Caperucita en Manhattan...

Perteneciente a la colección Las tres edades de la editorial Siruela, fue éste uno de esos relatos, en concreto de 1990, que se atrevieron no sólo desde la osadía, sino también la ternura, a desmitificar el popular cuento de Charles Perrault. Lo hace de un modo desordenado y lleno de flecos, convirtiendo a una niña de clase media de Brooklyn en mensajera de unas tartas artesanales, cuya fórmula magistral hace beber los vientos a un empresario de la Quinta avenida, que naturalmente es el lobo. Nada de esto sería lo mismo sin Miss Lunatic, una mendiga que duerme en el interior de la Estatua de la Libertad de día y sale de noche para ayudar a los más desfavorecidos. La niña, Sarah Allen, pretende vivir en Manhattan y hacerse rica con su invento por lo que propiciará un encuentro imposible con Mr.Woolf. La literatura y el cine están presentes desde lo fantástico y un amor al lenguaje que se manifiesta en su ejecución como algo atrabiliario; prueba de ello es la invención de las farfanías, una especie de jeroglíficos más formales que semánticos, con los que la niña se educa a sí misma. Eso y su excelente memoria para abordar diálogos de Alicia en el país de las maravillas con Lunatic, las llevará a ambas (la segunda reconvertida en echadora de cartas) a recorrer pedazos de la pudiente isla donde se ruedan películas y se conoce lo que es una claqueta. Tiene como vemos el relato, un afán pedagógico, muy solapado al ejercicio natural narrativo. Esta pensada su lectura no sólo para público infantil, sino también juvenil, si bien el adulto (a no ser que a u lado tenga a este tipo de lector) probablemente quede algo decepcionado, dado lo explotado hasta la extenuación...

DEL ESTIGMA AL HANDICAP Nov04

DEL ESTIGMA AL HANDICAP...

En su primer número solidario, Aladar comenta tres películas de diferentes estilos que tratan la discapacidad mental de una manera que trata de ser más abarcadora de lo habitual. Desaparecidos los diagnósticos en muchos casos, tratamos de considerar diversos films y el cambio de mentalidad que debe ser entendido siempre desde el afán de superación y la autodeterminación de la persona. Hay temas inmersos en la realidad social de los que cuesta aún hoy hablar porque nos sobrepasan. Uno de ellos es el de la discapacidad intelectual, tema tabú en todo el mundo durante la mayor parte de la noche de los tiempos. El cine ha servido a la vez de revulsivo y adormidera para cambiar ciertas mentalidades acerca de determinados casos en particular, sin tener en cuenta en muchos de ellos que una enfermedad, por más mental que sea, no define a toda la persona. Tal vez lo que fastidie más a ciertos sectores es la posibilidad de normalización de ciertos colectivos, a los que nos referiremos dando una perspectiva general de la discapacidad que pretende en su modestia, al menos no confrontarla más con estos sectores que parecen no querer entender lo que a su alrededor sucede. Hemos de añadir que la ayuda a través de federaciones y ONGs es inestimable, así como la de los padres o familiares de afectados que también en Internet nos hacen descubrir hasta más de veinte películas centradas en el autismo o el síndrome de Down, por citar sólo dos de las definiciones (ni siquiera muchos las consideran patologías) que nos abarcan. Nuestro propósito, como digo, es mucho más sencillo o simple y es mostrar como a lo largo de la Historia del Cine, nuestra percepción ha cambiado y lo ha hecho a mejor, lo que...

EL HÉROE DISCRETO

En esta novela del Nobel de Literatura 2012, Mario Vargas Llosa, se nos dibujan unos conflictos a través de algunos personajes (unos nuevos, otros no tanto, como Fonchito, Rigoberto y Lucrecia) que sorprenden por su actualidad. Pintándonos en esta  ocasión un Perú próspero donde el capitalismo ya está plenamente instaurado, son Felícito Yanaqué e Ismael Carrera, algo más que víctimas sin dejar de serlo, ancianos resistentes a todo tipo de tempestades, incluyendo las familiares, que a veces son las peores en según qué casos. En el caso de Felícito se ha de enfrentar a la extorsión, incendio y chantaje de un grupo vinculado a la Casa Verde, liderado por un tal Miguel; gracias a la ayuda incondicional de uno de sus hijos, a una santera que le echa las cartas y perjudicado por los mass media que demuestran intenciones aviesas y torticeras, consigue gracias a una dama, quitarse de un problema que le podía haber supuesto la más absoluta perdición por más digno que se ponga. Por otro lado, Ismael, viudo y dueño de una próspera empresa de seguros, se ve amenazado por sus dos hijos, Miki y Escobita, dispuestos a enterrarlo en vida a cualquier precio con tal de heredar ya su parte e intentando torpemente ganarse la amistad con argumentos caducos de su tío Rigoberto. Ismael encuentra en otra mujer, también, la solución a sus problemas. Ocupa gran parte de la extensión del texto, las relaciones que en principio se suceden inseguras y dadas a la frontera entre realidad y locura, de Fonchito, a quién se le aparece el diablo a través de Edilberto Torres, una presencia que sólo él ve. Con la prestancia a la que nos tiene acostumbrados, el novelista nos regala una fábula menos contradictoria que otras veces y...

Viaje al fin de la noche...

Tachado por muchos de misógino y racista, Louis Ferdinand Celine, autor de esta sombría y a su vez aplaudida novela, fue también, y en sus páginas y prólogo así se sugiere, colaborador del régimen nacionalsocialista alemán durante el conflicto armado más importante del siglo XX. Narrada con la existencia de un personaje a través de cuyos antecedentes, (podríamos averiguar qué facetas suyas predominan), entremezcla el estilo directo e indirecto mediante frases cortas e imperativas con otras más discursivas. A pesar de ello, la novela es todo menos un panfleto y en ella se narra desde la idea del infierno personal, propio y ajeno, los sufrimientos tanto de un soldado como de un médico. Situada cronológicamente en todo un punto geodésico tanto histórica como culturalmente, las reflexiones que se hacen a través de Ferdinand o León sobre la psiquiatría o diversas enfermedades terminales que conducen a la desaparición (ese fin de la noche, tantas veces sugerido, que no empieza con el día) son las de un superviviente a la barbarie, alguien que se alza desde su superioridad moral, sobre el resto de los mortales, para descubrir demasiado tarde que él también forma parte de la condición humana. En la manera en que la soberbia propia y ajena hace fenecer todo aliento, encontramos influencia o posible intertextualidad con el Calígula de Albert Camus, por mostrar un referente ideológicamente tan diferente. Pero se trata sin lugar a dudas de una megalomanía seca, en tanto que el lector que se precie disfrutar de su discurso lo hará entre líneas y a la vez sabrá dejarse llevar por el fluir de un texto que tiene también que ver con Marcel Proust y con otros autores de interés. A su vez, el texto es un juego de diálogos que forman...

