Visiones de la fascinación Sep14

Visiones de la fascinación...

Un viaje a través de las canciones que reflejan el espíritu de las ciudades que visitan sus letras y que evocan sus partituras. Casi 14.000 kilómetros se recorren en esta etapa a desde Panamá hasta Buenos Aires, cruzando el Ecuador de la serie y del planeta. La mitad sur del continente americano despierta pasiones en todo el mundo, como revela la colección de artistas que en esta entrega dedican su trabajo a los territorios latinoamericanos. Al Norte, el Caribe. Al Sur, el Pacífico.En el horizonte, Colombia y más de treinta minutos de música que recorren todo un continente, hasta la Argentina. Un canto de besos en una playa de Cartagena de Indias es el primer destino de cumbia y desenfreno. Recibimiento de calor en la América más auténtica. Canción de gente en la calle y de bares donde se ahoga el día. Desde España llegó la lengua que hoy se habla en el continente y desde España llega la música que describe con percusiones y guitarras eléctricas la Maracaibo venezolana, pintada por las notas como ciudad de retiro y descanso. Desierto de amor donde se juntan selva y mar. Vistiendo ropas de verano en mitad del invierno, Paul Simon desvela su fascinación por Puerto Rico describiendo un paseo por la ciudad en la que imagina haber nacido. Letanía de niños que crecen tratando de evitar un rumbo marcado por el destino de la calle. Español e inglés se mezclan en los gritos de desesperación, de lucha, afilados por las estridencias de los teclados de la canción. Fiesta isleña de fascinación en Bridgetown. Un mito como Dizzy Gillespie se deja atrapar también por los ritmos afroamericanos transportados por las mareas al lugar en el que el Atlántico se diluye en el calor del Mar Caribe.Es Carnaval...

Letras impregnadas de lucha Sep05

Letras impregnadas de lucha...

DesdeCanadá a Panamá, ambientes de desolación, miedos y tristezas, pero también miradas al futuro próspero, en ocho canciones que recorren América al norte del paralelo 10 Más que una ciudad, un estado. Más que una canción, un disco. El álbum más oscuro de Springsteen coincide con su época más difusa, triste, angustiosa, y se refleja en la forma y en el fondo de un trabajo que retrata perfectamente la vida en el estado más lúgubre de Norteamérica. Un viaje al son de la armónica y de las guitarras grabadas con tecnología doméstica. Rock sin roll. Nebraska en el retrovisor. Sigue el viaje.Más que una canción, un himno que cruza el país en una monumental sutura de asfalto. Más que una ciudad, una ruta que es leyenda de la música. Amarillo, Texas, Chicago, Los Ángeles… y por supuesto el Saint Louis natal de un icono como Chuck Berry aparecen en uno de los temas más versionados de la historia de la música, bautizado con el nombre de una carretera: la Ruta 66. Un desvío en el camino al suroeste en la música de REM, que cruza en una canción todo el estado de Texas. Ambiente de pesimismo, para hablar de gobiernos que no se ocupan de los ciudadanos, y de promesas incumplidas que acaban provocando dolor y muerte.Con la contundencia de la brevedad, Houston en una crítica de un tiempo. Cruzando la frontera, homenaje a México en la voz de Nat King Cole, que firma una de las más celebradas versiones de la canción Guadalajara. Con la pasión de un nacido en el estado de Jalisco, el americano arenga al mariachi para cantar la alegría de la ciudad. Mil años de historia se unen en Guatemala, la Quetzaltenango llamada Xelajú en las lenguas indígenas y...

Sincronía en el envés del planeta Jun21

Sincronía en el envés del planeta...

El hecho de ubicarse en las antípodas de la Europa Occidental no hace que la música de Oceanía difiera diametralmente.Folclore y tendencias se tocan, como todos los extremos. Serotonina y golpes de caja para el primer tramo del viaje. Un vaquero negro de aires indígenas desenfunda su voz rotunda para reclamar su vuelta a la ciudad que le vio nacer:Perth, en la fachada índica de Australia, espera su música, que bien pudiera ser compuesta en Texas. También quieren regresar a Australia, pero a la orilla de Tasmania, The Whitlams, porque dicen que tienen cosas que hacer. Así lo cuenta la letra de una canción de homenaje a Melbourne, tan caótica en los ritmos como una ciudad que vive en su día frenético y en su noche alocada, abierta a la bahía. La siguiente parada en el viaje a través de la música es Papúa Nueva Guinea. Un trayecto hacia el norte a través de notas que suenan a sur, porque el rumbo es hacia el la mitad del mundo.Salima habla de sueños y de los mejores días de una vida recogida en las melodías de una composición con nombre de ciudad misteriosa y exótica. Eclecticismo de ritmos de base electrónica, raps, notas sostenidas de aires orientales y hasta etéreos recuerdos de reggae en el Miss Chang de un sorprendente disco de Chinese Man, inclasificable en un solo estilo, porque pertenece a una docena al mismo tiempo, y que incluye desde notas en bucle hasta sonidos reales de tráfico. El camino a Corea del Sur es, en cambio, monocorde. Gris y monótono, justo al contrario que la noche en Seoul, que Wangel retrata en un crescendo hasta una explosión contenida, trágica, que habla de la cercanía de la distancia, de la dulzura de la culpa,...

A las princesas del Oriente Jun06

A las princesas del Oriente...

Desde Tailandia a Indonesia, la música dibuja la sensualidad de ciudades regias. Aromas dulces y penetrantes en las composiciones y en las atmósferas que evocan de la primera a la última nota. Bangladesh en el horizonte, y más de 31 minutos de música para viajar en un pentagrama en el que se mezclan distintos aires. El primero de ellos de una norteamericama, Joan Baez, que habla de un sol que se pone dejando una penumbra de tragedia. Guerra,cólera, desolación, manchan la armonía de una canción hermosa. Luz y exotismo en la Tailandia en la que una mujer, también una mujer, secuestra el orgullo de Joel Timmons, el líder de la banda Sol Driven Train, que retrata la vida regalada en una sucesión de protagonistas de cuerdas y vientos.La vida en  directo, bosquejada sobre un escenario. El diablo visita Camboya en la siguiente canción que suena en  el reproductor. Los pasos por los caminos de tierra rojiza son acompasados por un correteo sobre el trasteo de las guitarras, y por los distintos tonos con los que las voces se acompasan, para describir un caos silencioso; rítmico. Vietnam suena a guerra, a muerte de inocentes y de inocentes, de los que matan y de los que mueren, en esa omnipresente autocrítica norteamericana a uno de sus mayores errores geopolíticos. Atmósfera alocada de destrucción.La canción suena a los setenta del rock progresivo y la experimentación musical. Vuelve Kravitz a un escenario de vergüenza, compartida por sus compatriotas. Una composición en malayo se cuela en la particular vuelta a mundo iniciada hace 28 canciones. La banda Tilu hace un homenaje a su propia ciudad con una sección de vientos acoplada A  las voces femeninas, elegantes, medidas en la misma tonalidad, sin estridencias. Como «Princesa de Oriente» bautizan Los...

