte concreto si el espectador no puede empatizar con lo narrado por desconocimiento o por falta de interés. El Teatro Real de Madrid presenta junto a la Fundación Antonio Gades la producción Movimientos 2: Danzar al aire español que trata de reunir a espectadores de todas las edades con el fin de repasar la historia de la danza más española. Música, danza y teatro. Eso es lo que se une sobre el escenario del Teatro Real de Madrid cuando se levanta el telón y comienza la representación de Movimientos 2: Danzar al aire español, la nueva producción de la Fundación Antonio Gades y el Teatro Real de Madrid. Además de esa fusión tan antigua como el propio arte, otra se inicia desde que los espectadores entran en la sala principal del teatro. Este es un espectáculo para todo tipo de público, para personas de cualquier edad y condición. Como debe ser. Resulta gratificante encontrarse con un espectáculo en el que no se trata a los más pequeños como si fueran bobos, en el que no se dan patadas a las inteligencias (ya saben, hablar dando voces para resultar simpático y soltando un discurso sin pies ni cabeza); con un espectáculo que, aun siendo para todos los públicos, no resulta un tostón a los mayores. La diversión y la formación forman un conjunto apasionante que sirve a los más chicos y los que lo son menos. Movimientos 2: Danzar al aire español se divide en seis cuadros muy bien presentados (la iluminación, el vestuario y la peluquería tienen mucho que ver con el resultado) que repasan la historia de la danza...

José María Sert, nuestro Miguel Ángel olvidado Oct21

José María Sert, nuestro Miguel Ángel olvidado...

Aladar se propone reivindicar con varios artículos la vida y la obra de uno de los artistas españoles más importantes del siglo XX que es, sin embargo, uno de los menos reconocidos. Su legado es extraordinario en todos los sentidos. Distintas razones ocultan tanto su personalidad como los importantes servicios que prestó a la cultura y a la sociedad española, pero sobre todo han dejado caer en el olvido una obra genial. Un tren atraviesa la campiña francesa a toda máquina en la oscuridad de la noche del 5 de septiembre de 1939, viaja con las luces apagadas para evitar los bombardeos alemanes en un momento muy difícil, hace tres días que los aliados han declarado la guerra al Tercer Reich y Francia moviliza a sus reservistas. Pero el pintor José María Sert, afincado en París desde hace años, ha hecho gestiones al máximo nivel para conseguir que se le dé prioridad a este convoy ante los trenes cargados de pertrechos militares que discurren hacia la frontera con Alemania. Todas las barreras de Francia permanecen levantadas. En esos vagones viajan las obras del Museo del Prado de regreso a España. El mundo contiene la respiración. Sert consiguió in extremis poner a resguardo un legado único. Llevaba años trabajando en ello, gracias a sus excelentes oficios consiguió la movilización internacional para poner a salvo la primera pinacoteca del mundo, que el Gobierno de la República había mantenido junto a sí en la desesperación de una huida incierta, primero a Valencia, después al Castillo de Figueras; porque bien lo había dicho Manuel Azaña “El Museo del Prado es más importante que la República y la Monarquía juntas”. Gracias, entre otros, a José María Sert los fondos del Prado se salvaron de los desastres de la guerra....

La propuesta era otra ¿no? Oct21

La propuesta era otra ¿no?...

