Fahrenheit 451

En mil novecientos noventa y tres quise ser El Origen de Thomas Bernhard. El veinticinco de septiembre de dos mil quince quiero seguir siéndolo. Me recuerdo sentado en la silla de estudio pensando sobre la novela que acababa de leer. Fahrenheit 451. Me recuerdo sentado, pensando sobre el libro que elegiría en el caso de verme en una situación como la que se describe en esa novela. Pero, sobre todo, me recuerdo asimilando lo que acababa de entender y que no había sido capaz de ver con claridad hasta ese momento. El escritor tiene una responsabilidad, casi trágica, con la humanidad y con su humanidad. Lo que escriba será, tanto si es malo como si es bueno, parte de esas humanidades; lo que destruya o deje que destruyan otros estará haciendo trizas buena parte de esa herencia. No hay una sola cosa que un ser humano haya realizado que no hereden todos y cada uno de los hombres y mujeres que nazcan después de él. Cada uno manejará eso como pueda, cada uno será distinto por ello. Pero, si es modificada por una distinta y enlatada, el ser humano ser convertirá en una burda imitación de sí mismo. Todos iguales, todos viviendo una felicidad absurda y mortecina, todos mediocres. Ray Bradbury, autor de la novela, nos muestra esas cosas heredadas en forma de libros que son quemados por bomberos que derraman petróleo con sus mangueras en lugar de agua. El poder convirtiendo al ser humano es un rebaño atontado que habla con personajes imaginarios de la televisión (como los muchachos que pasan horas jugando con su consola o los adultos que confunden Internet con una casa de citas gigantesca). Y un grupo de hombres y mujeres diferentes porque no están de acuerdo con ese poder...

Matadero Cinco

Novela antibelicista con ribetes de ironía y fino humor, en la que predomina la injerencia alternada con narración y testimonio. Y es que el autor parece ser consciente de sus limitaciones a la hora de contar una guerra, pues en ella sólo hay desesperanza y horror; de hecho cuando éste habla con un amigo sobre la necesidad de construir una historia sobre toda guerra, el amigo le contesta que esta necesidad no es tan fehaciente y productiva como la de realizar una novela antiglaciar, pues el frío en los polos quizás sea un reclamo igualmente justificado. Estas conversaciones que Kurt Vonnegut suele presentar como prólogo o declaración de intenciones de sus novelas (recordemos su tremenda visión de la vejez en Desayuno de campeones) sirven para jugar tramposamente a aleccionar al lector antes de leer y perderse por los múltiples y surrealistas caminos por donde habitan sus personajes, caminos de lo más insospechado y que recorren en este caso los avatares de un hombre que vivió la guerra en Dresde, desde un viaje en el tiempo por el que se ven sus precuelas y secuelas y donde queda demostrado que la tesis de Darwin, según la cual los hombres débiles está bien que perezcan, se hace palpable, patética y risible. El protagonista es Billie, un tipo que viaja durante sucesivas décadas a paisajes dantescos de horror, donde los destrozos de las ametralladoras le hacen velar por la utilidad inútil de objetos, trasladándose también en viajes en naves espaciales a Trafalmadore, planeta extraterrestre que utiliza como idioma un código ininteligible y por el que el protagonista descubre que en literatura, cuenta más la belleza de lo soñado o vivido (esto es, las pequeñas cosas), que el malestar de lo vivido. Calificación: Interesante. Tipo de lector: Cualquiera que piense que...

