Divagación médica en el quirófano Sep09

Divagación médica en el quirófano...

El lenguaje es el bien más importante y más universal que tiene el ser humano. Además, es, tal vez, lo único que podemos considerar un bien gratuito. Su uso –mejor, peor, desastroso o extravagante- nos hace ser grandes o nos condena a desaparecer. Es por ello que, desde ese territorio que ocupa el lenguaje, el mundo se puede dibujar con trazo más o menos fino, más o menos exacto. Porque la palabra debe llevar a la acción y la acción debe estar revestida de criterio. ¿Qué ocurre si no es así? Cuando se sienta usted a ver su serie médica favorita, espera que, al llegar la escena del quirófano, los médicos usen el lenguaje con la misma precisión que el bisturí: con el paciente al borde de la muerte, no es momento de divagaciones. En el quirófano, cada decisión y cada movimiento tienen una consecuencia inmediata. Por eso, si en ese momento el cirujano se dirige al ayudante con un: «tome usted la iniciativa y, de acuerdo con la estrategia global de este Centro, páseme el instrumento óptimo para alcanzar los ambiciosos objetivos que, en términos de beneficio para el paciente, hemos establecido para esta desafiante intervención», es más que probable que observe la escena con los mismos ojos de asombro que el ayudante. «Déme usted el instrumento correcto», viene a decir el jefe a los subordinados, ordenándoles que se den, de facto, las instrucciones a sí mismos. Si el ayudante acierta, es el jefe quien acierta; si el ayudante se equivoca, es el ayudante quien se equivoca. Si usted quiere un puesto para el que no está cualificado, lo mejor será que vaya practicando esta forma de hablar. No tendrá mucho problema en encontrar modelos a seguir. ¿Por qué algo que nunca aceptaríamos...

París no se acaba nunca...

Enrique Vila-Matas (Barcelona 1948) pretendía con París no se acaba nunca llevar a cabo una revisión irónica de sus días de aprendizaje literario en el París de los años setenta. En algún momento dice, citando a Pascal, que «lo último que se encuentra escribiendo una obra es aquello que ha de figurar al principio». Muy pronto Vila-Matas nos descubre su hallazgo: «la ironía juega con fuego y, al burlar a los demás, a veces acaba burlándose a sí misma». Es fácil concluir que esa ironía que se burla a sí misma sea tan solo esa mirada entre sarcástica y compasiva que el Vila-Matas maduro arroja sobre el Vila-Matas joven, no obstante, la verdadera ironía que subyace en el texto acaba por prevalecer: la constatación de que el aprendizaje literario es un interrogante que crece a medida que se formula. Y la primera víctima de esa ironía es la línea que, sobre el papel, separa los territorios de la ficción y la realidad. Vila-Matas se esfuerza en hacer creíble la impostura que supone estar simultáneamente a ambos lados; no solo al usar la distancia temporal para convertir en ficción el joven que fue, sino también al recordar el empeño de aquel por «tratar de llevar una vida de escritor», por convertirse en Hemingway. Lo que asombra primero al autor y luego al lector es que el desarrollo de los acontecimientos en la narración acabe por darle la razón al revelar los túneles invisibles que conectan ambos territorios. El hecho de que el texto sea autobiográfico no hace sino acrecentar la sorpresa al constatar que en ocasiones el relato precede a la experiencia. La explicación habría que buscarla en la mirada que se desarrolla a partir de una pregunta que no interroga al hombre sino a...

Manera de una psique sin cuerpo...

Explica Borges que en el zen, la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de nuestros hábitos mentales y nos prepara para ese súbito relámpago de intuición: el satori. El mismo autor nos refirió: “escribir no era tarea de Macedonio Fernández. Vivía (mas que ninguna otra persona que he conocido) para pensar. Diariamente se abandonaba a las vicisitudes y sorpresas del pensamiento, como el nadador a un gran río, y esa manera de pensar que se llama escribir no le costaba el menor esfuerzo”. Desconfiado de la erudición y del conocimiento, enamorado del pensar (“escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haberse leído tanto”), Macedonio Fernández (1874-1952) tiene algo de místico oriental –echado a perder por la negación de Dios y un irrefrenable ingenio humorístico–, e igual que sucede con estos, sus cuentos, poemas y metafísica tienen por interlocutor a nuestra percepción intuitiva mas que a nuestro presunto raciocinio. Los aforismos del Tao Te King chino nos interrogan con construcciones verbales que eluden toda lógica –es decir niegan toda lógica–. Los escritos de Macedonio desarrollan las posibilidades de esos mismos mecanismos: rechazan nuestras expectativas y en su lugar se nos otorga la responsabilidad de hacer frente a la vía que se apunta como acceso a una nueva inteligibilidad del Ser (palabra tan desgastada hoy y tan fundamental en Macedonio.) Persona descreída de la historia (“en vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1º de junio”) y, por lo tanto, de la autobiografía –en definitiva de cualquier explicación del ser a partir de la memoria de un pasado que se recuerda hoy–, Macedonio no admite más verdad que una ensoñación sin causa externa que localiza en una psique para la que...