SEIS TUMBAS EN MUNICH...

Escrita en su día bajo el seudónimo de Mario Cleri (Mario Puzo), el especialista en la Mafia desde que escribiese tanto la novela como el guión de El padrino, nos sitúa en la mente intrépida y vengativa de Mike Rogan, una suerte de matemático superdotado que trabaja descifrando mensajes de los países aliados a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El desembarco de Normandía no juega a su favor, como tampoco lo hace la implantación del Telón de Acero en una Alemania devastada que intenta buscar culpables donde no los hay. Rozando la objetividad en el punto de vista, pero sin perder al personaje más en su periplo por la justicia (omertá) que por la supervivencia, la mayor parte del texto trata de mostrarnos cómo la inteligencia entendida como habilidad para respondernos sobre nuestros propios problemas, puede ser nuestro peor aliado. Somos pozos sin fondo y ya no sólo el tránsito a la locura nos hace diferentes por más insondables, también lo hace el sexo desde el que Rogan se rehabilita, primero pagando, luego buscando la coartada de sus dos primeras víctimas en un bar con su silencioso revolver Walther; la de los dos siguientes inyectando gas a otros tantos sicarios, aquellos que intentaron hacerle desaparecer sin éxito. Para todo lector que se precie, queda en la mente la ineludible elipsis de diez años que Puzo realiza; una elipsis que permite la reconstrucción de su cuerpo, así como el hecho de poder emplearse en una oficina realizando tareas administrativas que pasan por su perfil y le hacen menos peligroso a la vista. La obsesión del autor por la Mafia hace que se recree un pasaje en Sicilia junto a Guido, que lo mismo podría pasar por poderoso caballiere que por cómplice del nazismo;...

MAFIOSOS DE LA NUEVA ERA: EL POR QUÉ DE LOS SOPRANO Oct21

MAFIOSOS DE LA NUEVA ERA: EL POR QUÉ DE LOS SOPRANO...

Tres películas que pensamos influyeron en la idea y desarrollo del equipo de Los Soprano. Un artículo sobre cine y mafia que no desdeña la comedia y los rudimentos de toda vida ordinaria; pues por más sofisticación que se le quiera dar, los asesinos también lloran y a veces hasta tienen sobrados motivos para hacerlo, pues sus metas o no fueron las que pensaban, o es el que el mundo ha cambiado. O nadie entiende a nadie. En fin, cosas de locos. Escribir sobre cine de mafiosos y no citar la sacrosanta trilogía de El Padrino parece poco menos que una herejía y no es nuestra intención sobrepasar estos límites. Los papeles que tanto Robert de Niro como Al Pacino o el mismo realizador Francis Ford Coppola tienen en estas tres películas -de las que siempre se dijo que la segunda sobrepasaba en calidad a la primera- conforman un espectro tan difícil de superar en dimensiones dramáticas y trágicas, que el campo del cine (poblado, como decía hace unos días el guionista David Chase en la prensa, fundamentalmente de sueños o pesadillas) no podrá olvidar jamás cómo, por ejemplo, aquella cabeza de caballo muerto y desangrado dentro de la cama de una de las víctimas de la Mafia, nos hizo enloquecer y vibrar de horror a partes iguales, ya desde la novela de Mario Puzo. Sin embargo, nuestro objetivo esta vez es otro, ya que lo que caracteriza a los mafiosos de la nueva era, además de ese sino siniestro por el que quién la hace la paga, es mostrar cómo aquellos viejos hombres tan identificados con el Gary Cooper de Sólo ante el peligro, tienen también su corazoncito. Para mostrar este rasgo que a muchos puede parecer más una extravagancia que otra cosa,...

El paro en el cine: una realidad cercana Oct21

El paro en el cine: una realidad cercana...

Tres películas sobre el drama del desempleo, que ha evolucionado, y mucho, desde finales de los años 40 del siglo pasado a nuestros días. Si bien la última película de la que hablamos es anterior a la fatal crisis económica y de valores que vivimos, también observamos cómo hasta los cineastas saben dar un paso atrás para tocar según qué temas. Hay realidades difíciles de describir, pero más fáciles de mostrar. El desempleo y lo que supone para muchas personas y familias es una de ellas; sobre todo cuando pasa mucho tiempo desde el último mes cobrado o trabajo realizado. La situación en España, ahora mismo, nos hace preguntarnos el sentido de un artículo que clasificaríamos como de realismo social en una era, la post-capitalista, donde empezamos a ver nuevas fuerzas sociopolíticas (en realidad, nada novedosas) en sus planteamientos, que prometen ese poco de esperanza, aunque sea en la lucha, que nos permite ir tirando. No encontramos, por otra parte, ninguna referencia comparable más o menos conocida del paro en la era de las redes sociales, lo cual pudiera ser esclarecedor. Tal vez se necesite más tiempo o un revulsivo mayor o más potente. El cambio definitivo, no obstante, de mentalidad lo encontramos referido en la segunda y tercera películas escogidas. De esta forma, mientras que en los 90, la problemática nos era contada desde un punto de vista lúdico-trágico, ya en el nuevo milenio hay una actitud de protesta contestataria bastante clara, que se ha visto silenciada años después, quizás desde la hipocresía o la simple voluntad de acallar algo desbordante en sus datos, una realidad que sigue provocando el mismo malestar. De alguna manera parece que esa reivindicación de las personas que se hacía no es suficiente para ciertos sectores poderosos y...

A la sombra de las muchachas en flor...

