UN MUNDO EN CLAROSCURO: DIEZ GRANDES CLÁSICOS DEL CINE NEGRO Sep26

UN MUNDO EN CLAROSCURO: DIEZ GRANDES CLÁSICOS DEL CINE NEGRO...

El cine negro o film noir comparte elementos con otros géneros afines como el de gánsters o el de suspense, pero tiene ciertos rasgos propios. Mediante una fotografía expresionista,  retrata con un tono desencantado a una sociedad que, a raíz de la segunda guerra, vio crecer la delincuencia y difuminarse la línea que separaba los dos lados de la ley. En este artículo, damos unas cuantas pinceladas sobre diez grandes clásicos del género. LAURA (Otto Preminger, 1944) Relata la investigación del asesinato de una bella mujer (Gene Tierney), de cuya imagen idealizada se enamora el policía encargado del caso (Dana Andrews). El director consiguió una conjunción perfecta de forma y contenido. Creó una atmósfera de ensoñación gracias a  una envolvente partitura, al magnético retrato al óleo de la protagonista y a una iluminación llena de matizados contrastes. Estos elementos evocan a Laura de una forma tan obsesionante para el público como para el detective. Fue un milagro que esta obra maestra llegara a buen puerto porque sólo su creador tenía fe en ella. Afortunadamente,  Otto Preminger era tan testarudo como su nombre sugiere y logró hacerse con las riendas del proyecto y plasmar su visión. Uno de sus mayores aciertos fue apostar por el peculiar Clifton Webb para dar vida al mentor de Laura, ya que sus cínicos comentarios y su petulancia aderezan la función. PERDICIÓN (Double indemnity, Billy Wilder, 1944) Un vendedor de seguros se enamora de una mujer casada y juntos traman el asesinato del marido para cobrar su póliza de vida. La historia no es el colmo de la originalidad, pero Wilder supo contarla a su manera, luciéndose en lo que mejor se le daba, el guión. Colaboró a este fin con Raymond Chandler, el rey de la novela negra. Escribieron...

SÓLO DOUGLAS SIRK Y EL CIELO LO SABÍAN Sep13

SÓLO DOUGLAS SIRK Y EL CIELO LO SABÍAN...

El realizador alemán Douglas Sirk fue capaz de captar y de retratar con visión crítica las características de la burguesía norteamericana de los 50. Así lo hizo entre otras en Solo el cielo lo sabe, una de sus grandes películas. Podemos apreciar su legado en obras contemporáneas como Las Horas, Lejos del cielo, Revolutionary Road o Mad men ya sea por la aproximación al tema de la frustrante situación del ama de casa en la postguerra o por el tratamiento estético. En Sólo el cielo lo sabe (All that heaven allows, 1955), una viuda de mediana edad de un barrio residencial norteamericano (Jane Wyman), se ve presionada para asumir una vida solitaria y convencional porque sus hijos y su entorno no toleran que se haya enamorado de un jardinero más joven que ella (Rock Hudson). Por su parte, él es afín a los postulados de Thoreau sobre la conveniencia de una existencia sencilla y en contacto con la naturaleza y trata de animarle a casarse con él y vivir lejos de la ciudad. La protagonista se debate angustiada entre las voluntades de unos y otros sin saber qué hacer, porque no le han educado para adoptar decisiones en las que pueda tener en cuenta sus propias necesidades. Desde la distancia de su Alemania natal, el realizador Douglas Sirk admiraba profundamente los Estados Unidos. No obstante, cuando se vio obligado a emigrar a dicho país huyendo de la persecución nazi dada su condición de judío, acabó llegando a la conclusión de que el sueño americano, sin ser una quimera, se había ido parcialmente resquebrajando. Le resultó duro empezar a trabajar casi de cero en su país de acogida cuando ya era un conocido director en Europa. Pero aunque durante una década sufrió humillaciones y reveses, gracias...

HISTORIA DE UNA MONJA Jul27

HISTORIA DE UNA MONJA...

Antes de Historia de una monja, Audrey Hepburn había dado vida a jóvenes ingenuas, encantadoras y elegantes. En esta película y gracias a la brillante dirección de Fred Zinnemann, demostró que era capaz de bordar un complejo personaje de agitada vida interior. Fred Zinnemann fue uno de los numerosos judíos centroeuropeos de gran talento que aterrizaron en Hollywood en la época dorada. En la obra de este suave pero tenaz austriaco apreciamos que le interesó tratar la resistencia en dos acepciones. Tanto en cuanto fortaleza del individuo que trata de preservar su integridad frente a la presión social o de las instituciones para amoldarle a determinados patrones, como el fenómeno histórico de la Resistencia frente al invasor nazi durante la II Guerra Mundial. En Historia de una monja (The Nun’s Story, 1959) el director aunó ambas temáticas, narrándonos los avatares de una religiosa belga, la hermana Lucas, que en un periodo entre la década de los veinte y los comienzos de la II Guerra, vive entre Bélgica y el Congo Belga. Su vocación por la atención a los enfermos supera con creces su compromiso con los ritos eclesiásticos. Por ello, se debate desesperadamente a lo largo del metraje, tratando de conciliar las exigencias de su conciencia con el voto de obediencia, hasta que dicha lucha culmina cuando debe decidir si permanecer neutral ante la invasión nazi, como le demandan sus superiores, o unirse a la Resistencia. La novela en que se basó la película, inspirada a su vez en una mujer real que finalmente decidió volver a la vida secular, abordaba una cuestión delicada para la década de los 50. La productora Warner Brothers contrató a Zinnemann porque tenía justa fama de tratar con honestidad combinada con diplomacia materiales controvertidos. Así, años antes, había...

DE LA RIVIERA FRANCESA  A LA CAMPIÑA INGLESA Jul03

DE LA RIVIERA FRANCESA A LA CAMPIÑA INGLESA...

La octava mujer de Barba Azul y El pecado de Cluny Brown son dos obras menores de Ernst Lubitsch pero aun así tocadas por la varita de su ingenio. En ellas se aprecia que el realizador alemán contemplaba Europa con una mezcla de añoranza e ironía. La Europa que retrataba Lubitsch brillaba de sofisticación y elegancia pero también padecía un obsoleto clasismo al que el cineasta sabía sacar punta. Frente al viejo continente, mostraba a Norteamérica como un lugar en el que, pese a que la clase y la educación eran bienes escasos, florecían las oportunidades y cualquier individuo con astucia, capacidad de trabajo y ambición podía labrarse un provenir, con independencia de sus orígenes. Dos de las películas consideradas menores del realizador que ponen en evidencia esta contraposición son La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard’s eigth wife, 1938) y El pecado de Cluny Brown (Cluny Brown, 1946) En La octava mujer de Barba Azul, Gary Cooper es un multimillonario norteamericano de paso por la Riviera, que se siente atraído por una noble francesa venida a menos, dotada del irrepetible encanto de la gran Claudette Colbert. Ella es la encarnación del chic continental y él es brusco y arrogante pero indiscutiblemente apuesto. La batalla de sexos comienza. En esta ocasión, Lubitsch no fue capaz de mantener el “crescendo” de sus mejores obras y tras una hilarante primera parte, la segunda mitad de la comedia decae. Sin embargo, hay bastantes componentes de esta película que valen la pena. Lo mejor de este divertimento se concentra en la primera escena, en la que la pareja se conoce en una tienda cuando él pretende comprar la camisa de un pijama y ella se conforma con los pantalones. La ocurrencia fue de Billy Wilder, que fue coguionista...

