Alfred Hitchcock presenta: Horas tomadas a la noche

WhatMoreCouldWeDo
Horas tomadas a la noche es uno de los muchos libros de relatos aparecidos bajo el nombre de Alfred Hitchcock. Relatos policiales; historias de suspense, de terror, de miedo, de intriga. La especialidad de la casa.  Sin embargo, los 27  que se reparten en los dos volúmenes que lo componen, es bastante más que probable que no fuesen escogidos por el propio Hitchcock, al contrario de los recopilados en, por ejemplo Mis suspenses favoritos, el primero de los cuales, Los pájaros, llevaría al cine.  Del mismo modo en que los aparecidos periódicamente en el Alfred Hitchcock’s Mystery Magazine, publicado por primera vez  en diciembre de 1956, no lo eran. Hitchcock se limitó a autorizar el uso de su nombre. Un buen reclamo comercial, sin duda. En realidad, no importa demasiado si los relatos eran o no seleccionados por él mismo. Porque reúnen, tanto los agrupados en estos dos volúmenes, como los cientos de publicados en diversas antologías, todos los ingredientes para ser auténticamente hitchcockianos. Son relatos ácidos, macabros, en los que los crímenes se suceden las más de las veces sin remordimiento alguno, ya sea fríamente, o en el furor del momento. En los que las bajas pasiones mueven el mundo. La codicia, los celos. El sexo, soterrado, pero visible. La envidia. Los malvados se justifican, y hasta suelen tener suerte y ser sólo descubiertos por el lector, a través de alguno de los personajes (de la manera más insólita en ocasiones, como en  Apuesta arriesgada), que, ni pertenece a la policía, ni lo pone en su conocimiento, por razones puramente egoístas. El grueso de los actantes parece estar dividido en cinco grupos: víctimas, perpetradores, descubridores que lo encubren, secundarios que siempre tienen algo que ocultar, y agentes de la autoridad. No hay sitio para los buenos, los justicieros. Y, si lo hay, raro es que no acaben mal. Todo es muy sórdido, muy negro. Con un sutil humor aún más oscuro que un asesinato, casi despectivo. Todo muy humano, en el fondo. La cara que no se muestra. La que no nos gusta. La cara que Hitchcock como pocos nos ha enseñado. La de las pulsiones y la falta de moral. Y eso, con la maestría con que están escritas las historias, asusta. Asusta y lo disfrutamos, sabiendo que estamos en lugar seguro. Entretiene. Y todas tienen ese ingrediente fundamental que hace que nos enganchemos a ellas: el morbo. El morbo de saber lo que no se debe. De conocer lo sombrío que se esconde en el interior, hasta llegar al crimen. De saber cómo se ha cometido este. El de escudriñar en lo peor, y mantenernos indemnes. Nos gusta leer (no a todos, cierto) historias de miedo, igual que ver cine de terror. Nos gusta porque excita nuestra curiosidad, como cuando somos pequeños y nos tapamos los ojos, pero los separamos para ver entre los dedos, porque nos intriga  saber qué pasa cuando se clava un cuchillo, o qué sucede cuando se mata a alguien. Aunque al tiempo nos espeluzne.  Esa curiosidad que es la que nos deja pegados a la pantalla, o a las páginas de este libro. Porque lo hacemos con la seguridad de que no nos matará, como al gato, cuando lo leamos en esas horas tomadas a la noche.  

Calificación: Bueno.
Tipo de lectura: Inquietante.
Tipo de lector: El que quiera atreverse a descorrer la cortina.
¿Dónde puede leerse?: Bajo las sábanas, con una linterna.