Personal & político...

Aurora Luque (Almería, 1962) es una de las voces indiscutibles de la poesía española contemporánea. Ahora que se abrió un debate, un tanto extraño, en torno a la poesía escrita por mujeres, que la prestigiosa colección Vandalia traiga a manos del lector Personal & político (Sevilla, Fundación José Manuel  Lara, 2015) es un buen argumento para no debatir más, sino para afirmar, sin duda alguna, que mucha de la mejor poesía escrita en las diversas lenguas peninsulares suena hoy con voz de mujer. No seguiré en la defensa de lo obvio, pues merece la pena que nos centremos en el último poemario de Aurora Luque, donde esplende sobre la superficie de lo cotidiano la hondura de su discurso clásico, forjado entre antiguos y modernos, que huele a Mediterráneo, a Safo, a Hölderlin, a Juan Ramón, a Cernuda, a Caballero Bonald, a Anne Carson… y a viñas soleadas. Pero aquí, en Personal & político, el lema feminista (“todo lo personal es político”) que se toma como punto de partida, inspira una colección en la que la poeta busca el mito y la trascendencia en la vida humilde de cada día. El poemario se divide en dos secciones, “Cuaderno del sureste” y “Cuaderno vieja América”, nutridas de la propia experiencia vital de la autora; dicho sea esto con toda la reserva necesaria, pues el discurso lírico es siempre un discurso de ficción: la verdad de lo poético no se halla en la anécdota, ni en el episodio más o menos autobiográfico que sirve de espoleta a la escritura, sino en la (re)creación del mundo a través de la palabra. Así, en estos dos cuadernos de viaje, lo mismo salta el recuerdo del desierto almeriense de su infancia al contemplar unas fotografías, que se reflexiona sobre el...

Hotel Origen

(Imagen tomada de: http://www.notodo.com/libros/7299_javier_vela_hotel_origen.html) El premio de poesía Emilio Prados va ya por su décimoquinta edición, consolidado como uno de los referentes más fiables para saber por donde va la poesía más sugerente del panorama literario español. El pasado año se le concedió al joven, pero muy reconocido poeta, Javier Vela por un poemario impresionantemente bello, Hotel Origen, que acaba de salir en librerías coeditado, como siempre en colección propia, por la Diputación de Málaga, a través del Centro Cultural de la Generación del 27, y la exquisita editorial valenciana Pre-Textos. Al modo de los stilnovistas del renacimiento italiano, Hotel Origen es la crónica poética de una pasión amorosa y la donna angelicata es aquí nombrada como Amara. Lo angélico de este hotel lírico donde se viene a nacer es carne abrazada, no espíritu inalcanzable; el esforzado amante nos ahorra los trabajos de merecimiento del amante cortés y se centra en construir un fascinante tema con variaciones sobre los goces del amor. Poemas que brillan como luminarias en la noche, contrapunteados por pequeños poemas de un sólo verso largo (a veces organizado por la pausa en dos hemistiquios, un octosílabo más un endecasílabo) que funden la tradición del aforismo, de la imagen surrealista, de la iluminación casi de greguería y del afán del haiku por atrapar el instante en su huida, eso que algunos llaman inspiración. El libro tiene una fuerte unidad en su arquitectura, que gira en torno al misterio de Amara, una mujer con un país propio que el yo poemático explora en su geografía de piel y besos, mientras aprende la enigmática lengua con la que Amara nombra el mundo. O, dicho de otra manera,  Hotel Origen es el lugar de encuentro de un poeta con la poesía. Versos en estado...

POESÍA DEL AMOR SECRETO PARA UN VERANO TÓRRIDO...

Una buena forma de pasar las horas más calurosas del día es leer a la sombra de algún árbol; en casa, dejando que el calor siga con su trabajo. Si nos acercamos a la poesía encontraremos alivio porque la poesía va más allá de lo mundano. Y si nos acercamos a los libros de Clara Janés encontraremos ese lugar reservado al progreso personal con dirección a uno mismo. La entrada hace dos meses en la Real Academia de la Lengua de Clara Janés (Barcelona, 1940) supuso para quien escribe un raro placer. Acostumbrado a no celebrar nombramientos que huelen por anticipado a pergamino ajado o a precipitación de afanes comerciales mal disimulados, aquella mañana del ocho de mayo en que supe por la prensa la noticia bebí mi primera copa de vino helado de la temporada. Una celebración secreta, tan confidencial como lo fue siempre la poesía de Clara Janés. Traductora reconocida, ensayista brillante de todo aquello que arrastra su pasión hasta casi la puertas del abismo (el eterno femenino, la música de Mompou, la poesía de Vladimir Holan, la cosmovisión sufí, la plástica del aire hecho piedra o Chillida…); mujer admirable, yo celebré en confidencias de jardín, el reconocimiento a la poesía de Clara Janés, una llama viva que humea a Hölderlin, tal es su arrebato, aunque las influencias literarias de la poeta catalana vayan más allá de la grandes elegías del poeta alemán. Y así, entre los espejismos de la calor de este julio ardiente, no se me ocurre mejor paralelo que un peregrinaje por los últimos poemarios de Clara Janés. Camino que empieza, con la recopilación de los poemas amatorios que la editorial Vaso Roto reunió en 2010 bajo título más que explícto: Poesía erótica y amorosa. Allí se recogían impresos...

