REBECA: EL INICIO DE LA ETAPA AMERICANA DE HITCHCOCK Sep02

REBECA: EL INICIO DE LA ETAPA AMERICANA DE HITCHCOCK...

Rebeca, la fascinante novela de Daphne du Maurier sobre la pareja que habita una lúgubre mansión inglesa, amenazada por el  recuerdo fantasmal de una bella mujer muerta, dio lugar a una de las grandes películas de la década de los 40. Fue el fruto de la difícil primera colaboración entre dos superdotados del séptimo arte, el productor norteamericano David O. Selznick y el cineasta británico Alfred Hitchcock. Supuso otro colosal éxito para quien había producido Lo que el viento se llevó e inauguró la etapa americana del mago del suspense. El comienzo de Rebeca (Rebecca, 1940), con la evocadora  frase «Anoche soñé que volvía a Manderley» nos sumerge en una historia llena de misterio, en la que confluyeron dos talentos británicos expertos en crear atmósferas inquietantes: la autora de novelas góticas, Daphne du Maurier y el gran Alfred Hitchcock. A finales de la década de los 30, «Hitch», como le llamaban sus allegados, era un director muy reconocido en Gran Bretaña. Sin embargo, anhelaba conseguir trabajo en Estados Unidos, temeroso de los vientos de guerra que se avecinaban en Europa y cansado del trato condescendiente que los autores cinematográficos recibían en la elitista sociedad inglesa. Por ello, fue providencial que el productor  David O. Selznick le contratara y le propusiera rodar en Hollywood la adaptación de una novela que había despertado gran entusiasmo. En la misma, la protagonista (cuyo nombre y apellido de soltera nunca son mencionados) relata cómo, trabajando de dama de compañía de una acaudalada mujer, se enamora de un viudo, Maximiliam de Winter. Se casan y van a vivir a Manderley, la sombría mansión de él en Cornwall. La insegura joven se siente fuera de lugar en el majestuoso entorno y se obsesiona con la figura de la anterior esposa, la...

Sin novedad en el frente: Cine bélico… antibélico Jul22

Sin novedad en el frente: Cine bélico… antibélico...

«Sin novedad en el frente», excelente película de Lewis Milestone sobre la Primera Guerra Mundial, mostró el sufrimiento de los militares del bando alemán, lo cual resultaba inusitado en el cine norteamericano, que habitualmente les representaba como seres deshumanizados. Generó sorpresa, pero también un gran reconocimiento y obtuvo los Oscars a la mejor película y dirección de 1930.   Mientras que la lucha en la Segunda Guerra Mundial se nos antoja inevitable, como única vía para parar los pies a Hitler y su voluntad de transformar el mundo según su espantosa concepción, la Primera Guerra Mundial puede resultar innecesaria según la sensibilidad actual, al tratarse esencialmente de una colisión entre imperios expansionistas para mejorar sus posiciones geopolíticas. Por eso, la I Guerra es un trasfondo mucho más propicio para proyectar un mensaje antibelicista que la segunda, como evidencia Sin novedad en el frente (All quiet on the western front), extraordinario largometraje norteamericano de 1930 sobre los soldados alemanes en la batalla, dirigida por un emigrante ruso judío (Lewis Milestone). Lo original de la historia radica en que fue la primera película producida en Hollywood que estaba narrada desde la perspectiva alemana y que no presentaba a los militares teutones como máquinas de matar, sino que ofrecía una visión profundamente humana de los mismos, mostrando su miedo, su desconcierto y su dolor. Curiosamente, mientras que algunos países que habían luchado en el bando Aliado se indignaron porque tacharon la película de germanófila, el régimen nazi la condenó años después por su potencial para desalentar a sus tropas. Lo cierto es que el mensaje pacifista de la historia era universal, por lo que era irrelevante de qué nacionalidad fueran los soldados que protagonizaban la trama. El guión de Maxwell Anderson se basó en la novela más...

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD: ZINNEMANN Y CLIFT TOCAN EL CIELO Jul09

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD: ZINNEMANN Y CLIFT TOCAN EL CIELO...