Las ciudades que prestan su voz May29

Las ciudades que prestan su voz...

Desde Damasco a Katmandú, un viaje a través de la música interior, de las propias localidades y de quienes la viven y las reinterpretan para convertir experiencias en canciones. Un saxofón libanés ha amenizado el viaje a lo largo de más de 1.500 kilómetros desde Estambul.Suena Toufic Farroukh, que perfila con la sonoridad genuina de los instrumentos árabes la magia de la noche en Damasco. Desde la distancia de un París marcado por los acentos orientales, un músico atrapado por el jazz relata en un pentagrama improvisado el recuerdo de sus aventuras en Siria. Tardan en llegar las voces, y lo hacen en un segundo plano, escondidas tras el bullicio de la ciudad, en la siguiente canción que suena:Duran Duran pinta con los aires de los ochenta a la urbe cosmopolita de Tel Aviv.Alguien dice encontrarse consigo mismo paseando entre sus edificios. La electrónica acompasa una historia que recuerda a las miradas que los visitantes dedican a su alrededor cuando llegan por primera vez.Asombro. Otra ciudad llena de gracias se convierte en el grito desesperado de una mujer, Tina Arena, que se identifica con la urbe caída sobre sí misma por la guerra. Cubriendo con una pátina de tristeza la grandeza de sus tiempos de oro y palacios lujosos. Se llama Bagdad. Y se apodera del nombre la artista para gritar su desesperación. Las notas de otra canción mezclan el aire de Londres y el de Teherán.Un viaje en sueños bajo el velo de la noche. La banda británica Hiatus toma prestada la voz de Shura para dibujar un contrapunto de cumbres y llanuras de Irán, de suburbios y de altos edificios del corazón financiero de su capital. Altos y ampulosos rascacielos reciben al viajero en su etapa musical en los Emiratos Árabes. El...

Memorias con nombre de mujer May13

Memorias con nombre de mujer...

Un viaje a través de las canciones que reflejan el espíritu de las ciudades que visitan sus letras y que evocan sus partituras. Más de 13.000 kilómetros recorridos con la imaginación en las dos primeras entregas de la serie, de Madrid a Estambul. DesdeFinlandia a Turquía, donde se tocan dos continentes, la Europa del Este agrupa iconos que han atrapado la inspiración de compositores célebres de todo el mundo anglosajón. Más de siete mil kilómetros han sonado, cuando otro viaje de ocho canciones comienza en Letonia. The Weepies deslizan alusiones al turismo sexual preguntando por la tristeza de las chicas de la Riga señorial, con un tema con reminiscencias infantiles, que tiene acordes de infancia perdida. La KGB apunta un nombre en la libreta:Michael Jackson, que dice encontrarse solo, que dice oler el peligro, que canta sentirse como un extraño en Moscú. La voz desgarrada se pierde en una gran plaza ahogada por la lluvia, y en la que también resuenan las percusiones que recuerdan a simbólicas paradas militares. También llegan a Moscú —pero desembarcados de un horrible vuelo transoceánico— The Beatles. Se encuentran con una Unión Soviética desmembrada, y deciden llevar su canción hasta Kiev, para rendir un homenaje a las cálidas chicas ucranianas, cálidas a pesar de la frialdad de las tierras y del carácter. Rock con aires californianos para un trayecto a una Ucrania que ya es un país distinto al que se refería Mccartney. Más al oeste, Polonia, con la compañía de Joy División en el reproductor de música. Varsovia suena al post-funk de Joy Division.La banda inglesa adoptó en sus orígenes el nombre de la capital, que suena a su música. Y aprovecha el tema para reconstruir el ambiente de los conciertos, lúgubres y decadentes como la propia ciudad, pero...

De decadencias y vanguardias May07

De decadencias y vanguardias...

Desde Madrid a Helsinki, el continente europeo muestra en su música múltiples aristas, producto de las capas en las que se superpone su propia historia de miserias y grandezas. El cuentakilómetros está a cero. En el reproductor tampoco avanza el código de tiempo del primer tema. Arranca un viaje alrededor del planeta que es al mismo tiempo una vuelta al mundo de la música, que en ocasiones se revela como el mejor acompañante. Sabina hace girar las ruedas por un lugar donde el mar no tiene cabida, cruce de caminos de ambientes sórdidos y juventudes malgastadas, con una instrumentación limpia, con una marcada presencia de las guitarras acústicas y una edición cuidada. La norteamericana Melody Gardot se adueña de un acento que no le pertenece, para hablar de una Lisboa de jazz, a la que un preludio de campanas de las iglesias de la Alfama y de los tranvías y los elevadores transportan al viajero. La canción remata en un colofón de cuerdas viejas, cuyo eco es devuelto por desconchones de los muros de los barrios históricos. Un océano más al norte, Fiddler’s Green nos hacen sentir con su particular estilo irish folk rock —y también con sus flirteos con elpunk—, las emociones de un paseo agitado por la noche de Dublin. Suzanne Vega también pasea, pero por las calles de un Liverpool silencioso y sin tráfico en una tarde de domingo, donde presenta a los personajes solitarios que cuentan su historia sobre un contrapunto de piano que desasosiega. Los cambios de ritmo y de instrumentación del tema llenan de aire los pulmones para proseguir un viaje que también hicierom de Liverpool a Hamburgo, The Beatles buscando una fortuna que llegaría más tarde. Pero antes de llegar a Alemania… Francia y Holanda. Ni más...