Antonio Méndez Rubio: La poesía como antídoto...

Antonio Méndez Rubio quiere que sus lectores existan, que busquen eso que no cabe esperar y que, además, sea en un poema donde lo encuentren. La publicación de Nada y Menos en Ediciones Liliputienses hace pensar que, todavía, es posible un espacio para la buena poesía y que lo comercial ha dejado, casi sin saberlo, ese hueco tan necesario para que las letras sigan vivas sin necesitar del dinero. Acabas de publicar Nada y menos (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2015), un volumen que recoge los poemarios que has ido editando entre los años 2007 y 2011, continuación, en cierto modo, de aquel otro volumen anterior de poesía reunida, Todo en el aire (Poesía 1995-2005) y enlace con los poemas de tu último libro publicado en edición exenta, Va verdad (Madrid/México, Vaso Roto, 2013). En estos volúmenes se recoge una carrera literaria que comienza hace aproximadamente treinta años. ¿Cómo ves ahora perfilado este largo camino recorrido?  Hay trayectos. “Camino” es una palabra quizá excesiva, que conlleva una dirección, o al menos un sentido, y no estoy seguro de que eso se dé en mi trabajo poético. Y “carrera”… da miedo. Me siento mejor hablando de tramos, o tramas, de “trayectorias”, no siempre continuas, que se cruzan y se dispersan, que se desvían de sí mismas. Me pareció que los primeros poemarios recogidos en Todo en el aire formaban un ciclo, a pesar de que cada cual era singular y contenía ya sus ciclos propios y múltiples. Y cuando luego tuve la misma sensación, decidí reunir los siguientes libros para marcar ese ambiente común que ahí se respira. Esto último es lo que da forma a Nada y menos, que dialoga con el previo Todo en el aire: éste quería reactivar el aviso de Marx (“todo lo...

Nada y menos

Ediciones Liliputienses recoge los poemarios escritos entre los años 2002 y 2008 por Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz 1967), aunque han seguido un orden de publicación algo más dilatado en las ediciones exentas y queda fuera el excepcional Va verdad, publicado por Vaso Roto en 2013.  Sumado este volumen a Todo en el aire (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2008), dispone el lector de la poesía reunida, casi completa hasta el momento, del poeta extremeño radicado en Valencia. Méndez Rubio es sin duda una de las voces más personales del panorama poético en lengua castellana. Su indagación en los límites del lenguaje sólo es comparable a la tensión de la palabra de Paul Celan, Emily Dickinson o Wallace Stevens. Solitario francotirador en la poesía española, el poeta entiende como nadie la máxima deleuzeana para el gran arte: labor de exilio en la propia lengua, pelea constante por el encuentro con una forma para el desvelamiento del ser. Y Méndez Rubio la encuentra, vaya si la encuentra, por eso su escritura es necesaria como el pan de cada día. Con el paso del tiempo, su obra se levanta como un edificio de sólida arquitectura, erguida sobre una conciencia de la escritura basada en la exploración de la materia del sentido a la que no estamos acostumbrados en la poesía española. Poeta metafísico, aunque de la noche oscura del alma, maneja el tono de tal forma en su escritura que es un prodigio cada poema y un milagro cada libro. Escritura meditativa, intempestiva, radical, pero no desolada ni solitario ejercicio de complacencia. Y es que toda batalla en el lenguaje es una batalla en la vida, porque la realidad es la realidad nombrada y la poesía de Méndez Rubio no es un juego estéril...

Lo que importa

Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) ama la palabra, de eso no cabe duda si uno ha frecuentado sus traducciones de Shakespeare, Milton, Marlowe, Tennyson, Yeats o Pound, si se sabe de su fidelidad al estudio de las letras irlandesas y de su labor al frente de la revista sevillana Estación de poesía, pero su amor a la palabra de los otros no debiera ocultar al lector el disfrute de la que escribe en nombre propio. Lo que importa (Sevilla, Renacimiento, 2015) es su quinto poemario y no dudo en calificar el libro como un encuentro feliz para el lector que se tope en el anaquel con un ejemplar sevillanamente encuadernado en albero y granate. Feliz, porque Rivero Taravillo escribe una poesía que recubre el mundo de luz y abre sentidos donde se espera la rutina, como en la espléndida oda a la ciruela que viene a la boca “del cesto de frescor del diccionario” y se derrama en jugos como una “constelación de asombros”. No es que falte el tono amargo y el recuerdo de la vida canalla sepultada en el pasado, la culpa o el olvido que no llega, pero la mirada del poeta se resiste a las visiones negras y encuentra siempre una metáfora para salvar la inocencia. Es una mirada adánica, en cierto modo, que descubre cuánto mira como recién nacido. “Qué concordancia, / mi corazón y el trino”, dice desde el jardín cuando el yo se pierde entre las hojas y la brisa. Su oficio es pulcro y bien medido, pero busca la naturalidad del curso del pensamiento, centrando su labor en la construcción de metáforas que recubren la anécdota y la visten de atardeceres serenos. No es un poeta neomodernista el que asoma en esta miscelánea de versos soplados...