Nuestra sociedad evoluciona hacia lugares que, por lo menos, son inquietantes. A veces, lugares que, hasta hace bien poco, se miraban sin prejuicios, sin problema alguno. El Principio de Arquímedes intenta indagar en esas cuestiones que nos están arrastrando a vivir con excesivo temor, al territorio de la falsa comunicación, a la prohibición constante. Y lo hace aunque no llega a completar el objetivo. El principio de Arquímedes es una buena obra de teatro. El espectador se encuentra con una propuesta moderna y atractiva. Sin embargo, algunas cosas la colocan en un territorio yermo en exceso si tenemos en cuenta las enormes posibilidades que se intuyen desde el principio y que no se aprovechan del todo. Si me preguntasen si merece la pena ir al teatro, les diría que sí. Pero… El texto de Josep María Miró trata algunos asuntos (la desconfianza que nos invade, el temor a vivir con normalidad ya que la evolución social nos lleva a terrenos convertidos en problemáticos, la mirada clara de las personas que se ha diluido, el miedo como elemento que bloquea al ser humano y le convierte en la encarnación de la violencia), pero los trata sin anclar las ideas en un vehículo fundamental que articule el discurso. Se mezcla desde la prohibición a fumar en lugares de trabajo a la falta de comunicación pasando por la pederastia; cosas que causan angustia, temor o confusión entre los personajes. Esto esta muy bien, pero para el espectador con el temor o la angustia hubiera sido suficiente. La confusión es peor compañera de viaje para el que esta en la platea. No voy a decir que esto que nos cuentan no es reflejo de lo que sucede en la sociedad, pero la ficción tiene sus propias reglas. Al...

El estilo confundible que responderá siempre al nombre de Cornelius Oct21

El estilo confundible que responderá siempre al nombre de Cornelius...

The Cornelius es una banda que, a pesar de su completo historial, todavía no ha soplado ni diez velas. Con un estilo que se mueve entre corrientes de funk y pop rock, ha conseguido que productores como Mick Glossop se enamorasen de su trabajo. Tras diferentes experiencias en escenarios y estudios de grabación, en 2013 publicaron Walking in Circles, donde algunos de sus temas recuerdan al álbum que supuso su primer y asombroso trabajo: Greatest Hits. Son actualmente The Cornelius, antes han sido Cornelius 1960 y, en sus orígenes, decidieron acompañar el agua bendita de un simple Cornelius. Y ese, guste más o guste menos, será el nombre que perdurará: Cornelius. Al igual que el estilo con el que abrieron tantas bocas y se ganaron tanto respeto. Una banda compuesta por auténticos profesionales de la música, tanto en materias de composición como de ejecución. Su carácter funky, sus composiciones trabajadas y pulidas hasta el detalle más sutil, y la genialidad de sus directos los convierte en un grupo que todavía no goza de todo el prestigio que merece. The Cornelius se compone en la actualidad de David Caneda «Chiquillo» (voz), Antonio Casado «el Abuelo» (guitarra), Toni B. Willisch (guitarra), Andoni Arcos (bajo), José A. Vilas (teclado) y Alberto Dopico (batería). A pesar de que a las baquetas la banda ha registrado varios cambios a lo largo de su trayectoria, el bloque se ha mantenido sólido desde sus inicios. Este conjunto, de origen gallego, se dio a conocer a lo grande en 2007, con su álbum Greatest Hits. Quienes conocían a los músicos sabían lo que podía dar de sí cada uno de ellos, pero el lanzamiento de este trabajo demostró la contundencia y calidad que atesoraban formando equipo. Fue un impacto, y una alegría,...

MAFIOSOS DE LA NUEVA ERA: EL POR QUÉ DE LOS SOPRANO Oct21

MAFIOSOS DE LA NUEVA ERA: EL POR QUÉ DE LOS SOPRANO...

Tres películas que pensamos influyeron en la idea y desarrollo del equipo de Los Soprano. Un artículo sobre cine y mafia que no desdeña la comedia y los rudimentos de toda vida ordinaria; pues por más sofisticación que se le quiera dar, los asesinos también lloran y a veces hasta tienen sobrados motivos para hacerlo, pues sus metas o no fueron las que pensaban, o es el que el mundo ha cambiado. O nadie entiende a nadie. En fin, cosas de locos. Escribir sobre cine de mafiosos y no citar la sacrosanta trilogía de El Padrino parece poco menos que una herejía y no es nuestra intención sobrepasar estos límites. Los papeles que tanto Robert de Niro como Al Pacino o el mismo realizador Francis Ford Coppola tienen en estas tres películas -de las que siempre se dijo que la segunda sobrepasaba en calidad a la primera- conforman un espectro tan difícil de superar en dimensiones dramáticas y trágicas, que el campo del cine (poblado, como decía hace unos días el guionista David Chase en la prensa, fundamentalmente de sueños o pesadillas) no podrá olvidar jamás cómo, por ejemplo, aquella cabeza de caballo muerto y desangrado dentro de la cama de una de las víctimas de la Mafia, nos hizo enloquecer y vibrar de horror a partes iguales, ya desde la novela de Mario Puzo. Sin embargo, nuestro objetivo esta vez es otro, ya que lo que caracteriza a los mafiosos de la nueva era, además de ese sino siniestro por el que quién la hace la paga, es mostrar cómo aquellos viejos hombres tan identificados con el Gary Cooper de Sólo ante el peligro, tienen también su corazoncito. Para mostrar este rasgo que a muchos puede parecer más una extravagancia que otra cosa,...