De aquí a la eternidad es una de las películas más hermosas de la década de los 50. Todos recordamos la emblemática escena de Burt Lancaster y Deborah Kerr besándose en la playa, pero merece la pena volver a ver esta gran obra por muchas otras razones. Fred Zinnemann dirigió con maestría una fascinante trama ambientada en los albores de la segunda guerra mundial y logró extraer de Montgomery Clift una interpretación absolutamente memorable como el soldado Prewitt. Fred Zinnemann dirigió algunas excelentes películas que tenían en común un tema persistente: el individuo fiel a sí mismo en un entorno que intenta hacer tambalear su esencia. El sheriff abandonado a su suerte en Sólo ante el peligro, la religiosa que se rebela contra el voto de obediencia en Historia de una monja… Y sobre todo, Prewitt en De aquí a la eternidad (From here to eternity, 1953), el soldado que se atreve a desafiar la arbitraria voluntad de sus superiores y lleva hasta las últimas consecuencias el principio que guía su vida: «Un hombre que no sigue su propio camino no es nada». La fijación temática de Zinnemann tenía mucho que ver con su experiencia personal. Bajo unas formas suaves, atípicas en un Hollywood poblado de directores de rudo trato, yacía un fondo sólido de convicciones creativas, que él defendía con contundencia frente a los poderosos productores de los estudios. De aquí a la eternidad, escrita por un veterano de la segunda guerra mundial, James Jones, fue un clamoroso éxito de ventas y el presidente de Columbia, Harry Cohn adquirió los derechos para llevarlo al cine. La historia, ambientada en un cuartel de infantería en Pearl Harbour, justo antes del ataque japonés, relata la llegada al regimiento del soldado Prewitt (Montgomery Clift), al que...

Diez grandes actrices en diez grandes escenas Jun24

Diez grandes actrices en diez grandes escenas...

Ingrid Bergman, Bette Davis, Barbra Stanwyck, Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Gene Tierney, Katherine Hepburn, Rita Hayworth, Deborah Kerr y Claudette Colbert, son los nombres de diez mujeres que han pasado a la historia del cine por méritos propios. Y han protagonizado escenas inolvidables junto a otros actores y actrices de gran fama que los amantes del cine conservaran siempre en la retina. Aquí se recuerdan diez de esas escenas que, sin ser excluyentes con muchas más que protagonizaron distintas actrices, sirven de repaso al cine anterior al de los años sesenta. Es una selección que trata de homenajear a esas actrices, pero, también, al resto que, por razones obvias de espacio, no están. En cualquier caso, lo que es seguro es que estas diez mujeres rompieron el molde. 1)     Ingrid Bergman: siempre verdadera Cuando Ingrid Bergman le pide a Sam que toque de nuevo As time goes by en Casablanca, cuando se despide de Rick o cuando le mira a Gary Cooper en Por quién doblan las campanas, resplandece con una luz que parece proceder de su interior. Era infinitamente más auténtica y cercana que su compatriota, «la Divina» Garbo y creo que fue con diferencia la mejor heroína de Hitchcock. Colaboró con él en una obra maestra (Encadenados, Notorious), en una buena película (Recuerda, Spellbound) y en una mediocre (Atormentada, Under Capricorn). En la primera, interpretó el papel de la germano-americana Alicia Hubermann, hija de un hombre condenado por traicionar a EE.UU durante la segunda guerra mundial. Ahoga sus penas en alcohol y hombres hasta que un agente de la CIA, Devlin (Cary Grant), le convence para prestar un servicio a la patria: descubrir los planes de una célula nazi en Brasil. Para ello debe seducir al cabecilla, Alexander Sebastian, un Claude Rains...

Espartaco: El fin de la caza de brujas Jun10

Espartaco: El fin de la caza de brujas...

Si bien cuando contemplamos muchas de las películas de Stanley Kubrick, podemos sentir admiración por su perfección técnica, muchos  experimentamos también cierta frialdad, pues era un creador dotado de una inteligencia helada. Sin embargo, Espartaco (Spartacus, 1960) es una vibrante epopeya sobre la lucha contra la tiranía. Quien puso la pasión fue Kirk Douglas, que además de encarnar al protagonista, fue el gran impulsor de la película desde que adquirió los derechos de la popular novela de Howard Fast, vagamente inspirada en un personaje real. Douglas actuó como productor ejecutivo y seleccionó al impresionante cúmulo de talento que participó en esta gran obra. Aunque era entonces un hombre de excesiva arrogancia, demostró una inteligencia, energía y tenacidad indiscutibles. Asumió el desagradable papel de despedir en las primeras semanas de rodaje al director inicialmente contratado, Anthony Mann, que pese a ser uno de los mejores creadores de westerns que hubo, no se sentía cómodo en un espectáculo de la magnitud de Espartaco. Douglas escogió como sustituto a Stanley Kubrick porque estaba satisfecho de la excelente experiencia compartida que fue Senderos de gloria (Paths of glory, 1957,) pero también porque creyó que el joven director estaría tan agradecido por haber sido seleccionado en un momento todavía poco exitoso de su carrera, que sería arcilla en sus manos. Douglas no se dio cuenta de que Kubrick ya era mucho Kubrick y de que su afán de control y sus puntos de vista eran difíciles de domeñar. La relación entre ambos resultó ser un verdadero choque de egos y durante el resto de sus vidas, expresaron juicios de valor de suma dureza sobre el otro, aunque el actor reconoció siempre el enorme talento del director. En todo caso, la historia del esclavo tracio convertido en gladiador, que en...