Segunda parte de las siete de las que consta el conjunto En busca del tiempo perdido firmado por Marcel Proust; premiada en 1919 con el Goncourt francés. Retomo la lectura de este libro por dos evocaciones que me llevan a una nostalgia nefasta: la primera es Combray, en cuya playa sucede el segundo decisivo que arrastra hasta todo un paisaje mental en torno al amor; la segunda es que a pesar de que este miembro de la familia Guermantes que narra, me encandiló en Por la parte de Swann, lo cierto es que pensé durante no pocos años, que pecaba en exceso de yoísmo. Su lectura con la madurez mejora y uno entiende como ineludibles la enfermedad respiratoria del personaje, no provocada sólo precisamente por una indigestión con la dichosa magdalena. Al igual que entiende que muchas veces desde la pereza o la evocación de la misma, pueden salir enormes resultados. De las casi seiscientas páginas del texto, las primeras arrastran a Swann para convertirlo junto a Odette, en compañeros de confidencias hacia la quietud, algo necesario para escribir y pensar el mundo encapsulado en su cabeza. Existe, por otro lado, un sentimiento de frustración que lleva a no considerar al objeto lo mismo que el sujeto, de tal forma que el personaje, a pesar de narrar en primera persona, lo hace desde cierto distanciamiento. Se muestra lo risible desde objeciones a la aristocracia como clase social, sin tomar partido ni por la burguesía ni por los obreros. La nómina de mujeres evocadas lleva al personaje a un conflicto por no querer que una mancha quite la siguiente y esto es no sólo porque en todo el mundo no encuentre estímulos atractivos, que también. La forma de enamorarse Guermantes es plena y a la...

Diez grandes fotógrafos de guerra...

Aladar les invita a descubrir a diez fotógrafos cuya inspiración, inquietud, carácter y mirada, les han hecho introducirse en zonas de alto riesgo. Temerarios o simplemente valientes, quién sabe. Lo que está claro es que sin ellos no sólo seríamos distintos, sino quizás demasiado iguales. Porque en el trasfondo de todas estas imágenes, hay mucha realidad. Y es la realidad lo único que no podemos entender y la razón por la que reflexionamos de forma diversa unos y otros. Intentando alcanzar un conocimiento máximo. Dentro de la idea antibelicista que rescata Aladar, tratamos de hacernos eco de diez nombres considerados por muchos como todoterrenos del fotoperiodismo de todos los tiempos. Estos fotógrafos son capaces de inmiscuirse en zonas de especial alto riesgo y, contrariamente a lo que se piensa, les gusta estar más detrás de una cámara que delante. Nuestro humilde reconocimiento para todos los que se quedan fuera y para aquellos que trabajan para medios audiovisuales que han conseguido desde la pequeña pantalla, informar sobre los conflictos nacionales e internacionales que aún pueblan nuestro mundo. Sacamos este tema a colación porque quizás la primera imagen que impactó de forma profunda en nuestras generaciones, posiblemente, sea la de una niña indefensa en Nicaragua acorralada por una montaña de lodo y cuyos brazos la mantuvieron viva aproximadamente una semana. Esta imagen supone toda una declaración de principios ligada al periodismo ya sea escrito o gráfico. ¿Es antes la ética o la información, o lo que hoy llamaríamos sin temor a equivocarnos espectáculo? Una cosa parece clara y es que las noticias bélicas y catastróficas venden más que otras muchas, hasta el punto de que su bombardeo produce un efecto anestesiante en la población hoy en día. Nuestro propósito pretende ser más ilustrativo que otra cosa...

Liquidación

Editada en la sede mallorquina Sloper, su autor, que ha escrito tres ensayos anteriormente sobre cine y conoce de primera mano el tema y el campo de acción de su personaje Luis Dédalo, siembra controversias con ésta su primera novela que vende como de autodestrucción, siendo en este sentido la referencia, el género y modelo de autoayuda norteamericano, ya tan temiblemente agotado como lo está nuestra propia sociedad. En el libro aparecen sugeridos y narrados los mundos del 15-M y sus consecuencias, los comedores sociales pegados a los pocos y clasistas cines que aún existen en Madrid, el fin de una época que probablemente se clavó tanto en nuestra retina como una aguja hipodérmica. Porque también hay drogas, alcohol y vestigios, muchos vestigios de una época que fue sólo para algunos y en la que muchos de ellos fueron los cínicos que ahora enarbolan esas conciencias que quieren salirse del consumo y no pueden, obligadas a sobrevivir. Narrada en primera persona por este protagonista que no es más que un crítico del Séptimo Arte, cuya estela ideológica parece encontrarse entre el mejor Carlos Pumares y el elegante Antonio Gassett de Días de cine; su historia recuerda por lo de bajada a los infiernos a la de El crepúsculo de los dioses, aún a sabiendas de que no es el muerto en una piscina quién habla, sino el muerto en vida o el que no tiene donde caerse muerto, un inadaptado que somos todos, un desecho social que se empieza a ver a sí mismo como tal, a pesar del dinero que ganó, los polvos que echó o la droga que consumió. Porque el recuerdo que va de la retina al cerebro de aquel gran cine que tanto se reivindica, está hecho de pedazos, de...

La casa verde

Compleja, remota a la vez que cercana, La casa verde se trata de una novela que tiene en William Faulkner su máxima inspiración. Una historia que representa el remoto boom latinoamericano y cuyos personajes son y fueron obsesiones del autor; sobre todo, dos: Lituma y la Chunga, a quién dedicó una obra de teatro, donde esta misma casa verde aparece como sociedad urbana frente a otro tipo de garitos que vemos menos distinguidos. Junto a Conversación en La Catedral se trata de su obra más minuciosamente epidérmica y rompedora. Tiene una estructura aparentemente sencilla (cuatro capítulos y epílogo) y utiliza un narrador pegado a los personajes que a veces desdobla su vitalidad o moribundez en monólogos que fuerzan el lenguaje de forma desacostumbrada. Empieza desde la religión y termina con su muerte y al mismo tiempo comienza desde lo marginal para autocelebrarse a veces en exceso. Los personajes nos resultan, como decía, familiares, si bien hay una sensación de claustrofobia a veces que la hace reductible en su disfrute leída hoy. El manejo de la violencia que en La fiesta del Chivo es manifiesto, aquí se contiene, pero permanece latente gracias a la fuerza de un lenguaje que a la vez abraza y defenestra, que mima y al mismo tiempo nos hace partícipes de esa tan bien pintada como siniestra Amazonía. Leerla pasada un tiempo y con la confrontación entre países posible puede llegar a suponer hasta un acto de venganza contra los más débiles. Lo realmente sobrecogedor es que mientras en España vivimos tiempos que a veces pensamos que son regresivos, el nivel de civilidad (que no civilización) nos hace menos mortales en una Santa María de Nieva o Piura donde aparentemente está todo por hacer. No aparece explícitamente Sendero Luminoso, al menos...

Yo fui a E. G. B.

