Matemática de la cultura Abr29

Matemática de la cultura...

Algunos defienden que leer, sea lo que sea, es bueno. El caso es que la gente lea. Lo voy a decir pronto para dejar claro mi punto de vista: eso es tan estúpido que duele pensarlo. Leer sin criterio alguno es lo peor que le puede ocurrir a alguien. Otra cosa es leer, de vez en cuando –bien buscando puntos de vista absurdos que nos diviertan o para alejar la mente de una actividad cansada, bien por lo que sea- cosas de poca calidad. Posiblemente, sea un negocio extraordinario para algunas editoriales; tal vez sirva para ensanchar el ego de los malos novelistas, el de los malos autores de blogs o el de los cazurros que han encontrado una mina en, por ejemplo, la televisión (siendo unos fantoches, por cierto), pero de bueno no tiene nada. No hace mucho, tuve la mala fortuna de ver, durante cinco minutos, un programa de televisión que tiene como contenido principal el insulto, el vómito de opiniones ramplonas o vacías expresadas como si fueran un gran descubrimiento para la humanidad; que es protagonizado por una banda de indocumentados patéticos y ridículos que llevan a pensar que la condición humana es espantosa. El dinero que ganan debe de ser proporcional a lo barriobajeros que son estos personajes. Algo así debe de ser. Pues bien, uno de estos individuos decía (creo que es casi literal) que, mucho cuidado con su opinión, que a él lo leían en su blog (alojado en la cadena de televisión) medio millón de personas a diario. Para decirlo, desplegó todo su plumaje de macho orgulloso. La primera pregunta que viene a la cabeza es ¿quién lee a este tipo? ¿Está mejor estructurada su opinión o es, más o menos, válida, si lo leen quinientas mil...

Me gustan Chéjov y Britten. Y no soy un finolis Abr22

Me gustan Chéjov y Britten. Y no soy un finolis...

Viene bien recordar un momento de mi actividad docente que me marcó de forma definitiva. Aunque esto ocurrió hace ya muchos años, lo tengo presente siempre que hablo de literatura, ópera, pintura o escultura. Fue una de esas cosas inesperadas que te enseñan más que cualquier manual. Fue uno de esos momentos emocionantes que te hacen modificar el punto de vista. En cualquier caso, es algo que he llevado conmigo durante todos estos años. El muchacho se llamaba Javier. Era jugador de rugby. Compartimos aula durante un año en la Escuela de Letras de Madrid. Desde el primer día, presumió de estar allí para perder el tiempo y el dinero, de estar allí obligado puesto que era un lugar ajeno que no le correspondía. Todo lo que leíamos, todo lo que escribían sus compañeros o él mismo, le producía una risita incontrolable. Porque todo lo que se hacía allí le parecía ridículo, hortera y prescindible; cosas de gente extravagante que no tenía otra cosa en la que gastar su tiempo. Sin embargo, en un par de textos que escribió y que, lógicamente, tuve que valorar, me pareció encontrar algo inusual, algo que permanecía escondido tras la camiseta a rayas verdes y blancas y un balón con forma de melón. El jugador de rugby procuraba escribir como si estuviera disputando una melé. Era brusco, utilizaba términos ásperos, casi violentos. Pero ocultaba una sensibilidad y una intuición con el lenguaje que, afortunadamente, asomaba en lo que escribía sin que él lo pudiese controlar. Ya les adelanto que ser leído con atención es, a menudo, muy peligroso si el lector sabe interpretar un texto. Pues bien, aunque me dedicaba a la narrativa, una tarde sorprendí a mis alumnos con una clase de poesía. Dejé sobre la mesa...

¿Escribir como Faulkner o vender como Follett? Abr08

¿Escribir como Faulkner o vender como Follett?...