Una herencia macabra

Una mujer de raza negra publica un libro con sus reflexiones tras conocer que su abuelo fue Amon Goeth, el oficial del campo de concentración nazi que aparece en ‘La lista de Schindler’. Un oficial nazi descamisado se asoma al balcón de su residencia en un campo de concentración con un rifle de caza al hombro. Desde la balaustrada, su visión a través de la mira telescópica domina las calles terrizas que separan los barracones en los que los presos judíos dormían hacinados hasta hacía unos minutos. Apoya sobre el quicio el cigarrillo que fuma en ese instante, para dedicar toda su atención al arma de fuego. Dispara. Una nube de polvo se levanta detrás de una mujer que se desploma sobre su costado, con la cabeza abierta por un balazo certero. Objetivo inmóvil, indefenso. Una ejecución sencilla para un cazador experimentado. El criminal busca otro blanco, esta vez en movimiento, más lejano y parcialmente cubierto por uno de los barracones… Fuego. Otro cadáver sobre la tierra encharcada de sangre limpia, inocente. Pasos apresurados, temerosos, en medio de un silencio de angustia se acercan al cadáver que escupe sangre por sus heridas frescas… Antes de ser una escena recreada por Spielberg en La lista de Schindler, la cruel escena formó parte de la colección de atrocidades que firmaron los oficiales fieles a la locura de Hitler que participaron en el holocausto judío. Amon Goeth existió antes de que Ralph Fiennes le encarnara en una de las películas que ha retratado con mayor precisión la barbarie nazi, a decir de quienes la sufrieron. Pero esta no es la historia de Schindler, ni la de Goeth, sino la de Jennifer Teege, una ciudadana alemana que contaba con 23 años cuando fue al cine en Tel Aviv,...

«Una sonda para lavar el corazón» Feb10

«Una sonda para lavar el corazón»...

Un hombre de alta posición social y profesional muestra sus miserias haciendo falsas promesas para satisfacer sus pasiones. Una historia mil veces contada a la que el Wilder más genial convirtió en la mejor versión del mismo argumento: el jefe que premia al empleado que le cede el apartamento en el que mantiene encuentros con su amante, a la que también promete la paz de una familia. Mentiras enjuagadas en una comedia brillante en la que se diluyen dramas personales. Entre más de veinte millones de libros —cientos de incunables y varios ejemplares de la Biblia de Gutemberg incluidos—, un par de violines Stradivarius, y miles de documentos oficiales, microfilmes y objetos con hasta veinte siglos de antigüedad, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos guarda algunas joyas de la cinematografía. Solo 25 títulos de todos los tiempos tienen el privilegio de entrar cada año en el sancta sanctorum de la cultura norteamericana, elevados por esta circunstancia a la condición de obras maestras y entre ellos, se encuentra El apartamento, de Billy Wilder. También guardan las nobles estanterías del edificio de Washington un manuscrito con las treinta mil palabras del guión original, escrito por el propio Wilder y por I.A.L. Diamond. Probablemente, entre los fondos de una de las colecciones más importantes del mundo también haya otros muchos textos, otras muchas películas, otras muchas canciones que aborden uno de los temas principales de El apartamento: la lucha de un hombre por lograr su propia estabilidad en una parcela de su vida, sin darse cuenta de que iba dejándose otras en el camino; la desesperación, como nefasta consecuencia del afán de progreso. Wilder se muestra de nuevo en la cinta como un perfecto observador de la realidad que le envuelve, dejando entrever en la...

El trovador de la lucha campesina...

Corpulento. Recio. Con una sonrisa que no podría ocultar si quisiera entre los pliegues de su piel morena, porque siempre está reflejada en un punto de luz en los ojos. El espejo le devuelve menos, muchos menos años, de los 71 que cuenta su partida de nacimiento, y de los cientos que necesitaría para condensar sus vidas de músico, de locutor de radio, de amante de su patria, de revolucionario, de niño inquieto que recorre el horizonte buscando las curiosidades de las que se alimenta su espíritu. Llega al encuentro conduciendo su todo terreno. Las manos llenas: llaves, gafas de sol, un celular… Viste camisa clara, pero saca de una pequeña bolsa la cotona negra que se planta para la entrevista. La prenda es una colección de símbolos de Nicaragua. Bordados en hilos de colores, esquemáticos emblemas que recuerdan a cafetales y a guardabarrancos, a volcanes ysacuanjoches. Color sobre la densidad oscura de un país acostumbrado a caer y a levantarse. Carlos Mejía Godoy nació en 1943 en la ciudad nicaragüense de Somoto, a apenas veinte kilómetros de la frontera con Honduras, y esa circunstancia perfiló la infancia del compositor, como él mismo reconoce: «Tenía acceso a una cultura dual. Me sentía más cerca de Honduras que de Nicaragua». Hasta donde alcanza la vista, mirando al sur en el que las calimas anuncian un lejano Pacífico, el paisaje parece extenderse, como si las lomas del verde intenso del café se desplegaran sobre el terreno, después de siglos guardadas en las cajas del tiempo. El departamento de Madriz, la patria chica de los Mejía Godoy, es uno de esos rincones del mundo en los que la naturaleza se muestra con una rotundidad que revela la energía telúrica escondida en las entrañas de la tierra, y...

Rock psicodélico fermentado en experiencia Dic16

Rock psicodélico fermentado en experiencia...

Explosivos, con un aire de rock clásico y atrevido, los ingleses de The Brew se han consolidado en seis discos y como una de las bandas de referencia del sonido de los setenta. Esta es la crónica de una segunda oportunidad. De una segunda oportunidad en el mundo de la música, así que no es una historia común, sino algo absolutamente extraordinario. Tim Smith quería ser estrella del rock, pero la pequeña ciudad portuaria de Grimsby, abierta al Mar del Norte no era desde luego el mejor escenario posible para sus pretensiones de adolescente. No al menos a mediados de los años setenta, cuando además todos los adolescentes ingleses querían ser estrellas del rock. Tim no dejó nunca las cuatro cuerdas de su m bajo. Se hizo un hombre y siguió tocando. Tuvo un trabajo, casa, hipoteca, esposa, y siguió tocando. Tuvo un hijo y siguió tocando hasta convertirlo en su único seguidor. Quiso que tocara, pero al chaval le interesaron más las baquetas de la batería. Tim siguió tocando, con un batería al que le sacaba treinta años de experiencia, y que llevaba su misma sangre. Entonces, Tim Smith quiso que Kurtis Smith fuera una estrella del rock del siglo XXI. Y siguió tocando. Con él. Para él. Y decidió montar una banda. El verbo inglés to brew tiene ocho traducciones posibles al castellano. Alguna tan british como infusionar (el té) o elaborar cerveza. Otras, contrarias en su sentido, como promocionar, reposar, fabricar o amenazar. Pero el que alude al proceso de fermentación es el que mejor define a la banda británica, que en sólo seis años ya ha ingresado en la categoría de leyenda del revival rock. Eso es lo que hizo Tim Smith: hacer fermentar su experiencia sobre una base de talento, veinte años después...

Hiperrealidad novelada...