Son varios y distintos los fenómenos que, gracias a las redes sociales, han pasado de ser una idea a convertirse en producto con continuidad de followers en Internet. Este libro trufado de nostalgia y humor (firmado por Javier Ikaz y Jorge Díaz) es un claro ejemplo, que Plaza & Janés ha querido aprovechar y exprimir como un limón, llegándose en breve a la novena edición. La empatía e identificación en los capítulos está muy lograda, siendo el público objetivo no sólo la generación E.G.B., como el niño o niña que estudió gracias o a pesar de la LOGSE (ese plan de estudios por el que se educaba y jugaba a la vez). Nuestros padres, por entonces, tenían menos recursos; pero sí nos decían, y con eso también crecimos, que (a su edad) se jugaba más en la calle, que no había tiendas de golosinas (que empezaron a proliferar más en nuestra época); mientras éramos capaces de jugar con un Spectrum, hacer carátulas de discos o pelis sin necesidad de ordenador o reconocer (aún hoy lo hacemos) el chicle Cheiw Junior de fresa ácida a través de su olor. Viene ampliamente ilustrado con fotografías y dibujitos del momento, recreando desde nuestras series de televisión favoritas, hasta los prohibitivos dos rombos, que nos hacían meternos en la cama con curiosidad y miedo ante lo que pudiéramos ver, para contar al día siguiente en el cole. Esa memoria por la que hoy recordamos los diez primeros versos de la Canción del pirata de Espronceda, empezó a perderse y poco a poco nos hicimos adictos más a la imagen que a la fuerza de las palabras, sin embargo esta cultura de los iconos aún estaba medio en pañales y apenas nos sirvió para conocer una pequeña parte de...

El cine según Hitchcock...

En torno a cincuenta horas de rigurosa y enriquecedora entrevista, con un trabajo previo por parte del realizador francés de la Nouvelle Vague encomiable, en torno a un cuestionario de quinientas preguntas que se modifican con el devenir de la conversación con el denominado mago del suspense, responsable entre otras, de Con la muerte en los talones, De entre los muertos o Psicosis, es éste un libro pensado para directores de cine interesados en todo el proceso por el que una película se convierte en tal, aficionados al Séptimo Arte en general y de todo proceso creativo que tenga que ver con la planificación y el sentido de las imágenes. Ingeniero y dibujante de formación, solitario en su niñez y tremendamente observador, Alfred Hitchcock tenía dentro de sí una serie de fantasmas y miedos que marcaron todo su oficio y forma de hacer, algo que ya vemos en su etapa muda, donde colaboró en múltiples adaptaciones de novelas (algunas de ellas de ínfima calidad) como ayudante de realización. El salto a director lo dará antes de 1930 con Woman to woman, al menos oficialmente, siendo especialmente destacables algunas películas, cortas y largas, inacabadas otras, entre la que destaca The ring, un film de rivalidad entre boxeadores. Para el entrevistado, la llegada del sonoro confiesa que supuso una merma técnica en el sentido en que no podía practicar del mismo modo sus ejercicios de ingenio y dramatización visuales como hubiese querido y D.W. Griffith trató de enseñarle. No obstante, la fotografía, la música  el diálogo, lejos de amedrentarlo, le sirvieron para profundizar en conceptos tales como el suspense (lo que le convertiría en eficacísimo contador de historias), su aberración a los films donde no es identificado un narrador claro a través del tiempo (whodunits) o...

El ángel negro

La editorial almeriense Círculo Rojo promete.  Lo hace en esta ocasión, publicando el texto pergeñado por José Manuel Portero, escritor de El Rubio (Sevilla).Entrega una novela policíaca que, como debe ser en el siglo XXI, cuenta con comisarios cotillas que se fían más del WhattsApp o Internet que de sí mismos, así como un buen puñado de personajes, hijos de la crisis económica en que nos vemos envueltos. Existe elegancia en la propuesta, si bien muchas veces se rompe con la etiqueta de lo políticamente correcto. A su vez y sin caer en el galimatías, aunque echando de menos más precisión en el lenguaje de algunas partes, la obra de Portero recuerda a thrillers de acción como Grupo 7 y bebe en sus fuentes y argumentos de las tragedias intergeneracionales de las que se nutre Chirbes. Las pesquisas e investigaciones policiales, parecen querer dar un respiro al género negro como tal y, sobre todo, el autor parece sentirse cómodo describiendo y haciendo dialogar ágilmente sobre situaciones no sólo rocambolescas, sino con un punto de absurdo nada circunstancial. La elección de narradores es compleja y parece querer tomar esta vía con la intención de ir desnudando las aviesas intenciones de los personajes. Por ello, que empiece Ricardo contando qué sucedió al ver cómo unos neonazis trataron de quemar en el centro de Benalmádena a un mendigo inmigrante que duerme entre cartones en los bajos de una sucursal bancaria, nunca será casual para el lector; sobre todo cuando es en la segunda parte cuando Lino Ortega y su compañero toman las riendas del asunto. Planea sobre toda la trama la existencia de objetos relevantes por misteriosos, como son esas máscaras africanas, que el padre de Ricardo, Manuel, colecciona con ánimo de rendir homenaje no sólo a...

H. CARTIER-BRESSON, MÁS ALLÁ DEL INSTANTE DECISIVO...

© De las fotografías Henri Cartier-Bresson (cortesía de la Fundación Henri Cartier-Bresson) Para recrear la vista, para aprender historia, para entender procesos que no veríamos a simple vista; para eso, y sobre todo, para disfrutar, encontramos esta exposición de Cartier-Bresson, artista desaparecido hace una década y cuya estela le permitió no sólo ser uno de los grandes en vida, sino proyectarse a sí mismo a través de otros roles. No hay excusa para dejar de visitar la exposición, pues, si estamos en Madrid, la visita es gratuita y, si no, puede verse a través de Internet. Con la colaboración de la Fundación de su mismo nombre y el Centro parisino Pompidou entre otros organismos, hace dos meses llegó a Madrid esta exposición que se hace eco y, coincidiendo con PhotoEspaña, marca territorio sobre la vida fotográfica del conocido por muchos como ojo del siglo. En las dos plantas del edificio que se ocupan de esta retrospectiva del artista francés (1908-2004), el comisario Clement Cheroux ha querido mostrar el carácter polímata de este fotógrafo conocido por el gran público por saber captar lo preciso desde lo simple. La exposición da debida cuenta de unos preámbulos viajeros al Congo, donde desarrolló esa idea de aire tan necesaria que hace que nos fijemos en la composición sobre cualquier otro elemento técnico, instantáneas donde el gesto de los habitantes empieza a ser importante y por el que los surrealistas, hablamos de 1926, empezaron a simpatizar con él; siendo la relación con André Breton, al menos controvertida y llena de aristas, pues Cartier-Bresson, ante todo fotógrafo, no sabemos si en verdad simpatizaba tanto con el autor de la frase, soy todo lo que he hecho y lo que no he hecho. Como tampoco sabemos realmente si el homenajeado era...

