Bulerías que trepan por el pop y reconstruyen el flamenco

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A sus veintiocho años, Yona Luna presenta el que será su tercer trabajo de estudio. Quinto menguante, producido por Son Sur Music, es el último intento de este artista gaditano por obtener el reconocimiento de público y crítica, labor nada sencilla cuando se habla de un músico que fusiona flamenco con pop. Ha llegado la hora de consolidarse o naufragar en el intento. De arrancarse por bulerías sin renunciar a la vitalidad de otros estilos.

No ha alcanzado todavía la treintena y Yona Luna es ya un artista con un historial dilatado en terreno musical. Nacido en Cádiz hace veintiocho años, lleva más de media vida dando muestras evidentes de su pasión por el cante inimitable de las tierras andaluzas.  Lleva el flamenco metido en el cuerpo, y el duende acariciando sus cuerdas vocales. Pero, además, su juventud y frescura lo han llevado a continuar una ruta que ya otros artistas se han atrevido a trazar desde hace tiempo: combinar sin miedos el pop con el estilo de su corazón.

Con solo doce años, este músico recorría sin temor todo tablao que se le pusiese por delante, participando también en diferentes proyectos musicales en los que dejaba constancia de sus ganas por la interpretación y su pasión por la música. A medida que fue creciendo, fue cogiendo altura también su carrera musical. En 2008 participó en un festival de corte internacional, celebrado en Turquía, donde obtuvo un segundo puesto con su tema Malo pa’ ti. Un tema donde el cantante fusionaba el pop con el flamenco, estilo que se convertiría en signo de identidad de su trayectoria. Desde ese momento, los focos mediáticos y el calor del público fueron arropándolo cada vez más, destapando a un joven que prometía alegrías en el ámbito en que se defendía.

No obstante, logró abrirse paso no sin esfuerzos, puesto que la industria musical es conocida tanto por su exigencia como por sus conveniencias. Y el pop de raíces flamencas no goza de un mercado consolidado de amplias dimensiones (es suficiente con ver cómo artistas actuales, como Pablo Alborán, se convierten en un fenómeno de masas no solo por su talento, sino por su condición de singularidad). Pero lo cierto es que el pop flamenco lleva años y años pujando por escalar un peldaño más, por tener una mayor presencia en las cadenas radiofónicas estatales, y un reconocimiento más visible en la crítica. Y Yona Luna es uno de esos adalides contemporáneos que lucha por conseguirlo.

Fue con su segundo álbum, A mi aire, con el que captó una mayor atención. Además de las credenciales presentadas en este trabajo, el artista gaditano encontró una oportunidad de oro para que más oídos se posasen en su trabajo. David DeMaría (cantante consolidado y ejemplo a seguir por Yona Luna) quiso colaborar en uno de los temas del disco, titulado Dime quién es él. No solo con esto quedó sellada la relación de camaradería y compañerismo que tanto gusta ver entre artistas, sino que Yona se atrevió a versionar por bulerías el conocido tema de David, Precisamente ahora que, como era de esperar, recibió todo tipo de críticas. Y es que ninguna decisión a tomar en el ámbito musical es sencilla; hay quien disfruta con la versión renovada que hizo de una canción que fue todo un éxito a nivel nacional y hay quien, por el contrario, se siente molesto (vaya a saber uno si incluso ofendido) por manipular la composición de otro artista. En todo caso, lo innegable es que la colaboración con David DeMaría supuso un pequeño empujón con el que tratar de aupar un poco más su trabajo.

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Ahora, Yona Luna presenta su tercer y último disco, que lleva por título Quinto menguante. Su primer single es No sabes cómo me duele, y en él se destapa un carácter más comercial, con visos de querer ser aceptado con suma facilidad en los medios de comunicación, aquellos que mayor capacidad tienen para hacer llegar la música a un amplio número de oyentes y potenciales seguidores. La compañía discográfica con la que ha publicado este trabajo es Son Sur Music, con base en Algeciras, y que ha apostado fuerte por este artista. Queda más que demostrado si uno echa un vistazo a los profesionales de los que se ha rodeado el gaditano en materia de producción. Sin querer provocar una retahíla de nombres, es necesario hacer referencia a los artistas de nivel con los que han trabajado los maestros que colaboran ahora en este disco, tales como El Barrio, José Mercé, Pablo Alborán o Andy&Lucas.

Con este trabajo de fondo, ha llegado el momento de que Yona Luna demuestre si ha alcanzado el rango de madurez musical necesario para triunfar y ascender esos peldaños que se le resisten. Una amplia biografía lo acompaña, ahora junto a un trabajo elaborado y con un aroma fresco y revitalizado. Pero el pop y el flamenco, unidos de la mano, exigen algo más que eso. Reclaman hasta la última gota de talento. Y es la hora de comprobar si, en este último disco, además de confección hay sentimientos y arte. El flamenco es un cante exigente, con el que uno no puede hacer nada si no lo lleva bien adentro. Y hay que saber fusionarlo con otros estilos; en este caso, con el pop. La bala de rodearse de grandes artistas ya ha sido utilizada, queda ahora revelar qué es aquello que brilla dentro de uno mismo. Este es el año en que un artista gaditano, joven pero con tablas, se juega el reconocimiento del público, de la crítica, de su gente. Él tiene confianza, falta comprobar si le es devuelta.