ARTE EN CUBA.TREMENDO PANORAMA I

Comenzamos con este artículo un acercamiento a la cultura en Cuba, con una serie dedicada a la pintura y las artes plásticas; ahora que se inaugura en La Habana la bienal de Arte Contemporáneo, cita ineludible para los profesionales y los apasionados.

Nos dejamos guiar por una aficionada para acercarnos a la obra de los más destacados pintores cubanos, apartados –nosotros- de la mirada de los expertos y de las opiniones ortodoxas. Wendy Guerra es una escritora de la penúltima generación isleña, en su novela Nunca fui primera dama nos ofrece el atisbo de un museo personal que podemos reconstruir desde la libertad que nos da la literatura. Las pinturas a las que se refiere se las encuentra la protagonista en casa de un amante, en París, y se queda sorprendida por la construcción en la ciudad del Sena de una muestra de representantes de la vanguardia caribeña.

Servando Cabrera Moreno, 1923. Rómulo y Remo, 1981.

servando-romulo y remo 1981

Lo que más nos llama la atención de Servando son las imágenes de cuerpos entrelazados, vistas como al través de un vidrio coloreado, azul en este caso, que caracteriza la mayor parte de su obra en la que hay retratos de mujer con los cabellos enlazados de flores, y hermosos guerrilleros. Los desnudos como este son delicadamente eróticos en su fragmentación y muy representativos de su pintura.

Amelia Peláez, 1896-1968. Bodegón, 1958.

peláez-bodegón 1958

Comprometida hasta la muerte con la Revolución, sus cuadros se asemejan a vidrieras, con colores planos separados en celdillas y representaciones que están entre lo naif y lo cubista, acercándose a la abstracción. Se dice que su inspiración viene del cromatismo de los arcos de medio punto acristalados, propios de las casas de la isla y por lo tanto del sol. Es la autora del mural del hotel Habana Libre.

René Portocarrero, 1912-1985. Paisaje de La Habana, 1970.

portocarrero-paisaje de la habana 1970

Barroco, tropical, asido firmemente a las raíces africanas de Cuba, es uno de los artistas más conocidos del país y más reconocido fuera. Sus retratos de mujer, evolucionan desde el realismo hasta todas las posibilidades del impresionismo archimboldiano. Sus ciudades abigarradas no quieren prescindir de nada, ni del color, ni de la sombra, la expresión o la impresión, ni de la plenitud, ni del vacío, convirtiéndose en metáforas abstractas. Nos encantan sus catedrales.

Leopoldo Romañach Guillén, 1862-1951. Playa de Caibarién, 1920.

romañac-playa de caibarién 1920

Un clásico. Pasó su infancia en España, desarrolló su formación en París y en Roma. Anclado en los convencionalismos del XIX, representa la pintura burguesa que se extinguió con la Revolución pero también cierto cosmopolitismo, además de esa pretensión modernista de escaparse de la pintura para aprehender la luz. No es nuestro favorito pero debe de estar. Ni sus retratos son de una gran penetración, ni la luz tropical es la más adecuada para girarse y capturarla con moldes europeos.

Luis Martínez Pedro, 1910-1989. Aguas territoriales, 1967.

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Entre los años 60 y 70 trabajó en una serie sobre el mar, juega en ella con la idea de isla, de remolino, de agua aquietada y turbulenta, para construir una poesía de color, suficientemente inquietante como para tener sentido. Adscrito al grupo 10 Pintores Concretos, radicales partidarios de la abstracción geométrica, demuestra con el mismo título que es imposible sustraerse a la asociación simbólica de la realidad como pretendió Theo van Doesburg en su manifiesto.