A puerta cerrada

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Tres personas llegan al infierno: Garcin por haber maltratado a su esposa, Inés por haber provocado la muerte de un amante y Estelle por haber matado a su bebé. En ese infierno no hay hogueras sino sillones, no hay espejos ni ventanas, y no hay azar. Lo que hay es una situación planeada y calibrada. Son ellos tres, y no serán ni uno más ni uno menos. Esto es A puerta cerrada, obra teatral de Sartre.

Sartre dice en La náusea: «Las tres, siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer». Inés dice en la obra: «Siempre se muere demasiado pronto o demasiado tarde». La náusea dice: «Los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos». Estelle dice en A puerta cerrada: «Yo tengo seis espejos grandes en mi dormitorio. […]. Me veía tal y como los demás me veían…».  La náusea: «Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar». A puerta cerrada, en boca de Inés: «Pueden coserse la boca o cortarse la lengua, qué más da: a pesar de todo, ¿no seguirán existiendo? ¿No seguirán pensando?». Y más y más paralelismos en frases. Son dos obras literarias diferentes, pero Sartre es uno. Es el intelectual que eligió la filosofía y la literatura para expresar sus ideas. No era solamente filósofo ni solamente escritor, era un pensador. Y en sus obras está el existencialismo desbordando a cada lado. Son ellas una excusa para abordar esta corriente filosófica.

A puerta cerrada es una obra sobre el infierno. Cuando al final de la obra Sartre define lo que es el infierno en boca de su personaje Garcin, está creando una de sus frases más famosas: «El infierno son los otros». Esto es así porque no hay un verdugo en el infierno que crea Sartre, sino que ellos mismos, la mirada de cada uno de ellos tres recayendo en la persona ajena, constituye el infierno. Por eso el tema de la falta de espejos funciona de manera tan simbólica en la obra, porque el reflejo de cada uno va a estar dado por la devolución del otro. Cada uno funciona como verdugo de los otros dos, de ahí en más y para siempre, para un siempre que no es equivalente a toda la vida sino a la eternidad. Esta idea de eternidad es lo desesperante para el ser humano.

¿Por qué ellos tres y no otros o más? Porque son lo suficientemente diferentes pero igual de gusanos como para servir a los fines del infierno, es decir, para que resulte eficaz al juntarlos la idea de que cada uno va a ser el infierno para los otros dos. Así, la burguesa parisina (Estelle) con el intelectual revolucionario (Garcin) y con la lesbiana trabajadora (Inés) conforman en cóctel justo para que su infierno, el de cada uno, funcione a la perfección. Cada uno de ellos queda en manos de los otros dos, es juzgado por los otros dos y no puede escapar de eso. Si Garcin necesita para su salvación que alguien le diga que no ha sido un cobarde, precisamente estas dos mujeres serán incapaces de pronunciar tal sentencia. Y pasará lo contrario: siempre el infierno, nunca el alivio. Siempre. La obra acaba con la palabra siempre mezclada con risa en boca de los tres personajes. La sentencia es: el infierno, para siempre.        

Calificación: Excelente
Tipo de lectura: Rápida pero no ligera
Tipo de lector: Reflexivo
Argumento: Tres personajes llegan al infierno y descubren que no hay verdugos, que «el infierno son los otros»
Personajes: Garcin, Estelle, Inés y el mozo.