El toque Lubitsch May28

El toque Lubitsch

Cuando Ernst Lubitsch murió prematuramente de un ataque al corazón en 1947, otros dos grandes directores de cine se lamentaban: «Se acabó Lubitsch» dijo Billy Wilder y William Wyler repuso «¡Peor aún! ¡Se acabaron las películas de Lubitsch!». Billy Wilder no era precisamente sospechoso de benevolencia en  las opiniones que profería sobre el prójimo, pero su mordacidad habitual desaparecía para dejar paso a la más absoluta admiración cuando hablaba del ingenio inagotable del que siempre consideró su maestro. Antes de ser director, Wilder fue guionista y colaboró como tal en dos comedias dirigidas por Lubitsch, la divertidísima «La octava mujer de Barba Azul» (Bluebeard’s eigth wife, 1938) y la recordada «Ninotcka» (1939). Una vez dio el salto a la dirección, trató de emularle en obras como «Ariane» (1957), «Con faldas y a lo loco» (Some like it hot, 1959) y «El apartamento» (The apartment, 1960). Enst Lubitsch era judío alemán. A diferencia de numerosos compatriotas suyos del medio cinematográfico que, en la década de los 30, acudieron a Hollywood huyendo del nazismo, emigró con anterioridad porque había llegado a lo más alto como director en Alemania y quería probar fortuna en aquella ebullición de talento que fue el Hollywood de los años dorados. Llegó, vio y venció, como Julio César…; y luego cayó…; como, como, ¡ah sí!, como Julio César. Los adjetivos ingenioso, sofisticado o creativo definen el cine de este director, que fue el único de su época que, al combinar dirección y producción, tenía un control absoluto de sus películas. Para el recuerdo ha quedado el denominado «toque Lubitsch», elemento presente en sus comedias, definido de diversas maneras, pero que puede condensarse en una broma elevada a la máxima potencia. Imaginemos algo muy gracioso, dotado de un humor muy fino. Ahora, mirémoslo...

La ley del silencio: ¿apología del chivato? May13

La ley del silencio: ¿apología del chivato?...

Una gran película requiere una intensa concentración de talento creativo por parte de director, guionista, intérpretes, etc. Partiendo de esa base, hay obras maestras a pesar de que ni sus propios creadores confían en ellas (Casablanca es un buen ejemplo) y otras que son consecuencia de la profunda fe de sus autores en su proyecto. La ley del silencio (On the waterfront, Elia Kazan, 1954) es uno de estos casos. Nadie apostaba un céntimo por esta historia ambientada en los tristes muelles de mercancías neoyorquinos, cuyo protagonista era un estibador de pocas luces que se enfrentaba al sindicato corrupto que dominaba el puerto. El conjunto resultaba muy poco atractivo para las grandes productoras cinematográficas de Hollywood que en la década de los 50 y a raíz de la entrada del televisor en los hogares, no sabían qué hacer para atraer a los espectadores a las salas de cine. Los estudios querían ofrecer gran espectáculo, amplios espacios en formatos nuevos como el Cinemascope, musicales en technicolor, evasión para el público de la dureza de la vida cotidiana… En esas circunstancias, como dijo el gran jefe de la 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck ¿quién iba a comprar una entrada para ver a un estibador y a unos sindicalistas corruptos en blanco y negro? Sólo Kazan y el guionista, Budd Schulberg, estaban convencidos del interés de una trama que reflejaba una realidad que estaba ocurriendo en ese preciso momento y se empeñaron con denuedo en pulir la historia y llevarla a la gran pantalla. Cuando ya les habían dado con la puerta en las narices los grandes estudios, tuvieron la fortuna de que Sam Spiegel, un productor independiente, zafio y tacaño pero con gran olfato, creyera en el proyecto y consiguiera la financiación necesaria. La película...

Solos ante el peligro Abr29

Solos ante el peligro...

