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El escaso recorrido de la intransigencia Ene20

El escaso recorrido de la intransigencia...

Hasta el próximo 1 de febrero se puede disfrutar de este maravilloso espectáculo en el Teatro Real de Madrid. La magia de las sombras revestida de ironía, ritmos de jazz y buena dramaturgia. Omelette es un espectáculo sorprendente por su finísimo humor, por su elegancia y por ser una extraordinaria mezcla de música y dramaturgia. Pero, además, es una magnífica oportunidad de pasar una hora con los más pequeños de la casa. Tanto niños como adultos disfrutan de un teatro de sombras que nos acerca el Programa Pedagógico del Teatro Real de Madrid. La sombra suele representar eso que conocemos como alma y que puede separarse del cuerpo. La sombra es lo inmaterial de nosotros mismos. Por ello, lo fantástico, lo mágico, eso que está sin mostrarse; se hace presente en este tipo de espectáculo. Y, por eso, los niños disfrutan tanto (su capacidad para imaginar es ilimitada). La sombra nos arrastra a un mundo que no solemos transitar, pero en el que encontramos nuestras pasiones, nuestras intimidades. Jean Jadin fabrica música con un par de herramientas metálicas, un par de flautas, su propia voz y poco más. Los ritmos de jazz llegan con gracia hasta las butacas. Paulo Ferreira hace magia, o casi, manejando un enorme número de figuras en movimiento. En Omelette se habla del poco recorrido de la intransigencia o de la falta de atención de los adultos; del mundo de los niños como vía para poder alcanzar una estabilidad emocional que permita una vida mejor. Y, para hacerlo, se pone en movimiento a un matrimonio, a su hija, a una disparatada gallina y algunas cosas más que ayuden a que la fantasía ordene la narración. Tanto Jadin como Ferreira hacen una pequeña presentación del espectáculo que viene muy bien a...

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Hay que elegir entre ser auténtico o vender...

María Luisa Rojo es una artista de esas que solemos catalogar como de raza. Sus libros de artista, sus lienzos y sus piezas de cerámica son la mejor prueba de ello. Defiende el oficio del artista como pilar fundamental con el que poder hacer un buen trabajo y, por otra parte, el concepto de arte como senda que se transita con el fin de encontrar esperanza en la propia esperanza de conseguir acercarse a conocer el sentido de la vida. El sol de Madrid se empeña en caldear la ciudad aunque no es capaz. Parece más una bombilla que cumple con dar la luz suficiente y haraganea con el resto de su trabajo. La ciudad, conformista, sigue funcionando a su ritmo. Tal vez mucho más frenético de lo normal, envuelta en el aroma a navidad. Porque Madrid huele a navidad, a primavera, a tragedia o a protestas. Depende del momento. Me encuentro con María Luisa Rojo. Artista. Es una mujer menuda, de buen carácter, enamorada de la vida (al menos no deja de sonreír y lo interpreto como un signo de felicidad perpetua). Tomamos un café de esos que sirve una máquina acompañando el proceso de un ruido desagradable que hace pensar en el aceite industrial. Nos da igual. Aquí hemos venido a charlar sobre la obra de María Luisa y el resto forma parte del atrezzo. Le pido que me cuente cómo ha llegado hasta aquí, qué resaltaría de ese viaje que comenzó hace ya muchos años. «Comencé con la cerámica. España era muy distinta a lo que es. No se encontraban lugares en los que se pudiera recibir clases de pintura. Pensé en hacerme guía y comencé a estudiar Historia del Arte. Fíjate qué cosas piensa uno de joven. Pero tuve suerte...

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El amable disparate Oct28

El amable disparate

Que en un espectáculo prime la diversión sobre aspectos más profundos del arte no está mal. Al contrario, es una cosa muy saludable. El problema es que eso sea lo más frecuente. La fille du régiment es una ópera que incluye un libreto superficial e imposible, pero, además, una partitura firmada por Gaetano Donizetti que es maravillosa y que exige de los cantantes un esfuerzo extraordinario para salir airosos de la batalla. El Teatro Real presenta un divertimento que exalta el bel canto y la inteligencia al diseñar un espectáculo. Si usted cree que la ópera es una forma de diversión, y poco más, La fille du régiment es su obra. Si, por el contrario, cree que la ópera es fuente de conocimiento y una entrada lujosa que da acceso a miradas desconocidas y extraordinarias, La fille du régiment es su obra. Porque no pasa nada por levantar el pie del acelerador y poder asistir a espectáculos divertidos y solo divertidos. Desde luego, si alguien busca pensamiento profundo en esta obra de Gaetano Donizetti se está equivocando de cabo a rabo. Pero si alguien quiere conocer lo que es la ópera por primera vez, el trabajo de Donizetti es una oportunidad de oro puesto que lo amable es, siempre, bien recibido. Nunca estaremos agradecidos del todo con este compositor que, sin dar la espalda a la mejor música buscaba lugares comunes para entendidos, aficionados y recién llegados. La producción que presenta el Teatro Real de Madrid es vistosa, divertida y casi entrañable. Bien la puesta en escena llena de inteligencia que explota las pocas virtudes de un libreto absurdo, bien musicalmente (Bruno Campanella cumple aunque sin grandes alardes), bien el vestuario (cuidadísimos los detalles), todo bien; salvo las voces que van de bien a...

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