Una ciudad flotante

Tratamos de un relato que no ha envejecido bien, alejado de las fantásticas novelas que levantaron el mito de Julio Verne como escritor visionario. Aparenta ser un híbrido entre la crónica viajera y la ficción, que viene con un toque de romanticismo bastante pedestre y traído por los pelos. Es el viaje por mar que repasamos en otras obras del autor, fascinado aquí también por la ingeniería y la mecánica, con un abuso del leguaje técnico que hoy nos resulta arcaico. Viaje incierto sobre Una ciudad flotante, a pesar de la técnica moderna y de la confianza que en ella deposita el narrador. En la edición de RBA, se añade otro relato breve, embrión de novela o narración pergeñada, mucho más interesante -por lo anecdótico-; se trata de Los amotinados de la Bounty, un relato de ambiente histórico y marinero basado en unos hechos reales sucedidos en los mares del Sur a finales del siglo XVIII. Parece que no es totalmente obra del propio Verne, sino la corrección del original de un geógrafo de la Biblioteca Nacional de Francia llamado Gabriel Marcel, cuyos derechos habría comprado el escritor galo. La historia ha sido adaptada al cine y a la literatura en numerosas ocasiones. Dos obras menores. Calificación: Mediocre la primera e interesante la segunda Tipo de lector: Verneanos irredentos y aficionados al relato marinero aunque éste no es una de las mejores muestras Tipo de lectura: Fácil Argumento: Una ciudad flotante, aburrido y trasnochado; mucho más interesante Los amotinados de la Bounty Personajes: Bien trazados, a pesar de estar construidos sobre clichés ¿Dónde puede leerse?: A...

FIGURACIONES MÍAS

Agrupados en tres partes, estos pequeños ensayos recopilan la producción última, como columnista de EL PAÍS, del filósofo y divulgador vasco; un intelectual que, en palabras de Vargas Llosa, resulta comprometido con sus propias ideas y discurso, a pesar de que las vivencias, si no a desdecirse, sí le han hecho desviar la atención de su pensamiento a distintos sectores sociales. Defensor del género fantástico y de ciencia-ficción en literatura (lector por ende antes de Bradbury que de Roth), de la escuela pública con sus pros y contras; aunque a este respecto más convencional y complaciente en según qué aspectos; en estos textos se ejerce, desde un ejercicio de libertad reconstruida; que tiene en cuenta no sólo la historia de la Filosofía, sino el arte de pensar por uno mismo; la libertad de cátedra que le dieron los años, una libertad lejana a la de expresión, por gozar en su autoridad de mayor prestigio que la del común de los mortales. Se agradecen la inclusión de artículos más largos, como el dedicado a George Orwell, El compromiso con la verdad, premiado con el Mariano de Cavia 2012, o aquél en el que homenajea a Charles Dickens, en su apartado Envueltos en la red. Tres partes tres, por tanto. En Admiraciones el autor nos habla de su amistad con Cioran, un filósofo y poeta cada vez más leído y considerado como necesariamente contradictorio; contando con reflexiones más generales en torno a temas como el Averno, que llevan a la idea de una reivindicación de lo volátil desde nuevas lecturas mitológicas. Figuras anónimas o poco conocidas como la de aquel vasco, Blas de Lezo y Olabarrieta, que en su reciedumbre nos hacen ver honestidad y valentía, un poco como esa recomendación a las siempre estimulantes lecturas...

Lo contrario de la soledad...

Cuando leí la introducción de Lo contrario de la soledad pensé que me encontraría con una genialidad de libro. La joven promesa de Marina Keegan que no pudo ser porque murió a los veintidós años en un accidente de coche me tentaba más tras la introducción que antes de ella, y eso que ya antes ciertas reseñas (que ahora me parecen absurdas), o comentarios, me habían despertado el interés (lamento no haber leído a tiempo la de Rodrigo Fresán). No es que su escritura no valga nada, claro que hay cierto potencial en ella, pero sus textos no están a la altura de los halagos de sus familiares, amigos y profesores de Yale. El libro que toda la gente que la quería mucho se propuso recopila textos de ficción y de no ficción que fueron escritos por Marina poco antes de su muerte. Personalmente, considero que los de no ficción carecen de valor o interés, y hasta dudo de si ella hubiera querido publicarlos. Los textos de ficción, en cambio, me parecen bastante más logrados. Aunque algunos son un tanto naif (bueno, ella era muy joven) o tocan temas que a uno pueden ya no inquietar demasiado, guardan cierta musicalidad y dejan tras su lectura, al menos, un halo de sonoridad o cadencia. Cinco días después de que Marina se graduara magna cum laude en Yale, murió. Impresiona saberlo y leer el artículo que da nombre al libro, pues allí habla precisamente de la juventud y de todo el tiempo que aún tienen (los jóvenes que están graduándose en Yale) por delante. Este artículo había sido publicado en el Yale Daily News con motivo de la graduación de su curso. Tras su muerte, en tan solo una semana, más de un millón de personas...