El paro en el cine: una realidad cercana Oct21

El paro en el cine: una realidad cercana...

Tres películas sobre el drama del desempleo, que ha evolucionado, y mucho, desde finales de los años 40 del siglo pasado a nuestros días. Si bien la última película de la que hablamos es anterior a la fatal crisis económica y de valores que vivimos, también observamos cómo hasta los cineastas saben dar un paso atrás para tocar según qué temas. Hay realidades difíciles de describir, pero más fáciles de mostrar. El desempleo y lo que supone para muchas personas y familias es una de ellas; sobre todo cuando pasa mucho tiempo desde el último mes cobrado o trabajo realizado. La situación en España, ahora mismo, nos hace preguntarnos el sentido de un artículo que clasificaríamos como de realismo social en una era, la post-capitalista, donde empezamos a ver nuevas fuerzas sociopolíticas (en realidad, nada novedosas) en sus planteamientos, que prometen ese poco de esperanza, aunque sea en la lucha, que nos permite ir tirando. No encontramos, por otra parte, ninguna referencia comparable más o menos conocida del paro en la era de las redes sociales, lo cual pudiera ser esclarecedor. Tal vez se necesite más tiempo o un revulsivo mayor o más potente. El cambio definitivo, no obstante, de mentalidad lo encontramos referido en la segunda y tercera películas escogidas. De esta forma, mientras que en los 90, la problemática nos era contada desde un punto de vista lúdico-trágico, ya en el nuevo milenio hay una actitud de protesta contestataria bastante clara, que se ha visto silenciada años después, quizás desde la hipocresía o la simple voluntad de acallar algo desbordante en sus datos, una realidad que sigue provocando el mismo malestar. De alguna manera parece que esa reivindicación de las personas que se hacía no es suficiente para ciertos sectores poderosos y...

EN TORNO A LAS EXCENTRICIDADES DEL CARDENAL PIRELLI...

Esta novela es un despropósito. Me reconozco como un aficionado a la literatura decadente y a los raros. Confieso haber encontrado méritos e interés en Lorrain, en D´Annunzio, en Hoyos y Vinent. Pero esto es demasiado. Firbank no entendió en vida que no lo comprendieran, y es que seguramente el público británico no estaba preparado para la intensidad barroca de una Sevilla inventada, a lo que se trasluce detrás de esas liturgias de la catedral y del coso, hechos ininteligibles para la moral anglicana desplegados bajo la violencia de un sol ajeno y excesivo. Pero tampoco desde España se entiende esa imagen adulterada de Andalucía. Con lo cual el relato se torna ilegible. Son personajes sin componer, conversaciones mezcladas con vaguedad dentro la narración, estampas exageradas y anecdóticas sin ninguna profundidad, tópicos malformados. Una escritura breve, sin enjundia de relato ni de novela en la que solo hay destellos de extravagancia de lo que comienza siendo una farsa, lo que no sería malo si no fuera porque su autor, poco a poco, va intentando endosárnosla con sus veleidades literarias. Y aun así nos deja frases célebres por lo demenciales. No tengo nada que declarar aparte de mí mismo. El hechizo de Sevilla le trastornó. Calificación: Exótico. Tipo de lector: Raro. Tipo de lectura: Extravagante. Argumento: Desquiciado. Personajes: Latentes. ¿Dónde puede leerse?: En un patio de Sevilla, una noche de...