El forzado inocente

El forzado inocente (Madrid, Pre-Textos, 2014) es el poemario clave de la carrera del poeta franco-uruguayo Jules Supervielle (Montevideo 1884–París 1960), en su día amigo inspirador del gregueriante Ramón Gómez de la Serna y, como él, escritor único e inimitable. Publicado en París en 1930, en plena efervescencia surrealista, El forzado inocente es un triunfo de la inteligencia, de la necesidad sobre el azar. En una línea de búsqueda parecida a la surrealista, Supervielle nunca aceptó la escritura automática propugnada por André Breton y sus seguidores, aunque navegó las aguas del momento de duermevela en el que la razón empieza a anegarse en el mundo de los sueños. Casi un hierofante, invocaba la magia en la espuma de lo cotidiano como el que convoca los espíritus ancestrales para encontrar el sentido trascendente que anida en el corazón de los hombres. No tengo noticias de que frecuentara los paraísos artificiales, pero la alucinación es la pauta de su discurso lírico. Y, sin embargo, la metáfora deslumbrante no era su camino, prefería la construcción de un universo de imágenes extrañas por asociación improbable de ideas comunes, no por la superficie irracional de un lenguaje violado por el inconsciente (“Olvida ya las manos y los ojos del viaje, / escucha las razones de tus muros sensatos, / es por aquí, te digo, es por aquí”). Supervielle nunca fue un poeta a la moda, ni ahora en estos tiempos postmodernos anda de moda. Poeta a la antigua, no por su clasicismo formal, ni por la exhibición de una retórica ampulosa, sino por creer aún que la poesía era una forma de conocimiento capaz de elevar al ser humano por encima de la vulgaridad. Poeta suprarrealista, no por despreciar la realidad, sino por querer asirla entre sus manos más...

El fulgor de la mala estrella Abr17

El fulgor de la mala estrella...

¿Es posible que el amor resista ante un entorno hostil? ¿Es posible que un héroe lo siga siendo a pesar de todo? ¿Puede ser que alguien se mantenga intacto en una sociedad que demanda lo contrario a lo que se es? Nicholas Ray con su película En un lugar solitario logra un monumento al nihilismo, a la imposibilidad de un mayor desastre una vez que el mundo se ha desmoronado del todo aunque solo unos pocos lo sepan. En un lugar solitario (Santana- Columbia, 1950) es un filme extraño para su época, sugiere más que cuenta y aparenta ser lo que no es. Parece un film-noir y lo criminal es una mera anécdota del argumento. Se esfuerza en mostrar una historia ejemplar, incluso llega a dibujar ante nuestros ojos ilusionados un camino de salvación hecho de amor y besos, pero acaba siendo una de las películas más nihilistas que haya producido el periodo clásico de la fábrica de sueños. El héroe se esfuerza en vestirse de antihéroe, pero realmente es un héroe. La heroína es, definitivamente, una mujer fuerte tremendamente débil. Quien manda no es la voluntad, sino la mala estrella, aunque todos se empeñen en ver de acero a un ser tan vulnerable que sólo conoce “steel” como apellido, si le pones una “e” final para ir despistando. Y, por andarse con un acabose caprichoso al falso juego de las apariencias, los buenos son malos por exceso de bondad y los malos son tan malos que sólo dan risa o mueven a la compasión. Bueno, lo que se dice bueno, sólo es un único personaje que tiene principios y no está dispuesto a cambiarlos por otros más acomodables a las circunstancias. Pero nadie lo ve. Como el autor, Nicholas Ray, difícil e indomable,...

No se quebrará la rama...

No se quebrará la rama (Madrid, Vaso Roto, 2014) es uno de esos libros que el lector de poesía no se explica que siguiera inédito hasta ahora en nuestro país, teniendo en cuenta que se trata, de un clásico verdadero de la poesía norteamericana moderna. Su autor, James Wright (nacido en Ohio en 1927 y fallecido en Nueva York en 1980) ha sido hasta el momento un escritor poco o nada leído entre nosotros, no obstante su papel central en el desarrollo de la poesía norteamericana contemporánea. The Branch Will Not Break, que ahora podemos leer en español, fue publicado por primera vez en 1963. Libro clave, se presenta casi como un cuaderno de viajes por un paisaje y las gentes que lo pueblan, vistos desde la hondura de un sujeto lírico abierto a llenarse de los otros hasta ese dolor expiatorio que lleva aparejado la lucidez de la conciencia de lo real. Tal es aquí la ambivalencia de su palabra, que nace de nombrar la belleza arrebatada de la naturaleza salvaje, tanto como la dureza de la vida de los hombres y las mujeres que huellan los campos y las ciudades, que la contemplación implicada del poeta aún le sigue hablando de la fuerza regeneradora de la vida hasta en medio de la derrota. Quizá porque saben, el poeta y el arrendajo azul que desde su ventana ve posarse sobre la rama de un pino, que al fin y al cabo “no se quebrará la rama”. En efecto, la sensibilidad esponjosa de Wright se llena de lo que ve a su alrededor. Unas veces el poeta se pierde en “…las hermosas ruinas blancas / de América”; otras descubre, amargo, que los hijos de los padres orgullosos del Medio Oeste “crecen hermosos hasta el...

