Sensaciones I: Roberto Devereux de Donizetti Sep26

Sensaciones I: Roberto Devereux de Donizetti...

Era el año 1991 cuando fui a ver por primera vez una ópera. Tenía entonces yo 9 años. Mi madre dijo: “Vamos al Teatro Cervantes a ver El barbero de Sevilla”. Allí, desde Buenos Aires, y a los 9 años, a mí los nombres Cervantes y Sevilla todavía me eran extranjeros, y hasta incluso términos de ficción, sobre todo pronunciados en ese contexto. Hoy, 23 años más tarde, veo por primera vez una ópera en el Teatro Real de Madrid. Aquello ya no es extranjero: yo soy española aunque uno a los 9 años no sospeche que puede sortear fronteras con la identidad. Y Cervantes y Sevilla ya no se juegan como meras palabas de títulos o nombres vacíos, como ficción; ahora son real, como el Teatro. Entre medias, vi óperas en distintas ciudades del mundo. ¿Pero qué es eso que es la infancia? El momento donde comienzan a impregnarse las cosas por primera vez. El mismo año que mi madre me llevó a ver El barbero de Sevilla (Giacchino Rossini), también me llevó a La flauta mágica, de Mozart. Y un año después, en 1992, me dijo: “¿Te acordás de las óperas que vimos el año pasado? Bueno, tengo entradas para ir a ver otra, se llama El elixir de amor, ¿querés?”. Yo no sabía que era Donizetti. Le dije que sí. Me gustaban la palabra amor y la palabra elixir, y sobre todo: tenía recuerdos bellísimos de aquellas experiencias de óperas. Las gargantas vibrantes, los trajes de las mujeres, las lámparas del teatro y algo inolvidable: nuestro palco. Era mucho mejor que jugar a la casita (aunque a los 9 ya no jugaba, pero la tenía fresca en el recuerdo). El palco era tener una casa de color rojo sangre, suave como la...

Lo contrario de la soledad...

Cuando leí la introducción de Lo contrario de la soledad pensé que me encontraría con una genialidad de libro. La joven promesa de Marina Keegan que no pudo ser porque murió a los veintidós años en un accidente de coche me tentaba más tras la introducción que antes de ella, y eso que ya antes ciertas reseñas (que ahora me parecen absurdas), o comentarios, me habían despertado el interés (lamento no haber leído a tiempo la de Rodrigo Fresán). No es que su escritura no valga nada, claro que hay cierto potencial en ella, pero sus textos no están a la altura de los halagos de sus familiares, amigos y profesores de Yale. El libro que toda la gente que la quería mucho se propuso recopila textos de ficción y de no ficción que fueron escritos por Marina poco antes de su muerte. Personalmente, considero que los de no ficción carecen de valor o interés, y hasta dudo de si ella hubiera querido publicarlos. Los textos de ficción, en cambio, me parecen bastante más logrados. Aunque algunos son un tanto naif (bueno, ella era muy joven) o tocan temas que a uno pueden ya no inquietar demasiado, guardan cierta musicalidad y dejan tras su lectura, al menos, un halo de sonoridad o cadencia. Cinco días después de que Marina se graduara magna cum laude en Yale, murió. Impresiona saberlo y leer el artículo que da nombre al libro, pues allí habla precisamente de la juventud y de todo el tiempo que aún tienen (los jóvenes que están graduándose en Yale) por delante. Este artículo había sido publicado en el Yale Daily News con motivo de la graduación de su curso. Tras su muerte, en tan solo una semana, más de un millón de personas...

El cielo oblicuo

Ni el título ni la cita de Clarice Lispector al comienzo del libro me dejan leerlo de otra manera, no me permiten apartar La hora de la estrella, no me puedo borrar a Macabea. Macabea la fea. La casi no-mujer por tener un cuerpo sin curvas ni pechos. Macabea la enamorada, la que se pinta las uñas y los labios de rojo para ser más mujer pero causa gracia. Macabea muerta, aplastada. No puedo leer El cielo oblicuo, de Belén García Abia, y olvidar a Macabea. Mala suerte, el título me impone el recuerdo porque este título es re-escritura de la cita, la cita del comienzo. A El cielo oblicuo, después de la cita, viene un ángel a anunciar algo así como: te será dada la literatura, no la maternidad. Creación en cualquier caso, creación con el cuerpo en cualquier caso. Creación con las mismas partes del cuerpo, sobre todo: «En realidad, es mi vulva la que escribe, mi vulva y mi vagina y mi útero. Son ellos y no yo». «Escribo con mi útero, con mis ovarios, con mi vagina». O ni esa creación, ni la dada, esterilidad absoluta («Y tenía épocas de esterilidad narrativa»), ocasionalmente, en medio de una producción sobre la esterilidad: «Escribo sobre mi pequeño dando vueltas en mi sala de espera, sobre mi útero vacío, sobre mi no-concepción (…), sobre que hemos nacido para ser madres y no lo somos, que nos han parido para ser madres, y no lo somos». Y la cita de entrada al cielo es: «Sin duda, un día iba a merecer el cielo de los oblicuos, donde sólo entra quien es torcido». Luego de La Enunciación (con la imagen del ángel y una voluntad explícita de que el lector no confunda la voz de...

Una torre de Babel, un Big Bang y el Quijote...

Con motivo de la celebración de los cuatrocientos años de la publicación de la segunda parte del Quijote, el Instituto Cervantes ofrece, hasta el 4 de octubre, una exposición al público que propone a la obra como un viaje, homenajea a los traductores y muestra al Quijote traducido no sólo a otras variables lingüísticas, lenguas o dialectos, sino también al lenguaje cinematográfico, al de las ilustraciones, e incluso a las adaptaciones infantiles y juveniles. Este cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote vino impregnado de la idea de traducción y comprendió la imposibilidad de homenajear la obra si no es a través de su condición de “obra más traducida después de la Biblia”. La Biblioteca Nacional (BNE) anunció el julio pasado que lanzó un portal con acceso a 3.300 ediciones del Quijote en más de cuarenta lenguas diferentes. El Instituto Cervantes, por su parte, acoge la exposición “Quijotes por el mundo” en la que se puede ver la obra adaptada al cine, escuchar un fragmento en diferentes idiomas y observar las tantas ediciones y traducciones que tuvieron lugar a lo largo de los siglos. No falta la posibilidad de admirar las ilustraciones que tradujeron al Quijote en imágenes (desde Doré hasta Rep, pasando por Dalí) ni de contemplar en una gigantografía del mapa mundial en qué siglos y a qué glotónimos ha sido traducida la obra. David Pérez, diseñador de esta exposición y responsable del diseño y la maquetación del excelente catálogo que la completa, habla con Aladar sobre esta experiencia. La exposición “Quijotes por el mundo”, que se organiza con motivo de los cuatrocientos años que se cumplen de la publicación de la segunda parte del Quijote, se propone como un homenaje a los traductores. ¿Por qué se eligió...