Cómo viajar sin ver

Cuando en 2009 Andrés Neuman, escritor argentino-español, recibió el Premio Alfaguara por su novela El viajero del siglo, tuvo que salir de Granada a dar una gira al mundo para presentarla y hablar de esa obra. Durante ese viaje por Latinoamérica, que duró meses, Andrés crea otra obra, que no habla nunca de su Premio ni de esas causas editoriales del viaje, sino que habla del viaje solo, despojado de sus razones laborales. A este segundo libro, que podría haber llamado El viajero del libro si no se hubiera propuesto alejarse tanto del objeto premiado que hizo posible semejante gira, lo llamó, sin embargo, Cómo viajar sin ver. Bienvenidos a los viajes de Neuman. El escritor premiado se propuso tomar notas en los lugares que visitara durante la gira. Tomar notas «al vuelo», una escritura tan fugaz como su paso por las ciudades. Crear un diario de viaje que en su esencia de lo pasajero coincidiera con la forma misma del viaje. Neuman pasajero; en definitiva, estar y no estar era su destino, mucho más que todos los destinos que enumeraba el itinerario. Destinos (ciudades): Buenos Aires (Argentina), Montevideo (Uruguay), Santiago (Chile), Asunción (Paraguay), La Paz (Bolivia), Lima (Perú), Quito (Ecuador), Caracas (Venezuela), Bogotá (Colombia), Ciudad de México. Y luego, la segunda parte de la gira: Guatemala; Honduras no, aunque estaba en los planes, porque las cosas se pusieron ásperas con el golpe de Estado que depuso al presidente Manuel Zelaya; Miami; San Juan (Puerto Rico); Santo Domingo (República Dominicana); Panamá; San Salvador (El Salvador); San José (Costa Rica). Con un tono directo y a veces irónico, con mucho sentido del humor, y hasta con cierta poesía, el autor propone una mirada sociológica de cada lugar: los barrios peligrosos y los barrios de clase...

Mente animal

Mente animal (Córdoba, La Bella Varsovia, 2014) es una sorpresa, no así su autora, Pilar Adón, poeta, narradora, traductora de, entre otros, Henry James, que viene construyendo con calma y mucho tino una sólida carrera literaria a la que la crítica ha atendido convenientemente (no es por casualidad que el novelista Manuel Longares, salude el libro en la contraportada). Mente animal es un poemario fieramente escrito desde las entrañas del recuerdo, con un inesperado aroma a norte que al lector quizá le lleve a evocar los paisajes líricos del poeta sueco Tomas Tranströmer. El marco real del que nace la escritura puede ser el espacio rural castellano, pero el tono es de brumas frías, de bosques en sombras, de amenaza, de temores ancestrales. Con una escritura precisa que penetra como un bisturí en la carne de la vida cotidiana en la aldea, en los campos soberanos donde el hombre soporta una vida de lucha desesperanzada y de desgracia, Pilar Adón se enfrenta a los fantasmas del pasado, a un origen que no es celebrado sino con el abandono: “¿no es la retirada la actitud más noble?”. La suya es una mirada que contempla la tragedia con la naturalidad de lo que ya se entiende casi como una cruel e invencible rutina, por eso la visión que estructura los poemas es seca, sarmentosa y descarnada o como de piel vieja, casi en cueros; así que no, bucólicas evocaciones de una naturaleza esplendente no espere el lector aquí, no será el Virgilio de Las Geórgicas, ni el Fray Luis de los poemas de dones y gracia escritos en El Cigarral de Toledo lo que se va a encontrar en estas páginas donde siempre acecha la bestia. Otras son en Mente animal las viandas con la que...

A la sombra de las muchachas en flor...