Para otras mil generaciones más… Antología poética japonesa, desde el kojiki a nuestros días...

Para otras mil generaciones más… Antología poética japonesa, desde el Kojiki a nuestros días (Amargord, 2013) es un librito delicado, discreto, pero que guarda tesoros de incalculable valor que el lector aficionado a la poesía debería rescatar cuanto antes y llevarlo en el bolsillo de la chaqueta casi a cualquier parte. No es mala idea frecuentar estas raras iluminaciones en los momentos donde la calma se hace necesaria en medio de la vorágine de la vida cotidiana. La poesía japonesa no es desconocida en nuestro país; especialmente el haiku y, algo menos, el tanka son formas apreciadas y practicadas en nuestra lengua. Sin embargo, esta antología preparada por Fernando Cid Lucas ofrece la particularidad de presentarnos un recorrido por la obra de los más destacados representantes de la poesía japonesa, desde los anónimos legendarios del cancionero medieval Koji-ki hasta la poeta Tawara Machi, nacida en Osaka en 1962. No es una recopilación enciclopédica, sino una selección esmerada de unos pocos poemas breves de los más de cuarenta autores representados en el volumen, traducidos y comentados con justeza por diversos estudiosos de la literatura nipona, sin farragosas muestras de erudición que alejarían el poema del lector común. El volumen incluye, además, un prólogo general del editor, Fernando Cid, un breve y brillante ensayito sobre la poética japonesa de uno de sus mejores conocedores, el profesor sevillano Fernando Rodríguez-Izquierdo, y un utilísimo epílogo sobre el haiku de Antonio Ruiz Tinoco. No faltan, junto a las traducciones españolas, tan difíciles de llevar a cabo con buen tino por la enorme distancia entre las concepciones del mundo que reflejan las lenguas japonesa y castellana, los textos originales en japonés. Esto último muy de agradecer, puesto que la caligrafía en Japón, como en China, es un arte en sí...

Decreación

Anne Carson (Toronto, 1950) es una de las escritoras en lengua inglesa más estimulantes de nuestros días por su ambición sin límites y su maestría en la exploración estética diversos registros literarios y ensayísticos con una voracidad poética absolutamente extraña a estos tiempos de ligerezas y neorrealismos más o menos sucios. Una especie de postmoderna wagneriana que ansía la comprensión del mundo en sus multiformes epifanías por medio de una poesía que se abre a un nutritivo maridaje entre vanguardia y clasicismo. No en vano Carson es profesora de griego antiguo y se cuida mucho de dejarlo ver en su disciplinada escritura, en su gusto por el ritmo elegante en la acentuación, en la paráfrasis de los clásicos (Longino, por ejemplo) o en la sutil evocación del technopaegnia alejandrino como si se tratara de un poema cubofuturista; porque a la clasicista canadiense le gusta la poesía de Safo o de Ovidio tanto como zambullirse de pleno y muy a conciencia en esa tradición “otra”, sólo aparentemente ajena a la primera, que se despliega rica en sugerencias a través de su diálogo creativo con algunas de las más sólidas propuestas del arte de riesgo del pasado siglo (Samuel Beckett, Wallace Stevens, Antonioni), de la filosofía (Simone Weil) o de la mitología pop (Monica Vitti). En Decreación (Madrid, Vaso Roto, 2014), la poeta canadiense nos regala un auténtico festín para la inteligencia, un banquete digno de ser degustado en el triclinio junto a Platón: poesía, ensayos y el libreto de una ópera en tres actos, enhebrados sobre la idea de la disolución del “yo” en el mundo, el libro desarrolla en sus distintos movimientos la cambiante recomposición de una identidad que se escapa de lo sólido mirándose en las nebulosas del sueño (uno de los motivos...

Tormenta de uno. Poemas...