EJEMPLOS DEL TOQUE LUBITSCH, SU HUELLA EN LA COMEDIA  Y ELOGIO FINAL Jul03

EJEMPLOS DEL TOQUE LUBITSCH, SU HUELLA EN LA COMEDIA Y ELOGIO FINAL...

El ingenio de Ernst Lubitsch trascendió su obra y sus recursos humorísticos inspiraron la filmografía tanto de grandes realizadores del cine clásico como Billy Wilder o Preston Sturges como la de cineastas contemporáneos como Woody Allen o Nora Epfron. EJEMPLOS DEL TOQUE LUBITSCH El “toque Lubitsch” tenía distintas manifestaciones, desde la pura metáfora o elipsis visual hasta la reiteración de situaciones absurdas con giros inesperados a medida que se repetían. Era habitual que se remataran con un genial “top the topper”, que significa algo así como “poner la guinda sobre lo mejor”. Consiste en sacar el máximo partido a una situación cómica de forma que, cuando parece que ya se ha acabado, se logra la nota final para provocar la máxima hilaridad del espectador.  En “La octava mujer de Barba Azul”, un millonario caprichoso quiere comprar sólo la parte superior de un pijama y su estrambótica petición genera una divertidísima crisis en la tienda. El dependiente pregunta qué debe hacer al jefe de sección y éste al responsable de la tienda. La culminación final se produce cuando éste llama al dueño. El mismo atiende enfadado al teléfono porque se encontraba durmiendo. Se indigna aun más ante la extraña solicitud y se niega a acceder a la misma. Cuando cuelga el teléfono, la cámara nos permite ver que no lleva los pantalones del pijama… Dados sus comienzos en el cine mudo, Lubitsch empezó dominando el gag visual, que incorporó luego a sus películas sonoras. Dentro de éstas, podemos encontrar  escenas silenciosas cargadas de insinuación, como los planos de puertas cerradas tras las cuales se adivina un encuentro amoroso o se destapa un triángulo. El realizador fue sumando el humor verbal, para acentuar el divertimento. Así, orquestaba escenas en las que lo que veíamos y escuchábamos...

ERNST LUBITSCH: SU TOQUE Y SU OBRA Jun27

ERNST LUBITSCH: SU TOQUE Y SU OBRA...

Lubitsch era un mago con la chistera llena de ingenio. Su legendario “toque” es junto con el “MacGuffin” de Hitchcock, el único recurso cinematográfico que ha generado un concepto específico para designarlo, que permanece eternamente vinculado a su creador. Cuando Ernst Lubitsch murió prematuramente de un ataque al corazón en 1947, otros dos grandes directores de cine se lamentaban: “Se acabó Lubitsch” dijo Billy Wilder y William Wyler repuso “¡Peor aún! ¡Se acabaron las películas de Lubitsch!”.Billy Wilder no era precisamente sospechoso de benevolencia en  las opiniones que profería sobre el prójimo, pero su mordacidad habitual desaparecía para dejar paso a la más absoluta admiración cuando hablaba del ingenio inagotable del que siempre consideró su maestro. Enst Lubitsch era judío alemán. A diferencia de numerosos compatriotas suyos del medio cinematográfico que, en la década de los 30, acudieron a Hollywood huyendo  del nazismo, él emigró a principios de los felices veinte, porque había llegado a lo más alto como director en Alemania y quería probar fortuna en aquella ebullición de talento que fue el Hollywood de los años dorados. No tardó en ponerse en evidencia su arte y fue uno de los primeros realizadores que, al combinar dirección y producción, llegó a tener un control absoluto de sus películas. Nos legó algo tan valioso como el mítico “toque Lubitsch”, sofisticado elemento cuya naturaleza es tan rica, vaporosa e inaprensible, que ha dado lugar a infinidad de definiciones. Aunque reconocerlo en sus películas es mucho más sencillo que verbalizar su esencia, haremos un intento más…Consiste en un recurso humorístico basado unas veces en un solo plano que condensa una metáfora muy aguda o una elipsis y otras veces en la reiteración de un gag, de forma que una escena sutilmente divertida se va repitiendo en...

SER O NO SER LA GRAN SÁTIRA SOBRE EL NAZISMO Jun27

SER O NO SER LA GRAN SÁTIRA SOBRE EL NAZISMO...

Máximo exponente del talento de Ernst Lubitsch. Reina de las sátiras. Genialidad sin precedentes ni sucesoras. Indiscutible obra maestra. Todos los elogios son pocos para una película que rebosa de ingenio en cada fotograma, dejando atónito al espectador. La comedia más divertida y satírica de Ernst Lubitsch fue Ser o no ser (To be or not to be, 1942). La historia gira alrededor de una troupe de actores de teatro polacos que preparan una comedia llamada “Gestapo” que ridiculiza a los nazis y que es cancelada por la censura, por lo que deben seguir representando Hamlet. Al producirse la invasión de Varsovia en septiembre de 1939, el vestuario de la frustrada “Gestapo” permitirá a los intérpretes disfrazarse de altos mandos alemanes, engañar a los nazis y salvar a la Resistencia polaca. Los protagonistas son el vanidoso matrimonio Tura, compuesto por Joseph (Jack Benny) y María (Carole Lombard), primeras figuras del teatro polaco y habituales intérpretes de Hamlet y Ofelia. Ambos rivalizan por encabezar la cartelera y mientras él declama, ella coquetea. Cada vez que él inicia el famoso monólogo que da título a la película, ve estupefacto como un galán se levanta del público y deja la sala. Se siente devastado creyendo que su interpretación ha decepcionado al espectador, cuando lo cierto es que el joven cumple la consigna de María Tura para acudir a flirtear a su camerino. La situación se repite hasta cuatro veces, con un giro diferente cada vez que intensifica nuestra diversión.  La última vez que se produce la escena, ya no es sólo el protagonista el que contempla a un joven abandonando el patio de butacas, sino que el amante habitual se queda estupefacto, ya que él está sentado esta vez, observando el mutis de su nuevo rival. De...

UN LADRÓN EN LA ALCOBA: LUBITSCH NOS ROBA LA RESPIRACIÓN Jun27

UN LADRÓN EN LA ALCOBA: LUBITSCH NOS ROBA LA RESPIRACIÓN...