El cielo oblicuo

Ni el título ni la cita de Clarice Lispector al comienzo del libro me dejan leerlo de otra manera, no me permiten apartar La hora de la estrella, no me puedo borrar a Macabea. Macabea la fea. La casi no-mujer por tener un cuerpo sin curvas ni pechos. Macabea la enamorada, la que se pinta las uñas y los labios de rojo para ser más mujer pero causa gracia. Macabea muerta, aplastada. No puedo leer El cielo oblicuo, de Belén García Abia, y olvidar a Macabea. Mala suerte, el título me impone el recuerdo porque este título es re-escritura de la cita, la cita del comienzo. A El cielo oblicuo, después de la cita, viene un ángel a anunciar algo así como: te será dada la literatura, no la maternidad. Creación en cualquier caso, creación con el cuerpo en cualquier caso. Creación con las mismas partes del cuerpo, sobre todo: «En realidad, es mi vulva la que escribe, mi vulva y mi vagina y mi útero. Son ellos y no yo». «Escribo con mi útero, con mis ovarios, con mi vagina». O ni esa creación, ni la dada, esterilidad absoluta («Y tenía épocas de esterilidad narrativa»), ocasionalmente, en medio de una producción sobre la esterilidad: «Escribo sobre mi pequeño dando vueltas en mi sala de espera, sobre mi útero vacío, sobre mi no-concepción (…), sobre que hemos nacido para ser madres y no lo somos, que nos han parido para ser madres, y no lo somos». Y la cita de entrada al cielo es: «Sin duda, un día iba a merecer el cielo de los oblicuos, donde sólo entra quien es torcido». Luego de La Enunciación (con la imagen del ángel y una voluntad explícita de que el lector no confunda la voz de...

Antología de la poesía culterana...

No es necesario hablar aquí del culteranismo, un movimiento literario iniciado por Góngora en el siglo XVI, ni insistir en que sus características más acusadas convierten los versos en sujetos oscuros para el lector debido a los hipérbatos, la alteración del orden natural de la construcción de las frases; las metáforas que mutan el mensaje literario en un enigma, y la insistencia en los temas mitológicos, cuyas claves manejaban en la época las personas cultas y hoy casi nadie. A pesar de todo esto, la poesía culterana influyó definitivamente en la construcción de nuestro idioma castellano y exhumó e inventó palabras que han pasado al vocabulario habitual y que nosotros hemos heredado con comodidad. El ejemplo está en Quevedo: Poco, mucho, si no, purpurancia, neutralidad, conculca, erige, mente, pulsa, ostenta, librar, adolescente, señas traslada, pira, frustra arpía. La consolidación del lenguaje concebido como juego y divertimento de minorías. Señala Ángel Pariente en su prólogo que apenas existen antologías similares, que muchos de los poetas culteranos han sido olvidados, opacados por Góngora, y que cuando son rescatados en alguna recopilación, lo son con poemas de otro estilo. De ahí el interés de ésta que es una muestra destacada del movimiento. La guinda la ponen los críticos anti culteranos en sus impostaciones, como Lope de Vega (Conjura un culto…), o el mencionado de Quevedo (Quien quisiere ser culto en sólo un día), tremendamente divertidos gracias a su ingenio. La base del pastel es, por supuesto, don Luis de Góngora y Argote, con De la toma de Larache, fragmentos de las Soledades y de la Fábula de Polifemo y Galatea. Entre las capas hay de todo: autores con un solo poema, raramente publicados, como es el caso de Juan Bermúdez y Alfaro y su Narciso; clásicos como el Primero Sueño de sor Juana Inés de la Cruz; escritores incidentales, recordados hoy por otras cosas, como...