Ensayos Críticos

El acercamiento a Bruno Schulz desde la vertiente ensayística ilumina su obra sin revelar (ni abandonar) el misterio que toda palabra poética significa. Es el mismo autor quien –de manera indirecta– elabora algo parecido a una hermenéutica de su obra, en parte mediante los escasos textos referidos a su propia narrativa, y sobre todo por lo que de él descubre su precisa –y clarividente– mirada de lector. Un puñado de textos justifica sobradamente la necesidad de este libro: la teoría poética de Schulz –y cierta concepción del mundo que ella encarna– está inscrita en estos ensayos. Se ha dicho de Schulz (como de sus colegas Witkiewicz y Gombrowicz) que era un demiurgo de la forma. Es posible, aunque a estas alturas las rémoras que se han adherido al casco de esa palabra han acortado sustancialmente su alcance significativo. Al referirse a Schulz es preferible hablar de sentido. Así lo deja ver en La mitificación de la realidad: Lo esencial de la realidad es el sentido. […] Las antiguas cosmogonías expresaban esto con la sentencia: “En el principio fue el Verbo”. Lo que no es nombrado no existe para nosotros. […] De ahí esa tendencia en ella [la palabra] a regenerarse, a retoñar, a completarse para regresar a su sentido entero. La vida de la palabra consiste en que tiende hacia miles de combinaciones. O razonando lo mismo de otra manera: es muy probable que la palabra anteceda al sentido y, por lo tanto, se impone la necesidad de experimentar sus formas diversas si se quiere llegar a algún tipo de conocimiento. La forma es, de este modo, el escenario en el que se desarrolla esa investigación, y es, al mismo tiempo, una ofensiva en toda regla contra los usos positivistas del lenguaje: esos que...

La segunda ley de Newton puede ser una historia de amor Mar17

La segunda ley de Newton puede ser una historia de amor...

En nuestra cultura es difícil distinguir entre imaginación y fantasía. Se da por supuesto que la segunda es la madre de la primera. Sin embargo, para desarrollar la imaginación existe otro camino, igual de fructífero, pero mucho más transitable y asequible a todo el mundo: la atención. Todo lo que necesitamos está a nuestro alrededor; solo necesitamos entrenar la mirada. Piense en un color, cualquier color, y mire a su alrededor. Se sorprenderá. Si la inspiración es algo así como una «visión repentina», hay dos aspectos que la limitan o la bloquean: una idea equivocada de qué es la imaginación, y una atención focalizada en nuestros pensamientos. Cambiar ambas está a nuestro alcance, porque ambas están relacionadas con el acto de mirar, con el acto de ver. Estamos tan ciegos a lo que nos rodea como lleno el mundo que pasamos por alto. Para desarrollar la inspiración basta con afinar la mirada. Uno puede forzar a las palabras a decir lo que queremos, pero también podemos ser instrumentos al servicio de la palabras. Podemos dejar que sean ellas las que nos vayan señalando el camino –y aquí la atención es clave-. Para la mayoría de nosotros, este es el camino de la creatividad: es el acto de escribir el que nos irá mostrando el camino si aliviamos el control, si desarrollamos la capacidad de ver las puertas que se abren a los lados de lo que creíamos que queríamos contar; si aprendemos a abandonar el camino trazado y atravesar esas puertas que se abren. La creatividad es conducir por la autopista y tomar un desvío simplemente porque hay algo en un cartel que nos llama la atención. Igual que sucede al conducir, no necesitamos pensar todo el tiempo en nuestro destino. A ratos podemos...