“Un ladrón en la alcoba” es la comedia sofisticada que representa la máxima expresión del estilo de Ernst Lubitsch. Su famoso toque aparece en casi cada escena y Herbert Marshall y Miriam Hopkins se compenetran a la perfección en una trama entretenidísima. Un ladrón en la alcoba (Trouble in Paradise, 1932) es además de una de las mejores comedias sofisticadas de Lubitsch, la que atesora más “toques” y contiene la puesta en escena más representativa de su estilo. El irrepetible guión fue obra del colaborador preferido del cineasta, el genial Samson Raphaelson. Al comienzo de la narración, dos ladrones de guante blanco (Herbert Marshall y Miriam Hopkins) se encuentran en Venecia, se reconocen como almas gemelas y se enamoran en una de las escenas cómicas más perfectas de la historia del séptimo arte, por su combinación de diálogos agudos y gags visuales. Mientras que ambos se ofrecen educadamente la sal y la pimienta, se echan en cara sin inmutarse sus respectivos latrocinios. En un momento, él le sacude aparatosamente a ella agitándole los hombros, para que caiga al suelo la cartera de él que ella oculta en su vestido. A continuación, los dos se sientan y siguen cenando con total flema, como si no hubiera pasado nada… La trama lleva a nuestros enamorados cleptómanos a París. Lubitsch siempre dijo que él conocía el París real y el de la Paramount y que éste era aun mejor que el original. Si él lo dijo, seguro que era verdad. Nuestra pareja de maleantes tiene una nueva víctima a la vista. Es la bellísima, frivolísima, riquisísima y todo lo ísima que se les ocurra, Madame Colet (Kay Francis). El protagonista conseguirá ser contratado como su secretario, iniciando un descarado flirteo con la millonaria, orientado por supuesto a...

EL BAZAR DE LAS SORPRESAS: EL ESCAPARATE DE LA VIDA Jun27

EL BAZAR DE LAS SORPRESAS: EL ESCAPARATE DE LA VIDA...

Lubitsch declaró en alguna ocasión que su mejor película fue El bazar de las sorpresas. Fue desde luego una de las joyas de su impresionante corona y una de las comedias románticas más entretenidas, entrañables, profundas y logradas del séptimo arte. El bazar de las sorpresas (The shop around the corner, 1940) es muchas cosas a la vez. Es probablemente la más bella historia de amor que dirigió Lubitsch. También es una comedia de costumbres que ilustra las estrecheces de la clase media en el periodo de entreguerras en una capital centroeuropea (Budapest). Es un esperanzador cuento navideño con ecos de Dickens. Y es además un acertado retrato de las relaciones de poder, compañerismo y rivalidad que se producen en una empresa. Lubitsch y el que fue su mejor guionista, Samson Raphaelson, se basaron en una pequeña pieza de teatro húngara. Desde la primera secuencia a las puertas de la tienda de regalos sobre la que pivota la trama, el realizador nos va haciendo una magnífica presentación de todos los prototipos que concurren en un microcosmos empresarial: el empleado honesto que se atreve a decirle al jefe lo que piensa aun a costa de llevarse más de una colleja, los compañeros menos osados pero leales a su manera, el trepa que no da puntada sin hilo, la marisabidilla que disfruta dando lecciones, el cizañero liante sin escrúpulos. Y por supuesto, el complejo jefe y dueño del negocio, que es amable o despótico con sus empleados en función de cómo vaya la caja registradora o de cómo le haya sentado la cena de la noche anterior. Lubitsch tardó menos de un mes en rodar esta maravilla. Habituados a que ambientara sus películas en palacios, mansiones y otros suntuosos lugares, resulta emocionante imaginarnos que también pudiera...

LO QUE NOS CONTÓ VINCENTE SOBRE VINCENT May07

LO QUE NOS CONTÓ VINCENTE SOBRE VINCENT...

El cine de Vincente Minnelli nos deslumbra por la plasticidad, colorido y belleza de sus imágenes. Por eso, resulta particularmente acertado que fuera este realizador quien se ocupara de llevar al cine la vida y obra de su homónimo Vincent Van Gogh. La trágica vida del genial holandés fue rodada en escenarios reales como Auvers-sur-Oise o Arlés. Kirk Douglas, adecuadamente teñido de pelirrojo, se asemejaba tanto al pintor, que algunos habitantes de aquellos lugares se sobresaltaban cuando se lo encontraban. Vincente Minnelli es principalmente recordado por los novedosos e imperecederos musicales que dirigió, como Cita en San Luis, Un americano en París o Gigi. No obstante, su gran talento trascendía los géneros y fueron también esenciales sus aportaciones a la comedia (por ejemplo  Mi desconfiada esposa), al drama (como fue Cautivos del mal) o al melodrama (caso de Como un torrente). “Lust for life” fue el deslumbrante biopic que realizó en 1956 sobre Vincent Van Gogh. No sabemos por qué, en España evitaron la traducción literal del título (“Anhelo de vida”) y recurrieron al desafortunadísimo “El loco del pelo rojo”, lo que podemos imaginar no sería precisamente un estímulo para la venta de entradas. Los antecedentes de Minnelli como diseñador de decorados y vestuarios y luego director de escenarios en el teatro neoyorquino, explican en parte su fama de esteta obsesionado por el aspecto visual de sus películas. Era un maestro en el dominio del color y no lo trabajaba sólo desde la iluminación y la fotografía, sino que cuidaba hasta el último detalle la selección de localizaciones, la dirección artística y el vestuario para que todo realzara los tonos y aportara  textura a las escenas. Por eso, cuando nos viene a la memoria una de sus obras, solemos recordar imágenes de impecable factura en...

RAY O EL POETA  DEL CINE NEGRO AMERICANO Abr20

RAY O EL POETA DEL CINE NEGRO AMERICANO...

Uno de los géneros en los que más sobresalió el talento de Nicholas Ray fue el cine negro. Los amantes de la noche, En un lugar solitario y La casa en la sombra son tres películas magníficas más allá de sus excelentes tramas y de su atmósfera inquietante. Destaca en ellas lo que siempre interesó más al cineasta: el manejo del lenguaje cinematográfico y de la interpretación para construir los personajes, retratar sus conflictos y expresar la evolución de la relación amorosa. Ray empezó su filmografía con una obra de gran talla, Los amantes de la noche (They live by night, 1948), que recogía el interés del autor por la juventud y todo lo que la misma representa: la inocencia, el deseo de plenitud y el desconcierto e impotencia ante un mundo dominado por los adultos. El protagonista, Bowie (Farley Granger), ha pasado siete de sus veintitrés años entre rejas, por un delito que no cometió. Acaba de huir de la cárcel en compañía de otros dos presidiarios con los que se refugia en una casa en la que vive la joven Keechie (Cathy O’Donnell), que desprecia al trío hasta que va descubriendo las cualidades de Bowie. Ambos  se enamoran e intentarán escapar juntos de la banda y de la justicia, que les pisa los talones. Hay algo en esta historia que recuerda a Romeo y Julieta y es la contraposición entre el amor puro que sienten los jóvenes protagonistas y la dificultad de que el mismo sobreviva a un entorno imperfecto y amenazador. Bowie y Keechie no tienen ninguna posibilidad de salvarse porque, a cada paso que dan, hay personajes adultos que van a enredarles, fallarles o traicionarles. Los objetos elegidos por el realizador para representar la fatalidad que persigue a los protagonistas...

“TÓCALA OTRA VEZ,  JOHNNY GUITAR” Abr20

“TÓCALA OTRA VEZ, JOHNNY GUITAR”...