Después de analizar los rudimentos de la profesión periodística contando historias policíacas con la redacción de un periódico o un estudio de radio como escenarios, José Sanclemente cierra su trilogía con una novela que aborda como tema lo que se ha dado en llamar ‘cruelity show’ en el ámbito de la televisión. La periodista Leire Castelló y el inspector Julián Ortega vuelven a encontrarse en las páginas de una novela negra para mostrar las miserias que se esconden tras la comunicación y el entretenimiento de las masas. Toda la atención se concentra en sus gafas. Tras las lentes se afila una mirada inquieta y sin embargo serena. Inquieta como la de un niño. Serena como la del escalador que mira el valle desde la cima conquistada. No quiere hablar de periodismo, sino de su novela, pero es consciente de que la descripción de un cargo ejecutivo en su tarjeta de una empresa periodística cuenta aún con mayor peso específico que su oficio como novelista. Se deja convencer para que la entrevista aparezca en las páginas de comunicación del periódico, y hoy tal vez se sorprende al verla ubicada en el suplemento cultural. José Sanclemente habla de periodismo. José Sanclemente habla de literatura. De hecho, confiesa que cuando se sentó a escribir pensó primero en un tratado de periodismo, pero con el olfato que le caracteriza llegó a la conclusión de que aquello no iba a interesar al gran público, así que decidió disfrazarlo de novela. De ahí salió una trilogía de disfraces literarios con los que revistió la redacción de un periódico, un estudio de radio o un plató de televisión, para mostrar las tripas del negocio y del oficio. Y eso sí que interesa a los lectores de novelas. «Pretende tener tinte de...

Músicas, femenino plural Nov27

Músicas, femenino plural...

La orquesta de cuerda Almaclara, integrada únicamente por intérpretes femeninas menores de treinta años, rinde homenaje con sus propuestas a todas las mujeres que han escrito su nombre con mayúsculas en la historia de la música clásica. Conciertos basados en piezas clásicas que sirvieron de banda sonora al cine, fusión con el baile y el cante flamenco, o proyectos pedagógicos para la aproximación integral a la música clásica son algunas de las propuestas de la original formación. Decidieron buscar una inspiración más allá del pentagrama, y la encontraron en esas otras líneas en las que los músicos escriben su propia vida: la de sus biografías. Eran mujeres y hacían música, y decidieron buscar en las vidas de otras mujeres que encontraron su esencia en el mismo arte de hacer vibrar el aire convirtiéndolo en melodía. Así nació Almaclara, una formación integrada por una veintena de intérpretes de cuerda, todas ellas menores de treinta años, que apostaron por una visión femenina de la composición; de la interpretación, de la música. Y así es como llegaron hasta otras dos mujeres a las que obviamente conocían, Alma Mahler y Clara Schumann, y a cuyos nombres de pila deben el nombre de la formación. También llegaron hasta el descubrimiento de que habían supuesto mucho más de lo que los anales han querido contar, precisamente por su condición femenina. La vienesa, esposa de Gustav Mahler, fue conocida por sus affaires con los pintores Klimt y Kokoshcka, y sus posteriores matrimonios con el arquitecto Walter Gropius, fundador de la corriente conocida como bauhaus, o el escritor Franz Werfel. Pero además de sus relaciones sentimentales con algunos de los puntales de la cultura centroeuropea de principios del siglo XX, que decían mucho del estímulo intelectual que el espíritu creativo de Alma Mahler...

Dos universos en una misma ciudad...

La caída del muro de Berlín, de la que Europa entera ha conmemorado su XXV aniversario, supuso en su momento un estallido creativo por el choque de dos culturas diferentes que convivían divididas por una línea que era imaginaria en algún sentido. Imprescindibles de la literatura alemana, como Günter Grass o Christa Wolf abordaron la temática de la reunificación, construyendo novelas a las que los ciudadanos se aferraron para iniciar un proceso de catarsis. Érase una vez una ciudad dividida por un muro. En realidad, no era un muro de hormigón, aunque lo pareciera. No era un muro opaco, y aunque su superficie se cubrió muy pronto de gritos de color proferidos por aquellos a los que el muro había dividido la vida, se podía ver de uno al otro lado a través de los ojos de la imaginación, a través de la literatura. Hubo niños que nacieron cuando el muro ya partía en dos su mundo, y que fueron padres de otros niños cuando el muro seguía dividiendo sus realidades, casi treinta años después. Las historias saltaban el muro, para asomarse al otro lado. Lo hacían en forma de novelas, de películas, de relatos, de pinturas, de canciones. Pero justo en el momento en el que las historias cruzaban de una frontera a otra, de uno al otro lado del muro, la realidad se imponía sobre la ficción, y contaba historias aún más inverosímiles que las que habían salido de la mente de un creador. Porque eran las auténticas emociones, los sentimientos, las pasiones, las que dictaban su composición. No había sido creada ficción alguna que superase el dramatismo o el esperpento que la vida diaria a uno y otro lado del muro era capaz de relatar. Ocurrió que un día el muro...

Concierto para los rincones del silencio Nov04

Concierto para los rincones del silencio...

Una joven orquesta asturiana lleva nueve años llevando música a distintos lugares del mundo, deprimidos por distintas circunstancias. Conciertos, formación musical, luthería y donación de instrumentos son las líneas de un programa solidario que ha conseguido arrancar miles de sonrisas y hacer nacer y resugir algunas vocaciones musicales. Hay rincones del mundo en los que no suena la música. Son lugares en los que la tristeza ha silenciado todas las melodías. El ritmo al que pasan los días es el que marca la subsistencia. Las canciones que no llegan a la garganta hablan quizás de hambre, quizás de soledad, quizás de pérdidas, de odio, de miedo. Suenan en la memoria, en el recuerdo de otros tiempos que se fueron. De tiempos en los que si había ritmo, y melodía. Pero hay quienes se han empeñado en llevar música a esos rincones sin música. Han decidido hacerlo porque saben que la música es capaz de transportar todo aquello que les falta a la gente que vive en esos lugares, ya sea libertad, esperanza o progreso. Hace ya nueve años que Manuel Paz, el director de la Orquesta de Cámara de Siero, decidió poner en marcha el proyecto Vínculos, señalando con su batuta dos puntos del mapa de América Latina: Bolivia y Brasil. Con un programa de doce conciertos, actuaciones en lugares como la favela Cantagalo de Rio de Janeiro, y decenas de horas de formación de instrumento a niños que jamás podrían haber soñado siquiera con abrazar un violonchelo, se iniciaba la andadura solidaria de la orquesta. Desde entonces, los maestros de la OCAS han decidido consagrar sus vacaciones a la solidaridad. Volvieron a Bolivia dos años después, y volaron a Honduras y Guatemala en 2008. Nicaragua, Ecuador, Grecia, Marruecos en dos ocasiones, y también...

