El ocaso de Jesucristo Sep30

El ocaso de Jesucristo...

Lars Von Trier es capaz de sorprender a cualquiera que se acerque a su obra. Pero en Dogville eso se traduce con más fuerza que nunca: la inteligencia del espectador es tomada en cuenta como fundamental en el encuentro, la originalidad del escenario es apabullante, los diálogos arañan la conciencia, los actores son dirigidos con gran acierto… Y, todo ello, como escaparate para un despliegue fascinante de ideas que permiten distintas lecturas. Una de ellas es esta. ¿No es el rostro de Grace la imagen de Jesucristo? ¿No ha quedado hoy su figura más maltrecha que nunca en pueblo de perros? Asistimos al ocaso del ídolo cristiano de la bondad profunda e incorruptible en una sociedad que rechaza cualquier espejo que no sea made le moi. Dogville es así, ante todo, una historia cruel de espejos: el perro que se mira en la santidad de la joven no puede sino sentir odio hacia ella al dejar al desnudo su inútil maldad, que avergüenza por la realidad última que ello compromete: la belleza no puede ser amada en un pueblo de canes cainitas. ¿Cómo puede la rosa enfermar con las espinas de otras rosas? Coronan de espinas la «arrogancia» de la bondad que encarna de forma incomparable Nicole Kidman, arrodillándose ante el bíblico «como yo os amo, así también vosotros os améis mutuamente». Ponen, más bien, el collar de perro que ¡en realidad les pertenece a ellos!, pero es que en el espejo en que se miran, la imagen que éste les devuelve es la de Grace, y ella, sin embargo, solo pronuncia algo que recuerda mucho a estas palabras del Mesías: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». Pero los habitantes de Dogville solo saben de espejos rotos -propios del príncipe de Valaquia-...

Todo es mentira Sep16

Todo es mentira

En 1956, Alfred Hitchcock filma el remake de su película El hombre que sabía demasiado. Esta vez, el personaje protagonista es encarnado por James Stewart. Marruecos, Londres, la falta de fe, la desconfianza, la mentira, la ambigüedad y el definitivo viaje hasta la verdad, son algunos de los elementos que el realizador británico utiliza para construir una película en la que se nos muestra un mundo en el que nadie se puede fiar de nadie. Si se pierden los padres, se pierde el hijo. El matrimonio americano formado por el doctor Ben MacKenna y la afamada cantante Jo creen poder acabar con su gran bostezo perdiéndose en viajes indudablemente barrocos, pero su necesidad de aventura para descubrir si aún viven en una dulce dependencia familiar («la adversidad nos puede ayudar»), tienta al destino a traer su propio caos, erigiendo la búsqueda en otra búsqueda, al implicar aquella el descuido irresponsable de lo ya poseído: por saber algo ajeno, pierden lo propio. La imprudencia favorecedora de la tragedia continúa al saltarse el padre la regla de oro enseñada a los hijos: no hablar con desconocidos. Cuando su hijo Hank avanza por el pasillo, se está simbolizando cómo la confianza ciega en lo desconocido y el rechazo del valor de la serena cotidianidad son actitudes de ignorancia que están pidiendo una enseñanza. Pero este símbolo se intensifica redundantemente cuando Hank quita accidentalmente el velo, metáfora de la ignorancia, del rostro de la mujer marroquí; ya que demuestra no temer lo extraño y cómo la consecuencia a esta actitud es trágica. De esta forma, el niño había visto demasiado de aquel rostro. En el Éxodo de la Biblia se pone en boca de Dios: «No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá». Hank...