Cantar de los cantares...

El llamado Cantar de los cantares de Salomón, es uno de los textos sagrados que comparten el Tanaj y la Biblia. Es un libro de textos poéticos cuyo tema gira en torno a la pasión amorosa. Existe la tradición -que era ya antigua para los judíos- de considerar estos poemas como una alegoría de las bodas místicas de dios con el pueblo elegido, o con la iglesia de Cristo después. Una tradición absurda. Su atribución al rey Salomón es inverosímil. Entonces llega Fray Luis de León (1527 o 1528-1591) que, antes de que las escrituras fueran accesibles en lengua vulgar, lo traduce -lo que le costará la cárcel-, lo titula hermosa y acertadamente Cantar de cantares, y explica como en persona de Salomon y de su Esposa la hija del Rey de Egypto, debaxo de amorosos requiebros explica el Espíritu Santo la Encarnacion de Christo, y el entrañable amor, que siempre tuvo á su Iglesia, con otros misterios de gran secreto, y de gran peso. Así, en la versión que manejo, cada capítulo consta de tres partes diferenciadas: el argumento, de la mano del editor –ya en 1798-, fray Diego González, que es en su interpretación categórico y preciso; la traducción del Cantar, elaborada por fray Luis teniendo en cuenta el original hebreo -la traducción de los setenta- y las opiniones de las autoridades en cuanto a los significados semánticos; y por fin la explicación, siguiendo su propio criterio y los de san Jerónimo y san Agustín. Hay un par de prólogos del editor y el autor, que remata la obra con la puesta del Cantar de cantares en octava rima. Pura retórica y masturbación mental. Pero ingeniosa, certera, y en algunos momentos, divertida; porque al forzar un poema erótico para convertirlo en relación mística, fray Luis se sitúa entre la ingenuidad...

Calcetines

Especialmente apto para niños de 8 años en adelante, es este un libro divertido que seduce por su lenguaje y forma de mirar el mundo. Como estudiante de Publicidad que fue, su autor nos regala una fábula anti-marcas donde los objetos y en especial, la ropa de una muñeca de una niña de clase media, arma una pequeña revolución entre hermanos y padre. Cayendo a veces en el recurso fácil por nemotécnico, Felix J. Velando, que hizo ya nuestras delicias con Te vas a reír cuando te lo cuente, sabe adaptar con sencillez lo cómico a la infantil, construyendo una narración donde monopatines e inconscientes pinchazos de alfileres son más peligrosos y menos efectivos que la capacidad de los humanos para comunicarse a través de la vestimenta; que sabe aliarse entre bata, cordones, manoplas, bufandas y como no, los calcetines protagónicos, para lograr un fin común tan paralelo a lo imposible, que dará que pensar a muchos niños sobre cómo aliarse ante el mundo feroz que les ha tocado vivir, feroz por humano, por otra parte. Toda esta coralidad (están los que son, pero hay más) recuerda a la inolvidable película Moonrise Kingdom, tanto por la magia como por el público a quién por un momento va dirigido. Flix y Tol son dos calcetines hermanos que viven en concordia, aunque con sus piques diversos; como suele pasar en estos casos, Tol empieza a echarlo de menos en cuanto su hermano es llevado por confusión a la lavandería por la madre de Marta; más tarde descubrimos que no es la niña quién llora, sino su muñeca y lo hace simbólica y gráficamente (las ilustraciones de Marc Torrent son un complemento al texto perfecto). Calificación: Inteligente a pesar de su inocencia. Tipo de lector: Aficionado a...