Tormenta de uno. Poemas (Madrid, Visor, 2009) no es una novedad editorial, pero quien escribió estos poemas, Mark Strand, falleció el pasado 29 de noviembre en Nueva York, donde pasaba los otoños desde que se trasladó a vivir a Madrid hace unos años. La enorme potencia lírica de la obra que nos deja merece que se traiga hoy a la memoria de los lectores, hoy, que del poeta ya sólo queda la palabra escrita. El poemario, publicado en 1998, recibió el Pulitzer al año siguiente y la crítica suele considerarlo como uno de los libros capitales del minimalismo lírico norteamericano. Etiquetas aparte, Tormenta de uno es un canto maravilloso a la conciencia de que “nuestra obra maestra es la vida privada”. El individualismo norteamericano que cantó Walt Whitman por vez primera con su retórica de la libertad del “uno”, tenía hasta hace unas semanas en Mark Strand su más depurado cantor. Desde la mirada interior al transcurso de la vida cotidiana, desde la identificación con el paisaje, con los aromas de la comida, con la arquitectura de las ciudades y los hoteles de playa surge el pensamiento de la metafísica de lo mínimo. La hondura magistral de la mirada de Strand desvela el sentido trascendente de los actos más banales, enseñándonos a ver con nueva luz la importancia de tener conciencia de cada minuto de nuestra vida para entender nuestro lugar en el mundo de los otros. A partir de ahí, la lección del poeta es clara: “¿cómo / podría yo / no ser sólo yo mismo, este sueño de la carne, sin tardanza?” Así, la poesía es no sólo una escritura para plasmar lo que se ve, lo que se siente, lo que pasa, sino también para nacernos el “yo” en el poema....

DIÁLOGOS ENTRE LA PALABRA Y LA IMAGEN...

En el patio de un hotel sevillano, entre escandalosos grupos de turistas, charlamos con Jenaro Talens, poeta, teórico, traductor, profesor gaditano, para comentar su nuevo libro, Lo que los ojos tienen que decir, un “iconotexto” a medias con el fotógrafo Alberto García-Alix.  Acaba de salir a las librerías Lo que los ojos tienen que decir (Madrid, Cátedra, 2014), su último poemario, donde continúa la colaboración con artistas plásticos, en este caso con el fotógrafo Alberto García-Alix. El poemario anterior, Según la costumbre de las olas (Madrid, Salto de Página, 2013) también incluía fotomontajes y collages de Clara Janés. A lo largo de toda su obra el diálogo entre imagen y palabra ha sido una constante, no sólo en su concepción de la propia materialidad de la escritura poética, sino en el trabajo a medias con pintores, fotógrafos o dibujantes, que ha dado lugar a lo que usted llama “iconotextos”, al menos desde aquel ya clásico La mirada extranjera (Madrid, Hiperión, 1986), con el fotógrafo Michäel Nerlich. ¿Desde qué planteamientos se construye la relación entre la palabra poética y la imagen en sus libros? Bueno, de hecho la relación de la imagen y la palabra es una cosa que viene de lejos, era la famosa ut pictura poiesis de los clásicos. Lo que ocurre es que una cosa es plantear la imagen como ilustración visual de la palabra, o bien la palabra como descripción verbal de la imagen, y otra cosa es hacer que estas dos formas de enfrentarse con la realidad que nos rodea dialoguen como si estuvieran en un nivel tercero, que no pertenece ni a una ni a otra. Es a eso a lo que he dedicado parte de mi trabajo en colaboración, como decías tú con artistas plásticos. Algo que empezó...

Sonetos

He aquí la que probablemente sea la edición canónica en español de los sonetos de William Shakespeare, preparada por Jenaro Talens y Richard Waswo para el Instituto Shakespeare y que acaba de publicar en la colección Letras Universales la editorial Cátedra. Hace cuatrocientos cincuenta años que nació el bardo en Stratford-upon-Avon, y suyo es el nombre de las letras inglesas. Celebremos que la modernidad de Shakespeare aún nos siga sorprendiendo. Personaje de vida enigmática, quizá fue de los primeros en dar la máxima importancia a la independencia de su obra respecto de su propia biografía, hasta tal punto que nos faltan los datos de personas, fechas y lugares que sus modelos, Dante y Petrarca, marcaron con claridad en sus respectivos corpus líricos. La discreción y el platónico buen gusto del amour cortois o la sinceridad más desnudamente verdadera nunca se pusieron mejor de manifiesto en la literatura que en estos sonetos que el propio Shakespeare quiso considerar como privadas bagatelas y por cuya publicación no mostró demasiado interés, aunque circularan en copias manuscritas, como era común en la Europa de entonces. Fue el impresor Thomas Thorpe, afortunadamente, quien los reunió no se sabe muy bien cómo y los editó en libro en 1609, ya en declive la moda petrarquista. Gran acierto, en cualquier caso, pues supo dar publicidad merecida a esta poesía íntima, la del amigo para el amigo, la de los pequeños billetes encendidos de pasión para la misteriosa dama morena o la que se crece sobre ambiguas cortesanías dirigidas a apuestos jóvenes, que han sido interpretados como testimonio de ciertas actitudes bisexuales propias de las cortes renacentistas europeas. Editores posteriores consideraron tan escandalosos algunos de estos poemas que le enmendaron la plana al bardo y hasta anduvieron trastocando los pronombres; pero esto...