FOTÓGRAFOS EN COLOR

De un experimento que tiene más que ver con la Física que con las musas nace lo que hoy conocemos como fotografía en color. Aladar propone en un rapto de modernidad e intento de rigor explorar la mitad del camino entre lo puramente profesional (analógico y digital) sin querer hacer ascos a aquellos que se van iniciando en el mundo más puramente tecnológico de los smartphones. Porque hoy en día y cada vez más, somos también lo que vemos, aunque no tengamos medios para disparar desde un artefacto que nos resulte más o menos extraño. Lo de que la fotografía es una disciplina híbrida lo hemos dicho más de una vez. Pero hasta tal punto es así que el inventor de la primera imagen a color fue el físico escocés James Clerk Maxwell, alguien que naturalmente trascendió en vida por otras labores, pero que un buen día de 1861, sin siquiera pretenderlo a priori, presentó en Londres un método aditivo por el que a través de luces de los tres colores primarios (rojo, verde y azul) podía conseguirse cualquier tono. Su invento recibió el nombre de tricromía, y todavía tenía una sensibilidad cromática insuficiente para lo que vendría después. También hay que decir que si repasamos los libros sobre historia de la fotografía, artífices multidisciplinares actuaban con pesados y poderosos equipos, pero sobre todo con altos tiempos de exposición sobre el negativo, consiguiendo si bien no la tricromía sí unos virados a sepia o incluso a tonos verdes, algunos años antes. Es el caso no tanto de las primeras imágenes de Nicephore Niepce o Daguerre, sino más bien de William Henry Fox Talbot o Alfred Stieglitz, dos caballeros anglosajones que sin desmerecer la tarea de aquellos franceses, siempre se consideraron pioneros y buscadores del...

Estética fotográfica...

Conjunto de ensayos reunidos en orden cronológico por parte del comisario Joan Fontcuberta, fotógrafo y artista de la apropiación catalán, supone en su conjunto un volumen indispensable no sólo sobre historia de la fotografía, sino también acerca de las inquietudes que desde 1846 a 1965 ha llevado a artesanos, discípulos y maestros a definir el medio como campo sobre el que estudiar desde el arte y la ciencia a lo postmoderno. Desde William H. Fox Talbot, que ya hablaba de la dependencia con la pintura, pasando por Robert Demachy que empieza a diferenciar entre pictorialismo y pictoricismo, Henry Emerson o Peach Robinson. Al igual que le pasó al cine con el teatro, el hecho de que un día llegara Eastman Kodak a democratizar un terreno sólo vedado a unos pocos, hizo que en torno a esta disciplina se formasen alumnos aventajados y diletantes de toda especie. Esto explica la necesaria actitud de estudio y profundización que empezamos a notar en el texto de Paul Strand que saca a colación al primer fotógrafo reconocido que no quiso ser pintor: Alfred Stieglitz, alguien que demás quiso ser imitado por artistas al óleo. Especialmente poético es el de Salvador Dalí, que entronca con la tradición de Henri Cartier Bresson a través de Carl Georg Heise o Werner Graff. En un paso intermedio destacar la labor realizada sobre publicidad y fotoperiodismo, que tratan de no cargar en exceso las tintas sobre la ingenuidad en la composición y sí sobre la llegada de una especialización técnica, que sin obviar la visión psicológica en el retrato, profundice en algo más que una visión que desnaturaliza lo que toca (véase por ejemplo en el retrato de la mujer con Leica presente en el capítulo de Laszlo Moholy Nagy). Calificación: Muy interesante....

EL CASO DE LA MUJER ASESINADITA...

Construida en torno a una idea fantasmagórica y estrenada, por vez primera, en el Teatro María Guerrero de Madrid en 1946, el dramaturgo madrileño Miguel Mihura nos sitúa esta vez en un chalet de las afueras, una casa aristocrática parecida a la que fotografió Capra en Arsénico por compasión, aquella comedia negrísima protagonizada por Cary Grant. Escrita al alimón junto a su compañero de La Codorniz, Álvaro de la Iglesia, lo primero que confiesa el autor en una primera declaración de intenciones es que bajo el manto de comedia hay mucha tristeza. Tierna en muchos casos y escrita desde el ingenio y la desmesura, narra el deja-vú de un sueño, el de Mercedes, una mujer de alto copete a la que le gusta ver cómo sus criadas fuman Camel en su presencia, alguien capaz de detectar algo más que la realidad a través de ese sueño que simboliza la inútil y desesperada búsqueda de felicidad de las personas aburridas. Aficionada a la lectura de novelas que la convierten en una suerte de Bovary desclasada a la española, Mercedes recibirá la visita de extraños a su casa, no sin antes enterarse de que ha sido asesinada por un asunto de cuernos de su maridito Lorenzo con su mecanógrafa Raquel; el móvil es perfecto, si no es porque está allí Norton, un tipo que simboliza el progreso de los países anglosajones y que se nos aparece de primeras vestido de piel roja para, más tarde, convertirse en el jefe de Lorenzo y embaucador post-mortem de la misma Mercedes. La obra funciona como un mecanismo de relojería en cuanto a precisión y recurre a temas experimentados en otros medios por gente como Buñuel en El discreto encanto de la burguesía. Resulta, a pesar de ello, escénicamente muy...

¡Sublime decisión!

Estrenada por primera vez en el Teatro Infanta Isabel el año 1955, con un enorme reparto entre los que destacaron una joven Rafaela Aparicio y los dos hermanos Gutiérrez Caba, es ésta una obra nada menor del dramaturgo, cómico y dibujante madrileño, Miguel Mihura, que ha dado en representarse en múltiples ocasiones posteriormente. La historia es la de Florita, hija de un padre en apuros económicos que vive además con su tía Matilde. El hecho de presentar a la hija menor de una familia modesta como una especie de Juana de Arco que revoluciona el patio de vecinas por pedir que acudan a su casa un hombre y un cura, dice mucho de las grisuras de la familia española de hoy y de siempre, una subversión de la que interpretó Alberto Closas y su desaparecido hijo Chencho. Y es que cuando recordamos al autor a través de esta obra, lo hacemos no sólo desde la sempiterna por absurda lucha de sexos que nos hizo reír y pensar en Tres sombreros de copa, aquí existe un tono farsesco que denuncia lo rutinario de la tragedia de estar vivos y desear, plagada de detalles originales y disfrutable desde la parte más crítica. Entendemos así el concepto de autoría literaria y de cómo ambas obras se complementan. Quizás por eso estas dos obras fueron, de las muchas escritas por Mihura, las favoritas del Papa del absurdo en teatro, Eugene Ionesco. La estela del madrileño es alargada así como su capacidad y brillantez en el diálogo, que le llevó a colaborar en el guión de Bienvenido Míster Marshall, junto con Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, que al ser al menos uno de ellos señores de derechas que necesitaban estrenar entre actores y técnicos de izquierdas, se...