Hace algunos años me escandalizaba saber que, en España, se publicaban alrededor de sesenta mil títulos diferentes cada año. Hoy, no me preocupa lo más mínimo cuántos son. Supongo que serán muchos más. Porque entre la cantidad de títulos que publican las editoriales buscando con desesperación un éxito que les solucione la cuenta de resultados; los libros autopublicados por autores que no encontraron sitio en las editoriales; y la cantidad  abrumadora de libros publicados a través de Internet; es casi imposible saber casi nada. Todo esto que algunos celebran (fundamentalmente los autores que publican su obra pagando cantidades, a veces, disparatadas) es un auténtico desastre que abarata la literatura día a día. No sé si alguien ha pensado que, con esta cantidad de publicaciones, todos los autores, salvo los quince o veinte mejor colocados en las listas de ventas, están condenados al anonimato más radical. Entre tanto ruido no se les puede escuchar. Algunos dirán que han publicado con gran éxito entre los que le han leído aunque pocos estarán dispuestos a asumir que sus lectores tienen nombre y apellido conocido para ellos (para los autores, digo). El mercado literario, en esos casos, es minúsculo; formado por parientes, amigos, media docena de contactos en las redes sociales y un par de compañeros de trabajo;  y la obra estará condenada desde el principio a no llegar un poco más allá. Incluso los más cercanos, se van retirando elegantemente intentando escapar de la cantidad de compromisos con los que se encuentran dado el extraordinario número de escritores que aparecen en su entorno; terminan aburridos y dejan de leer esas obras que tanto tiempo les restan para dedicarse a los grandes de la literatura y, así no perder el criterio literario. Las obras que podrían aportar algo...

¿Por qué leemos, por qué leer? Abr01

¿Por qué leemos, por qué leer?...

El ser humano anhela un mundo siempre soñado. Algo que se parezca a ese lugar, tantas veces dibujado en la consciencia, en el que el control es cosa de las personas y sólo de ellas, algo que se parezca al lugar en el que los hombres y mujeres son sumamente importantes, al lugar que se convierte en refugio para la vida entera, para la condición humana. Pero, sobre todo, un lugar en el que podamos creer. Creer en ese mundo o en cualquier otra cosa. Por eso existen las religiones o las ideologías. Las primeras son la herramienta con la que renunciamos a pelear por lo temporal y con las que decidimos que la única opción es lo eterno y espiritual; las ideologías son los diferentes órdenes que una persona puede llegar a imaginar para convertir el mundo en un lugar lleno de maravillas. Aunque estas, ideologías y religiones, suelen fallar o desgastarse y no terminan haciendo su labor a plena satisfacción. Las dudas o llevar a cabo proyectos utópicos fracasando, provocan un trabajo de reciclaje personal muy costoso al que no cualquiera está dispuesto. Por eso, entre otras cosas, tenemos cerca la literatura. Un valor seguro. La única forma de dominar el universo es convertirlo en un objeto manejable, en una representación en la que nada ni nadie, que no sea uno mismo, tenga fuerza suficiente como para ordenarlo alejándolo del deseo propio. Un cosmos revisado para que se ajuste a la medida exacta, un pedazo de caos convertido en territorio útil para existir de forma cómoda o placentera. Eso es lo que encontramos en los libros. Un mundo dictado de la talla del que escribe y, tal vez, del que lo lee. Un tiempo con principio y final, escenarios que no llegaríamos...

¿Qué es eso de ser escritor? Mar25

¿Qué es eso de ser escritor?...

¿Puede ser escritor cualquier persona? Hoy, con las nuevas tecnologías agarradas como lapas a todo lo que hacemos, podría parecer que la respuesta a la pregunta es sí. De hecho, todo el que quiere escribe y lo publica. Ahora bien, escribir es una cosa y ser escritor es otra bien distinta. Publicar y tener cierta presencia es una cosa y sumarse a la extraordinaria acumulación de títulos que pasan desapercibidos es otra. Un escritor es el que busca sin parar. Pero no tratando de encontrar una historieta, más o menos, atractiva. Lo que busca el escritor es esa zona de la realidad que, convertida en ficción, puede explicar la realidad misma. El escritor sabe que en algún lugar se encuentra eso que tanto ha buscado desde niño; y sabe que tiene la obligación de continuar con el rastreo sin perder la condición con la que comenzó. Dejar atrás la mirada infantil marca el declive de cualquiera que se dedique a eso de escribir. Mirar a un lado, al otro, de frente, hacia atrás. Sin prisa, con el deseo auténtico de descubrir, sin buscar halagos gratuitos e innecesarios. Escribir, ser escritor, es algo muy serio. El grado de compromiso que se adquiere con el mundo es casi sagrado. El que sólo quiere escribir para aparentar ser nó sé qué o vender libros no lo consigue. Hay que estar dispuesto a enfrentar una realidad dura e hiriente, la gran mayoría de las veces, para explicarla. Hay algo que muchos no terminan de entender mientras piden a gritos tener la posibilidad de llamarse escritor: el ser humano podría renunciar a todo (a la luz eléctrica, a sus propios padres, a internet, al amor, a Dios…), pero nunca al relato, a la explicación de sí mismo; un relato...