Ella: invierno

Podría calificarse a María Alcantarilla (Sevilla, 1983) en la categoría de los artistas emergentes, pero la solidez de la escritura de Ella: invierno (Granada, Valparaíso, 2014) nos lleva a pensar más bien en una obra caudalosa que se ha mantenido casi secreta, buscando la decantación del tiempo. Hay madurez  y mucho papel escrito en la sombra tras este poemario intenso y emocionado, el tercero de la autora, tras El motivo es lo de menos (2008) y los poemas visuales de El agua de tu sombra (2013, Premio de Poesía Multimedia Poemad). Se nota madurez serena, pues no otra cosa es lo que se necesita para entrar como un torrente a ejecutar ante los ojos del lector las iluminaciones de la razón poética, que diría otra María, Zambrano. Así, madura, es esta colección de poemas y microrrelatos en prosa que ahondan en el invierno de corazón, parten de la desdicha y del abandono pero no nos lleva hacia las melancólicas elegías o los llantos desesperados. No hay trazas de neorromanticismo en la palabra: “lo realmente salvaje es la humanidad de todo ello”. Lo que ha pretendido la poeta es pensar desde el discurso de la pasión la pérdida, la ausencia, la imposibilidad de los retornos al pasado, entonando la sonora música de las emociones en carne viva, pero con un fino dominio de la inteligencia sensible sobre la efusión sentimental o la confesión autobiográfica. Lo que busca la voz poética es comprender la esencia del adiós y el reverdecer de la vida del corazón; para ello, la escritura lírica se aleja de la autobiografía (que nadie la busque en Ella:invierno) y se abre a un canto a tres voces: el yo se alía con el tú y con el él para mostrar en forma caleidoscópica...

Mente animal

Mente animal (Córdoba, La Bella Varsovia, 2014) es una sorpresa, no así su autora, Pilar Adón, poeta, narradora, traductora de, entre otros, Henry James, que viene construyendo con calma y mucho tino una sólida carrera literaria a la que la crítica ha atendido convenientemente (no es por casualidad que el novelista Manuel Longares, salude el libro en la contraportada). Mente animal es un poemario fieramente escrito desde las entrañas del recuerdo, con un inesperado aroma a norte que al lector quizá le lleve a evocar los paisajes líricos del poeta sueco Tomas Tranströmer. El marco real del que nace la escritura puede ser el espacio rural castellano, pero el tono es de brumas frías, de bosques en sombras, de amenaza, de temores ancestrales. Con una escritura precisa que penetra como un bisturí en la carne de la vida cotidiana en la aldea, en los campos soberanos donde el hombre soporta una vida de lucha desesperanzada y de desgracia, Pilar Adón se enfrenta a los fantasmas del pasado, a un origen que no es celebrado sino con el abandono: “¿no es la retirada la actitud más noble?”. La suya es una mirada que contempla la tragedia con la naturalidad de lo que ya se entiende casi como una cruel e invencible rutina, por eso la visión que estructura los poemas es seca, sarmentosa y descarnada o como de piel vieja, casi en cueros; así que no, bucólicas evocaciones de una naturaleza esplendente no espere el lector aquí, no será el Virgilio de Las Geórgicas, ni el Fray Luis de los poemas de dones y gracia escritos en El Cigarral de Toledo lo que se va a encontrar en estas páginas donde siempre acecha la bestia. Otras son en Mente animal las viandas con la que...

Un belvedere y vistas al mar...

Este libro no es una, sino dos joyas, y hace un año que salió sin ser notado. Un belvedere y vistas al mar (Granada, Diputación de Granada, Colección Genil de Literatura, 2013), atribuido en la carátula al pintor, dibujante y diseñador gráfico granadino Claudio Sánchez Muros, es una auténtica rareza al alcance de cualquier bolsillo. Se trata de una edición facsimilar que la Diputación de Granada ha sacado a la luz en homenaje al que fuera uno de los maestros del diseño gráfico de nuestro país, fallecido en 2010. Ligado a la escritura poética desde sus colaboraciones con el grupo Poesía 70 hace más de cuarenta años, la escritura experimental y visualista fue una de las semillas de su concepción plástica y en Un belvedere y vistas al mar retorna Sánchez Muros a la relación entre discurso poético y discurso plástico. Por aquí se anda lo de las dos joyas, me explico: a comienzos de la década de 1990 el poeta Antonio Carvajal regaló al pintor un ejemplar de Extravagante jerarquía, libro en el que se recogían todos los poemarios que Carvajal había editado desde1968, cuando irrumpe en el panorama literario español con el excepcional Tigres en el jardín, hasta 1981 en que dio a publicación Sitio de Ballesteros. El pintor tomará el libro como cuaderno de dibujo y a lo largo de los años mantendrá un diálogo creativo con los poemas, iluminando las páginas de esa delicia para la inteligencia que es Extravagante jerarquía. No se trata de ilustraciones que más o menos pudieran representar gráficamente esta o aquella anécdota, sino de una obra convergente: los poemas incitan a la creación plástica de Sánchez Muros, que se derrama a capricho por la página. Casi siempre respeta el grafista el texto del poema, pero...

Poesía reunida. Philip Larkin...

