Asfixia

Asfixia chuck palahniuk
Asfixia es un libro con muchas lecturas. Posiblemente, tantas como lectores. Como la propia vida. En ella Chuck Palahniuk nos cuenta la historia de Víctor Mancini, un joven que, tras haber abandonado los estudios de Medicina, ha encontrado una forma muy peculiar de ganarse la vida: atragantarse, cada noche, en un restaurante distinto, sabiendo que, de esa forma, creará un vínculo para siempre con la persona que acuda a socorrerlo. De esta forma, convierte a los demás en responsables de su propia vida, sin escrúpulo alguno. Cartas de felicitación de cumplevida en los aniversarios, que vendrán acompañadas las más de las veces de dinero, en respuesta a alguna creíble excusa esbozada en las cartas que dirige regularmente a sus salvadores, para impedir que puedan desvincularse de él. Su vida transcurre entre las visitas a su madre, Ida Mancini, una chiflada que en su juventud fue detenida innumerables veces por acciones contra el sistema, incapacitada judicialmente e internada en una residencia, su trabajo en una atracción que recrea la vida en la América colonial del siglo XVIII, y sus conversaciones con Denny, pregonero en la misma atracción, y adicto al sexo como él.
Una novela cínica, descarnada, obscena, llena de detalles escabrosos, y con un sentido del humor corrosivo, en la que no parece haber un solo personaje, principal o secundario, que sea algo más que un desecho. Y, como tal, es un buen libro si queremos quedarnos en esa lectura, en la superficie. Aún así, merece la pena. Porque es un libro bien construido, si bien no es, ni mucho menos, apto para todos los paladares.
Pero sería una lástima quedarse ahí porque, en tal caso, lo más probable es que esta narración nos acompañe con su lectura el tiempo de llevarla a cabo y, a lo sumo, el de comentarla. Y, después, la olvidaríamos para siempre.
Cierto que hay muchos libros que no aspiran ni consiguen llevarnos más allá de eso, y ya es bastante que lo consigan. Cierto también que hay otros en los que encontramos hilos de los que tirar, y la historia se despliega. Y, finalmente, otros en los que, si tiramos de un cabo, podemos llegar a desnudar una oveja.
Asfixia es uno de estos últimos. Sus personajes de lo que carecen, en el fondo, no es de moral, sino de esperanza. Atrapados en el mundo sin encontrar salida. En esa sociedad que Ida Mancini no consiguió cambiar. Una sociedad llena de símbolos. Donde nada es lo que parece ser. Donde quiso que su hijo creciera creando los suyos propios. A la que quiso despertar del letargo, la indefensión y la inercia, sin conseguirlo. Quizá porque no supo por qué sustituirla ni qué hacer después con ella. O quizá, porque no había nada que cambiar. Un mundo en el que los sentimientos nos hacen vulnerables, la adicción es una salida, el sexo la solución a todos los problemas, y el desconocimiento, el nirvana. El lienzo en blanco. Ése es el mundo que enseñó a su hijo. El que lo está asfixiando desde que lo nombraron su tutor, y tuvo que dejar el camino seguro y apacible de brillante estudiante para ocuparse de ella. Para enfrentarse a ella. A sus propios sentimientos. Cínico, insensible, adicto, estafador. Etiquetas fáciles, buscadas por él mismo. Adelantándose al rechazo. El de las mujeres en general, y del de su madre en particular. A pesar de su apariencia y su empeño, Víctor es un infeliz obsesionado con el amor. Especialmente de su madre. Con lograrlo. Atrapado entre el rechazo y la necesidad de aceptación constantes. Alguien que parece incapaz de quererse por sí mismo. Incapaz de decidirse entre el amor y el odio hacia esa figura que domina toda su vida, y no le deja ser nada ni nadie más. Que lo hace sentir, sin pretenderlo, tan insignificante como cuando era un pequeño estúpido que quería que su mamaíta lo quisiera, por encima de todas las cosas. Que quizá siga siéndolo. Que ha encontrado un camino extraño para conseguir lo que necesita. Bordear la muerte, sabiendo que siempre habrá alguien que lo rescate de ella. Jugando con el instinto humano de ser bueno, a fin de cuentas. Consiguiendo el dinero necesario, sí, a base de estafar. Pero no engaña, porque quiere conseguir amor auténtico. No finge atragantarse. Se arriesga de veras. Podría no salir de ahí. Pero sabe que no ocurrirá. Que habrá algún héroe que se convertirá en su salvador. Que, durante un momento, todo el mundo estará pendiente de él. Que alguien lo querrá, aunque sea de forma inducida. Y también, que ese héroe tendrá su recompensa: será a partir de ahí alguien nuevo. Alguien que podrá contar lo que hizo, y lo hará. Se sentirá importante. Y aún sabe algo más. Que, cuando lo haga, sacudirá a toda la gente presente de su letargo y su comodidad. Como su madre.

Valoración: Muy bueno.
Argumento: Trabajado, muy bien construido.
Personajes: Los tres principales, muy elaborados. Los actantes cumplen.
Tipo de lector: El que quiera ir más allá de la apariencia.
Sitio en que leerlo: Vigilante, en un restaurante.