Segunda parte de las siete de las que consta el conjunto En busca del tiempo perdido firmado por Marcel Proust; premiada en 1919 con el Goncourt francés. Retomo la lectura de este libro por dos evocaciones que me llevan a una nostalgia nefasta: la primera es Combray, en cuya playa sucede el segundo decisivo que arrastra hasta todo un paisaje mental en torno al amor; la segunda es que a pesar de que este miembro de la familia Guermantes que narra, me encandiló en Por la parte de Swann, lo cierto es que pensé durante no pocos años, que pecaba en exceso de yoísmo. Su lectura con la madurez mejora y uno entiende como ineludibles la enfermedad respiratoria del personaje, no provocada sólo precisamente por una indigestión con la dichosa magdalena. Al igual que entiende que muchas veces desde la pereza o la evocación de la misma, pueden salir enormes resultados. De las casi seiscientas páginas del texto, las primeras arrastran a Swann para convertirlo junto a Odette, en compañeros de confidencias hacia la quietud, algo necesario para escribir y pensar el mundo encapsulado en su cabeza. Existe, por otro lado, un sentimiento de frustración que lleva a no considerar al objeto lo mismo que el sujeto, de tal forma que el personaje, a pesar de narrar en primera persona, lo hace desde cierto distanciamiento. Se muestra lo risible desde objeciones a la aristocracia como clase social, sin tomar partido ni por la burguesía ni por los obreros. La nómina de mujeres evocadas lleva al personaje a un conflicto por no querer que una mancha quite la siguiente y esto es no sólo porque en todo el mundo no encuentre estímulos atractivos, que también. La forma de enamorarse Guermantes es plena y a la...

Aladar 26

Creando vidas ajenas

Kiti Mánver se encuentra en un momento artístico magnífico. Con su papel en Las heridas del viento logra emocionar, romper todos los moldes conocidos, conectar con un público que se entrega sin dudarlo desde el primer minuto de representación. Kiti Mánver es una de esas actrices que vive para y por el teatro, que necesita el escenario para continuar caminando. Porque es actriz sobre todas las cosas. Porque sabe que la realidad es mucho más brutal que lo que se cuenta sobre un escenario y necesita entender. Kiti Mánver ha preparado un té exquisito. El salón de su casa es amplio y acogedor. Aunque la que logra que me sienta como en mi propia casa es ella. Kiti es vital, una excelente conversadora, casi traviesa al gesticular o al mirar. No hace falta que se suba a un escenario para que llene el espacio sin esfuerzo alguno, pero con esa delicadeza tan fina que cede un hueco cómodo al que tiene enfrente. Eso sí, hay que estar atento, porque tan pronto está sentada en el suelo como en el sofá o corre para buscar un proyecto que quiere que veas. Si hubiera sido boxeadora la hubieran tenido que llamar «el huracán malagueño» o cualquier otra cosa parecida a esas que se utilizan en el mundo del deporte. Comenzamos a charlar sobre lo que representa su profesión y desde cuando es así. «Yo no tengo la sensación de haber empezado en un momento concreto. Con tres años pude ver a través de un cierre, desde la calle, una clase de baile flamenco. Un hombre con una vara que golpeaba en el suelo, faldas al vuelo. Esa es la imagen que me ha acompañado desde siempre porque me impresionó muchísimo. Y nunca he tenido la sensación...

El día que los jóvenes se dejaron ver Oct14

El día que los jóvenes se dejaron ver...

El arte es la representación de la realidad una vez que traspasa el filtro que representa la consciencia del ser humano. Una realidad que se compone de todo el universo compartido por hombres, mujeres, jóvenes o niños. Hablar de las personas supone hablar de lo que son sin olvidar lo fundamental, sin esquivar lo profundo; hablar de las personas es hablar de lo que sienten y de cómo perciben la realidad. Las heridas del tiempo es un claro ejemplo de ese arte comprometido con la realidad y con las personas. El teatro es un espectáculo y, por ello, debemos encontrar en él una serie de ingredientes imprescindibles. Diversión, una buena trama, estética (la que sea necesaria)… Rellenen ustedes este espacio que abre los puntos suspensivos, pero no olviden lo fundamental: conocimiento y emoción. Todo espectáculo que carezca de esto se convierte en puro divertimento, en ocio a secas, y deja la esencia del teatro mutilada gravísimamente. El teatro es fuente de conocimiento y una de las cavernas en las que el ser humano guarda sus emociones más intensas desde el principio de los tiempos. Las heridas del tiempo se representa en el Teatro Lara de Madrid. Cada miércoles. A Sevilla llegará el próximo mes de enero. Con el texto del autor y director Juan Carlos Rubio, dos sillas de tijera, cinco puntos de luz y dos actores, una pequeña sala se convierte en ese lugar, tan extraño de encontrar, en el que la condición humana estalla en mil pedazos para que el espectador se vea obligado a reflexionar y entender (se). Tal vez, alguien puede estar pensando que estas cosas suceden en los teatros, que tampoco es para tanto. Y es verdad que esto es lo que debería ocurrir, siempre, aunque no es así;...

