Alicia en el país de las maravillas

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Con su Alicia, Charles Lutwidge Dowson, que eligió el nombre de Lewis Carroll para disolverse en la posteridad, preludia los movimientos surrealistas.

Parece que escribió este cuento para una de sus amiguitas, una niña vecina, de nombre Alice Liddell, a la que había fotografiado, al igual que hiciera con otras compañeras suyas, con más o menos ropa encima. Nada añadiremos a esto porque no es el lugar, ni el que escribe estas líneas es juez oportuno sobre la vida de nadie, pero la de Carroll fue una huida mediante lo fantástico de la literatura de la trampa de una naturaleza inhabitual, en una sociedad rígida, sumergida –en todos los sentidos- en un clima insoportable.

La narración pasa por ser un sueño de una tarde de calor, el de una niña, el de esa niña y en ese sueño cabe toda visión y toda extravagancia. Desde su publicación, sesudos investigadores estudian si con el relato de ese sueño, su autor retrató también algo más íntimo de su subconsciente.

El cuento es trepidante y pasmoso. Todos sabemos que Alicia se cuela por un agujero en un árbol siguiendo a un conejo con chistera que habla solo, a partir de este arranque, la muchacha crecerá y menguará por el consumo de insólitas substancias; conocerá a diversos animales inteligentes como el pájaro Dodo, una oruga sabia y el gato de Chesire que además puede desaparecer paulatinamente. Jugará una partida definitiva de croquet con una reina de papel que gobierna despótica sobre un mundo de barajas. El sueño termina con un canto a la inocencia de los niños de la que al fin y al cabo, quizás, Dodgson estuviera enamorado.

Alicia en el Pais de las Maravillas es para los niños un cuento divertido e ingenioso y para los adultos un rompecabezas que nunca terminan de poder armar por la oscuridad de sus símbolos. Se ha traducido en imágenes en numerosas ocasiones y a través de ellas ha pasado al imaginario colectivo occidental, sobre todo por las ilustraciones de John Tenniel y más tarde los dibujos animados de Walt Disney.

Existen coleccionistas compulsivos de las infinitas ediciones del cuento en todos los idiomas y las primeras ediciones en inglés son buscadísimas e importante objeto de inversión.

Dodgson fue diácono de la iglesia de Inglaterra, recibió, e impartió después, clases de matemáticas en Oxford, Christ Church College. Fue uno de los precursores de la fotografía y todo hace pensar que numerosos traumas de juventud como su tartamudez, una timidez enfermiza o el fallecimiento inesperado de su madre, agitaran una mente compleja hasta hacerla capaz de crear la obra maestra que el libro es. Destacó por sus estudios sobre la lógica y las matemáticas.

Recientemente Kókinos ha editado una adaptación en libro desplegable realizada por Robert Sabuda que es también una obra de arte.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector: Chicos y grandes. A quien menos suele gustar es a los adolescentes.
Tipo de lectura: Entretenida, divertida.
Argumento: Enloquecido.
Personajes: Muy divertidos todos menos la atónita Alicia.
¿Dónde puede leerse?: Tumbado en cualquier césped (y apoyado en un árbol).