Diez fotógrafos en blanco y negro...

Cinco fotógrafos muertos. Cinco vivos o aún en activo. Robert Doisneau, Walker Evans, Dorothea Lange, Diane Arbus, Weegee, Elliot Erwitt, Chema Madoz, Annie Leibovitz, Cristina García Rodero y Alberto García-Alix. Cada uno de ellos con visiones personales y pasionales del medio y del mundo que les ha tocado vivir; una selección en la que predomina una actitud humilde y poco dada a concesiones sobre la mirada, ese juego que todo artista debe reflejar y sobre el que se proyecta el inconsciente individual y colectivo. Como arte híbrido que es, la fotografía sería impensable sin otros referentes; sin embargo, el tesón y el talento visual son sus puntos de apoyo; algunos inciertos. La pregunta que asalta es: ¿qué es, en realidad, la fotografía? Tal vez, como afirmaba Roland Barthes toda fotografía o imagen es como una pequeña microexperiencia de la muerte. En este artículo se quedan fuera, casi sin pretenderlo, grandes como Sebastião Salgado, William Klein, Robert Capa, Man Ray o Vanessa Winship. No es premeditado ni va en gustos. Tal vez todo obedezca al habitual bombardeo de imágenes al que desde hace décadas estamos sometidos como sociedad. A eso y a la particular infancia del que escribe que tiende tanto a mirar hacia atrás como hacia delante, entendiendo el periodismo callejero y la publicidad como dos disciplinas tan aparentemente distantes como complejas y enriquecedoras, y donde en el fondo juegan los mismos elementos tanto a favor como en contra. Por otro lado he elegido algunas imágenes cuyo título no he encontrado tras continuas pesquisas por la Red, pero que considero sirven para ilustrar lo más representativo de uno u otro autor (así los considero a todos, pertenezcan a agencias o no, sean más o menos poéticos, explícitos en sus presupuestos o incluso literarios). En...

Mañana en la batalla piensa en mí...

La vida de un escritor que es negro de un negro. El fracaso de no verse en los títulos de crédito de muchos guiones que no se escriben como tal. Eso y la manera en que Víctor Francés conoce a Marta Téllez el día de su muerte, hace reflexionar a Marías no sólo sobre lo que pudo haber sido y no fue, sino sobre lo que no pudo ser o no fue y se atrevió a ser. Porque así son estos monólogos donde no sólo cabe pensamiento. Por supuesto está, otra vez, Shakespeare. Y por encima de todo Madrid (las calles son la referencia al paisanaje, desde Conde de la Cimera a General Rodrigo) hasta el escenario que Orson Welles robó a Inglaterra para localizar su conocido film Campanadas a medianoche. También es una historia en clave negra lo que aquí se nos cuenta; una historia que el espectador poco avisado podía identificar con Double indemnity por ser protagonizada por Barbara Stanwyck, pero que sin embargo se refiere a otra película, en virtud de Fred MacMurray. El caso es que Víctor, que en algunos momentos parece querer decirse a sí mismo que se llama Javier, ve desplomarse en sus hombros a una mujer casada y con un hijo, cuyo marido está trabajando en Londres, no por casualidad. La novela se hace eco del antes, del después, del mientras tanto, y lo hace con cierta morosidad, pero bien atento a las consecuencias por las que el protagonista podría ser inculpado de crimen ante tan sorpresiva muerte. Hacerse eco del rechazo propio y causado por y a los demás, le lleva a aceptar una especie de encargo profesional, la biografía de un pintor allegado a los Téllez, que pondrá patas arriba la relación con otras mujeres...

Cine y religiosos: Las amistades peligrosas Jun03

Cine y religiosos: Las amistades peligrosas...

Las relaciones entre los religiosos y el cine siempre han sido polémicas. Parece que la postura ante la realidad del Papa Francisco atestigua una mayor apertura de miras al respecto. En cualquier caso, siempre han existido películas que, bien referidas a textos sagrados, bien queriendo acercar a la sociedad una nueva forma de pensar y actuar, han cuajado de diferente forma entre el público. Yo confieso, De dioses y hombres y La duda, sirven de ejemplos para analizar brevemente esta relación entre religiosos y cinematografía. Si quisiéramos escribir un artículo sobre cine religioso al uso, ya sería triste tener que recurrir a los clásicos de Cecil B. De Mille, «La túnica sagrada» o «Los diez mandamientos», para hacerlo. Y digo esto no porque uno de sus artífices, Charlton Heston, fuera reconocido miembro de la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos (que también) sino porque, sinceramente, pienso que los filmes que aún se programan a diario durante la Semana Santa en España –por ejemplo, los citados anteriormente- muestran una tolerancia cero con algunas cuestiones que han evolucionado enormemente en la sociedad actual. Esto es algo que quizás provenga de una idea equivocada del mal; ese concepto hoy tan banalizado y extendido que ya no se esconde sino que se enseña y espectaculariza desde el morbo que generan conductas, inspiraciones y hasta esencias consideradas antaño desviadas o criminalizadas. Desde que Alfred Hitchcock filmase «Yo confieso» en 1953, la imagen de la Iglesia en el cine ha evolucionado no siempre a la par que la realidad o que a ciertos sectores reaccionarios de la misma. En este caso, el director británico afincado en Estados Unidos considerado por tantos como mago del suspense, ideó un guión en el que un sacerdote se hace cómplice (por encubrimiento) de...