Cuando la muerte viaja en el silencio Oct28

Cuando la muerte viaja en el silencio...

Desde ‘Lili Marleen’, basada en el poema de un soldado de la Primera Guerra Mundial hasta el ‘Devils & dust’ de Springsteen, en la que también se mete en la piel de un combatiente en Iraq, la música del último siglo ha rendido homenajes a aquellos que recurrían precisamente a la música para evadirse del sonido de las balas, y del silencio de la muerte. El rock de los ’70 y la Guerra de Vietnam supusieron una simbiosis absoluta entre la crueldad de los combates y las composiciones desgarradoras, impregnadas de rabia. Las balas silbaban a su alrededor, impregnando el aire de un fétido aliento de muerte. La niebla no dejaba ver los destellos de los Kalashnikov del Vietcong. Unos y otros disparaban a ciegas, guiados solo por el estruendo. La compañía avanzaba, poderosa, aplastando toda la vida que encontraba a su paso. Era un niño al que la madurez le había llegado de golpe, en forma de uniforme mimetizado. Estaba aterrado. Era su bautismo de combate. En la espesura de la jungla, temblaba encogiendo las piernas sobre su pecho, mientras los disparos sonaban desde el otro lado del río. Un cabo del pelotón había tratado de tranquilizarlo, pero sólo consiguió proporcionarle una noche de vigilia. —No tienes que preocuparte. Si escuchas el disparo, es que esa bala ha pasado de largo. No te quería, amigo. No llevaba tu nombre. El joven soldado le miró con una mezcla de agradecimiento e incredulidad, antes de reflexionar que su compañero de armas llevaba razón. A veces, cuando se producía una detonación aislada, se oía el silbido del proyectil antes que el quejido del fusil en la distancia. —En la escuela de Físicas se aprende que las balas viajan más rápido que el sonido. No puedes escuchar...

Las máscaras que el tiempo arranca Oct28

Las máscaras que el tiempo arranca...

La Sala Malandar de Sevilla acoge el próximo 23 de noviembre la presentación de En busca del tiempo perdido, el nuevo disco de Carlos Abad. Los diez temas que conforman el trabajo hablan recurrentemente el paso del tiempo, y de cómo modifica las relaciones humanas y la propia esencia de las personas. Una lección musical de filosofía, con aires que recuerdan a Jeff Lynne o a The Beatles en muchos de los arreglos y en la propia atmósfera de las canciones. Camina titubeando en cada paso. Cierra los hombros sobre su pecho, y tiende a unir los dedos, que parecen desprovistos de sentido sin una guitarra en las manos. También tiende a bajar la mirada, como si buscara encontrar la visión de seis cuerdas vibrando entre sus caderas. Paradójicamente, su espalda se curva levemente al bajar del escenario, y se yergue cuando la cinta del instrumento ejerce la presión del peso y de la responsabilidad. Tiene arrestos de coraje escénico, pero enseguida son frenados por las riendas de su retraimiento. Así es Carlos Abad (Sevilla, 1982): un músico desnudo de arrogancias, que compone y toca para encontrar los caminos por los que llevar al mundo su visión del mundo. «Nunca pienso en hacer nada comercial. Y no es por no prostituirme, sino porque el único motivo por el que hago esto es por amor al arte, por plasmar en un disco lo que he querido contar», asegura él mismo con una determinación nacida —se percibe en la gestualidad— de principios férreos; inquebrantables. En busca del tiempo perdido es el título que llevan esas diez reflexiones del artista sevillano, agrupadas en un disco que originalmente pretendió que tuviera el vinilo como soporte. «Quería jugar con el tópico de las dos caras de la moneda, y...

EL VIOLONCHELISTA DE SARAJEVO...

El hecho real del que parte e inspira El violonchelista de Sarajevo (El Aleph, 2008) es un puñal que se ensaña con el lector, apuñalando veintidós veces su conciencia. Una por cada muerto en un ataque con mortero a Sarajevo en el que murieron veintidós personas que hacían cola para conseguir pan, que ya se había convertido en un producto escaso en la ciudad sitiada, en 1992. Una puñalada por cada una de las veintidós ocasiones en las que el músico Vedran Smajlović interpretó el Adagio de Albinoni en veintidós días consecutivos, en memoria de cada una de las víctimas, justo sobre el cráter que había abierto el obús. La novela del joven escritor canadiense Steven Galloway traslada la cotidianidad de la guerra a las historias de tres personajes que bien podrían ser reales, y que de hecho se inspiraban en crónicas que los reporteros de guerra firmaron durante los días del asedio a Sarajevo. Kenan es un ciudadano sencillo y tranquilo que trata de conseguir agua para su familia, en una ciudad en la que acudir con garrafas a las fuentes se ha convertido en una aventura, en un acto heroico. Dragan es el personaje más reflexivo de la novela, que rememora continuamente a su familia, huida de la ciudad antes del estallido de la guerra mientras trafica con víveres y busca protección. Flecha es el nombre en clave de una francotiradora que protege al violonchelista durante los días en los que firma su hazaña de rendir tributo a las víctimas inocentes. Smajlović conoció la novela cuando ya estaba publicada, y arremetió contra su autor, del que dijo que se había aprovechado de su nombre, haciendo que estallará dentro de su conciencia «una bomba atómica de odio y dolor». El violonchelista vivía retirado...

El catcher en Normandía...

La última biografía de Salinger revela detalles como que el escritor continuó con su producción literaria hasta el fin de sus días, y otros curiosos como el que cuenta que el manuscrito de El guardián entre el centeno le acompañó durante su participación en el Desembarco de Normandía. «Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es» cómo surgió. Todo ese rollo de cuando decidí que iba a escribir este artículo sobre un tipo huraño,  uno de esos escritores de culto, raros y herméticos. Pero la verdad es que no tengo ganas de extenderme mucho en esas gilipolleces. Aún así tengo que hacerlo, para justificar esta forma de escribir, esta voz, que no es la mía, sino una burda imitación de la del propio Salinger. O más bien la que Salinger adoptó para meterse en la piel de su personaje. Estaba viendo en la televisión un documental sobre el Desembarco de Normandía. Uno de tantos, pero uno bueno, con imágenes reales. El narrador contó que uno de los soldados que participó en la operación era Jerome David Salinger, el autor de El guardián entre el centeno. Y también contaba que llevaba el manuscrito de la obra en la mochila. Sentí vértigo. Me interesa todo lo que tenga que ver con esa obra, imprescindible en la literatura del siglo XX. Quizás debería contar que me interesa todo lo que tiene que ver con John Lennon. Y aunque la novela de Salinger fuera una mierda, el hecho de que el asesino de Lennon la llevara encima cuando fue detenido, ya me habría hecho interesarme por ella. También me interesa todo lo que tiene que ver con el desembarco en Normandía. Es el día en el que la historia comenzó...