La poderosa dirección de Nicholas Ray, su inspirada utilización del color y el original guión de Philip Yordan hicieron de Johnny Guitar uno de los westerns más extraños, líricos y bellos de la historia del cine. Es además, para muchos admiradores de Ray, su mejor obra. En un paisaje agreste, un jinete solitario aparece galopando a lomos de su corcel. Johnny Guitar (1954) comienza de la misma manera que infinidad de westerns, pero ahí acaba el parecido, ya que Nicholas Ray se las ingenió para aproximarse al lejano Oeste de una forma diferente a la habitual de otros realizadores. Para empezar, pese a su título masculino, la protagonista (Vienna) y la antagonista (Emma) de la historia son dos mujeres. Frente a la visión épica propia del género, nos envuelve un tono lírico que se recrea especialmente en las escenas intimistas. El galán es un pistolero que, hastiado de su pasado violento, prefiere tocar la guitarra antes que disparar. Los villanos de la historia no son ni unos forajidos ni una tribu de indios que asaltan a una apacible comunidad, sino los intransigentes habitantes de un pueblo. El majestuoso paisaje aparece como aliado de los personajes principales y no como un cúmulo de peligros que afrontar. Y así podríamos continuar un rato más enumerando los elementos que supusieron que esta maravillosa película del Oeste nos desconcertara por darle la vuelta al más genuinamente norteamericano de todos los géneros cinematográficos. Vienna (Joan Crawford), una mujer orgullosa que sigue sus propias reglas, es la dueña de un saloon abierto a cierta distancia del pueblo. Su adversaria Emma (Mercedes McCambridge) tiene sometida toda la comunidad a sus designios y le devoran los celos porque el seductor Dancing Kid (Scott Brady), líder de una cuadrilla, sólo tiene ojos para...

NICHOLAS RAY: EL LUGAR SOLITARIO DE UN AUTÉNTICO REBELDE Abr17

NICHOLAS RAY: EL LUGAR SOLITARIO DE UN AUTÉNTICO REBELDE...

Nicholas Ray es un director de culto que genera verdadera devoción entre sus admiradores. Su obra más recordada, Rebelde sin causa, marcó a toda una generación que se identificó con el adolescente inadaptado interpretado por James Dean. Los antihéroes de Ray, ya fueran delincuentes juveniles huyendo de la justicia o adultos enfadados atrapados por su temperamento o por la sombra alargada de sus opciones, estaban en conflicto permanente contra su entorno y contra ellos mismos. Aun tengo presente la conmoción que me produjo de adolescente ver la opera prima de Nicholas Ray, Los amantes de la noche. La poética historia de los  fugitivos de la ley, encarnados por dos jovencísimos Farley Granger y Cathy O’Donnell, era desoladoramente romántica y apelaba como pocas a la combinación de anhelo y miedo de vivir que nos abruman cuando sólo tenemos quince años y que a medida que maduramos vamos digiriendo como buenamente podemos. Esa capacidad de conmovernos, agitarnos y de marcar nuestra memoria era la magia de Ray. La inocencia de la juventud frente a la responsabilidad del adulto en dibujar su destino Ray veneraba la juventud y era indulgente con ella. Los adolescentes o veinteañeros protagonistas de la que podríamos llamar su trilogía sobre los conflictos generacionales (Los amantes de la noche, Llamad a cualquier puerta y Rebelde sin causa) nunca eran para el director los culpables de sus tantas veces tristes destinos, porque estaban condicionados por todo lo que les rodeaba, ya fueran hogares conflictivos, barrios anegados en la delincuencia o una sociedad controlada por los mayores, cargada de prejuicios y desprovista de compasión. Por el contrario, en las películas del director protagonizadas por adultos, su postura era muy distinta. Dixon Steele en En un lugar solitario, Jim Wilson en La casa en la sombra,...

CHICAGO AÑOS 30: DISFRUTEN DE UNA VERDADERA MA-RAY-VILLA Abr17

CHICAGO AÑOS 30: DISFRUTEN DE UNA VERDADERA MA-RAY-VILLA...

A través de géneros diversos y tramas variopintas, Nicholas Ray nos acababa contando su visión sobre su lugar en el mundo. En Chicago años 30 nos volvió a hablar de seres inadaptados a su entorno y en debate interno con su conciencia. La pareja protagonista desprecia al mundo gansteril, pero trabaja para el mismo; él como abogado y ella como party girl. Juntos, irán asumiendo que, tratar con desdén la mano que les da de comer, no basta para salvar su dignidad. Algunos consideramos que la cumbre de Ray fue Chicago años 30 (Party girl, 1958). Es además una de las mejores películas de gánsters de la historia y tan extraordinaria, que me dan ganas de pedirles a quienes no la conozcan que, por favor, la vean. No se arrepentirán porque es puro CINE: hay gran espectáculo y aun así intimismo, una trama original que corta la respiración, un hombre  amargado, pero rescatable; una mujer con más carácter y corazón que casi cualquier otra que haya aparecido en este género, un romance apasionado y redentor entre estos dos seres y encima ¡un par de estupendos números musicales de Cyd Charisse! ¿Qué más se puede pedir? ¿Violencia y sexo? ¡Pues también lo tienen! (explícita aquella e implícito éste; recuerden que, al fin y al cabo, hablamos de una película de los 50). Por si no les he convencido, adentrémonos un poco más en esta obra maestra. La produjo la Metro Goldwyn Mayer, que siendo el estudio más conservador, solía tener en nómina eficientes artesanos antes que realizadores verdaderamente creativos. Por eso, fue excepcional que contara en esta ocasión con un director tan personal y distinto como era Nicholas Ray. De hecho, intentaron cortarle las alas mediante un contrato humillante que pretendía condicionar intensamente el resultado del...

BILLY WILDER:  EL CREPÚSCULO DEL DIOS Y  BALANCE FINAL DE SU OBRA Feb17

BILLY WILDER: EL CREPÚSCULO DEL DIOS Y BALANCE FINAL DE SU OBRA...

Después de alcanzar la cima creativa gracias a “Con faldas y a lo loco” y “El apartamento”, era imposible que Wilder se superara a sí mismo. Aun así, de las películas que realizó entre 1961 y 1981, hubo dos excelentes (Uno, dos, tres e Irma la dulce). Por lo demás, hubo de todo: tres buenas comedias (En bandeja de plata, Avanti y Primera plana), dos obras fallidas pero con aspectos valiosos (Bésame tonto y La vida privada de Sherlock Holmes) y dos historias de escaso interés (Fedora y Aquí un amigo). En varias ocasiones, algo impidió que el resultado fuera redondo. A veces fue cierta falta de ritmo, otras alguna interpretación disonante y otras la ausencia de equilibrio del conjunto. Aun así, siempre había atisbos de la mente genial del cineasta y algún que otro descacharrante personaje que robaba la función. Recordemos algunas películas de este periodo… Nos reímos a mandíbula batiente con Uno, dos y tres (One, two, three, 1961), una excelente farsa de ritmo trepidante ambientada en el Berlín inmediatamente anterior a que se levantara el Muro, que saca punta a los excesos del capitalismo y sobre todo del comunismo. James Cagney bordó su papel de hiperactivo ejecutivo agresivo y estuvo muy bien acompañado por un ramillete de personajes a cual más tronchante –su secretaria, su asistente y tres rusos corruptos-. Irma la dulce (Irma la douce, 1963) es una hilarante comedia con cadencia de musical en la que un gendarme parisino (Jack Lemmon) se enamora de la prostituta más atractiva del bulevar (Shirley MacLaine). Los protagonistas estuvieron sensacionales y hubo un secundario roba escenas, el dueño del bar, que en cada una de sus apariciones aludía a alguna imposible faceta de su pasado. Bésame tonto (Kiss me, stupid, 1964) es una...

