SOMBRAS Y LUCES DE UNA MENTE PRIVILEGIADA, SEGUNDA PARTE Mar17

SOMBRAS Y LUCES DE UNA MENTE PRIVILEGIADA, SEGUNDA PARTE...

Continuamos con el especial sobre el director de cine que comenzamos en el número anterior. Hicimos punto y aparte en Misterioso asesinato en Manhattan, donde Allen experimenta con la comedia y el suspense. De diálogos frenéticos y ritmo alocado, supone el inicio de una nueva etapa, la segunda parte en la vida del genio creador. De Balas sobre Broadway a Magia a la luz de la luna, hay un largo camino en el que no todo han sido rosas, pero si una cosa está clara es que a Woody Allen aún le queda carrete para largo. El mago todavía no ha sacado su último conejo de la chistera. Todo comienza con una panorámica de Nueva York desde el aire. De fondo, Bobby Short crea ambiente con la versión de una famosa canción de Cole Porter –I happen to like New York, I happen to like this town. I like the city air, I like to drink of it… The more I know New York, the more I think of it– música e imagen se mezclan una vez más para recrear ese amor por la ciudad que llena cada fotograma del cineasta. Luces, rascacielos y coches recorren las arterias de la gran manzana. La música se detiene y de repente ahí están, Diane Keaton y Woody Allen juntos de nuevo. Así comienza Misterioso asesinato en Manhattan. Después, el detonante: una conversación de ascensor que desemboca en unas copas en casa de sus vecinos, los House. Todo marcha con normalidad, Woddy Allen está incómodo, Diane no para de cascar y todo el mundo habla sin escuchar al que tiene al lado. La pareja encarna al matrimonio formado por Larry y Carol, él tan neurótico como siempre y ella atrapada en el aburrido rol de ama de...

SOMBRAS Y LUCES DE UNA MENTE PRIVILEGIADA WOODY ALLEN, PRIMERA PARTE Mar10

SOMBRAS Y LUCES DE UNA MENTE PRIVILEGIADA WOODY ALLEN, PRIMERA PARTE...

“Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba”. Así hablaba Isaac Davis, protagonista de Manhattan. Hay algo de mágico y fílmico en las grandes ciudades. Muchos cineastas han querido rendir homenaje a las calles de su vida, pero nadie lo ha hecho como Woody Allen, o por lo menos, nadie ha sido capaz desde que comenzó su carrera como cineasta en 1969. Manhattan es quizás la mayor poesía en imágenes hecha a una gran urbe, es un Annie Hall en blanco y negro, una infinita instantánea en movimiento. Su génesis parte de una cena entre Allen y el director de fotografía Gordon Willis, un encuentro entre amigos unidos por el amor al skyline que les vió nacer como artistas. Aunque Woody Allen nació en Brooklyn, es al otro lado del río Hudson donde él encontró su mayor inspiración. Broadway, los locales de música en directo o sus largas avenidas aparecen de manera recurrente en sus películas. Es difícil entender a Allen sin Nueva York o a Nueva York sin Allen. Los dos forman parte de un todo aderezado siempre con los mejores clásicos del jazz. Es Allan Stewart Königsberg un erudito en la materia. Desde su pseudónimo, Woody Allen, que tomó del clarinetista Woddy Herman, hasta su afición por este instrumento, todo pasa por la música en su cine. Busca y rebusca en los viejos temas de gramola para poner banda sonora a sus películas. De Judy Garland a Fred Astaire, pasando por Benny Goodman, Glenn Miller o Artie Shaw, escuchar sus películas con los ojos cerrados se convierte también en una suerte de cine en braille por su manera de acertar a la hora de recrear ambientes. Allen fue un niño judío, el hijo varón de un matrimonio de orígenes...

Descubriendo a Fredi Leis: verso, pudor y lágrimas Ene27

Descubriendo a Fredi Leis: verso, pudor y lágrimas...

Allí donde lo dejaron Sabina, Aute o Serrat, hay una nueva generación de voces intimistas reinventando la poesía. Sin desmerecer a los grandes, podemos decir que vivimos una segunda época dorada de la canción de autor. Pero en este revival son pocos los que sorprenden de verdad, y sólo con uno he experimentado el amor a primera escucha. Le conocí entre copas y al calor de las buenas amistades. Era 4 de septiembre en el Libertad 8. Madrid todavía olía a verano y a mí me llevaban a un concierto con el corazón a flor de piel. El músico se llamaba Fredi Leis y me habían dicho que en cuanto se subiera al escenario le iba a querer. El salón estaba lleno y mi amiga Julia no paraba de hablar de las noches que había compartido con él en Santiago, y es que después entendí que cuando Fredi canta, te está cantando a ti, sólo a ti, y ya no existe nadie más en el bar. Es difícil ordenar las ideas para hablar de este coruñés. Con 26 años parece que ha vivido todos y cada uno de los sabores y sinsabores del amor. Escucharle es desnudarse y asumir que te va a doler el alma, que probablemente vas a volver a casa tocada y hundida, recordando todas las veces que alguien te obligó a querer sin querer. Fredi Leis es delicado y sutil. Juega con las palabras para poner letra a eso que llamamos estar enamorado. Suena a Ismael Serrano, a Andrés Suárez y a Marwan, pero es él. Él y su piano; y tú; y tu vida frente a ti, con toda su dureza y sin contemplaciones. Fredi te abre y te cierra, te remueve por dentro y se pasea por esos...

The Folie Diamond, música para las Cruzadas del siglo XXI Ene13

The Folie Diamond, música para las Cruzadas del siglo XXI...

En el Madrid más moderno y underground, allá donde peregrinan hipsters y alternatas de provincias, el Madrid de las caretas y los nuevos comienzos, todavía quedan personas que se salen de la norma para vivir y actuar desde el corazón. Es el caso de los chicos de The Folie Diamond, un quinteto nacido en el kilómetro cero peninsular que llegó en 2014 para recordarnos que todavía se hace algo más que música de garaje en la capital. Madrid es hoy un reino punk, de guitarras crudas y sonidos estudiadamente imperfectos. El todo vale está de moda y la noche suena a rebeldía juvenil. En este ambiente se conocieron Fran, Antonio, Mario, Javi y José, cinco chicos que aparentemente no tenían nada en común más allá de un amplio bagaje musical. 2012 es su punto de partida. En Aranjuez, Fran y Antonio, dos amigos de toda la vida, empezaban a hablar de cambiar las cosas mientras escuchaban a The Doors, Pink Floyd o a The Stranglers. Estos grupos hicieron mella en su subconsciente mientras poco a poco empezaban a componer lo que más tarde sería The Love Yihad, su primer EP. Juntos, escribieron las cinco canciones que componen el álbum. El local de grabación fue un espacio casero propio de músicos amateur. El resultado, sin embargo, fue un trabajo inesperadamente profesional. Lo hicieron solos, todavía no habían pensado en Javier, con quien Antonio había tomado contacto en la Escuela de Música Creativa. Fue en marzo de este año cuando abrieron su bandcamp y empezaron a sonar como alternativa a la música imperante del momento. Para entonces, The Folie Diamond estaba ya al completo y empezaba su periplo por pequeñas salas y algún que otro festival nacional. En su “Guerra Santa” hay mucho teclado, mucha psicodelia...