Un Óscar para Lennon Oct14

Un Óscar para Lennon...

Vivir es fácil con los ojos cerrados aspira a convertirse en la mejor película de habla no inglesa en la próxima edición de los Óscar. Si lo obtuviera, de alguna manera sería un premio para la memoria de un John Lennon que es el protagonista elíptico de la cinta de David Trueba, y también para su pacifismo militante. Algunos imprescindibles de la historia del rock, como Bob Dylan, Bruce Springsteen o Phil Collins tienen un Óscar en sus vitrinas, como reconocimiento a sus aportaciones musicales a grandes producciones cinematográficas, o a otras que no lo habrían sido tanto de no contar precisamente con su música. Probablemente, John Lennon también lo habría obtenido si hubiera podido componer unos años más. O si canciones como Instant Karma o Working class hero hubieran sido concebidas como tema principal de una banda sonora. Pero el caso es que la academia norteamericana de cine nunca pudo darse a sí misma el homenaje de entregar su mayor premio a toda una leyenda de la música como Lennon, ya que el que consiguió el tema Let it be, en la categoría de mejor adaptación musical, y aunque acreditado en su composición como Lennon/McCartney, sólo fue recogido por Paul, quien era su verdadero compositor. Lennon también flirteó con el cine, y no sólo con las películas protagonizadas por The Beatles, sino que Richard Lester, el mismo director de A hard day’s night (1964) y Help! (1965) le propuso participar como actor en una comedia negra ambientada en la Segunda Guerra Mundial. How I won the war contaba la historia de un caricaturesco pelotón británico de ‘mosqueteros’ que tenía como una de las principales misiones encomendadas por el alto mando la de la construcción de un campo de cricket a cien kilómetros de...

¡Monsieur, le cinèma!: Regreso (y estreno) a la ilusión del cine Sep30

¡Monsieur, le cinèma!: Regreso (y estreno) a la ilusión del cine...

Dos manchegos recorren Togo y Benin, llevando por primera vez cine a muchas de sus aldeas, en un proyecto solidario con un fin romántico: regalar a sus habitantes la experiencia que ellos mismos tuvieron de niños, cuando el cine ambulante visitaba las plazas de sus pueblos. La crónica del viaje, documentada en centenares de clips de vídeo, se ha convertido en una película que pretende dar a conocer la experiencia para repetirla en otros lugares del mundo. Ha pasado casi medio siglo desde aquella vez que Rafael Cabanillas obtuvo un pasaje al mundo de la aventura a cambio de una peseta. Aquel niño inquieto que corría por las calles de Torrijos no lo sabía, pero el sencillo gesto de comprar una entrada para el cine ambulante que llegaba en las noches de verano a la Plaza de San Gil marcaría un destino en su vida, y ayudaría a cambiar la de muchas personas a muchos kilómetros de distancia, y a una distancia metafórica aún mayor de la cultura de posguerra de un pequeño municipio toledano. Cabanillas, profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Ciudad Real, embarcó el pasado verano a su amigo Paco Matas para que durante dos meses se convirtieran en transportistas de ilusiones, llevando cine a las más remotas aldeas de Togo y de Benin, en el Golfo de Guinea, al sur del Sur. Los dos pusieron sus ahorros a disposición de la aventura: compraron un ordenador portátil, un proyector, una lona de nueve metros cuadrados, un generador eléctrico de gasolina y cincuenta metros de cable, para poder colocar la fuente de energía a una distancia suficiente como para que el ruido del pequeño motor de explosión no molestara a los espectadores. Jamás habían tenido contacto con el mundo del cine, pero...

Crónicas de la piel revelada...

Una de las fotografías que integran la muestra ‘Dermografía”, realizada con la técnica de Papel RC perforado montado en caja de luz. / Giovannina Sequeira Al utilizar el cuerpo desnudo como superficie de investigación, Giovannina Sequeira se detiene a mirar, encuentra emociones e historias que se esconden dentro del cuerpo y las manifiesta en la piel. La creación de mapas de luz revela de una manera metafórica, que la piel funciona como un espacio canalizador de todo lo que el alma siente. María José García Piaggio La  noticia llega como el halo de brillante irrealidad del destello de un flash al barrio de Bello Horizonte, en Managua, el mismo que la vio patear sus calles camino de una boda o de un acto benéfico, como reportera de egos efímeros: «Giova expone en Berlín», se cuentan sus amigos a través de los celulares. Es un hito más en una carrera de triunfos pequeños, pero sólidos, de pasos decididos que la han llevado a cruzar el Atlántico primero, a aferrarse a cualquier oportunidad de no dejar de aprender en España y, ahora, de abrir una pequeña ventana para mirar a su propio futuro en uno de los santuarios mundiales del arte. Desde el 15 de septiembre, las imágenes de la serie ‘Dermografía’ de Giovannina Sequeira se exponen en suelo nicaragüense, pero a más de diez mil kilómetros, treinta horas de viaje y más de 1.500 dólares de su país, en la embajada de Nicaragua en Berlín. «Desde que estoy acá, en Europa, hace dos años y medio, no he podido volver y ha sido horrible», confiesa la fotógrafa que acaba de cumplir veintiséis años, y que asegura haber condensado muchos más de aprendizaje en los tres últimos. Llegó a España para realizar un Máster de Fotografía...

Patrick Bard: El tiempo tras el objetivo...

Un agente fronterizo norteamericano detiene a un ‘espalda mojada’ en el paso de Caléxico. (Fotografía cedida por Patrick Bard) Su trabajo de años en el Amazonas, en Centroamérica y en la frontera de Estados Unidos con México le han hecho cosechar, al mismo tiempo, el reconocimiento mundial y una importante colección de amenazas y situaciones de riesgo. Patrick Bard se lamenta de la actual situación del periodismo pero actúa, y crea una agencia de fotografías de autor, que aportan una visión personal y comprometida de los problemas del mundo a través de sus cámaras. Libros, documentales y exposiciones son los nuevos formatos de difusión del ‘hilo de voz’ del fotoperiodismo. Su imagen no es la del arquetipo que Hollywood vende de los reporteros. No carga de su cuello con aparatosas cámaras y objetivos abollados. No lleva ropas de lona adusta, en todos verdes y tierra, como uniforme de guardia de urgencias de la noticia. Ni barba descuidada, ni facciones duras, como si la tensión hubiera querido refugiarse en algún momento difícil en los músculos del rostro, congelándolos para siempre en un rictus que impide la sonrisa. Patrick Bard es, en el primer encuentro, sencillamente, precisamente, una sonrisa que no sólo se dibuja en sus labios y en su mirada inquieta. También sonríe con el apretón de manos, con los tonos agudos de su voz de un francés de suave acento normando, heredado de la pequeña localidad de Préaux-du-Perche, a 150 km de París, donde vive, y con la suavidad con la que desliza cada uno de sus movimientos y sus posturas. No se hace notar. No capitaliza ni  una sola de las conversaciones en las que participa, aunque las experiencias que atesora bajo esa negación del tópico que es su propia imagen le legitimarían...

