Bailar con la más fea

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Que en España hay muchos actores y poco trabajo es algo evidente, que el dinero brilla por su ausencia en cualquier producción actual también; que los precios de las entradas son insuficientes para cubrir costes y, aun así, hay que seguir bajándolos cada día, resulta ser el pan nuestro de cada día. Pero tan cierto como eso es que hay un buen número de actores y actrices jóvenes e ilusionados, con ganas de hacer cosas importantes, personas que no entienden su vida alejada de los escenarios, gente que renunció a muchas cosas importantes para poder ser cómicos. Ejemplos claros son los de Maggie Civantos y David Tortosa, dos andaluces que todavía sueñan con que su modo de vida sea actuar y no otra cosa.

El otoño se está haciendo el remolón. No termina de llegar y eso provoca cierto caos entre los madrileños. Abrigos, camisetas de manga corta, sandalias o botas. Una extraña mezcla que hace sudar a unos y pasar algo de frío a otros. En cualquier caso, los días son agradables.

Maggie Civantos y David Tortosa llegan puntuales a la cita. Café para los tres. El de ella con leche de soja. En abundancia, para impedir un exceso de nervios. Son jóvenes, bien parecidos, amables e hiperactivos (al menos eso es lo que dicen; a mí me parece que son encantadoramente tranquilos).

David Tortosa dice que Maggie es muy buena llorando. Maggie dice que si ella tuviera que elegir un papel para David tendría relación con un loco, un psicópata o un tipo oscuro. Sin embargo, la última vez que se les ha visto juntos sobre un escenario ha sido interpretando sus papeles en la comedia Un balcón con vistas, en la que de lágrimas y oscuridades personales, poco; ya les digo yo que muy poco.

Charlamos sobre sus trabajos más recientes. Maggie termina con una reflexión más que interesante.

“Faltan textos. Claro que faltan. Y es que parece que todos vamos al mismo lugar. Si funciona la comedia, todos a la comedia. Si funciona el microteatro, todos al microteatro. Sin pararnos a pensar demasiado en lo que vamos a hacer. Las cosas están muy feas y tampoco tenemos muchas opciones, pero creo que nuestro compromiso con el mundo de la cultura va mucho más allá y deberíamos tomarlo muy en serio. La crítica social, el compromiso ideológico, todo, deberíamos tenerlo en cuenta aunque hay quien dice que eso no lo quiere escuchar el público actual. Cosa que dudo por otra parte”.

David, con una educación exquisita, responde.

“Sí, es verdad que hay quien dice eso, pero es, por lo menos, discutible. El público quiere, necesita, que le pongan enfrente la realidad por dura que sea, porque necesita explicaciones y salidas a lo que está sucediendo. No podemos pensar que solo quieren reír y olvidarse de lo que está pasando; pensar algo así sería menospreciar a las personas que se acercan a un teatro”.

DAVID TORTOSA 02

Se queja Maggie de tener que pensar en salir de España para poder tener alternativas. ¿Por qué quieres huir, Maggie? Los ojos de Maggie se encienden cuando escucha algo que le pone alerta.

“Huir no. De huir nada de nada, Gabriel. Pero las aventuras parece que están en otro lado. Y las oportunidades laborales. Me considero una actriz muy preparada y no sé si quiero que me valoren por el número de seguidores que tengo en las redes sociales. No se trata de escapar; lo que sucede es que en España, los actores y actrices estamos escasos de motivación. Ni hay trabajo para todos, ni las perspectivas son razonablemente amables. Y, además, siento la necesidad de contar. O lo que siento lo convierto en teatro o exploto. O lo hago aquí o lo hago en la China Popular”.

Miro a David interrogando con el gesto. Recibe el aviso con rapidez y contesta.

“Yo escapé hace tiempo. Después de acabar la carrera decidí venir a Madrid buscando trabajo como actor. No disfrutaba de las leyes y sí lo hacía con mi trabajo amateur sobre los escenarios. Cambiar Granada por Madrid fue un verdadero terremoto en mi vida. Y cambiar mi vida fue un terremoto. Hubo un momento que todo era un seismo. Pero no la entiendo sin el teatro, sin ver la reacción del público; no me veo haciendo otra cosa que no sea actuar. Me hace sentir vivo”.

Las miradas entre los dos son de complicidad. Se conocen y se gustan. No negaré que a mí también me gustan. Entre risas, cafés y leche de soja, avanzamos con la entrevista. Aparecen, de forma inopinada, las madres.

“Las madres siempre nos cuentan todo. Si ven a alguien parecido a nosotros nos dicen que qué pasa en este mundo que no estamos allí, que pegaríamos mucho más”.

Lo dice uno (si les digo la verdad no recuerdo si él o ella) y el otro dice entre risas que sí, que sí, que a mí me pasa lo mismo.

Quiero que me hablen de la situación actual del teatro. Maggie contesta casi sin dejar que termine la propuesta.

“El problema viene muy de atrás. Por ejemplo, ser actor no está considerado ser una persona culta. Tal vez tampoco seamos lo suficientemente serios nosotros míos y no demos la mejor de las imágenes, porque actor parece que puede ser cualquiera. Tampoco estamos haciendo gran cosa por evitarlo. Y faltan textos y motivación, insisto”.

David se lanza a la carga.

“Hay varios problemas. Por un lado, si los directores están aceptando en sus repartos a actores y actrices amateur por una cuestión de rentabilidades, es para pararse a pensar sobre ello. Una de las consecuencias de esto es que a todos se nos ha metido en el mismo saco. Y, por supuesto, a todos los niveles, hay diferencia entre el profesional y el que no lo es. Quizás las apuestas de los teatros no deberían ser tan extensivas (muchas obras y muy poco tiempo) y más intensivas (apostar definitivamente por algo y tratar por todos los medios de llegar al público)”.

Maggie + David

Os ha tocado bailar con la más fea. Una crisis enorme, una despreocupación absoluta de los políticos por el mundo de la cultura, nuevos movimientos del público que los hace deslizarse hacia otros territorios… En fin, con la más fea.

Bueno, es un tiempo de oportunidades, dice David. Y Maggie, colocándole el pelo, se ríe y asiente.

Según dice David Tortosa, Maggie Civantos es algo caótica y traslada ese caos personal al personaje que encarna en Un balcón con vistas. Le queda divertidísima la cosa, dice. Me temo que, esta vez, ese caos nos lo ha trasladado a todos. Como el otoño lo provoca en Madrid. Y la entrevista ha sido una de las más divertidas que recuerdo haber realizado. Es lo que tiene juntarse a los jóvenes, a sus ilusiones, a su hiperactividad, a su forma de entender el mundo.

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