Billy Wilder: Guionista antes que director

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Billy Wilder comparte con otros hombres de talento como Huston o Sturges el hecho de haber sido guionista antes que realizador. Afortunadamente, nunca dejó de lado aquella faceta y fue coautor de todos los guiones que dirigió, haciendo siempre de ellos el centro de su proceso creativo. En su etapa previa a la dirección, los guiones más recordados de Wilder fueron las extraordinarias comedias que escribió con el también dotadísimo Charles Brackett, como La octava mujer de Barba azul, Ninotschka, Medianoche, Bola de fuego y Si no amaneciera.

Al Hollywood de los años treinta acudieron hordas de europeos buscando el sueño americano o huyendo del nazismo, como fue el caso de Wilder. Observador atento, supo captar pronto las características de su sociedad de acogida, sin perder de vista sus propios orígenes y sus periodos como trotamundos en Berlín y París. Las tramas que escribió eran un resultado de esa mezcolanza de experiencias y percepciones, bien aderezadas con ironía y sarcasmo.

En su etapa previa a la dirección, los guiones más recordados de Wilder fueron los que realizó con Charles Brackett entre 1938 y 1941. Ambos eran tan brillantes, que llegaron a contar entre los escritores más codiciados de la Meca del cine y formaban un tándem tan compenetrado, que en sus textos es raro conocer sus respectivas aportaciones.

Escribieron historias de alta comedia romántica con ciertos elementos argumentales en común: choque cultural entre individuos de distinto origen (EEUU-Europa, capitalismo-comunismo, educación refinada-astucia callejera), un personaje protagonista que busca unos objetivos muy prácticos y progresiva transformación del mismo por amor hasta el punto de abandonar sus planes iniciales.

Recordemos algo de ellas…

LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL (BLUEBEARD’S EIGHT WIFE, 1938):

LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL

Gary Cooper es un multimillonario norteamericano que se ha casado y divorciado siete veces y su octava presa es Claudette Colbert, una noble francesa venida a menos. Esta obra del genial Ernst Lubitsch no es hoy muy recordada pero tiene un comienzo muy surrealista y divertido en torno a la estrambótica compra de un pijama. Cooper quiere sólo la parte de arriba de la prenda y discute con los dependientes hasta que entra por la puerta Colbert quien, obviamente, suspira por los pantalones. La idea fue del propio Wilder, quien al parecer, dormía sólo con la camisa.

Dado que Claudette fue una de las mejores comediantas de la historia del cine y que Cooper podía ser sorprendentemente gracioso, verles representando las absurdas escenas escritas para ellos por Wilder y compañía es un verdadero placer.

MEDIANOCHE (MIDNIGHT, 1939):

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Eve Peabody (Claudette Colbert) es una buscavidas norteamericana que llega a París sin nada más que lo puesto y que hace migas con un encantador taxista con el bigote de Don Ameche, al que intenta dar esquinazo para picar más alto. Se topa con un millonario estrambótico (descacharrante John Barrymore) que aprovecha para darle una lección a su veleidosa mujer (Mary Astor).

Más que cualquier otro género, la comedia tiene una absoluta dependencia de que se conjugue un sólido texto de base con unos actores que sepan captar el ritmo preciso y dotar a las frases y gestos de la gracia que se atisba en el papel. De no darse esta alquimia, por bueno que sea el texto, muere en boca del intérprete. En Medianoche, las graciosísimas situaciones y los hilarantes diálogos estuvieron escritos por unos Wilder y Brackett en estado de gracia y afortunadamente las burbujeantes interpretaciones les hicieron justicia, especialmente porque pocas actrices han tenido el sentido del ritmo de la gran Claudette.

Sólo a Wilder y Brackett se les podía ocurrir que una mujer le dijera a otra un cumplido tan envenenado como “¡Ese sombrero te favorece! Te da una barbilla…” y sólo Claudette Colbert podía espetárselo a Mary Astor y aun así seguir resultando encantadora.

Mitchell Leisen fue quien dirigió esta maravilla y al parecer, Wilder no le perdonó que no fuera totalmente respetuoso con el guión, aunque viendo el resultado, no se aprecia que en la película sobre o falte nada. Lo cierto es que resplandece de ligereza y equilibrio y abundan las escenas impagables como el recorrido nocturno en taxi de Colbert y Ameche por París, ella colándose en una velada de postín o los taxistas de París colapsando la ciudad para encontrar a la joven.

NINOTCHKA (1939):

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Esta mítica obra de Lubistch se publicitó con el eslogan “¡Garbo ríe!”, lo cual era todo un hito porque la Divina se había pasado su filmografía haciéndonos llorar a mares. Da vida a una funcionaria soviética que llega a París para tratar de reconducir a tres camaradas que se están dejando seducir por los encantos del capitalismo al que ella también va sucumbiendo, del brazo de un conde con la simpatía de Melvyn Douglas.