Junto con el norteamericano Robert Lowell, el poeta inglés Philip Larkin (1922.1985) es quizá uno de los escritores extranjeros más leídos por las generaciones de poetas españoles que empezaron a salir a la luz a partir de la década de 1980. Puede que ello fuera debido a las coincidencias de visión estética entre la poética de lo cotidiano de Larkin y los intereses líricos de los entonces jóvenes ochentistas españoles que pasaban por las poéticas de la experiencia; o a algo quizá menos evidente, pero puede que más definitivo: la reinvención de la mirada realista que en aquel tiempo se empezó a fraguar tras el antirrealismo que dominó desde finales de la década de 1960. El caso es que el solitario y antipático poeta-bibliotecario encontró su sitio precisamente en la exploración de las vidas modestas, los aconteceres cotidianos y un discurso directo, natural y alejado de todo lo que no fuese una escritura antiornamental. A la altura de 1955, sus Engaños retaron a la santísima trinidad de la poesía en inglés (Yeats, Eliot y Pound) y buscaron el sentido precisamente al otro lado de la poesía, en la calle y en las vidas rutinarias de los habitantes de la ciudad. Poesía de clase media, sin alturas sublimes ni hondas simas de desesperación, sin otra aventura que no fuese la de seguir adelante con el día a día, sin más tragedias que las del vecindario, que curiosamente le llevó a la celebridad convirtiéndolo en uno de los escritores más leídos y populares de su tiempo. Hemos hablado de «reinvención del realismo» y esto de reinventar es más que evidente en la poesía que aspira a explorar la vida de la gente corriente y en el poeta que también construye su autoría como hombre corriente, sin...

El Plazo

El plazo (Madrid, Amargord, 2014) es un libro extraño, lo que no significa que sea de difícil disfrute. Todo lo contrario, apasiona. Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) ha explorado en su segundo poemario un territorio muy poco frecuentado por el discurso lírico y nos pone en las manos cuarenta y nueve poemas en prosa que dibujan la huella de un viaje iniciático al centro oscuro de la incertidumbre. Estos textos breves, tensos, elusivos, se nutren de una historia que bien pudiera haber imaginado el Conrad de The Heart of Darkness; tanta tiniebla, tanto corazón hay en El plazo, que uno piensa que casi se escribió escapando de la sombra de Kurtz. Olga Muñoz Carrasco nos ofrece la visión interior, subjetiva, de un sujeto poético (poliédrico, a veces una mujer sola, a veces acompañada de una pareja, a veces protectora y protegida de su familia) que escapa de algo nunca nombrado y busca una certeza que no encuentra, pues no hay sino camino en su peregrinaje y el final es comprender que no hay final: “Ahora nos hallamos en mitad del camino”, dice el último poema del libro. La historia de por qué la voz huye, busca, descansa, protege a sus crías, comparte con el otro, tiene miedo, parece haber encontrado un hueco de felicidad y luego la sospecha, pero conquista el camino y sigue adelante, esa historia, no se cuenta en El plazo. Está tan ausente en la trama que hilvana con hilo rojo los cuarenta y nueve fragmentos, como amenazadoramente  presente en cada palabra, en cada emoción, en cada gesto, en las acciones mínimas de los personajes que cruzan por estos poemas extraordinarios, que pueden leerse de manera independiente, como espacios textuales autónomos que son, pero que también admite (y a mí me...

Según la costumbre de las olas...

Casi desde el principio mismo de su fecunda carrera, Jenaro Talens nos viene ofreciendo de tanto en tanto libros en donde la poesía dialoga con la imagen. Esta aventura de libros compartidos, comenzó en 1970, en la edición ilustrada por Tomás March de Una perenne aurora, el tercer libro de un joven poeta que empezaba así a construir una de las obras más sólidas de la poesía española contemporánea. Su última incursión en la conversa de palabra e imagen (a la espera de la anunciada publicación del libro a medias con Alberto García Alix) es el musical Según la costumbre de las horas (Madrid, Salto de Página, 2013), sorprendente por la colaboración en los fotomontajes de la también excelente poeta y compañera de generación, Clara Janés. ¿Cómo decir? ¿Dos clásicos afinados en un concierto íntimo? Podría ser un intento de aproximación a la lectura de este libro. Cierto es que Talens y Janés son clásicos modernos y que los motivos que animan los textos son musicales. Marca la pauta una idea de convergencia poética a través de dos lenguajes diferentes, que ofrecen, por este orden, una obertura, un dúo, un «trío transfinito», un quinteto, un cuarteto, una fuga y un «encore» de cierre. No hay preeminencia de la palabra sobre la imagen o viceversa, los fotomontajes de Clara Janés no son ilustraciones de los poemas, ni el poema intenta descifrar la imagen, no son sino dos formas acompasadas de interpretar el mismo tema. Como aclaran los autores en las notas que cierran el volumen, el diálogo entre imagen y texto verbal surge de propuestas casuales: una ilustración de Janés da pie a un poema de Talens y poco a poco los poetas se van intercambiando intuiciones, pálpitos, que poco a poco se entrelazan sobre...

El orden de las cosas (poemas escogidos 2000-2013)...