UNO, DOS, TRES, AL ESCONDITE BERLINÉS Feb17

UNO, DOS, TRES, AL ESCONDITE BERLINÉS...

Es prodigiosa la capacidad del celuloide de unirnos a los espectadores a través de algo tan importante en nuestras vidas como es la risa. A Wilder tenemos que agradecerle la infinidad de carcajadas que nos ha hecho compartir. Pocas películas cómicas son consideradas grandes obras por la crítica en el momento de su estreno y aún menos son reconocidas en cualquier festival de cine. Parece como si muchos expertos consideraran que sólo el drama es digno de retratar de forma profunda y certera la condición humana. Incluso joyas hoy tan evidentes como Ser o no ser o La fiera de mi niña no fueron apreciadas en su día. Suele ser el barniz del tiempo el que corrige estos errores de criterio, pero Billy Wilder tuvo la fortuna de realizar algunas comedias que ya al estrenarse fueron debidamente apreciadas, logrando que este género ocupara en ocasiones el lugar que merece. Sin embargo, alguno de sus mejores divertimentos tampoco conoció el éxito en su momento. Echemos la vista atrás… Berlín, 1961. La capital alemana lleva años escindida entre el Oeste capitalista y el Este comunista. Wilder había vivido allí varios años de su juventud, antes de que el advenimiento del III Reich le obligara a marcharse para salvar la piel y volvió para rodar Uno, dos, tres (One, two, three), sin saber que pocas semanas después se erigiría el Muro. El realizador era un experto en hacer uso de su sentido del humor para muchos fines, incluido quitarle hierro a la vida. Por eso, nada mejor para sacudirse cualquier vestigio de nostalgia que pudiera conservar sobre su pasado centroeuropeo, que reírse del absurdo ente polarizado en que la urbe alemana se había convertido, rodando una farsa que ponía al descubierto las flaquezas de capitalismo y comunismo....

BILLY WILDER: LOS AÑOS DE  PLENITUD (1950-1960) Feb10

BILLY WILDER: LOS AÑOS DE PLENITUD (1950-1960)...

Su carrera como director se extendió cuatro décadas pero, con la honrosa excepción de Perdición, obra maestra de los 40, lo más granado de su filmografía se concentró entre 1950 y 1960: El crepúsculo de los dioses, Traidor en el infierno, Sabrina, Testigo de cargo y sobre todo Con faldas y a lo loco y El apartamento. Son obras de arte de primer nivel y hubiera bastado realizar algunas de ellas para merecer ser uno de los grandes, pero nuestro querido Billy Wilder era un acaparador. En una escena de Mad men, la complicada hija del protagonista musita, “Soy tantas personas…”. Esta fascinante serie sobre una agencia de publicidad de Nueva York en los 60 puede recordarnos a Wilder porque destapa los abusos, vergonzosos acuerdos y sórdidos enredos que puede ocultar una empresa y ese microcosmos sirve para mostrar con tanta crudeza como humanidad (si bien con mucho menos sentido del humor del que hubiera hecho gala el maestro) la dificultad de las relaciones personales y la escisión interior del individuo. Además, Wilder podría haber dicho esa misma frase para retratar su propia complejidad. En efecto, su filmografía nos revela un espíritu valientemente transgresor abordando ciertos tabúes de su época, pero cauto en evitar polémicas políticas durante la larga era McCarthy. También nos muestra su visión de la condición humana, cínica pero suavizada por su pudorosa sensibilidad. A veces su acidez domina toda la película, pero mucho más a menudo, podemos atisbar a un romántico comprensivo con las taras de sus personajes, en la medida en que sean capaces de redimirse por amor o por una toma de conciencia. Ciertamente, era muchas personas a la vez. Entre 1950 y 1960, realizó diez películas de temáticas y géneros diversos, pero su sello único está siempre presente:...

SABRINA Y ARIANE: WILDER NOS REGALA A AUDREY HEPBURN Feb10

SABRINA Y ARIANE: WILDER NOS REGALA A AUDREY HEPBURN...

Wilder contó con Audrey Hepburn en la estupenda Sabrina y la desigual Ariane, dos comedias románticas en las que el cineasta permitió que desplegara su potencial una de las presencias más luminosas y genuinamente encantadoras del séptimo arte. En ambas películas, el realizador ponía mordazmente en evidencia el exagerado estilo de vida que pueden llevar los multimillonarios norteamericanos, pero su punto de vista dejaba a la entrañable Hepburn a salvo de toda crítica. Si bien Billy Wilder realizó audaces incursiones en el cine negro o en el drama, el género que más popular le hizo fue la comedia, en la que desplegó al menos tres estilos. Uno se caracterizaba por combinar lo cómico con cierto trasfondo dramático, ofreciéndonos una visión al tiempo ácida y divertida de la condición humana y de las taras del norteamericano medio. El apartamento es el mayor exponente. También bordó las farsas en las que se reía de todo y sometía a sus personajes a las situaciones más disparatadas, como hizo en Con faldas y a lo loco o en Uno, dos, tres. Finalmente, trabajó la comedia romántica, repleta de glamour y “amour”... De este estilo fueron la mayoría de sus obras de su etapa como guionista y las dos películas que dirigió protagonizadas por Audrey Hepburn, Sabrina (1953) y Ariane (Love in the afternoon, 1957). Es en este tercer tipo en el que se aprecia más fácilmente su intento de emular a su admirado maestro, Ernst Lubitsch. Wilder hace gala de un fino humor basado en la insinuación, la picardía, la reiteración de elementos cómicos, los hilarantes personajes secundarios y los diálogos con un toque absurdo. Además, ambas películas transcurren al menos en parte en París, retratan mordazmente la banalidad del estilo de vida de los excesivamente ricos y son...

TESTIGO DE CARGO: BILLY WILDER SE ENFRENTA A AGATHA CHRISTIE Feb10

TESTIGO DE CARGO: BILLY WILDER SE ENFRENTA A AGATHA CHRISTIE...

