A las princesas del Oriente

Desde Tailandia a Indonesia, la música dibuja la sensualidad de ciudades regias. Aromas dulces y penetrantes en las composiciones y en las atmósferas que evocan de la primera a la última nota.

Bangladesh en el horizonte, y más de 31 minutos de música para viajar en un pentagrama en el que se mezclan distintos aires. El primero de ellos de una norteamericama, Joan Baez, que habla de un sol que se pone dejando una penumbra de tragedia. Guerra,cólera, desolación, manchan la armonía de una canción hermosa.
Luz y exotismo en la Tailandia en la que una mujer, también una mujer, secuestra el orgullo de Joel Timmons, el líder de la banda Sol Driven Train, que retrata la vida regalada en una sucesión de protagonistas de cuerdas y vientos.La vida en  directo, bosquejada sobre un escenario.
El diablo visita Camboya en la siguiente canción que suena en  el reproductor. Los pasos por los caminos de tierra rojiza son acompasados por un correteo sobre el trasteo de las guitarras, y por los distintos tonos con los que las voces se acompasan, para describir un caos silencioso; rítmico.
Vietnam suena a guerra, a muerte de inocentes y de inocentes, de los que matan y de los que mueren, en esa omnipresente autocrítica norteamericana a uno de sus mayores errores geopolíticos. Atmósfera alocada de destrucción.La canción suena a los setenta del rock progresivo y la experimentación musical. Vuelve Kravitz a un escenario de vergüenza, compartida por sus compatriotas.

Una composición en malayo se cuela en la particular vuelta a mundo iniciada hace 28 canciones. La banda Tilu hace un homenaje a su propia ciudad con una sección de vientos acoplada A

 las voces femeninas, elegantes, medidas en la misma tonalidad, sin estridencias.
Como «Princesa de Oriente» bautizan Los Panchos a Filipinas, en una declaración de amor de sus propios hijos. Resplandor sobre las aguas del Pacífico Norte, respeto y calor, se subrayan en los versos del bolero.
Tom Waits pasa una noche coloreada en Singapur, con su desvergüenza agarrada a las cuerdas vocales que rivalizan con el contrapunto de la cuerda percutida. Dólares que vuelan de las manos de los limpiabotas a las barras de los garitos en los que se pide prórroga a la madrugada, invertida en locuras exóticas hasta que estalla una tormenta que también se deja escuchar en la grabación.
Parada final de la etapa: Indonesia. El tema de Adithia Sofyan ahueca una almohada suave de cuentos de hadas sobre la que descansa el viajero. Y otros viajeros a los que se cruza por el camino con una promesa llena de mentiras:«Si te quedas, me quedo». Los fantasmas y las postales se quedan. El viaje continúa en la próxima entrega, comenzando por Australia.