Aprendizaje o el libro de los placeres...

Lo mejor de leer a Clarice Lispector es ya haberla leído (su obra) y no estar leyéndola (un libro). Porque vale la pena (razón para la perífrasis verbal del participio). Y porque es densa (para la perífrasis del gerundio). La densidad no recae en el machaque existencialista (si yo amé a Sartre…). Ni siquiera en su lenguaje lírico. Sino en la combinación perfecta de ambas cosas sumadas al discurrir de la palabra al tiempo del amarre de la acción. No pasan las cosas si no pasan por el lenguaje. Desespera. Pero es de una maestría absoluta, al mismo tiempo. Como ese narrador en tercera que olvidamos que es tercera. Se recuerdan (incluso podría decirse: se sienten, se viven…) los libros de Lispector como si nos narrara esa mujer protagonista. Lori en el caso de Aprendizaje o el libro de los placeres. Porque es un narrador en tercera persona en absoluto omnisciente: sólo sabe de Lori. Pero eso sí, de Lori todo lo sabe. Aprendizaje o el libro de los placeres es esa novela de Clarice Lispector que empieza con una coma y acaba con dos puntos. Viene a decirnos: voy a meterme (además) con la forma. En cuanto a su sustancia: historia de amor entre Lori, maestra, y Ulises, profesor de Filosofía. Dos seres atractivos que esperan encontrarse. Unirse finalmente. Entre tanto: el aprendizaje -de la alegría y la consecuente idea de la posibilidad de perder dolor- o los placeres (entonces me parece una disyunción inclusiva): «El sexo y el amor no te son prohibidos. Finalmente aprendiste a vivir». Ya lo decía uno de los epígrafes del libro: «”Compruebo/ Que la más alta expresión del dolor/ Consiste esencialmente/ en la alegría”, Augusto dos Anjos». Pero una pregunta muy difícil se hace Lori a pesar...

Lamentaciones de un prepucio...

Me encantan en Woody Allen las escenas neuróticas con el psicoanalista, y las desternillantes con la familia judía ortodoxa. Pues eso es Lamentaciones de un prepucio. La Nueva York del judío ante el psicoanalista, pero el judío crítico, el que se ríe de su familia judía, y no se ríe del psicoanalista sólo porque le cobra 300 dólares y eso ya no es gracioso. Shalom Auslander escribió uno de los mejores libros de la “literatura independiente estadounidense” (la under, la que publican las editoriales cool, la que trata temas originales, la que si fuera una peli sería cine independiente -algo así como Jonathan Raymond, que lo lleva al cine Kelly Reichardt-) y Blackie Books de Barcelona lo publicó para España. El libro es absolutamente autobiográfico y está narrado desde la voz de Shalom con treinta y pico de años, que nos cuenta desde su infancia hasta su presente, cuando su mujer está embarazada y posteriormente nace el bebé (¿judío?). Circuncidarlo o no, esa es la cuestión. Podría ser un libro feroz, el retrato de una infancia terrible con un padre judío alcohólico y violento y una madre judía inútil y ama de casa aficionada a las revistas de decoración. Sin embargo, es de un humor supremo (hacía mucho que no me reía tanto con un libro… ¿quizá con Flann O´ Brien? Es otro humor; es que este es neoyorquino-siglo veintiuno). Esa infancia narrada con cinismo, inteligencia e ironía resalta los momentos en que Shalom niño descubre la pornografía o se atreve a abordar la comida no kosher. Por no entrar en detalles sobre la odisea del Sabbath, el listado de todo lo que no se puede hacer (entonces el pecado permanente); la educación en manos de rabinos ortodoxos que amenazan a gritos a los...

La hermana menor

En Argentina dice mucho, pero el nombre Silvina Ocampo no llegó a ser internacionalmente conocido como el de Jorge Luis Borges, sin embargo, fue una gran autora y amiga íntima de este escritor. Mariana Enriquez, la escritora y periodista también argentina, ofrece en La hermana menor lo que el subtítulo del libro enuncia literal: Un retrato de Silvina Ocampo. ¿Por qué «la hermana menor»? Porque Silvina Ocampo siempre quedó en la sombra (imaginemos: de un cedro): la hermana de, la esposa de, la amiga de: de Victoria Ocampo, de Adolfo Bioy Casares, de Borges (respectivamente). Miembros de una de las familias más ricas de la Argentina, las Ocampo fueron figuras fundamentales de la literatura argentina del siglo XX: Victoria fundó la revista Sur, que hizo conocido a Borges. Luego abrió una editorial con el mismo nombre, que publicó a Sarte y Camus, entre otros. Era antifascista, feminista, antiperonista, escritora y hermosa. De Silvina no está tan claro: también antiperonista aunque comprometida mucho menos políticamente (o activa desde la sombra -del cedro de un jardín-). Lo de hermosa está muy en duda: se caracterizaba por tener una voz muy particular que no se sabe si queda del lado del encanto o del ridículo; sus piernas parecen que eran preciosas pero no sabemos si eran suficientes para distraer de otros rasgos de dudosa belleza. El color de sus ojos -parecen azules- tampoco alcanza para pronunciar con quórum que Silvina fuera hermosa como su hermana. En cambio, Boy Casares sí que era un galán: atlético y musculoso, ojos claros… Y era, además del lindo, el escritor de la pareja. ¿Es todo esto muy injusto? ¿Una conspiración contra la pobre de Silvina? Más bien no, podríamos mejor pensar que este fue el personaje de ella: estar en un...

Raúl Ariza: De prosa y poesía...