La sorprendente versatilidad de Billy Wilder le llevó a animarse a una incursión en el género de juicios. Adaptó una brillante obra de teatro de Agatha Christie, pero enriqueció los personajes y aportó su inigualable sentido del humor. Wilder tenía fama de crear un ambiente tan tenso en los rodajes, que un colaborador dijo que tenía dos personalidades en el trabajo, Hyde y… Hyde. No obstante, esta vez estuvo de mejor humor pues disfrutó de la compañía de Laughton, Dietrich y Power. Lo que más le importaba a Wilder, al haber sido escritor antes que realizador, era la historia. Todo estaba al servicio de la misma y por ello, los factores clave para él eran tanto el guión como las interpretaciones, en la medida en que éstas podían realzar su texto o restarle valor. De hecho, la filmografía de este cineasta permanece en nuestro recuerdo sobre todo por el brillo de estos elementos y no porque hiciera innovadores malabares con la cámara. Así, el argumento, los diálogos y la actuación de Charles Laugthon son lo que más recordamos de Testigo de cargo (Witness for the prosecution, 1957). En esta película se unió la enorme habilidad de Wilder a una de las plumas que mejor ha sabido atrapar a los lectores, Agatha Christie. La reina del crimen había convertido en obra teatral uno de sus relatos cortos y Wilder escribió el guión adaptado junto con Harry Kurnitz. Respetaron completamente la historia de la popular autora, pues eran conscientes de que hubiera sido vano intentar superarle en la elaboración de un entramado criminal. Sin embargo, mejoraron el trazado de varios personajes, ya que sabían que la construcción de caracteres era en ocasiones el punto más débil de la escritora. Además, introdujeron elementos humorísticos ausentes de la pieza...

Billy Wilder:  El hombre, el guionista y sus comienzos como director Feb03

Billy Wilder: El hombre, el guionista y sus comienzos como director...

Pese a ser indiscutiblemente uno de los mejores directores y guionistas de la historia del cine, Billy Wilder siempre sostuvo que su único objetivo era entretener al público, demostrando una admirable falta de pretensiones. Fue un narrador divertido e irrepetible. En sus inicios en Hollywood como guionista escribió junto con Charles Brackett joyas de la comedia como Medianoche y de su primera etapa como director destaca Perdición, que escribió con Chandler. El hombre: Wilder fue un austríaco aventurero que se dedicó a oficios varios como periodista o bailarín, hasta que empezó a trabajar como guionista en la industria del cine en el Berlín de entreguerras. También fue uno de los numerosos judíos que cruzaron el charco huyendo del nazismo y se ganaron la vida trabajando para los estudios de Hollywood. Sufrió la pérdida de parte de su familia en los campos de exterminio y para soportar el dolor, se recubrió de una recia armadura de escepticismo. Aun así, nunca perdió su anhelo de vivir y su curiosidad por el ser humano. Cuando llegó a Hollywood, apenas chapurreaba el inglés. Sin embargo, su facilidad para mantener su ingenio en este idioma fue pronto pasmosa porque su inteligencia verbal era de primera. Su humor era tan agudo, que decían que tenía el cerebro lleno de cuchillas de afeitar. Era valorativo con aquellos a los que apreciaba, pero ¡ay si le contrariabas! Podía ser borde como una esquina, partirte en dos con una sola frase y verter arsénico sin compasión sobre lo que quedara de ti… Ha quedado para la historia del cine como un cínico, cuando lo cierto es que aunque a veces tratara con acidez las miserias del ser humano, no se le escapaban sus facetas valiosas y en buena parte de sus películas se palpa...

Billy Wilder:  Guionista antes que director Feb03

Billy Wilder: Guionista antes que director...

Billy Wilder comparte con otros hombres de talento como Huston o Sturges el hecho de haber sido guionista antes que realizador. Afortunadamente, nunca dejó de lado aquella faceta y fue coautor de todos los guiones que dirigió, haciendo siempre de ellos el centro de su proceso creativo. En su etapa previa a la dirección, los guiones más recordados de Wilder fueron las extraordinarias comedias que escribió con el también dotadísimo Charles Brackett, como La octava mujer de Barba azul, Ninotschka, Medianoche, Bola de fuego y Si no amaneciera. Al Hollywood de los años treinta acudieron hordas de europeos buscando el sueño americano o huyendo del nazismo, como fue el caso de Wilder. Observador atento, supo captar pronto las características de su sociedad de acogida, sin perder de vista sus propios orígenes y sus periodos como trotamundos en Berlín y París. Las tramas que escribió eran un resultado de esa mezcolanza de experiencias y percepciones, bien aderezadas con ironía y sarcasmo. En su etapa previa a la dirección, los guiones más recordados de Wilder fueron los que realizó con Charles Brackett entre 1938 y 1941. Ambos eran tan brillantes, que llegaron a contar entre los escritores más codiciados de la Meca del cine y formaban un tándem tan compenetrado, que en sus textos es raro conocer sus respectivas aportaciones. Escribieron historias de alta comedia romántica con ciertos elementos argumentales en común: choque cultural entre individuos de distinto origen (EEUU-Europa, capitalismo-comunismo, educación refinada-astucia callejera), un personaje protagonista que busca unos objetivos muy prácticos y progresiva transformación del mismo por amor hasta el punto de abandonar sus planes iniciales. Recordemos algo de ellas… LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL (BLUEBEARD’S EIGHT WIFE, 1938): Gary Cooper es un multimillonario norteamericano que se ha casado y divorciado siete veces y...

La perdición de Billy Wilder y Raymond Chandler Feb03

La perdición de Billy Wilder y Raymond Chandler...

Woody Allen calificó a Perdición como la mejor película de la historia. Fue una de las cumbres del cine negro y la primera obra maestra de Billy Wilder, cuya inteligencia deslumbrante se atrevió con casi todos los géneros. Wilder sabía que un gran director necesita contar con colaboradores de primera y siempre elaboró los guiones de sus películas en equipo. En Perdición contó con el gran Raymond Chandler y pese a su difícil relación, lograron un resultado perfecto. El cine negro de los 40 y los 50 reflejó una corriente de ánimo pesimista que se experimentó en los EEUU desde el inicio de la segunda guerra mundial y durante la postguerra. La sociedad, que se había percibido hasta entonces como inocente, tomó conciencia de que la ambigüedad moral había calado en una parte de ella, a la vista de la proliferación de la delincuencia y de una línea borrosa entre las actitudes de malhechores y garantes de la ley. Ese malestar y oscuridad fueron capturados por novelistas como Chandler, Hammet o M. Cain y por cineastas como Wilder, Hawks o Huston. Algunos elementos característicos del género eran una iluminación que recreaba atmósferas tan turbias como las motivaciones de los personajes –habitualmente relacionadas con obsesiones sexuales y materiales- y un juego con los factores de tiempo y espacio a través del recurso a los sueños o a los flashbacks. Muchas veces, los protagonistas eran ciudadanos corrientes que acababan delinquiendo o actuando de manera cuestionable. Wilder explicó que realizaba comedias cuando estaba triste y películas oscuras cuando estaba en buena racha. Debía sentirse exultante cuando decidió dirigir Perdición (Double indemnity, 1944), gran exponente del cine negro. Se basó en una obra de James M. Cain sobre una mujer casada que seduce a un vendedor de seguros para...

Veredicto Final: No hay otros casos, este es el caso Ene13

Veredicto Final: No hay otros casos, este es el caso...