Un Punto Rojo

Si no sabes que regalar en esas fechas en las que no deberías regalar nada (por pudor, por ecología, porque no es necesario, porque el mejor regalo es una sonrisa), puedes regalar Un Punto Rojo de David A. Carter. Rojo. Es un libro articulado e ingenioso que apreciarán los grandes y los pequeños; a unos les ayudará a comprender las leyes de la perspectiva y las trampas visuales, a recordar los números; a otros les incitará a jugar. Viceversa. Se despliegan geometrías abstractas, construidas con colores primarios en las que siempre hay una cosa extravagante (una caja un poco loca, seis sierras ruidosas, ocho pompas de papel)… y un punto rojo que hay que buscar. Es un libro lúdico y divertido. La portada es brillante y redonda, como se espera de un regalo. Calificación: Divertido. Tipo de lector: Niños y aficionados a la papiroflexia. Tipo de lectura: Poca lectura. Personajes: Un punto rojo. ¿Dónde encontrarlo?: En Pantha Rhei, tienen cosas muy divertidas...

Robinson Crusoe

Cuando sentimos nostalgia, a menudo recurrimos a libros que nos recuerden la urgencia de actuar, libros que cuentan vidas enteras llenas de incertidumbre y sinsabores. Para ello, decidimos acercarnos a los clásicos y en concreto a esta novela de aventuras escrita por Daniel Defoe del siglo XVI-XVII, en que se nos narra en forma de parábola la vida de un hombre rebelde (no me des consejos, que quiero equivocarme yo solo) que decide desoír las advertencias que su padre le hace por llevar una vida cómoda y práctica. El caso es que Robin, que así se llama el muchacho y aún a sabiendas de que su hermano perdió la vida en una expedición, decide hacerse marino, encontrando junto a un capitán de barco consuelo sólo cuando se emborracha con él celebrando su supervivencia, y es que de eso va esta novela, de la necesidad de regresar y a la vez de quedarse para demostrarse a sí mismo que en entornos hostiles, lo único que cuenta es uno mismo, y en esta evolución nos volvemos inevitablemente animales, fieras que no sucumben a las peores tempestades y que se adaptan a un sueño. Quizás por ello lo llamen novelas. África y una isla cercana a Brasil serán paraderos donde el buen salvaje Robin se adapte a su medio solo, con la única compañía de una caja de tabaco y unos granitos de soja, alejado de toda civilización y resto humano posible. Este momento resulta tan desasosegante como el hecho de imaginarnos a nosotros mismos en esa posición, por lo que la llegada de un barco maderero que le ayude a aprovisionarse no se hará esperar. Luego llega la socialización, cuando Robin salva a Viernes, siendo así convertido en su esclavo, amigo y señor, con quién presenciará...

Alicia en el país de las maravillas...

Con su Alicia, Charles Lutwidge Dowson, que eligió el nombre de Lewis Carroll para disolverse en la posteridad, preludia los movimientos surrealistas. Parece que escribió este cuento para una de sus amiguitas, una niña vecina, de nombre Alice Liddell, a la que había fotografiado, al igual que hiciera con otras compañeras suyas, con más o menos ropa encima. Nada añadiremos a esto porque no es el lugar, ni el que escribe estas líneas es juez oportuno sobre la vida de nadie, pero la de Carroll fue una huida mediante lo fantástico de la literatura de la trampa de una naturaleza inhabitual, en una sociedad rígida, sumergida –en todos los sentidos- en un clima insoportable. La narración pasa por ser un sueño de una tarde de calor, el de una niña, el de esa niña y en ese sueño cabe toda visión y toda extravagancia. Desde su publicación, sesudos investigadores estudian si con el relato de ese sueño, su autor retrató también algo más íntimo de su subconsciente. El cuento es trepidante y pasmoso. Todos sabemos que Alicia se cuela por un agujero en un árbol siguiendo a un conejo con chistera que habla solo, a partir de este arranque, la muchacha crecerá y menguará por el consumo de insólitas substancias; conocerá a diversos animales inteligentes como el pájaro Dodo, una oruga sabia y el gato de Chesire que además puede desaparecer paulatinamente. Jugará una partida definitiva de croquet con una reina de papel que gobierna despótica sobre un mundo de barajas. El sueño termina con un canto a la inocencia de los niños de la que al fin y al cabo, quizás, Dodgson estuviera enamorado. Alicia en el Pais de las Maravillas es para los niños un cuento divertido e ingenioso y para los...