El valor del individuo que se enfrenta sólo a un colectivo moralmente deteriorado, ya sea una banda de delincuentes, un pueblo decadente o una institución corrupta, es una de las temáticas más fructíferamente tratadas por el cinematógrafo. Pocas profesiones son tan adecuadas como la de policía para profundizar en este tipo de material, por la combinación de rasgos de carácter que requiere este trabajo (coraje y conocimiento de las personas) con las circunstancias en que se desarrolla (contacto con criminales y proximidad a altas instancias de poder). En una de las mejores obras de Fritz Lang, Los sobornados (The big heat, 1953) Glenn Ford interpreta a un agente de la ley obsesionado con desarticular una banda de delincuentes que tiene sometidos mediante el chantaje o la violencia a numerosos habitantes de la localidad, incluidos algunos cargos públicos. Como consecuencia de ciertos acontecimientos muy dramáticos, Ford pasa a lo largo del metraje de ser un profesional íntegro y respetuoso con las normas a un justiciero sediento de venganza. De esta forma, Lang concentró en una misma película dos de los prototipos que más se han repetido en el género policíaco, el agente del orden ortodoxo y el que se basa en la premisa de que el fin justifica los medios. Tal vez el máximo exponente del policía honrado fue el que retrató admirablemente Al Pacino en Serpico (Sidney Lumet, 1973), basada en la historia real del italoamericano Frank Serpico, quien se atrevió a denunciar la corrupción generalizada en la policía neoyorquina de los 60 y principios de los 70. La institución estaba plagada de agentes que aceptaban sistemáticamente dinero de los delincuentes con la tácita aquiescencia de sus superiores. Cuando uno de los mandos que prefieren mirar hacia el otro lado, le afea al protagonista...

Enseñando a vivir Abr08

Enseñando a vivir

Una de las profesiones retratadas con mayor acierto y delicadeza por el cine es la enseñanza. Productores, directores, guionistas, actores y espectadores compartimos la experiencia de haber sido educados por profesores que nos han ayudado, con mayor o menor fortuna, a construirnos como personas. Por eso, las películas se han fijado en estos interesantes personajes. En Carta a tres esposas (A letter to three wives, Joseph L. Mankiewicz, 1949), una de las tres protagonistas, Rita Phipps (Anne Sothern) es una guionista de radio, mejor retribuida que su marido George (Kirk Douglas), maestro de escuela. Sin que él lo sepa, Rita pretende que su jefa le contrate a él para una vacante de editor. Cuando George lo descubre, se enfrentan en una discusión y al preguntarle ella por qué no abandona un trabajo que tantos otros han dejado debido a sus duras condiciones, él le responde: “¿Qué pasaría si todos desistiéramos? ¿Quién enseñaría a los niños? ¿Quién abriría sus mentes y corazones a la gloria del espíritu humano pasado y presente?”. Pronunciado con la vehemencia característica de Douglas, este emocionante discurso condensa la importancia y la dignidad de la profesión. Al igual que la película anterior, Tierras de penumbra (Shadowlands, Richard Attemborough, 1993), trata la enseñanza de manera tangencial. En ella, Anthony Hopkins dio vida al reconocido escritor y profesor de Oxford, C.S Lewis. Si bien este drama se centra en la historia de amor y pérdida entre el autor y su mujer, la poetisa Joy Gresham (Debra Winger), en las escenas que recrean las tutorías de C.S. Lewis con sus alumnos, podemos disfrutar del nivel académico excepcional que puede llegar a producirse en la famosa universidad británica. Ha habido otros extraordinarios largometrajes que, más allá de presentar a personajes fascinantes que resultan ser profesores,...

Anatomía de los abogados de película Mar25

Anatomía de los abogados de película...

James Stewart fue uno de los pocos actores de Hollywood que se alistaron para luchar en la segunda guerra mundial (de hecho fue, incluso, condecorado). Llama la atención el contraste entre sus interpretaciones anteriores y posteriores a la conflagración. En las películas previas transmitía cierta gazmoñería, pero el sufrimiento que debió experimentar le dotó de una mayor profundidad psicológica y a sus ojos azules de una combinación de descreimiento y nobleza muy peculiar, sólo repetida en la mirada de Paul Newman en Veredicto Final (The Verdict, Sydney Lumet, 1982). Ambos actores interpretaron con maestría a dos abogados en un momento crítico de sus carreras. En la mencionada Veredicto Final, Newman es Frank Galvin, un picapleitos fracasado y borrachín que se empeña en una causa aparentemente perdida; la defensa de una mujer que fallece víctima de una posible negligencia quirúrgica. Galvin se enfrenta al corporativismo médico y a un contrincante sin escrúpulos (un fantástico James Mason) y lucha con denuedo porque en su fuero interno sabe que en esta lid se juega no solo un caso profesional sino recuperar su dignidad. Es una gran película que cuenta una fascinante historia de redención personal. ¿Acaso hay algo más cautivador para el público? Por su parte, James Stewart encarna en Anatomía de un asesinato (Anatomy of a murder, Otto Preminger, 1959) a Paul Biegler, un antiguo fiscal de distrito reconvertido en abogado, que quiere ganar su primer caso como tal. Se trata de la defensa de un militar (un Ben Gazzara muy inquietante) acusado de matar al hombre que presuntamente habría abusado de la mujer de aquel. Es hipnótico contemplar cómo Stewart siembra en su cliente la idea de basar su estrategia jurídica en la locura transitoria porque hay tanta sutileza en sus palabras como ambigüedad en...