Sidney Lumet como director, David Mamet como guionista y Paul Newman como actor, dieron lo mejor de sí mismos en Veredicto Final, historia de redención de un personaje hundido moralmente, que bucea desesperado por salir a la superficie. Nunca llegó Newman tan lejos en su búsqueda de la verdad de un personaje, proyectando su miseria, su zozobra interior y su tenaz lucha. Lumet le quedó eternamente agradecido por ello, como explicó en su libro “Así se hacen las películas”. Sidney Lumet y David Mamet, director y guionista de Veredicto final (The verdict, 1982) eran creadores muy inteligentes, capaces de elevar lo que podría haber sido una historia más de abogados y hacer de ella una película sustancial e imperecedera sobre el anhelo de redención de un hombre acabado que quiere recuperar su dignidad perdida. Nos ayudaron además a entender que parte de nuestro proceso de crecimiento personal radica en aceptar que la vida no es justa, pero que sin embargo, tenemos la responsabilidad individual y colectiva de luchar porque lo sea. Frank Galvin (Paul Newman) es un abogado alcohólico, que ha caído tan bajo, que visita los velatorios de los fallecidos por posibles negligencias médicas, para intentar captar como clientes a sus familias. Lumet fotografió la película en colores otoñales (rojizos, ocres…) para reforzar la idea de que estamos ante un personaje caduco. La oportunidad de salvación aparece en forma de un caso contra dos prestigiosos médicos que han dejado en coma a una mujer en la mesa de operaciones. En principio, el plan de Galvin es negociar una buena indemnización y cobrar así rápidamente sus honorarios. Sin embargo, toma conciencia de que la enferma merece que se haga justicia y resuelve ir a pleito. El momento de su “revelación” es una escena muda, que...

LA LOBA: A DENTELLADAS ENTRE BETTE DAVIS Y WILLIAM WYLER Dic09

LA LOBA: A DENTELLADAS ENTRE BETTE DAVIS Y WILLIAM WYLER...

Lillian Hellman realizó el guión de La loba en 1941, adaptando su propio drama teatral sobre la capacidad destructiva de la codicia. La autora sureña se inspiró en sus recuerdos sobre algunos de sus avaros familiares de Nueva Orleans. Wyler dirigió a la gran Bette Davis en una de sus interpretaciones más recordadas, como la implacable Regina, personaje alrededor del cual gira este clásico. El distinto punto de vista de ambos sobre la protagonista, dificultó su colaboración. Uno de los mayores éxitos de Lillian Hellman fue La loba, drama teatral ambientado en el Sur de Estados Unidos en 1.900. Los hermanos Hubbard, Ben, Oscar y Regina (Bette Davis), son propietarios a los que sólo mueve el afán de dinero y que explotan a sus trabajadores de color. El hijo de Oscar, Leo, está hecho de la misma madera, pero carece de la astucia de sus mayores. No todos en la familia son verdugos. Birdie, la mujer de Oscar, es víctima de maltrato y Horace, el enfermo marido de Regina, padece su menosprecio. Alexandra, la hija de ambos, pese a tener el germen del arrogante desdén de su madre, se beneficia del afecto y principios que le transmiten su progenitor, su tía y la maternal empleada que le crio. El título en inglés de la obra, The Little foxes –“Las pequeñas raposas”- es más acertado que La loba. Aquel alude al pasaje de El cantar de los cantares que insta a guardarse de los zorros por ser depredadores y refleja la codicia como mal endémico del astuto clan Hubbard, mientras que el título español se centra sólo en la dureza del personaje principal, Regina. Wyler llevó al cine la historia, a partir del guión elaborado por la propia Hellman. Además de respetar la férrea estructura y...

La perdición de  Billy Wilder y Raymond Chandler Nov27

La perdición de Billy Wilder y Raymond Chandler...

Woody Allen calificó Perdición como la mejor película de la historia. Fue una de las cumbres del cine negro y la primera obra maestra de Billy Wilder, ese austríaco de inteligencia deslumbrante que se atrevió con casi todos los géneros. Wilder sabía que un gran director necesita contar con colaboradores de primera y siempre elaboró los guiones de sus películas en equipo. En Perdición contó con el gran Raymond Chandler y pese a su difícil relación, lograron un resultado perfecto. El cine negro de los 40 y los 50 reflejó una corriente de ánimo pesimista que se experimentó en los EEUU desde el inicio de la segunda guerra mundial y durante la postguerra. La sociedad, que se había percibido hasta entonces como inocente, tomó conciencia de que la ambigüedad moral había calado en una parte de ella, a la vista de la proliferación de la delincuencia y de una línea borrosa entre las actitudes de malhechores y garantes de la ley. Ese malestar y oscuridad fueron capturados por novelistas como Chandler, Hammett o M. Cain y por cineastas como Wilder, Hawks o Huston. Algunos elementos característicos del género eran una iluminación que recreaba atmósferas tan turbias como las motivaciones de los personajes –habitualmente relacionadas con obsesiones sexuales y materiales- y un juego con los factores de tiempo y espacio a través del recurso a los sueños o a los flashbacks. Muchas veces, los protagonistas eran ciudadanos corrientes que acababan delinquiendo o actuando de manera cuestionable. Wilder explicó que realizaba comedias cuando estaba triste y películas oscuras cuando estaba en buena racha. Debía sentirse exultante cuando decidió dirigir Perdición (Double indemnity, 1944), gran exponente del cine negro. Se basó en una obra de James M. Cain sobre una mujer casada que seduce a un vendedor de seguros...

MATAR A UN RUISEÑOR: CUIDEMOS A LOS INOCENTES Nov11

MATAR A UN RUISEÑOR: CUIDEMOS A LOS INOCENTES...

Matar a un ruiseñor es una película inolvidable que adaptó una novela que defiende valores eternos. En un número dedicado a apoyar obras solidarias por su labor esencial para nuestra sociedad, era difícil olvidarse de una historia sin pretensiones, que puso sobre la mesa que lo que da sentido a este loco mundo es que nos cuidemos los unos a los otros. Harper Lee escribió una única novela en su vida, Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird), con la cual obtuvo el Pulitzer y alcanzó tanta notoriedad, que no fue capaz de atreverse con una segunda obra. Tal vez nos perdimos lo que pudiera haber sido la producción prolífica de un genio o tal vez esta tímida sureña agotó en esta excepcional novela toda su capacidad creativa. Nunca lo sabremos. Nos debe bastar el hecho de que su legado, contenido en un pequeño tomo, fue en realidad muy grande. Relato de iniciación, nos cuenta cómo dos niños abren los ojos a los abismos de crueldad y belleza que pueden anidar en el corazón del ser humano, aprenden que todos tenemos el deber de proteger a los seres más indefensos y descubren cómo un hombre sencillo y sin pretensiones puede esconder al mayor de los héroes. Ese hombre es Atticus Finch, uno de los personajes más queridos de la cultura norteamericana, tanto de las letras como del cine. Harper Lee puso mucho de sí misma en el relato aunque no se trate ni mucho menos de una autobiografía. La voz narradora es la de una mujer, Scout Finch, que describe en primera persona sus recuerdos entre los seis y los ocho años, reproduciendo las sensaciones y emociones que experimentó entonces. Había coincidencias entre el padre de Harper Lee y Atticus Finch, pues ambos...

La última batalla de los soldados Oct28

La última batalla de los soldados...

