Caminar con la sola compañía de los propios pasos

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Accidente nocturno. Patrick Modiano

En ocasiones, resulta difícil distinguir los hechos del recuerdo que conservamos de ellos. La evocación construye otra realidad, distinta y tan potente como la propia realidad. En las calles de París no será fácil encontrar las respuestas. Están envueltas en una bruma muy densa; como la que empaña nuestra memoria.

Solo seis años después de la concesión del Nobel de Literatura a J.M.G. le Clézio (Niza, 1940), la Academia sueca distingue nuevamente a la literatura francesa otorgando el galardón en 2014 a Patrick  Modiano (Boulonge-Billancourt, 1945), para sorpresa del propio autor y sin que su nombre apareciera esta vez en las habituales listas de favoritos. Entre otros aspectos, se valora en Modiano “el arte de la memoria con el que ha evocado los más incomprensibles destinos humanos y descubierto el mundo real de la ocupación nazi en Francia”. Este argumento enfatiza la extraordinaria habilidad del autor para convertir su obra en el testimonio fiable de un momento histórico que, sin embargo, no vivió personalmente, por mucho que forme parte de lo que el propio Modiano denomina su “memoria prenatal”.

Sea cual sea el título elegido, lo habrán percibido o lo percibirán ustedes de forma inmediata. La de Modiano es auténtica literatura. Por su indiscutible habilidad para conmover, inquietar, formular preguntas que a todos nos conciernen, dotar de sentido y hondura cada uno de los acontecimientos por los que hace pasar a sus solitarios, memoriosos, erráticos personajes. También por la indiscutible calidad de su prosa, desnuda, contenida, certera, en la que el material narrativo está exquisitamente seleccionado y los silencios resultan perfectamente audibles.

Desde la perspectiva anterior, Accidente nocturno es una novela cuya escritura consume apenas 140 páginas que, no obstante, aparecen secretamente complementadas con otras solo sugeridas, tal es la agudeza con la que el autor se sirve en este texto de la evocación y la elipsis narrativa. Publicada por vez primera en 2003, no ha llegado a las librerías españolas hasta noviembre de 2014 con la editorial Anagrama y en la excelente traducción de María Teresa Gallego Urrutia, galardonada con el Premio Nacional de Traducción e intérprete anterior de algunos de los otros títulos del autor publicados en nuestro país.

En Accidente Nocturno, el narrador recuerda, treinta años después, el atropello de que fue víctima cuando caminaba por una calle de París y estaba a punto de cumplir la mayoría de edad, fijada en este caso en los 21 años. A partir de este suceso relativamente común, el protagonista nos conduce a través de la bruma de sus recuerdos en un relato turbador en el que nada es del todo lo que parece, y solo la topografía de París -que el autor describe con la precisión de un GPS-, parece constituir el anclaje de la historia con una realidad tangible. El protagonista recorre la ciudad y, a menudo, acomoda su estado de ánimo a sus rincones, consciente de no haber encontrado su sitio. En un contexto cambiante en el que bullen un cúmulo de amenazas soterradas y difusas, el hombre trata de fijar su identidad y reconstruir su historia. Su lucha abierta contra las trampas de la memoria fluye en el cauce de una narración absorbente, cautivadora, profundamente melancólica y muy bella.

Como en algún otro de sus títulos, también en Accidente nocturno el autor relata –con variaciones-, un trayecto urbano en un furgón inspirado en una anécdota personal que se refiere a sus padres, un judío italiano y una actriz belga que pese a estar separados, vivían en un mismo edificio. Según parece, el 8 de abril de 1965 su madre le pidió al joven Modiano que acudiera al piso de su padre para pedirle dinero. Nadie tuvo a bien recibirle, pero al poco fue la policía a buscarlo a su casa, trasladándolo acto seguido en un furgón policial a una comisaría en compañía de su padre, quien le denunció por “gamberro” y por “haber montado un escándalo en su casa”. Ese sesgo autobiográfico, muy presente en toda la obra del autor, se revela también en la marcada opacidad que caracteriza al padre de nuestro protagonista.

Les ocurre a muchos autores. Hay quien acusa a Modiano de escribir siempre el mismo libro, mientras otros consideran que la aparente uniformidad de su obra constituye el marchamo que identifica una voz propia y bien diferenciada. Es cierto que en ocasiones sus historias parecen entrecruzarse, y que de una forma u otra, todas indagan en los arcanos de la memoria, la propia identidad, el eterno retorno. Sin embargo, son diferentes y ciertamente muy difíciles de olvidar. Así pues, en el improbable caso de que no lo hayan hecho ya, empiecen ustedes por donde prefieran, pero no dejen de acercarse a la obra de este francés tímido, prolífico y brillante.