Cada relato de Glóbulos versos es como el suspiro de un enamorado: dura poco pero dice mucho. En esta conjunción entre la brevedad y la intensidad transita la literatura de Raúl Ariza, autor de Benicàssim, Castellón. Este título es el tercero de una trilogía que comenzó con Elefantiasis y siguió con La suave piel de la anaconda. Los tres títulos de Raúl Ariza pueden enmarcarse en el sub-género del relato breve o microrrelato, pero Glóbulos versos propone otro reto: acompaña a cada microrrelato un poema que vuelve a contar la misma historia pero ya no en prosa. Valiente y osado, y encima eficaz. El último de los relatos de esta tercera entrega, titulado R.I.P, nos recuerda que es el cierre definitivo, la culminación, el Fin: “Estás muerto. Te has muerto. Eres para mí todos los muertos de este puto mundo […]. Que te quede claro, Raúl. Para mí ya no eres nadie”. ¿Quién eres y quién ya no eres después del libro? Al principio, cuando empecé a publicar, negaba cualquier vinculación entre mi vida y mi literatura, creyendo que distanciándome de lo que escribía, adquiría cierto halo de profesionalismo; como el de ese actor que entra y sale de su personaje sin trauma alguno, poniéndose y quitándose el disfraz. Ahoya ya no. Ahora asumo sin duelo que el proceso creativo que conlleva cada libro te transforma; sutilmente, si quieres, pero lo hace. En el caso de Glóbulos…, ese poder transformador vino heredado de los procesos constructivos de mis dos libros anteriores, pues los tres forman parte de un todo, no solo estético, sino también vital.  Algunos de tus relatos, pienso en “La inspiración”, en “Cómplices” y en “Blanco nuclear”, hablan de la dificultad de la escritura y de la permeabilidad de la ficción en...

La lenta furia

El oxímoron del título del libro atraviesa el estado de todos los cuentos. Frente a lo lento, la rapidez violenta e instantánea de una sacudida. Ante la furia, la calma de la hora de la siesta, de la pulcritud impensada y obsesiva de una verdulería. Esto es Fabio Morábito: «Hay un terremoto de paso. Está esperando que se abra una falla», excelente metáfora de la vida humana, la actitud de todo lo que nos pasa, de todo lo que somos (temblor). «Oficio de temblor» es el último de los cuentos. La materialidad del espacio y la materialidad del cuerpo humano se ponen al servicio de la sacudida. Cuando suceda, habrá golpe («¡Pum! ¡pum! ¡pum!», dice) o se percibirá lo más ínfimo. Pero el espacio ruinoso, la materia resquebrajada, desarticulada, descascarada de los espacios de cemento, los subsuelos que esconden la ruina, y el polvo, y la tierra, son los elementos que organizan el universo del cuento «Mi padre» pero también la materia de un muro que en «De caza» funciona para dividir lo real de lo imaginario, la verdad de la traición, el hastío por la realidad de la fantasía. En ese mundo también se abre una falla. Si todo cuento cuenta dos historias (pienso en la idea de Ricardo Piglia), una visible y otra que transcurre en los silencios y los intersticios, me parece que La lenta furia es en su totalidad una metáfora de esta idea del cuento. Cada historia guarda o debajo del mantel o en un subsuelo, o en cualquiera de estos espacios que lo cotidiano y lo visible ofrecen para silenciar u ocultar, la verdad de algo que no podría resolverse solo desde la superficie. En el lenguaje de Morábito se nota su oficio de poeta. Acude a las...

Teatro argentino –pero universal– en Madrid...

Tras una gira por España en mayo, el equipo de 1982 Obertura solemne, la obra teatral escrita y dirigida por Lisandro Fiks que habla sobre la Guerra de Malvinas, ha regresado a los teatros porteños. En Madrid se pudo ver en el Teatro Nuevo Norte y en el Teatro del Barrio. 1982: ese último año de dictadura militar en la Argentina y año en el que tiene lugar la Guerra de Malvinas. 1982: ese año que da una parte de nombre a la obra de Fiks; la otra parte es puro Tchaikovsky. Lisandro Fiks es autor, director y actor de esta obra. Interpreta a Martín, un joven un tanto ingenuo, que se propone partir de la Obertura solemne de Tchaikovsky para componer su propia sinfonía que cuente no ya la victoria rusa ante Napoleón sino la Guerra de Malvinas, con sus altos y caídas. Es domingo por la tarde en una vieja casa porteña. Victoria (Romina Fernandes) está tomando mate y leyendo. Estudia sociología y milita en su facultad (que no hace falta aclarar que pertenece a la UBA). Su novio, Martín, intenta concentrarse y avanzar en su composición musical. Una pareja izquierdosa-revolucionaria-intelectualoide que choca de vez en cuando porque en esa casa hay mucho ego. De repente, tocan el timbre y es Federico, el hermano de Victoria (Darío Dukáh), que acaba de llegar en un taxi que tuvo un percance. Está lloviendo fuerte afuera. Por esas casualidades de la vida, resulta que el taxista (Christian Álvarez) que llevó a Federico hasta la casa de su hermana y cuñado es un ex combatiente de Malvinas. Entonces lo invitan a pasar, porque presuponen que puede ayudarle mucho a Martín con un relato inspirador para su composición. El presupuesto incluye recibir a Leonardo (el tachero) como...

La rosa ilimitada

Un libro arriesgado desde lo gráfico en su portada y hasta censurado en Facebook por la imagen que muestra.: una mujer desnuda de la cintura para abajo, a la que encima le falta una pierna. Pero desde la portada ya otra cosa, no solo riesgo: homenaje. Homenaje con su título a Roberto Bolaño, el escritor chileno que en 2666 creó un personaje escritor (Benno von Archimboldi) que escribe entre otros el libro La rosa ilimitada. En La rosa ilimitada de Carlos Maleno, el personaje-escritor/editor (Roberto Fate, sí, Fate, como el periodista de 2666) también escribe un libro. ¿Y a que no imaginan cómo se llama? Pues sí, La rosa ilimitada. Roberto Fate se obsesiona con una escritora argentina llamada Paula Boccia a quien, junto con su socio, deciden publicar. La invitan a Almería para firmar contrato o hacer los arreglos necesarios pero allí, además, se entretienen los tres yendo a un recital de poesía de Houellebecq, claro, ese escritor francés desgarbado que se refugia en su casa del sur español de cuando en cuando. Entonces Houellebecq es un personaje de Carlos Maleno y es también el título de uno de los capítulos de La rosa ilimitada. ¿De cuál de las rosas? Pues ese es el juego preferido de Maleno, me atrevo a pensar: desconcertar al lector con un juego permanente de ficción dentro de la ficción donde nunca se acaba de saber si los acontecimientos y sucesos que se narran, se narran en la “macro-novela” o en la novela dentro de la novela o acaso en recovecos o resquicios de alguna de ellas. Porque además de ficción y metaficción hay ensoñaciones, supuestos, presagios, sueños repetitivos, alucinaciones, que siguen estando en el universo de lo no-real incluso dentro de la propia ficción (porque siempre hay...