En un especial sobre la violencia en el arte, queríamos hablar del tratamiento cinematográfico de las secuelas de la guerra en los veteranos. Con una combinación de lirismo y crudeza, el énfasis se pone unas veces en los cuerpos o almas mutilados, otras en el cuestionamiento sobre el sentido de lo vivido y otras en la inadaptación a la vida civil. Nos centramos en dos películas muy distintas separadas por tres décadas, pero que coinciden en desgranar el duro retorno de tres veteranos, con una mirada cargada de respeto: Los mejores años de nuestra vida y El cazador. Una de las maravillas de la narrativa, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, reside en la posibilidad de acercarnos a lo que han vivido personas de otras épocas y otros ámbitos. Así, a través de películas como Los mejores años de nuestra vida (The best years of our lives, William Wyler, 1946) y El cazador (The deer hunter, Michael Cimino, 1978) hemos podido asomarnos a entrever los sinsabores de los veteranos de la segunda guerra mundial y de la guerra de Vietnam. Ambas coinciden tanto en presentar a tres hombres que viven de diversa manera las secuelas de la experiencia bélica, como en ofrecer un enfoque lleno de compasión por cada uno de ellos. Si bien se tiende a veces a descalificar la compasión, como si necesariamente contuviera una cierta condescendencia que incomoda al que sufre, no tiene porqué ser así. Lo cierto es que en las miradas de Wyler y Cimino, la compasión está revestida de un enorme respeto por los personajes retratados. Y es precisamente en esa mirada donde reside parte de la belleza de ambos largometrajes. En “Los mejores años..” tres veteranos coinciden en el viaje de vuelta a casa, aprensivos ante lo...

NUEVE CLÁSICOS Y UN NEO-WESTERN Oct14

NUEVE CLÁSICOS Y UN NEO-WESTERN...

Creadores de inagotable talento como John Ford, Anthony Mann o Fred Zinemann nos han regalado obras de arte que unas veces ensalzan la leyenda del Oeste americano y otros la cuestionan, pero siempre nos cautivan por la fuerza de las tramas, personajes e imágenes. Desde La diligencia hasta Breaking bad, la lista de estos diez westerns favoritos no sigue un orden de preferencia sino meramente cronológico. Este número de Aladar, tan próximo al extraño vínculo que siempre existió entre el arte y la guerra o la violencia de todo tipo, entre el arte y la supervivencia del ser humano sea como fuere, no podía omitir un género como el western. Al fin y al cabo la condición humana es la que es y, aunque nos perturbe, debemos tenerla presente en toda su amplitud. El western nos ha regalado historias sobre hombres solitarios que sobreviven en entornos majestuosos y hostiles, sobre la violencia de la frontera, sobre el esfuerzo de los pioneros, sobre la brutalidad y la sabiduría del pueblo indio, sobre el afán de venganza o el coraje como motores de cambio, sobre la fuerza civilizadora de las mujeres, sobre la codicia, la ira y el perdón. Voy a hablarles de las diez películas de este bellísimo género que personalmente más emoción y admiración me han provocado. Habrá lectores que echen en falta obras de Hawks, de Leone o Eastwood, pero este tipo de rankings deben servir para despertar debate y además, les recordaré algo con asertividad no exenta de amabilidad: esta es mi lista. La diligencia (Stagecoach, John Ford, 1939) Es una obra llena de la humanidad profunda y la poesía que caracterizaba el cine de John Ford, ese artista de sentimientos contradictorios, por cuyas venas, más que correr la sangre, galopaba el...

Asesinato y voyeurismo. ¿Alguien da más? Sep16

Asesinato y voyeurismo. ¿Alguien da más?...

La ventana indiscreta es la máxima expresión del concepto que tenía Hitchcock sobre el medio cinematográfico, en cuanto único arte capaz de representar de manera visual el punto de vista subjetivo del personaje. Plasmó además en ella su opinión sobre el cine como una forma de voyeurismo, en el sentido de manifestación de la curiosidad del ser humano por la intimidad de sus semejantes. Aunque la década de los 40 nos regaló obras extraordinarias de Hitchcock, es probable que él se sintiera más realizado como creador a partir de los 50, cuando sus reiterados éxitos de taquilla le permitieron lograr mayor control sobre sus películas. La ventana indiscreta, (Rear window, 1954) supuso una experiencia muy satisfactoria porque en su contrato con la Paramount pudo preservar un amplio grado de autonomía. Se rodeó de muchos de sus colaboradores preferidos, incluido John Michael Hayes, cuyo brillante guión enriqueció con personajes y situaciones un relato corto del prolífico autor de novelas de misterio, Cornell Woolrich. Hitchcock buscaba siempre la identificación del espectador con los protagonistas, incluso cuando incurrían en conductas de dudosa moralidad. En La ventana indiscreta, Jeff (James Stewart) se distrae de la inmovilidad causada por una pierna rota, espiando a sus vecinos. Contemplamos a través de sus ojos a toda una galería de personajes de Greenwich Village: el compositor que se esfuerza por terminar su última obra, la vivaz bailarina objeto de deseo, la pareja que combate los calores neoyorquinos durmiendo en la terraza, la soñadora solitaria, los recién casados que apenas salen de la cama…, y el siniestro viajante del que Jeff sospecha que ha asesinado a su enfermiza mujer. Tanto la novia del protagonista, Lisa (Grace Kelly) como su enfermera Stella (Thelma Ritter) intentan inicialmente disuadirle de su conducta, pero van dejándose atrapar...

ENCADENADOS: INGRID BERGMAN Y LA INFAMIA Sep09

ENCADENADOS: INGRID BERGMAN Y LA INFAMIA...

Además de una obra maestra de suspense, Encadenados es la película más romántica de Hitchcock. En ella presenciamos cómo Ingrid Bergman lleva a cabo una doble redención. Mediante una valerosa hazaña, se libera de su sentimiento de culpa por los errores de su padre y con su amor salva a Cary Grant de una vida emocionalmente vacía. Hitchcock consideraba que en las relaciones personales se producen grandes desajustes entre apariencia y realidad y por ello le fascinaba tratar la falsa identidad y la impostura. En Encadenados (Notorious, 1946), Alicia (Ingrid Bergman), una norteamericana hija de un traidor, finge ser progermana para infiltrarse en una célula nazi en Brasil, seduciendo al líder, Alexander Sebastian (Claude Rains). Surge el amor entre ella y el agente que actúa de enlace, Devlin (Cary Grant), aunque los sentimientos de él están teñidos de celos y de desprecio por la vida disipada que ella ha llevado (el título original de la película significa«infame» o «de mala reputación»). El MacGuffin típico del director fue en este caso el uranio contenido en botellas de vino que ocultan los nazis. Hitch hacía gala de que la elección del mismo mineral que se utilizó para la bomba atómica fue premonitoria. La cronología parece indicar que es improbable que así fuera – aunque el guión estuvo listo antes, el rodaje fue posterior al bombardeo-  pero Hitchcock nunca dejó que la realidad interfiriera en una buena anécdota, si la misma podía servir para atraer al público a las salas. Era casi tan mago de la publicidad  como del suspense. El largometraje supuso su segunda colaboración con Ingrid Bergman y con el guionista Ben Hetch, después del gran éxito que los tres lograron con Recuerda. Hetcht, conocido como el Shakespeare de Hollywood, tenía títulos a sus espaldas...