Linterna Mágica

Ingmar Bergman hizo públicas sus memorias en 1988, el año en que nací, para que yo creciera conociendo sus más íntimas sinceridades gracias a esta afortunada casualidad. Y saber, así, de sus enfermedades indefinibles: los tartamudeos de un niño que no se decidiese a existir, para más tarde no dormir más de cuatro o cinco horas por su incontenible deseo de ser, considerándolo absolutamente todo como una cuestión de vida o muerte y a la vez sin demasiada importancia: pues, ¿qué puede significar ser director de 45 películas, 221 obras de teatro, 21 documentales, 11 dramas para televisión y escritor de 50 películas? Si Bergman señala, cuando asistió al discurso del abominable Hitler en Weimar, el «estallido de fuerza incontenible» como nunca antes había imaginado, hoy podemos citar sus propias palabras para aplicarlas a sí mismo. Una fuerza que se engendra por lo que él denomina relación erótica con el público, la cual trenza sus raíces en el amor como «el sentido profundo de la vida» pero, al mismo tiempo, su condición de dios iracundo y helado capaz de incendiar la cama de su propio hermano y que, aún aborreciendo su procedencia metafísica religiosa (¡qué pérdida para nuestros ojos que no filmase aquella película sobre Jesús para caer en manos de Zeffirelli!), no puede negar las trascendentales salvaciones heredadas: una perfección «que espanta la vida», una «autodisciplina de hierro» que se extasía con el orden, la puntualidad, el silencio y la letanía lírica de la repetición; todo lo cual aprendió arrodillándose para besar las manos de su padre, el pastor luterano, artífice de un amor áspero y teatral que señorea brutales castigos inclinados hacia «desmesuradas metas». En una atmósfera de soledad furiosa, fratricida y edipiana, que conducirá a Bergman a escapar de su estirpe...

Psicosis: «Si no mato a la mosca, creerán que soy inofensivo» Sep02

Psicosis: «Si no mato a la mosca, creerán que soy inofensivo»...

Psicosis, la película de Alfred Hitchcock, es una de las cintas más famosas de la historia del cine. Su potencia narrativa, su técnica extraordinaria y una dirección colosal del director británico, hacen que las lecturas que se pueden realizar sean diversas, que los matices nos descubran detalles que nos lleven a territorios desconocidos y fructíferos. Eros, Platón y las aves, son algunos de los ingredientes de una interpretación de la película que demuestra cómo un trabajo se hace grande con cada mirada. ¿Por qué alguien destruiría al objeto de su deseo? El conflicto de Norman Bates es su obsesión por existir sin aceptar que ya ha abandonado su infancia. El complejo de Peter Pan implica que quien lo sufre necesite de un dependiente amor materno, como único modo de estar en la vida. Todo lo cual evidencia la fijación por poseer y esconder celosamente un bien tan preciado, llegando a eliminar a cualquiera que sea una amenaza en esta relación que queda trenzada confusamente con el amor: “Si quieres a alguien no lo dejas aunque lo odies”. Norman nos sitúa así en la antesala del crimen edípico: él no ama para sentirse bien, él posee para existir. Por ello, prefiere asesinar a su madre soltera y a su amante, pues ella, rencorosa con el padre, educó a su hijo en la misoginia. La propia madre es quien cría su cuervo. En realidad, el trastorno de identidad disociativa de Norman es engendrado por su inextinguible deseo de infundir vida a su madre, y que lo hace desdoblarse en ella cuando ésta muere y así poseerla literalmente, en una metáfora de cómo los patrones maternales son absorbidos por sus hijos. De este modo, la madre que él encarna, lo reprime cuando desea a una mujer, siendo...

Desear no ser más, sino menos Jul22

Desear no ser más, sino menos...

El payaso blanco o el de nariz roja. Eran las únicas opciones que manejaba Federico Fellini cuando hablaba de payasos. Lo que debe ser y lo que nunca será. La vida en orden y la eterna huída de la tristeza. La obra del director italiano no hubiera sido perfecta sin que se adentrase en el territorio de los Clowns puesto que, una de las constantes en su obra, fue la búsqueda de las zonas más extravagantes de la realidad, de las zonas más ridículas o más esperpénticas. Federico Fellini no podría haber dejado de hacer una película sobre clowns, como tampoco Woody Allen podrá dejar de hacer el payaso jamás. Prácticamente la totalidad de su filmografía, desde Fellini, ocho y medio; Amarcord, La strada, pasando por Satiricón o Roma; bebe de la risa que provoca la ausencia del decoro, la más absoluta lejanía entre lo que es y lo que debería ser. Todo lo cual se materializa en la plasticidad de sus personajes, acercándose al cómic y a la estética de Jeunet e irremediablemente a la pintura. De hecho Fellini siempre hacía storyboards de sus películas, como medio de dilatar la realidad hasta poner la lupa en sus aspectos más valleinclanescos, en las «máscaras estrábicas de borracho». El argumento consta de dos partes: la primera es la visión de un niño acerca de los clowns, pero si la misión de éstos es haberle hecho reír, habían fracasado de lleno: él solo había sentido un espantoso miedo y sus rostros le habían recordado a los catetos de los pueblos, en unas escenas de las más deliciosas de todo el filme. En la segunda parte aparece Fellini buscando viejos payasos que también se supone que deben hacer reír, pero son presentados como un testimonio entristecido de...