Estupor y temblores

Primera novela de la escritora belga Amelie Nothomb, publicada en 1992 a propósito de una experiencia autobiográfica traumática y, por lo tanto, ya que en ella todo es peculiar, más que interesante. Y es que las obras de Nothomb son como una guerra para niños que crecen demasiado pronto, así lo atestigua también su obra «El sabotaje amoroso». A este filón ha sabido sacarle partido, publicando casi una obra por año desde entonces. El libro es como un cuento que contiene otro cuento. Amelie, que narra y protagoniza, tiene cuatro jefes en su trabajo dentro de una multinacional japonesa (es aquí donde empezamos a conocer la idiosincrasia de un pueblo acostumbrado a morir de extenuación laboral). Uno de ellos le manda redactar una invitación para jugar al golf y enviarla a un importante ejecutivo occidental. La cosa sale mal y ponen a la protagonista a hacer fotocopias; pero esto no es todo y la segunda jefa en discordia la persigue debido a que parece existir un corte en la hoja que no encaja con el milímetro exigido; es entonces cuando Fubuki (otro de los jefes) la coloca en el departamento de contabilidad y, tras dejarse la vista y confesarse mil veces incompetente hasta el paroxismo de la discapacidad, la nueva (jefa) la envía a limpiar retretes. Esta anécdota, convenientemente aderezada por las lúcidas observaciones de la alter ego de la protagonista, la lleva a querer reencarnarse en David Bowie, y no precisamente explotando la faceta más popular de cantante. Ejecutada con precisión y sencillez lingüística (algo deberemos al genial traductor y también cuentista Sergi Pámies), en esta novela existe algo más que estructura. Encontramos una manera canónica, que no por extraña, pero sí por moderna, propicia la lectura agradable y las ganas de conocer...

De acuerdo, Jeeves

Uno de los personajes más conocidos de la literatura humorística de todos los tiempos, creado por el autor estadounidense P. G. Wodehouse, es nada más y nada menos que un mayordomo que sabe cumplir de un modo entre bartleby y servicial su papel. En esta novela que sigue a unas primeras aventuras, su señor Bertie Wooster hace el papel vodevilesco de aristócrata creído y manipulador, siendo su misión el acceso de un viejo amigo de la escuela a una mujer. Las peculiaridades de Tuppy Glossop, que así se llama el tipo, son su crianza en un medio rural y su afición u obsesión por las salamandras. Wooster se ofrece gustosamente a la hija de su tía Nahdia, a cambio inicialmente de sus consejos de hombre de mundo y ofreciéndole un encuentro, gracias al que Bertie se librará de ir al acto protocolario de entrega de premios académicos o de enorgullecimiento familiar; pero Glossop no sólo sufre un ataque de cuernos ficticios difícil de remediar con su amada (con quién todos los designios del destino la descubrirían como el amor perfecto no sólo unilateralmente), sino que quedará el tipo flemático, indignado, de resultas de la concesión del premio de religión a un tipo que no lo considera merecedor de tal. De resultas de ello, Wooster el magnífico quedará víctima de su propia trampa y tendrá que pagar los platos rotos de Glossop. La guerra de los sexos, la imposibilidad de la perfección o las consecuencias de este perfeccionismo hacen que el plan ideado de primeras por el mayordomo se vea por sencillo como el más eficaz. Escrita despaciosa, pero talentosamente, no es en la historia, sino en los reveses, donde encontramos la elegancia del texto, en esa otra vuelta de tuerca que tan magistralmente se...

El erotismo

Este ensayo del prolífico pensador, agitador y novelista francés, Georges Bataille, resulta enjundioso y rico. Tiene en su lectura el presupuesto básico de no mostrar una tesis masticadita haciéndose garante de una modernidad por la que todo texto debe ser sembrador de dudas susceptibles de hacernos preguntas a nosotros mismos. El tema es el de eros y misos como contradicción humana y literaria, pasando de desmitificar la plétora o euforia sexual a ahondar en ello desde un estudio pormenorizado de la figura del marqués de Sade primero y de autores místicos finalmente. Alguien que hace subyacer su deseo a algo inmaterial pierde pie en la realidad, de tal forma, lo interesante en estos místicos es ver cómo morir porque no se muere; acaba viviéndose más, ya que el gozo y el dolor permanecen tan pegados vital e inextricablemente que, también, vemos hoy más sabiduría que misticismo en el verso de Santa Teresa de Jesús. Empieza haciéndose cómplice Bataille de la modernidad en que vive, buscando en rasgos podríamos decir que libertinos, la búsqueda de nuestra razón de ser. A medida que divisamos las consecuencias a través de un estudio pormenorizado del mal, se consigue cierta empatía con la víctima o desvirtuación del héroe psicópata. Esto no lo sabemos si lo hace premeditadamente, pero a mitad de libro incluye unas láminas que instruyen adecuadamente sobre el sadismo, que sin llegar a escandalizar, sí pueden ser óbice de reflexión sobre el mal en estado puro. Editada por Tusquets en su colección Fábula, el libro muestra partes densas y tiende a repetirse, si bien tiene nervio a la hora de objetivar más el sufrimiento místico que el vacío sádico. Trata de montar una estructura sobre el amor, que lejos de considerar lo corporal como extraño, pretende volver...

Dueños del Ring Abr22

Dueños del Ring

El boxeo es un deporte de diferentes connotaciones fuera y dentro de la pantalla de un cine. Siempre he pensado que dentro de una película, el deporte se ennoblece; pasa un poco como con el rugby en la vida real (considerado por muchos noble en las formas, brutal en sus reglas), al que habitualmente se contrapone con el fútbol (sencillo en sus reglas, brutal en sus formas, sobre todo últimamente donde el sentido se desvirtúa por el vil metal). Si vamos a un gimnasio o a un campeonato del extrarradio, que es donde se suele celebrar al menos aquí en España el boxeo, nos daremos cuenta de que o bien la realidad supera en su crudeza a la ficción o que simplemente es tan fea que se hace difícil de soportar, entre otras razones por la duración de los combates. Pero para eso tenemos el cine. Existe un film que demasiada poca gente conoce que sintetiza lo que entendemos es una gran película de este género: “El ídolo de barro”, de Mark Robson (realizador de “Más dura será la caída), interpretada por Kirk Douglas (uno de los pocos supervivientes de aquella gloriosa década que nos dio a tantos grandes), Marilyn Maxwell y un Arthur Kennedy que interpreta al hermano cojo del protagonista con proverbial dramatismo. Porque sobre todo es una película que todavía tiene demasiado en cuenta la Gran Depresión. Estrenada en 1949 y con seis nominaciones al Óscar, de las que obtuvo el mejor montaje, el film resulta aún hoy inclasificable, dado que Robson se movía entre la villanía del deporte con ramalazos de cine negro; y es que aquí Kirk, como en el “Cinderella man” de Ron Howard, gana más combates y dinero del que tenía previsto, por lo que se convierte...