Siempre es bienvenida la poesía de Nuno Júdice, uno de los mejores escritores europeos y sin duda el más brillante de los que escriben hoy en lengua portuguesa, así que no queda sino celebrar la edición de la antología bilingüe El orden de las cosas (Poemas escogidos 2000-2003), que ha publicado la editorial valenciana Pre-Textos, al cuidado de Juan Carlos Reche. De obra caudalosa, que abarca la poesía, la novela, el teatro y el ensayo, Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Algarve, 1949) ha alcanzado una merecida notoriedad en los círculos poéticos nuestro país gracias a haberse alzado el pasado año 2013 con el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más alto galardón que un poeta de lengua española o portuguesa puede recibir a los dos lados del océano. Una suerte para los lectores españoles, que seguramente irán viendo con más frecuencia en los estantes de novedades la firma de Júdice. Pero lo cierto es que, poco atentos a lo que se escribe en el país vecino, no suelen encontrarse con la normalidad deseable en los suplementos culturales españoles reseñas de la actualidad literaria portuguesa (amén de los nombres consabidos, por supuesto) y Nuno Júdice ha sido casi un secreto hasta no hace tanto. De hecho, aún queda por traducir al español la mayor parte de su producción, tarea muy necesaria, dada la originalidad de su escritura que desde una concepción contenida del estilo, siempre ajustado a un ritmo de naturalidad discursiva, que en poesía casi le acerca al tono conversacional en sus últimos libros, explora el caleidoscopio de las experiencias y las sensaciones con una hondura que produce simplemente pasmo. Tiempo habrá de comentar cómo se fragua esto en sus novelas, porque lo que nos llama hoy es la acertada selección de Juan...

La vida en los ramajes...

El Premio Nacional de Poesía que concede cada año la Fundación Cultural Miguel Hernández es un buen termómetro para medir el pulso con el que escriben las voces jóvenes de nuestra lírica; el último ha sido concedido al primer libro de Olalla Castro, cantante y columnista del diario La Opinión de Granada. Parece que su pulso es de la mujer comprometida. La vida en los ramajes (Madrid, Devenir, 2013) es, en efecto, una clara expresión de ese giro de retorno hacia una conciencia social activa que se deja ver en algunas de las múltiples líneas poéticas de nuestra literatura más reciente. En el caso de Olalla Castro, su compromiso social nace de una mirada de mujer, de una autoafirmación de la mujer como sujeto deseante y de una exploración de las maneras de ser mujer en el mundo. Diríase más bien que en este poemario asistimos al desgranarse de una voz que se vive plena en femenino. La sección titulada precisamente «Los modos del deseo o la mujer-sujeto» es la que se levanta como el centro desde el que aquí se mira el mundo: el amor. El amor vivido como una elección de la que la mujer es la única dueña: «Casi con rabia horado tu perfil / dejo caer espuma en tus pestañas», dice quien en otro lugar titula un poema –reverso del tópico descanso del guerrero- «Hombre-oasis». Libre de toda atadura que no sea la voluntad deseante, en los poemas de Olalla Castro escuchamos una voz que rinde culto a las hermanas mayores, no faltan Emily Dickinson y Virginia Woolf y se agradece el recuerdo a Carmen de Burgos, Colombine, periodista, novelista injustamente olvidada y feminista que rehuía etiquetas fáciles. Desde aquí, desde la herencia del pensamiento de mujer, la autora de...

Pobreza

Suele decirse que el estado perfecto del ser humano es tener los pies bien plantados sobre la tierra, mientras la cabeza vaga por las nubes. Víctor Gómez Valentinos, poeta y agitador cultural, valenciano de adopción nacido en Madrid en 1967, no viola el adagio. Su poesía nace pegada al suelo de la realidad, porque sólo desde ahí es posible levantarse, erguirse orgullosamente entre la tormenta y mirar a los otros hombres con dignidad. Así ha venido siendo desde que en 2010 comenzaran a llegarnos sus poemarios, tres casi al mismo tiempo en ese año: Detrás de la casa en ruinas (Valencia, Amargord), seguido de Huérfanos aún (Madrid, Santa Cruz de Tenerife, Baile del Sol) y, cerrando la temporada, Incompleto (Logroño, Ed. 4 de Agosto). Luego vendría Trazos del calígrafo zurdo (Toledo, Bucca&Neers, 2013) y pocos meses después su último libro de poemas, el sorprendente Pobreza (Madrid, Calambur). Pobreza, la mirada escrita de Víctor Gómez Valentinos, no se conforma con crear ilusiones, espejismos, simulacros de la materia de vida que atraviesa los días, no usa el lenguaje como superficie reflectante. No, el lenguaje no es inocente, aunque nos venga dado como si lo fuera; de manera que no hay otro remedio que torcerle el cuello al lenguaje, tartamudear en la propia lengua hasta reinventarla,  que sentenciaba G. Deleuze como lo propio de todo arte digno de llamarse arte. En Pobreza la palabra lucha verso a verso por esculpir de nuevo el sentido de la lucha por la vida, a veces sangra y a veces ilumina, porque el poeta ha puesto en marcha un mecanismo crítico de alto voltaje emocional: se emplea a fondo en no llamar a las cosas por el nombre heredado, sino en nombrarlas por vez primera para lograr que existan en la...