El evento cultural más importante de América Latina...

Mientras en Sevilla está teniendo lugar su Feria del Libro anual, en la capital de la Argentina concluyó hace dos días el que se considera el evento cultural más importante de América Latina: la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Cuando el verano porteño se retira de a poco (y este año más lentamente que de costumbre) para darle lugar a la llegada del otoño, la Feria abre sus puertas en el predio de La Rural y durante tres semanas recibe alrededor de 1.200.000 visitantes que se pierden por pasillos y stands pero se encuentran y se topan con libros en una superficie de 45.000 metros cuadrados. Del 23 de abril al 11 de mayo pasados se desarrolló la 41ª edición de este mega evento que entusiasma a profesionales y al público general por igual. Hay algo de sol afuera. El otoño se resiste. La Feria brilla. Los pabellones verde, amarillo y azul se alzan sobre alfombras. Las salas ofrecen actividades. La programación promete invitados nacionales y extranjeros. México tiene protagonismo porque es el país invitado de este año. Y Aladar está en Buenos Aires. Me siento en una pizzería dentro del predio de la Feria y en esa mesa, bajo una sombrilla, espero a Pablo Perelman, economista argentino especializado en industrias culturales y en particular en la industria del libro, para entrevistarlo. Sé que puede darme respuestas muy precisas, pues realizó por encargo de Comisión Económica para América Latina (CEPAL) los primeros estudios sistemáticos sobre las IC (Industrias Culturales) en la Argentina y coordinó el Foro de Industrias Culturales de la Secretaría de Industria. Fue, además, durante más de diez años Director del Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Metropolitano (CEDEM) en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Mientras...

Plataforma

Plataforma es esa novela de Michel Houellebecq que produjo ciertas reacciones en la crítica y los lectores, quienes no elogiaban precisamente ni a la obra ni a su autor. Es que Plataforma puede ser leída como un bodrio pornográfico. El bodrio de un misógino; también podría ser. Más de doscientas páginas son un bodrio que se salvan espaciadamente por algunas frases para subrayar. Sin embargo, no se puede negar que es una novela inteligente y valiente y que eso la hace muy propia de la voz, de la marca a esta altura, de su autor. Houellebecq dice lo que quiere y bravo. El problema no es él, creo yo, es que esta novela en particular realmente se siente como un bodrio por momentos. Habrá a quien le encante, claro. El tema central de la trama es el turismo sexual. Si bien la novela es (lo creo con convicción) una denuncia a la explotación sexual en el tercer mundo, sus personajes principales (Michel  y Valérie) viven de eso, explotan eso mismo, lo llevan al máximo, lucran con ello. Mientras tanto, se aman, y sobre todo, tienen sexo permanentemente; sí, sobre todo y no a solas, en muchas ocasiones en orgías o al menos una persona más. Páginas y páginas de descripciones explícitas de actos sexuales que se suceden uno tras otro sin descanso como si la esencia de la condición humana estuviera en la actividad sexual. Algunos encuentros rozan lo inverosímil o al menos parecen de película pornográfica de clase B o Z. Ellos se aman, pero de ese amor se habla a través de la carne. Veinte páginas antes de que termine el libro, la novela da un vuelco impresionante y ahí yo me recompongo, reconozco que mereció la pena todo el bodrio de...

La ridícula idea de no volver a verte...

La ridícula idea de no volver a verte es un libro espontáneo en algún sentido. Salió del encargo de otra cosa. La editora Elena Ramírez le encargó a Rosa Montero un prólogo para un brevísimo libro que sería el diario de Marie Curie. Pero el prólogo acabó en libro y el libro en apéndice: sí, en lugar de escribir ese prólogo, la autora de La loca de la casa escribió este libro en el que incluyó al final el diario de madame Curie como apéndice. Porque al comenzar a leer ese diario que Marie Curie escribió en los días posteriores al accidente que mató a su marido, Montero se enfrentó con la experiencia de esa otra mujer y la llevó a reencontrarse con la propia experiencia. No por nada Elena Ramírez le había encargado ese prólogo a esta escritora española y no a otra, porque sabía que cierto nervio se le tocaría a la también viuda Montero. No había escrito antes Rosa Montero sobre la muerte de su pareja Pablo Lizcano, y suponemos que no lo había hecho porque, como ella misma declara en La ridícula idea… «No me gusta la narrativa autobiográfica, es decir, no me gusta practicarla». Y sigue, y queda un poco la sensación de que además de que puede que no le guste, verdaderamente lo que le pasa es que le resulta difícil: «No es fácil saber dónde pararse, hasta dónde es lícito contar y hasta dónde no […]. La cuestión, en fin, es la distancia; poder llegar a analizar la propia vida como si estuvieras hablando de la de otro. Y aun así, ¡qué complicado!». Pero aun así, Montero se atreve, y habla de su duelo, como Marie habla en su diario del duelo por Pierre Curie. Dos mujeres...

Una vida subterránea...

Una vida subterránea es el último libro publicado de la escritora catalana Laura Freixas. Se trata de un diario que abarca desde 1991 a 1994. Es decir, ese género tan caracterizado por el presente continuo que siempre está en pasado porque se publica en futuro, es aquí obra de una autora (mujer) de las letras españolas, que como condición para publicar sus diarios había impuesto, junto a otra, que hubiera transcurrido más o menos esta cantidad de años (veinte aproximadamente) para darlo a la luz. La otra condición era no publicarlo íntegramente sino gozar de la libertad de la escritura y la creación en ese presente continuo con la tranquilidad de que en el futuro quitaría lo que le pareciera demasiado íntimo o no quisiera publicar. Y así ha sido; el pasado editado. Cuando Freixas escribió este diario tenía entre 33 y 35 años y básicamente eran dos sus grandes temas: la escritura y la maternidad. Da mucho juego… «plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro», qué curioso, porque la dedicación de Laura a sus plantas en el diario aparece con frecuencia. Otro: dar a luz un niño, dar a luz un libro. Y los juegos con el verbo «parir»: «esto es un parto» si algo se está volviendo complicado o se está demorando. En estos diarios esos dos temas compactados en uno es ahora la demora: se demora un bebé por dificultades a la hora de quedar embarazada (luego se demora porque siempre se demoran nueve meses); se demora la publicación de una novela porque hasta se demora su corrección (e incluso los amigos que van a dar opinión también se demoran, maldita hora). Y la demora coloca al sujeto (que la padece) en situación de espera, por ende, de imprecisión,...