Consagrarse a la muerte Abr22

Consagrarse a la muerte...

Toda belleza necesita ser contemplada. Narciso necesita esa caricia que sólo le da la laguna. Al ver su reflejo en el precipicio de la superficie, éste no es sino el abismo de la propia forma de Narciso. Por ello, no pudo ser otra sino la ciudad de las lagunas y los canales, donde Gustav von Aschenbach -apellido que significa “río de cenizas”- encontrara, en su huida del spleen, al efebo Tadzio. Si la laguna es la gran metáfora de la contemplación, la llegada del contemplador de la belleza en una góndola conducida por un falso gondolero, no es sino el viaje de Caronte por la laguna Estigia a la ciudad de la muerte, de donde no se puede regresar; pero es que la propia laguna es Tadzio, al ser el lugar donde se ve reflejado su rostro. Aschenbach viaja por la belleza del joven hacia el inframundo que se apodera de las sombras errantes. Revela August von Platen: “Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte.” Si Aschenbach prefiere ésta que separarse de la belleza aún a sabiendas de que algo huele a podrido en Venecia; ésta también prefiere morir que vivir sin turistas, sin observador – y a pesar de la necesidad de Visconti de rodar entre las dos y las seis de la madrugada para evitarlos-. El subyugante director Luchino Visconti hace de la novela Muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann -al que llegó a conocer en 1951- y a propósito de la vida del compositor Gustav Mahler (1860-1911), un leitmotiv en 1971 de su añoranza de la belleza, que como en el Fedro platónico es “el recuerdo del mundo verdadero”: su admiración irresistible por la aristocracia a la que pertenecía -pero su militancia...

Fahrenheit 451: El millón de incendios Mar25

Fahrenheit 451: El millón de incendios...

¿Son los libros una pasión inútil? ¿Son los libros un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa? El gran director parisino François Truffaut, portaestandarte de la Nouvelle Vague, se distancia de su cine de autor sin su adorado Jean-Pierre Léaud y sus historias amatorias urbanas de “hombres débiles” y mujeres controladoras, para realizar en 1966 una genial interpretación de la extraordinaria novela distópica de ciencia-ficción, Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury; quien tras ver la película, calificó de “cautivadora” y “fiel”, a pesar de la ausencia de personajes como el Sabueso Mecánico o Faber. Asistimos a una sociedad totalitaria donde ser intelectual es insultante y donde los bomberos en lugar de apagar incendios los provocan, porque su fin es quemar todos los libros que existen, ya que hacen sentir mal a la gente, abriéndoles brechas entre la realidad y el deseo y haciendo que los que hayan leído a Aristóteles se sientan superiores. Ése es el trabajo del personaje principal, Montag, cuyo papel -primero para Paul Newman y después, descartado, para Terence Stamp (miedoso de ser menos protagonista que Julie Christie)-, acaba en manos del despreciado Oskar Werner, que tantos problemas causara al cineasta. No se enamoró de su protagonista, como le sucedía a Bergman. Montag, casado con una rubia gélida como Catherine Deneuve, Linda, es feliz hasta que aparece Clarisse. Como Truffaut decía que “para la mayoría de los hombres esposa y amante son una misma cosa”, ambas fueron encarnadas por Julie, que rodaba Dr. Zhivago y que suplió a Seberg y Jane Fonda. Por su parte, Clarisse, quien pregunta a Montag si es feliz, y la inquietante vieja que decide arder con su biblioteca, son quienes siembran la semilla del árbol de la ciencia: Montag...