Un palacio flotante a la deriva de la memoria Jul29

Un palacio flotante a la deriva de la memoria...

El hecho de que la nave capitana de la Santa Liga en la Batalla de Lepanto fuera construida en las Atarazanas de Barcelona pero posteriormente trasladada a Sevilla para su ornamentación por los más destacados artistas de la época es poco conocido. La historiadora Emma Camarero lleva más de veinte años tratando de hacer llegar al gran público la investigación que puso de manifiesto todos los detalles relativos a la decoración de la Galera Real en el puerto hispalense y a su pérdida en la legendaria confrontación con la flota del Imperio Otomano en aguas del Golfo de Lepanto. Hace exactamente veinte años, una joven licenciada en Geografía e Historia acariciaba en un estante el lomo de un libro que marcaría en buena medida el rumbo de su vida. En el estudio del profesor Lleó Cañal sobre mitología y humanismo durante el Renacimiento en la Sevilla que se dio en llamar ‘Nueva Roma’ aparecía una referencia a la que probablemente habría sido el más fabuloso navío de guerra construido jamás, y no solamente por su potencial bélico, sino también por su simbología de raíz mitológica y su profusa ornamentación. Aquel buque fastuoso era la nave capitana de la Santa Liga en la Batalla de Lepanto: la Galera Real de Don Juan de Austria. Emma Camarero (Cádiz, 1971), leyó fascinada los párrafos en los que el autor hablaba de aquel barco que se convirtió en leyenda en la lucha en el Golfo de Lepanto, y decidió investigar sobre el programa de ornamentación de la galera, que se llevó a cabo en el Puerto de Sevilla, y que fue concluido justo cuatro siglos antes de que ella misma naciera. La importancia histórica del episodio fue una de las motivaciones que llevaron a la joven historiadora a...

El espectáculo de la imperfección...

El pintor leonés Félix de la Concha reinventa la pintura, aportando una dimensión escénica a sus series de retratos y paisajes. A lo largo de su trayectoria como pintor se ha distinguido por sus series y sus perfomances, que graba en vídeo y que en ocasiones realiza con público. Ha decidido renunciar a la perfección, a cambio de aportar una magnitud teatral al acto íntimo de la creación pictórica. Durante los últimos años, el artista castellano se ha aproximado al conocimiento de hechos, sociedades, culturas  y realidades mediante la fórmula del retrato-entrevista, en la que realiza un bosquejo de las vivencias del modelo mientras trata de captar su alma sobre el lienzo. Protege su timidez con los movimientos fugaces, desprovistos de sentido, de sus manos. Lo hace cuando habla. Lo hace cuando pregunta. Lo hace cuando pinta. Su apariencia es la de un niño, a pesar de haber sobrepasado los cincuenta años. Delgado, pequeño, de mirada curiosa, inteligente y con un brillo reservado, de inocente malicia, de traviesa arrogancia. Como si Tom Sawyer hubiera nacido en León, en 1962 y se hubiera negado a crecer, recreando su propia realidad al óleo de los paisajes que pinta, y retratando a los personajes de su vida y de los acontecimientos que le interesan. Tal vez por ello el destino, o Dios o la fortuna, o todo ello, llevó a Félix de la Concha vivir en Iowa, cerca de donde MarkTwain ambientó sus historias de niños que no quieren dejar de serlo, jugando a ser hombres, que, como él, patalean y escenifican un sobreactuado enfurecimiento cuando los detalles escapan a un control artificial, fingido. Su vida, como buena parte de su obra, es una apología del anacoluto. No concluyó sus estudios de arte, y sin embargo se...

El niño que no quería ser astronauta...

Al mismo tiempo que un hombre pisaba por primera vez la superficie de la Luna, otro hombre veía por primera vez la luz del mundo en Sevilla. Y no deja de tener gracia que, cuarenta y cinco años después, diga que sus padres “se habrían sorprendido menos si les hubiera dicho que quería ser astronauta”. La afirmación la hace Andrés Pérez Domínguez, que con cinco novelas publicadas, más de un centenar de premios literarios y varias decenas de miles de ejemplares de sus libros vendidos, aún siente pudor de decir públicamente que es escritor. “Cuando relleno un formulario en el que tengo que escribir mi profesión, todavía dudo”, confiesa el autor, que termina el último borrador de su próxima novela, con una trama policial ambientada en la actualidad, en Sevilla. Asegura que su actividad como escritor fue absolutamente clandestina durante mucho tiempo: “sólo mi familia y un par de amigos sabían que escribía, y cuando tenía que enviar algún cuento a un certamen me iba a la oficina de Correos de otro pueblo distinto del mío para que nadie me conociera”. Escribió durante años cada día entre las seis y las ocho de la mañana y entre las tres y las cuatro de la tarde, alternando su actividad creativa con su trabajo en un negocio familiar de muebles. Así concibió ‘La clave Pinner’ y muchos de los relatos con los que obtuvo premios tan prestigiosos como el Max Aub. Precisamente, reivindica la disciplina como un elemento imprescindible para triunfar en el mundo editorial. “No tengo manías, ni soy bohemio, ni vivo atormentado”, asevera para tratar de demostrar que la de escritor es una profesión que también puede estar alejada de los estereotipos, que requiere de saber relacionarse con la industria y con los lectores,...

Liverpool no duerme en agosto Jun24

Liverpool no duerme en agosto...