El American Way of Life, con lo que ello implica Abr17

El American Way of Life, con lo que ello implica...

El cine americano de la década del cincuenta, el American Way of Life (o modo de vida americano), el Código Hays y los estereotipos en un film inquietante: Más poderoso que la vida. La familia tipo, pero una enfermedad que irrumpe en el hogar y desata la locura. Con la Biblia y tijeras en mano, un padre que cree que debe asesinar a su hijo. Pero al final, Hollywood, y un happy end inolvidable. Bigger Than Life (Más poderoso que la vida, 1956) es de esas películas que edulcoran al espectador con la felicidad del American Way of Life para a continuación impactarle un golpe que lejos de dormirlo lo despierte de ese sueño y le muestre una realidad pesadillesca, o sea, la vida misma. El comienzo de esta película no podría tensar más los elementos estereotipados que permiten mostrar ese estilo de vida americano: la ama de casa, el niño, la televisión, la cocina y sus electrodomésticos, el marido trabajador y la vida social con amigos por la noche. Todos estos elementos se entretejen de una manera maravillosa en una de las primeras secuencias de la película: el padre llega de trabajar, su esposa está en la cocina preparando la cena para los invitados que esperan, y el niño está en el salón mirando algo de vaqueros en el televisor que tiene el volumen bastante alto. Lo del televisor merece especial atención porque se trata de un planting, es decir, ese mismo elemento será clave en otra escena del final que también estará en relación con el padre y el hijo pero entonces en las antípodas de lo que simboliza en esta secuencia del comienzo: aquí el televisor los une, comentan sobre ese programa, padre e hijo están en comunión; al final el...

Las ciudades invisibles...

No sorprende que un libro de Ítalo Calvino lleve el adjetivo «invisible» en el título modificando a un sustantivo como «ciudades». Justamente, las ciudades, esos sitios que se visitan y se miran, pero no, no sorprende, porque Calvino nunca olvidó que los sentidos son cinco y no solo uno, que hasta una ciudad no se la conoce o se la reconoce por el sentido de la vista necesariamente, que quedan otros cuatro. De Calvino, que comenzó a escribir un libro sobre los cinco sentidos en 1972, pero que no llegó a terminarlo (le faltó un cuento sobre el sentido de la vista y otro sobre el del tacto) no, no sorprende. Al final, quedaron recopilados en un libro titulado Bajo el sol jaguar tres cuentos sobre tres de los sentidos: el olfato, el oído y el gusto. Pero Las ciudades invisibles es otro libro, uno que a diferencia del recién mencionado no fue publicado de manera póstuma, pero que sin embargo ya trabaja algo de los cinco sentidos, ¿o acaso no? Que ya declaraba que para las ciudades no se trata solo del sentido de la vista. Marco Polo, mensajero y explorador veneciano, viaja y le cuenta al emperador de los tártaros, Kublai Jan, cómo son las ciudades. Pero el título ya lo dice: son invisibles. Ahí, en lo invisible, radica lo más narrable de las experiencias de Marco Polo. Por ejemplo, una ciudad de truque no lo es solo de mercancías; los trueques lo son también de deseos, de recuerdos… ¿A qué género literario pertenece este peculiar libro de Calvino? Podría leerse como un libro de poemas, pues el propio autor dice en la nota preliminar: «Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez...

El buscador de almas

El buscador de almas es esa novela que con un poco de psicoanálisis y otro poco de Cervantes alcanza ser una gran obra literaria de carácter satírico. Novela científica y novela humorística al mismo tiempo. El mismísimo Freud propuso el siguiente subtítulo para esta obra: «Una novela psicoanalítica», e incluso fue el encargado de publicarla tras defenderla de aquello de lo que se la acusaba: de ser pornográfica, entre otras cosas. Pero Georg Groddeck, fundador de la medicina psicosomática, lo tuvo claro desde el momento de la creación misma de la obra: su intención, incluso declarada, era efectivamente escribir una novela que presentara la teoría freudiana. El grito se puso en el cielo, pero «Freud-editor» le puso hasta subtítulo. August Müller, el protagonista de esta historia, está leyendo el Quijote, pero su hermana y su sobrina llegan a su casa para quedarse y de pronto hay chinches en los colchones y seguidamente contrae la escarlatina, entonces August Müller entra en la locura que le permite hacerse llamar de ahí en más Thomas Weltlein. Este hombre burgués bajo el nombre de Thomas emprende sus andanzas y ya no filtra su lenguaje: dice verdades absolutas que hacen reír a algunos y espantan a muchos otros. Se mete en líos y en los ambientes más insólitos, como un congreso feminista. Y todas y cada una de las veces no sólo opina sino que predica su verdad, que siempre está en relación con la libido y las cuestiones de la sexualidad. Si le tiene que dar nalgadas en el trasero a una niña desconocida durante un viaje en tren, se las da bien dadas. Su hermana se lleva las manos a la cabeza cada vez e intenta no perderle el rastro a este Thomas escurridizo que al final...

Mi perra Tulip

Después de leer Mi padre y yo, leer Mi perra Tulip resulta un poco decepcionante aunque no dejo de reconocer que es un gran libro. Es decepcionante porque en realidad las cosas más crudas y sinceras que declara Ackerley sobre la relación que tenía con su perra, esas que hay que ser valiente para confesar, son dichas en el primero de los libros y no en el segundo, que trata de la perra. Pero es un gran libro porque Ackerley (en general, en su obra) convierte la vida cotidiana, la vida familiar y las relaciones (no siempre humanas, como con Tulip queda claro) en pura literatura, en materia prima para una escritura exquisita. Mi padre y yo no es mejor que Mi perra Tulip porque diga cosas de Tulip mucho más privadas que el propio libro sobre Tulip (como, por ejemplo, si le presionaba la vulva para darle placer sexual); es mejor porque es una biografía más sólida, porque carece de aspectos naif que en la segunda aparecen, porque es descarnada y porque maneja los tiempos de la narración de una manera magistral, infundiendo intriga incluso por momentos. En cambio, Mi perra Tulip es un bello libro, excelentemente escrito, que abarca menos (pero no necesariamente porque hable sólo de ella) y que cuestiona menos el mundo, aunque no deja de hacerlo del todo. Es sabido (por medio de sus propias obras) que Ackerley tuvo serios problemas en el amor, y que al fin, ya de mayor, encontró a su más fiel compañera (y al amor) en esta perra que tanto amó. Pero lo maravilloso es que nos cuenta una historia de amor mutuo. Y aunque Tulip no puede hablar, le creemos, le creemos que ella también lo amó a él. La mayor parte del...