La segunda ley de Newton puede ser una historia de amor Mar17

La segunda ley de Newton puede ser una historia de amor...

En nuestra cultura es difícil distinguir entre imaginación y fantasía. Se da por supuesto que la segunda es la madre de la primera. Sin embargo, para desarrollar la imaginación existe otro camino, igual de fructífero, pero mucho más transitable y asequible a todo el mundo: la atención. Todo lo que necesitamos está a nuestro alrededor; solo necesitamos entrenar la mirada. Piense en un color, cualquier color, y mire a su alrededor. Se sorprenderá. Si la inspiración es algo así como una «visión repentina», hay dos aspectos que la limitan o la bloquean: una idea equivocada de qué es la imaginación, y una atención focalizada en nuestros pensamientos. Cambiar ambas está a nuestro alcance, porque ambas están relacionadas con el acto de mirar, con el acto de ver. Estamos tan ciegos a lo que nos rodea como lleno el mundo que pasamos por alto. Para desarrollar la inspiración basta con afinar la mirada. Uno puede forzar a las palabras a decir lo que queremos, pero también podemos ser instrumentos al servicio de la palabras. Podemos dejar que sean ellas las que nos vayan señalando el camino –y aquí la atención es clave-. Para la mayoría de nosotros, este es el camino de la creatividad: es el acto de escribir el que nos irá mostrando el camino si aliviamos el control, si desarrollamos la capacidad de ver las puertas que se abren a los lados de lo que creíamos que queríamos contar; si aprendemos a abandonar el camino trazado y atravesar esas puertas que se abren. La creatividad es conducir por la autopista y tomar un desvío simplemente porque hay algo en un cartel que nos llama la atención. Igual que sucede al conducir, no necesitamos pensar todo el tiempo en nuestro destino. A ratos podemos...

Aladar: Una ventana a la cultura Mar17

Aladar: Una ventana a la cultura...

El aladar es una de esas ondas de pelo que tienen las mujeres sobre las sienes. Los hombres también aunque no las luzcan tanto. Es una palabra muy andaluza, muy evocadora, muy poética. Y, desde ahora, es una nueva sección de El Correo de Andalucía. Cada quince días, el lector de Aladar tendrá la oportunidad de echar un vistazo al mundo de la cultura desde páginas llenas de literatura, cine, música, pintura o cualquier manifestación artística. Aladar nace con la intención de aportar desde más allá de las fronteras que nos imponemos sin que existan. Hoy, eso ha dejado de tener sentido. Las nuevas tecnologías han convertido el mundo en un lugar casi diminuto en el que el ser humano puede mirar aun estando a miles de kilómetros. No será extraño encontrar entre los artículos alguno que nos envíe un colaborador desde Londres o Berlín. Aunque, del mismo modo, podrán llegar las crónicas desde Madrid o Sevilla. Las entrevistas serán uno de los pilares básicos de Aladar. En esta primera entrega, Amando de Miguel, José María Merino, Manuel Rico, Jorge Blass e Hilda Farfante son los protagonistas. Idioma, lenguaje, novela, poesía, magia y un testimonio hondo sobre lo que representa poder mirar un mundo hostil desde la fortaleza que se construye siendo feliz. Desde Aladar queremos acercar la literatura a todo tipo de público. Incluso a los que creen que el arte no tiene mucho que ver con ellos (si es que hay alguien que crea eso). Para ello hemos diseñado distintas secciones. La que hemos llamado Otras fuentes de inspiración indagará en las conexiones que existen entre arte y ciencia o tecnología. Por otra parte, Escrito Para…, será una pequeña guía para lectores de todo tipo en busca de obras diversas. Libros nuevos,...