La palabra y el arte como arma de guerra Oct14

La palabra y el arte como arma de guerra...

Las guerras se ganan utilizando todos los recursos posibles. No sólo se lanzan misiles teledirigidos o toneladas de bombas de racimo para vencer al enemigo. La propaganda es un arma como otra cualquiera. En la guerra civil española, la dimensión de esa propaganda, convertida en cartel, fue extraordinaria. Artistas de todo tipo, de cualquier procedencia imaginable, se afanaron en lograr con su arte que la guerra avanzase en una dirección u otra. Hoy, esos carteles, son la muestra de un proceso bélico que nunca debió producirse y que nunca debería repetirse en ningún lugar del mundo. La guerra es una constante en la historia de la humanidad, un fenómeno social en el que dos bandos enfrentados luchan por su supervivencia envueltos por un número infinito de factores que pueden ser, por ejemplo, de carácter histórico, económico, armamentístico, estratégico o propagandísticos. Inopinadamente, la propaganda puede ser incluso más importante que otras variables más propias de lo militar, llegando a inclinar la balanza a favor de quien haga un mejor uso de ella. Las palabras pueden llegar a tener la misma fuerza que las armas. La propaganda de guerra se dirige, en un primer momento, a los oficiales para levantar la moral de la tropa; a la propia tropa; pero, también, al enemigo, en la llamada guerra psicológica, y a los neutrales, para impedir que se alíen con el bando contrario. La propaganda fue un arma fundamental en la I Guerra Mundial, pero, por su carácter ideológico, en la Guerra Civil española llego a ser aún más relevante. En concreto, el cartel propagandístico tuvo uno de sus momentos más intensos en el arte popular. Hasta la aparición de la televisión, nunca antes se había producido en la historia tal manifestación masiva de arte bélico y político,...

NUEVE CLÁSICOS Y UN NEO-WESTERN Oct14

NUEVE CLÁSICOS Y UN NEO-WESTERN...

Creadores de inagotable talento como John Ford, Anthony Mann o Fred Zinemann nos han regalado obras de arte que unas veces ensalzan la leyenda del Oeste americano y otros la cuestionan, pero siempre nos cautivan por la fuerza de las tramas, personajes e imágenes. Desde La diligencia hasta Breaking bad, la lista de estos diez westerns favoritos no sigue un orden de preferencia sino meramente cronológico. Este número de Aladar, tan próximo al extraño vínculo que siempre existió entre el arte y la guerra o la violencia de todo tipo, entre el arte y la supervivencia del ser humano sea como fuere, no podía omitir un género como el western. Al fin y al cabo la condición humana es la que es y, aunque nos perturbe, debemos tenerla presente en toda su amplitud. El western nos ha regalado historias sobre hombres solitarios que sobreviven en entornos majestuosos y hostiles, sobre la violencia de la frontera, sobre el esfuerzo de los pioneros, sobre la brutalidad y la sabiduría del pueblo indio, sobre el afán de venganza o el coraje como motores de cambio, sobre la fuerza civilizadora de las mujeres, sobre la codicia, la ira y el perdón. Voy a hablarles de las diez películas de este bellísimo género que personalmente más emoción y admiración me han provocado. Habrá lectores que echen en falta obras de Hawks, de Leone o Eastwood, pero este tipo de rankings deben servir para despertar debate y además, les recordaré algo con asertividad no exenta de amabilidad: esta es mi lista. La diligencia (Stagecoach, John Ford, 1939) Es una obra llena de la humanidad profunda y la poesía que caracterizaba el cine de John Ford, ese artista de sentimientos contradictorios, por cuyas venas, más que correr la sangre, galopaba el...