Amor o lo que sea

Una novela circular: Blanca cuenta una historia que le sucedió hace veinte años. Blanca en presente, cuarentona, en una entrevista, y entonces Leonardo Vlach; Blanca en el pasado, veinteañera, entendiendo (o tratando de…) la libertad y el amor, y entonces Leonardo Vlach; Blanca en el presente, cuarentona, en el supermercado, y entonces Leonardo Vlach. Esta es la estructura de la narración de un capítulo de la vida de Blanca (que es toda la novela) narrado en primera persona. El capítulo podría llamarse Leonardo Vlach (la novela se llama Amor o lo que sea) pero es mucho más que eso, es un tramo de la vida y cómo vivirla cuando se es joven, cómo ser escritora cuando todavía no se es, cómo trabajar en el mundo editorial cuando es tan vanidoso, cómo solucionar las goteras del techo sin el teléfono de un albañil, cómo vestirse para seducir o para aparentar ejecutiva, cómo decir y hacerse escuchar, cómo amar y hacerse amar. Blanca acaba de terminar la Universidad y su vida está vacía, no quiere leer lo que otros escriben, quiere escribir ella, pero por el momento hace lo primero porque trabaja para una editorial literaria, empleo que le permite pagarse una buhardilla en Barcelona. Vive en el Raval…, y asoma la voz y la persona de la propia Laura Freixas cuando se lee la cuestión catalana sobre el origen y la pertenencia, es decir, el no-anonimato propio de Cataluña: qué apellido, a qué colegio, de qué barrio…, para diferenciar los unos de los otros. Pero la vida de Blanca deja de estar sumida en el hastío cuando aparece en su vida Leonardo Vlach, un argentino exiliado por razones políticas (feroz golpe militar que comenzó en 1976) y afincado en Toulouse. Aparece la Buenos Aires de...

CUANDO LA OTRA MUJER HACE ESPEJO Mar10

CUANDO LA OTRA MUJER HACE ESPEJO...

Otra mujer es una de las películas de Woody Allen que se apartaron de la comedia. El modo en que plantea la cuestión humana del sentido, las carencias, el vacío; hace pensar en Lacan. La Otra mujer como la noción del Otro en el pensador francés. Woody Allen es una marca que entre cosas nos comunica su virtud de engendrar una película por año. Aunque bien fue relacionado durante mucho tiempo con la ciudad de Nueva York, sabemos que en las últimas películas ha elegido distintas ciudades de Europa para transformarlas en escenario de sus nuevas historias. Es también un genio de la comedia. Con personajes extremadamente neuróticos ha construido tramas inteligentes cuyos protagonistas son intelectuales en conflicto con sus parejas, familia (sobre todo madre, hijos o ex esposo o esposa) o fantasmas personales. Psicoanálisis y óperas de fondo, mucha influencia del cine de Bergman y Fellini (para aprender de ellos o copiarlos u homenajearlos) y diálogos a la altura de la intelectualidad de ese mundo de snobs y sofisticados que hacen de la vida una pieza de análisis; son algunos de sus elementos característicos. Pero Woody Allen es también autor de dramas. Aunque es cierto que la mayoría de las obras que componen su filmografía pertenecen al género de la comedia, otras, probablemente aquellas películas donde más evidente se hace Bergman en lo estético, son dramas. Otra mujer (Another Woman) es una de sus películas dramáticas. Tiene a Mia Farrow de actriz, como en tantas otras, y, también, a Gena Rowlands, la musa de Cassavetes. Otra mujer es una película justa y precisa. Un discurso que tiene lugar en una terapia (aparentemente lacaniana) dispara en otra mujer (Gena Rowlands) los mismos interrogantes, u otros, igual de angustiantes o existenciales, que los que plantea...

Mi padre y yo

Mi padre y yo es una extraordinaria autobiografía del escritor inglés J. R Ackerley a quien esto de escribir libros sobre él mismo y sobre miembros de su familia se le ha dado muy bien. Uno siempre se pregunta: ¿qué importancia puede tener lo privado en la literatura?, ¿cómo logra cobrar eso relevancia?, ¿con qué mecanismos se consigue despertar en el lector interés por ámbitos tan privados de gente corriente? Y es que una respuesta podría ser que eso mismo es literatura, siempre y cuando se sepa hacer literatura, y Ackerley sí que sabía. A la literatura se le ha atribuido varios sentidos, y uno muy reiterado arriesga que a través de la literatura se puede comprender algo de las relaciones humanas. Después de todo… ¿por qué sería más viable una historia completamente inventada que una autobiografía, que toma la historia propia? Esto de escribir sobre él mismo y su familia se materializó no solo en esta novela sobre el padre sino en otros dos libros: Mi hermana y yo y Mi perra Tulip. Sobre la existencia de otras obras del autor, el lector se entera, si antes no lo sabía, en la lectura misma de Mi padre y yo donde Ackerley menciona las ya escritas al momento de la redacción de estas memorias en la década del 60 (cuando el autor ya era una persona bastante mayor): The Prisoners of War, una obra de teatro, y Vacación hindú, las memorias de su viaje y experiencia personal en la India, donde trabajó para un maharajá. Mi padre y yo es una autobiografía que intenta todo el tiempo no salirse del tema, es decir, no olvidar que está siendo escrita para hablar de él mismo siempre que sea en relación a su padre y para...

Se está haciendo cada vez más tarde...