El sabotaje amoroso

Cuántas veces habremos oído la frase «en el amor y en la guerra todo está permitido», y cuántas buscamos pruebas de reconocimiento en ella para justificar actitudes y comportamientos. Siempre bajo la premisa del juego; el artefacto narrador que utiliza esta conocida por multifacética escritora belga, Amélie Nothomb, es un ser femenino y lésbico que utiliza cierta androginia a la hora de definirse a sí misma como guerrera de una vieja dinastía china, que viaja en una especie de centauro en busca del aroma y sabor de una bella italiana llamada Helena, que, por supuesto, bebe los vientos por el insulso y ridículo Fabrice, uno más del montón. La voz se acerca por momentos a la ciencia-ficción; en ningún momento conocemos el nombre de la protagonista, lo que no tiene por qué decir que juegue a ser diosa, pues esos delirios de grandeza se los deja a su propia locura al reconocer que si deja el hábito, se dedicará a ser Premio Nobel de Medicina. En esta androginia hayamos una profunda insatisfacción del rol natural de ser mujer, siempre aguerrida, siempre valiente y admirada, lo que en nada disgusta a la criatura creada por esta fabuladora del sub o inconsciente colectivo, a pesar de que ha declarado abiertamente que le encantaría escribir novelas de 40 páginas. Disfruta esta voz del poder de destrucción que entre su familia y ella misma generan, un dolor tan necesario como amar, y que, sin embargo, se sabe con poder para decir que en ella es único. Los torrentes de palabras que le dedica a Helena ya los querría para sí la mejor de las diosas; a través de situaciones vividas que tienen que ver con la voluntad y la huida, lo estático y lo dinámico. Todo es saboteado,...

Hopper

El poeta y traductor canadiense, además de profesor en la Universidad de Columbia, Mark Strand, nos ofrece su visión sobre el pintor por antonomasia del siglo XX, un pintor sin el que no entenderíamos gran parte de la literatura norteamericana traducida en español, dado que en los libros, las cubiertas reproducen en muchos casos sus obras. Con traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel para Lumen, el libro se debe leer como el mejor scotch whisky, a tragos cortos y saboreándolo; un total de treinta cuadros nos son acompañados con somera descripción de rasgos, trabajo sobre la luz y volúmenes ampliando las perspectivas de interpretación; y es que en Hopper forma y contenido son la misma cosa, de ahí que la poesía prestada se agradezca sobremanera en un trabajo con el espacio que, al igual que el lienzo, opta por no sobrecargarse a sí mismo para describir con cierto poder hipnótico de las palabras, y a la vez, sin dejar de lado la exhaustividad en el análisis. Además de reiterar cómo los cuadros del artista forman parte del imaginario colectivo de cualquier habitante de los años 40, se ahonda en esa sensación de soledad y lejanía/cercanía que da el pausado visionado o contemplación de los mismos. De alguna forma sucede como si en esos escenarios fabricados con una luz mental propia que da el trabajo en el estudio, habitasen espacios con puertas abiertas donde el espectador pudiese entrar y salir con la misma comodidad y desasosiego que de un trozo de vida que, a la vez, le incomoda y le resulta necesario. Muchos son los favoritos que incluso por encima del conocidísimo “Aves nocturnas”, sobresalen: “Gasolina”, apto para conductores que reservan y usan la adrenalina de las carreteras secundarias; “Primeras horas de una mañana...

Lo sucio y lo bello Abr01

Lo sucio y lo bello

Holly Gollightly es más que un personaje literario desde que lo crease Truman Capote, en 1950; una criatura sureña que fue a parar con sus huesos a una Nueva York decadente a la que abrumaban los vestigios de la Segunda Guerra Mundial, así como el nacimiento de organizaciones mafiosas que comenzaban a traficar con drogas de todo tipo; una criatura llamada a representar una realidad extravagante que Capote exprimió al máximo durante su carrera literaria. La novela corta, «Desayuno en Tiffany’s», es una joya de la literatura del siglo XX en la que la voz narrativa se encarna en escritor testigo de las acciones, de lo que ve y de lo que siente esta adorable prostituta (no olvidemos la época en la que se encuadra la trama y la percepción de ese momento); más víctima de las fechorías que sufre a manos del camarero Joe Bell, o de las de Sally Tomato (a quién va a visitar al penal de Sing-Sing, sirviéndole de estúpida coartada unos partes metereológicos) o Rusty; más víctima, decía, que mujer sin pasado. Ella se define como viajera en sus tarjetas de visita, pero quiere ante todo ser actriz. El escritor testigo tiene un cuento publicado por el que no cobró, y gracias a los consejos de su nueva amiga, conseguirá que le paguen por el siguiente. Todo son sueños, deseos. La novela es feísta y, a pesar de que el carácter del personaje está marcado por sus desvaríos, las descripciones del autor sobre la realidad de ficción que nos narra («edificio de piedra arenisca de un color tirando a esputo de tabaco mascado»); el retrato de una sociedad aristocrática centrada en el mundo de la prensa (a la que hace ascos empezando por redactores y terminando con William Randolph...

Picasso y el arte moderno (en el taller)...

Para todos es de sobra conocido lo que representa la figura de Pablo Picasso dentro del arte moderno y lo de menos, aquí, es si el pintor y escultor malagueño fue más cubista que naturalista, o viceversa. Eso parece hoy carente de sentido para un espectador común o medio e incluso mínimamente versado en estas lides. En la exposición que se celebra en Madrid se pretende mostrar el trabajo de taller de un gran pintor y dibujante que como saben sólo unos pocos triunfa aún hoy día más fuera que dentro de su propio país. Ha tenido que ser precisamente esta exposición de carácter gratuito, donde de un modo algo obtuso, nos lleguen grandes obras. La financiación es de lo más variopinta: desde el Philadelphia Museum of Art, la Phillips Collection de Washington, pasando por el Centre Pompidou parisino, la Tate londinense, hasta el Museo de Arte Moderno de Kioto, eso sin contar el apoyo museístico de Madrid y Barcelona, por todos conocido, entre otros. Disfrutar a Picasso en su taller desde la mera fruición o goce estético es tarea complicada y esto es porque, como los grandes, Pablo era esencialmente un bromista en su actitud con el arte, de tal forma que tras años de rigurosa disciplina y con tal de no repetirse, acabó convirtiendo en arte todo lo que tocaba, y aún así el monstruo no le devoró. Si ustedes quieren ejercer de voyeurs, no vengan a esta exposición, pues encontrarán más recursos espiando a su vecina o vecino o simplemente observando la realidad que les rodea. Complejas naturalezas muertas (aún así muchas de ellas carentes de un estudio riguroso de la perspectiva afeada adrede), mandolinas sin cuerdas y extrañas figuras así lo atestiguan, de tal forma que de las más de...