Cada año, Liverpool recibe a todo tipo de personajes que intentan encarnar a los componentes de una de las bandas más importantes de la historia. Es posible que la más grande de todas. No son otros que The Beatles. Y ya son cincuenta ediciones. Punteos exactos, flequillos exactos, casacas exactas; componen una falsificación enorme y, por supuesto, exacta. El grupo norteamericano Instant Karma, los españoles Los Escarabajos o los argentinos Merseybeat, son algunos de los grupos que se dan cita en Inglaterra para rendir homenaje a sus ídolos. Rubber Soul. Track 11. [Play]. There are places I’ll remember all my life though some have changed. Por ejemplo, el prado de Dovedale Road, el lugar de juegos de recreo de la escuela infantil George Harrison y de John Lennon. Más de sesenta años después, una banda noruega de cincuentones rockeros se entrega hasta el éxtasis haciendo una versión enérgica y guitarrera de ‘Kansas City’, flirteando con el heavy nórdico. Tumbados sobre la hierba, cientos de seguidores beben cerveza, cierran los ojos, miran al cielo. Por ejemplo, el American Bar del Hotel Adelphi, en el que una formación japonesa despliega una performance mimética del concierto del Shea Stadium de Nueva York: los mismos instrumentos, los mismos flequillos, las mismas chaquetas de aire militar, las estrellas de rangers, el mismo setlist, las mismas bromas con el público, los mismos movimientos histriónicos de un Ringo de ojos rasgados y piel cetrina. Por ejemplo, la Iglesia de Saint Peter en Woolton, en la que una mujer barre el arroz caído al suelo justo después de una boda. No es Eleanor Rigby, porque está enterrada a menos de cincuenta metros, en el lugar en el que unos adolescentes españoles cantan a capella el tema escrito por McCartney para rendirle un...

De la poética, la erótica y la política...

Habita en un cuerpo que no pertenece a su presente. Tampoco su mente es del tiempo en el que los rizos de su melena describen volutas de sensualidad por donde pasa, por donde pisa. Gioconda Belli nació en Managua en 1948, pero su figura habla de la niña que con catorce años ingresaba en un internado de monjas de la calle Santa Isabel, en Madrid, justo en el lugar en el que hoy se erige el Museo Reina Sofía. O de la guerrillera que se camuflaba de inocencia para pasar armas a la «contra» nicaragüense. Su forma de pensar es la de una mujer venida de un futuro sin complejos, sin discriminaciones, sin frustraciones. Un futuro que no se sabe si existe más allá de sus poemas y sus novelas. Un futuro que es la vida misma, en el que las risas y las lágrimas se alternan en episodios de drama y comedia, estrofas trágicas y capítulos alegres. Viste blusones estampados que volatilizan su talla, acentuada por cuñas imposibles bajo las sandalias. Abalorios que recogen la luz de las miradas sobre el pecho y en las muñecas delgadas. Talismanes que hipnotizan. ¿O es el misterio profundo de la sonrisa amplia? ¿O son los ojos enterrados en los pliegues protectores de los párpados voluptuosos? ¿O son los movimientos de sus manos largas, dulces y sin embargo autoritarias? Belli hace alarde de su erotismo que después de intuirse en su presencia se hace evidente cuando la tesitura de su voz va del rugido hondo al canto agudo con el que se divierte contestando a las preguntas. «La sensualidad femenina es el símbolo de la posibilidad de una mujer de ser quien es. En la sociedad machista querrían que sacrificáramos la esencia de lo que somos. Pretenden...

Historias que retumban en el pecho Jun10

Historias que retumban en el pecho...

© De las imágenes: Javierre Alonso De una forma paradójica y recurrente, quienes crean arte con las palabras como materia prima expresan en ocasiones su preocupación por no encontrarlas. Julio Cortázar, por ejemplo, decía que «las palabras no alcanzan cuando lo que se quiere expresar desborda el alma». Aldous Huxley aseguraba que «después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música», y esa cita del escritor británico es la que han asumido los integrantes de la banda sevillana Münchausen como leit motiv de su trabajo en el estudio de ensayo, sobre el escenario, y especialmente en la soledad en la que Antonio Navarro y Alex Maroto componen canciones que cuentan más de lo que cabe en tres minutos. Historias. Historias. Inverosímiles historias de giros vertiginosos era lo que contaba el mito literario del Barón del Münchausen, inspirado en un personaje real, y que da nombre e identidad gráfica al grupo en un logo con el cañón a punto de disparar al noble alemán y la bala sobre la que supuestamente viajaba. Historias. Y eso mismo es lo que ocurre con los temas que componen los dos discos de la banda, en los que la realidad y la imaginación crean un universo de letras densas y mensajes profundos que, aunque tardan en calar en las primeras escuchas, terminan por incrustarse en una conciencia que se cincela con los ritmos limpios de la formación. Porque así lo quisieron ellos o más bien las circunstancias, «Hoc Voluerunt», el primer trabajo de Münchausen después de la incorporación al proyecto de Juanma Silva y David Cala nunca fue editado en formato físico, sino difundido exclusivamente a través de plataformas digitales y redes sociales. Supieron aprovechar, en cualquier caso, las ventajas con las que...

Poesía en los tres amores de Cardenal...

Óscar Gómez / GRANADA, Nicaragua Cada mes de octubre, cuando la Academia Sueca anuncia el ganador del Premio Nobel de Literatura, la tierra tiembla en Nicaragua con su propia voz interior. No es uno de los sismos en los que manifiesta su energía telúrica la patria de Rubén Darío. Es el nombre vibrante y sonoro de otro de sus poetas, nacido en Granada hace casi noventa años, el que hace estremecerse al istmo, que reclama el máximo galardón de las letras para un Ernesto Cardenal que siempre suena en las quinielas. Cruza el jardín de hotel en el que se realiza la entrevista con la lentitud que el tiempo ha conferido a sus pasos pequeños y sin embargo ágiles, aunque las sandalias no lleguen nunca a levantar del todo de las baldosas de barro cocido. «No hablo sin necesidad. No me gusta hablar. Si puedo estar en silencio, lo prefiero», susurra, dando valor al esfuerzo con el que concede la entrevista. Los saludos respetuosos de quienes franquean su paso en la galería colonial empujan suavemente a Cardenal hacia su destino en un butacón de mimbre: «Poeta, bienvenido», «Buenos días, poeta». Siempre pantalón vaquero amplio, del azul oscuro del Lago Cocibolca que baña la orilla de la ciudad que le vio nacer y el archipiélago de islotes que inspiró una de sus obras más conocidas, El Evangelio de Solentiname. Siempre camisola que confunde su blancura con la de barba larga y la de la melena. Siempre boina negra. Siempre voz que agoniza en un lamento cavernoso e impostado de solemnidad. Siempre ojos pequeños llenos de vida. Siempre habla, y siempre escribe, del amor. De los tres amores que ha conocido en una vida que acaricia el siglo. «Mi primer amor fue cuando yo tenía nueve...