Se está haciendo cada vez más tarde es desde el título un libro sobre el tiempo. No es una novela, porque no tiene unidad alguna aunque sí elementos que se repiten y sobre todo un leitmotiv. Tampoco es un libro de relatos. Responde al género epistolar. Son dieciocho cartas y una decimonovena que a diferencia de las anteriores está escrita por un personaje femenino, y que es la carta dentro de una carta (dentro de la última, que además se distingue porque es la que lleva el título que da nombre al libro). Sobre esta pequeña carta dentro de la última carta, o carta número diecinueve, el propio autor comenta al final del libro, en una especie de epílogo o postfacio (que no en vano se titula «Post-Scriptum»), que la sustrajo de una novela que aún no ha escrito. El leitmotiv es ese hombre nostálgico, al que ya le han pasado los años, que le escribe a una mujer que perdió (en cada carta esa pérdida puede darse por razones diferentes, como huida, suicidio, ruptura, muerte…) porque a pesar de los años y de estar en el mundo triste y derrotado, se encuentra acabado pero ágil, viejo pero memorioso, callado pero escribiendo, por esa y a esa mujer ausente. Los elementos que se repiten son los paisajes mediterráneos, las descripciones que refieren a lo gastronómico, las ventanas, el champagne y el vino, la música, la poesía, los versos, la canción popular. Es un libro repleto de alusiones literarias y de un lenguaje extremadamente lírico. Se ha dicho de este libro que es pretencioso y puede que lo sea o lo parezca, tal vez y sobre todo por una cosa: porque permanentemente nos queda la sensación de que el narrador de cada carta quiere decir...

Hablar solos

Fotografía de Luis Ángel Gómez Hace poco discutía con un grupo de gente acerca de un cuento de un escritor español contemporáneo. Debatíamos varias cosas, como la voz del narrador o la estructura de la narración, pero una de las preguntas más interesantes que surgió fue: ¿a quién le está contando esta historia el narrador? Es una pregunta que cabía frente a ese texto pero que puede caber también ante muchos otros de la literatura. ¿Por qué el narrador narra?, ¿a quién?, son preguntas que nos podemos o podríamos hacer durante la lectura de varias obras. En otras, en cambio, queda explicitado, por ejemplo, si se trata de una carta, de una confesión, de una declaración, de un diario… Pero cuando no está explícito, cuando un narrador en primera persona habla y en la ficción no hay destinatarios propuestos, y quedamos solo nosotros, los lectores, aunque ya afuera de la ficción, ahí cabrían preguntas. ¿O nos queda la sensación de que quizá habla solo? Hablar solos de Andrés Neuman es una novela curiosa a este respecto: hay tres narradores, y cada uno narra de manera diferente y con intenciones diferentes. Se trata de una familia: padre, madre e hijo de 10 años. El padre narra de manera oral, le graba su relato al hijo. La madre narra de forma escrita, como un diario. El hijo narra mentalmente, ingenuos divagues mentales. Narran lo mismo (lo que sucede mientras tiene lugar un viaje del que participan solo padre e hijo) desde diferentes puntos de vista, y narran también lo diferente, lo propio, lo íntimo de cada uno. En Elena (la madre), la apreciación del mundo y de las cosas es salvaje; en Lito (el hijo), la voz es ingenua e inocente; en Mario (el padre), es...

Persona

Leer el libro Persona de Bergman (que no es lo mismo que leer un guión porque no se trata técnicamente de un guión) es volver a ver la película. Visualizar el texto en las secuencias y encuadres que el director ya eligió y ya conocemos. En este sentido, acota la imaginación que la lectura de un libro sobre el que nada vimos supone siempre; esa posibilidad de crear nuestras propias imágenes de un texto. Pero es Persona de Bergman, y puede ser que (solo es una posibilidad) leer este libro sea mejor que leer muchos otros que nos disparan imágenes propias. O se puede decir otra cosa de esta experiencia de lectura, algo que tenga más que ver con que el texto se diferencia de la película (en realidad sería al revés) en lugar de hablar de cuán idénticas se nos hacen las imágenes. El prólogo a la edición de Editorial Nórdica de Persona, escrito por Jonás Trueba, dice: «Se podría decir que el guión que se lee nunca es el mismo que se ve, y mucho menos este. Pocos guiones se alejan tanto de los tecnicismos propios del género y se acercan más al lector común de novelas». Claro, Persona no tiene el formato de un guión, se parece mucho más a una nouvelle o novela corta. Con la lectura de Persona pasaría algo similar a lo que sucede en la película cuando se combinan las caras de las dos actrices protagonistas: superponemos película a texto literario y nos queda una única obra, o una obra maestra única. Uno y el otro (similares entre sí pero diferentes) fundidos. ¿Y cómo está dicha en el guión esa superposición de rostros? Si al ver una película la mente creara texto como al leer un texto...

Tiempo de silencio

Leo un clásico de la literatura española y luego me pregunto: hasta qué punto es un clásico. ¿Es más clásico que Cela?, ¿menos que Sánchez Ferlosio? Se llama Tiempo de silencio y se me antoja que ese título es más una referencia contextual que intertextual: fue censurada en su época franquista. ¡Shhh!, silencio, hay cosas que no serán dichas. «Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos», dijo Ítalo Calvino hablando de los clásicos universales, pero Tiempo de silencio es bien española, bien de nuestra literatura y nuestras circunstancias políticas en tiempos de Franco. Entonces, a esta altura, ¿es ya un clásico entre los españoles haber leído esta novela de Luis Martín-Santos? Hay un protagonista: es Pedro, que intenta dedicarse a la investigación científica. Va a experimentar con una cepa de ratones para conseguir algo contra el cáncer. Colabora con él Amador, su ayudante, que lo guía hasta las chabolas madrileñas con el fin de conseguir allí esos pequeños roedores para la investigación. Pedro desciende a ese mundo de los bajos fondos, y por destino o ingenuidad queda allí “atrapado”, implicado. Pero además deambula por las noches madrileñas con su amigo burgués Matías, que sin embargo lo baja también al mundo de los prostíbulos. Cuando Pedro es inculpado de un delito que no cometió, desciende al mundo de la cárcel. Es decir, todo en Pedro es en descenso; caída libre. No hay una clase media ni un profesionalismo ni una ciencia ni un esquema familiar suficientes que lo sustenten. Pedro recupera su libertad, sí, pero paga una culpa que no tuvo con otra muerte ajena. Tiempo de silencio se me antoja en tres grandes momentos o episodios: el viaje a las chabolas y la vida nocturna y profesional de Pedro, hasta...

La gran ventana de los sueños...