Wilder atribuyó al toque Lubitsch el mérito de encontrar la manera sutil de representar que la protagonista va claudicando ante el capitalismo, lo cual logró con un simple sombrero de diseño. La primera vez que Ninotchka lo ve en un escaparate, musita despectivamente “¿Cómo puede sobrevivir una civilización que permite a las mujeres llevar eso en la cabeza?”. La segunda vez, se limita a torcer el gesto. La tercera, se encierra en su habitación, lo saca de un cajón y se lo pone…

Aunque a algunos nos parezca que Greta Garbo actúa sin ídem, la pluma de Wilder y Brackett nos hace reír en muchos momentos. ¿Recuerdan por ejemplo la escena en que la protagonista le pide a un camarero un plato de remolacha y zanahoria y éste le advierte “Señora, esto es un restaurante, no un prado…”?

Lo mejor es que, gracias a sus colaboraciones con Lubitsch, Wilder aprendió a respetar la inteligencia del espectador y a intentar buscar una forma distinta y sutil de contar las cosas. Así, en su subsiguiente filmografía fue utilizando con creciente habilidad la insinuación como elemento cómico o dramático. Iba dando indicios de una idea, que permitían que el público realizara la deducción final y así sintiera el regocijo de haber caído en la cuenta.

ARISE, MY LOVE (1940).

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Wilder, Brackett, Leisen y Colbert coincidieron de nuevo en esta película que no se llegó a estrenar en España porque la protagonizaba un norteamericano (Ray Milland) que había luchado en el bando Republicano en la Guerra Civil. Pese a estar condenado a muerte, una intrépida periodista (Claudette Colbert) le salva y ambos inician un romance que se complica con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El guión se escribió cuando aún faltaba año y medio para que EEUU se uniera al bando Aliado. Wilder, que anhelaba que su país de acogida se implicara defendiendo la democracia frente a los fascismos, cargó demasiado las tintas en el último tramo de la obra en el mensaje pro-intervención. Pese a esto y a algunos fallos de tempo que ralentizan ciertas partes, el conjunto es entretenido. A esto se suma que la química entre los protagonistas fue muy buena y que Leisen era fantástico para integrar armoniosamente comedia y verdadero romanticismo.

BOLA DE FUEGO (BALL OF FIRE, 1941):

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Disparatada comedia sobre una cantante (Barbara Stanwyck) que se refugia de la policía en el caserón donde viven varios autores de una enciclopedia, incluido Gary Cooper. La joven responde al nombre de Sugarpuss O’Shea y él al no menos absurdo de Potts, ella causa mareos con sus sinuosos andares y él se emborracha con un vaso de leche. El romance está servido.

Wilder había discurrido esta trama cuando aún estaba en Europa y cuando se la contó a Howard Hawks, éste le dijo que le encantaría dirigirla. El brillante director consideraba que era una versión moderna de Blancanieves y los siete enanitos, aunque Sugarpuss tenía poco de virginal princesa y se tenía que subir a una pila de libros para enseñarle a besar al larguirucho de Potts. Wilder y Brackett pusieron manos a la obra y tejieron un montón de escenas y frases desternillantes. Al igual que Claudette Colbert, Stanwyck tenía una envidiable vis cómica y el resultado fue todo un éxito.

SI NO AMANECIERA: BENDITA CUCARACHA O POR QUÉ WILDER DIO EL SALTO A LA DIRECCIÓN:
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La tercera vez que Wilder y Brackett escribieron para una película de Leisen fue Si no amaneciera (Hold back the dawn, 1941), en la que un bailarín centroeuropeo (Charles Boyer) desesperado por cruzar la frontera entre Méjico y EEUU, seduce a una ingenua profesora norteamericana (Olivia de Havilland). La obra contenía guiños a la vida del propio Wilder, que también trabajó como bailarín y que vivió el duro trago de atravesar ese mismo paso fronterizo.

Wilder estaba por ello particularmente ilusionado con una escena que le parecía que reflejaba certeramente el aislamiento que experimenta el emigrante en esas circunstancias: Boyer está deprimido en la habitación de su motel y al ver una cucaracha en la pared se dirige a ella despectivamente como si él fuera un oficial fronterizo y el insecto un extranjero. Wilder se llevó un gran chasco cuando averiguó que Leisen había eliminado ese momento a petición de Boyer, que encontraba ridículo dirigirse a un bicho.

Como ni Wilder ni Brackett eran unos santos, se vengaron duramente de la afrenta. Eliminaron del resto del guión la mayoría de las intervenciones de Boyer y respecto a Leisen, se ocuparon de denostarle, contribuyendo a que el mismo ocupara en la historia del cine un puesto muy inferior al que le correspondería por su sensibilidad y buen oficio. Afortunadamente, algo muy bueno salió de la rabia de Wilder. Este chasco fue el catalizador que le decidió a convertirse en realizador, para asegurarse de que sus guiones fueran respetados.