Soñar con los ojos abiertos. Es una frase hecha que usamos para referirnos a nuestras fantasías o deseos en estado de vigilia. Luego está el soñar con los ojos cerrados, eso que hacemos mientras dormimos. Los ojos como ventanas del alma. Es otra frase hecha, para referirse a lo interior. Luego está La gran ventana de los sueños, frase también ya hecha, pero esta tiene autor: fue escrita por Fogwill, ese escritor argentino, un poco personaje un poco loco, que hace poco nos dejó. La frase es el título de uno de sus libros en el cual narra muchos de sus sueños. De los sueños de los ojos cerrados. Clasificación de los sueños de Fogwill en géneros: sueños sobre la entrega y la familiaridad, sueños de cementerio, el género de los sueños de mar, sueños de frustración, género de sueños de flotación que incluye sueños de vuelo y sueños de natación o vida acuática, sueños de retorno (al colegio, a la infancia, a la universidad: «Los sueños de retorno son, sin excepción, sueños sobre instituciones».), sueños kafkianos, sueños de altura y caídas, sueños de libertad, sueños opresivos, sueños recurrentes que siempre tienen la misma estructura, y sueños sobre eventos o gente importante que incluyen la presencia del ex presidente argentino Néstor Kirchner o García Márquez. Pero todos sabemos que del sueño al relato del sueño hay un gran trecho. Y que lo segundo es lo que hace posible hablar sobre la existencia de lo primero, del sueño mismo: no hay sueño (o es como si no lo hubiera) si no hay un relato sobre ese sueño. El sueño termina de existir a posteriori del momento mismo de su existencia, en el acto de recordarlo: «Pero soñar es recordar los sueños. Sin recuerdos no hay...

El autor con el pijama sin rayas...

Paco Roca es uno de los nombres que más suenan cuando hablamos de cómic en España. Arrugas lo lanzó a la fama porque la adaptación de ese cómic al cine hizo posible que el autor llegara a un público mucho más amplio. Recientemente acaba de salir al mercado su último libro: Andanzas de un hombre en pijama. Paco Roca continúa en su último libro lo que había comenzado con la entrega anterior, Memorias de un hombre en pijama, pues una vez más se trata de una recopilación de tiras humorísticas escritas en principio para ser publicadas en un periódico. El autor con el pijama de rayas, ese que le regalaron en una de las historias de Memorias…, se quitó ese a rayas y se puso uno liso como el primero que tenía. Ahora son sus andanzas y ya no sus memorias. Hojeo entonces Andanzas de un hombre en pijama, recientemente llegado a las librerías. Encuentro en esas hojas gags que heredan el humor de Memorias… Me río, me divierto. Reconozco rápidamente a la clase media española que tan bien retrata Roca en estas viñetas. Las tareas domésticas, las vacaciones, los viajes, el consumo, la mismísima vida cotidiana. La economía diaria, las trampas del sistema. Disfruto especialmente de los gags que retratan la imposibilidad de dar de baja un servicio en una compañía de teléfono y demás odiseas absurdas. Por supuesto, me identifico, soy también víctima de este mundo. Paso las hojas y descubro otro tema, que al igual que a los anteriores, como si le obsesionaran, el autor ya viene arrastrando de Memorias…: el proceso de escritura. Otro universo, diferente al corriente, pero con sus propios conflictos cotidianos: el problema de la inspiración, de la soledad del escritor, de la complejidad en la escritura...

La pasión según G. H....

Otra metamorfosis, sí. Es completamente diferente. Son cucarachas en los dos casos, sí. Pero en un caso para enajenar, en el otro para liberar. Gregorio Samsa (G. S) ahora es la cucaracha, G. H ahora también es la cucaracha, los dos se transforman. Pero en G. S es más una condena y una muerte; en G. H, una liberación, no tanto para trascender sino más bien para transgredir la trascendencia: para ser ahora. H es G.H, sabemos solo sus iniciales. Es la protagonista-narradora de esta novela de la escritora brasileña Clarice Lispector. Una novela articulada en cuestionamientos de carácter ontológicos para servir a un planteamiento metafísico. Una mujer burguesa que no se transforma en cucaracha, se des-transforma para poder ser. Se disuelve lo individual y lo presente: es una mujer para ser la mujer de todas las mujeres en el transcurrir de los milenios. Es tan primitiva como la especie a la que pertenecen las cucarachas. H viaja del salón de su piso burgués hacia el cuarto de la criada (de raza negra) y allí encuentra dos cosas que no esperaba (G. H esperaba encontrar desorden): una pintura en la pared donde se distinguen una mujer, un hombre y un perro, y una cucaracha en el armario. Su viaje es como un viaje a las cavernas (no lo digo yo, lo sugiere la propia G. H, y se hace evidente). Pero el viaje no es de la luz hacia la oscuridad ni de la riqueza hacia la pobreza. Es al revés. Una vez que entra allí y descubre a la cucaracha, G. H se desheroiza, se des-transforma (y hasta se deshumaniza) para ir de la oscuridad a la iluminación: a aprender qué es ser, qué es vivir. Para ello, el camino es el despojo,...

El amor conyugal

El amor conyugal es una novela corta de ritmo, trama y temática más bien clásica, frente a lo cual no está de más recordar que fue escrita en la década del cuarenta. El comienzo de la novela nos presenta a un feliz matrimonio burgués que goza de las comodidades del dinero y del amor correspondido. La historia es narrada por uno de ellos: el marido, Silvio. Por lo tanto, es al único punto de vista que como lectores podemos acceder. De ella no sabemos nada más que lo que él nos dice, aunque con descripciones demoradas: se trata de una mujer imponente, no por su belleza, dudosa, que se mantiene en el borde entre existir y no existir (una idea latente de la transformación y la deformación de la persona), sino por su fortaleza, por una presencia y una palabra sentenciosas. Y sin embargo, de ella todavía se puede saber algo más, de a poco, quizá antes que él, porque la novela es una trama con tensión in crescendo que nos arrastra a sospechar lo obvio. Tan obvio, que no voy a mencionarlo literalmente. Sin dudas, se trata de una trama pulcra: dos hilos -dos, ni más ni menos que dos- tiran de una misma marioneta. Son dos hilos que se entrecruzan si necesitan entrecruzarse, que van a darle movimiento a una misma figura. La figura es la trama, que baila por el movimiento acompasado y nunca independiente de los dos hilos. Si hubiera que otorgarles una palabra a cada uno de esos hilos serían «escritura» y «amor». El marido se propone (no sin presión por parte de su esposa Leda) escribir una novela basada en el amor de ellos a la que llamará El amor conyugal. Mientras tanto, o al servicio de ese...