¿Qué es la libertad?...

Este es un libro que se encuadra en la colección Súper preguntas de la editorial edebé. Podría parecer excesivo este título para niños de 9 a 12 años, pero no lo es porque las ilustraciones de Fréderic Rébéna ayudan a canalizar la atención con sus colores vivos y lo divertido del gráfico y porque el sistema de preguntas es ameno. Los textos los firma Oscar Brenifier. Se logra la atención del lector a base de plantear asuntos de interés y enseñando a tolerar lo que otros dicen. El libro se distribuye por temas y al final de cada uno de ellos se plantean ideas que deberían servir para que los lectores acomodasen su forma de pensar con criterio. Interrogar a los niños de esta edad sobre si pueden o no hacer lo que quieran o si el resto de las personas les arañan parte de su libertad no puede ser malo. Lo malo es que queramos (los adultos) que un libro forme a nuestros hijos sin nuestra ayuda. Es importante estar cerca e, incluso, compartir la experiencia de la lectura, intentar que comprendan (eso no significa imponer nuestra forma de ver las cosas y menos si se trata de un libro con una finalidad tan alejada de eso). La lógica de los niños no es tan sofisticada como la de los mayores, pero hay que respetar su estructura. No son más listos si piensan como los padres. Sólo son mejores actores o grandes repetidores de frases o viejos prematuros. Calificación: Bueno. Tipo de lectura: Entretenida aunque exige que el lector se centre en lo que está haciendo. Tipo de lector: Niños de 9 años. Hasta los 12. Argumento: La libertad personal. Personajes: El lector. ¿Dónde puede leerse?: Con papá y mamá. En...

Aprendizaje o el libro de los placeres...

Lo mejor de leer a Clarice Lispector es ya haberla leído (su obra) y no estar leyéndola (un libro). Porque vale la pena (razón para la perífrasis verbal del participio). Y porque es densa (para la perífrasis del gerundio). La densidad no recae en el machaque existencialista (si yo amé a Sartre…). Ni siquiera en su lenguaje lírico. Sino en la combinación perfecta de ambas cosas sumadas al discurrir de la palabra al tiempo del amarre de la acción. No pasan las cosas si no pasan por el lenguaje. Desespera. Pero es de una maestría absoluta, al mismo tiempo. Como ese narrador en tercera que olvidamos que es tercera. Se recuerdan (incluso podría decirse: se sienten, se viven…) los libros de Lispector como si nos narrara esa mujer protagonista. Lori en el caso de Aprendizaje o el libro de los placeres. Porque es un narrador en tercera persona en absoluto omnisciente: sólo sabe de Lori. Pero eso sí, de Lori todo lo sabe. Aprendizaje o el libro de los placeres es esa novela de Clarice Lispector que empieza con una coma y acaba con dos puntos. Viene a decirnos: voy a meterme (además) con la forma. En cuanto a su sustancia: historia de amor entre Lori, maestra, y Ulises, profesor de Filosofía. Dos seres atractivos que esperan encontrarse. Unirse finalmente. Entre tanto: el aprendizaje -de la alegría y la consecuente idea de la posibilidad de perder dolor- o los placeres (entonces me parece una disyunción inclusiva): «El sexo y el amor no te son prohibidos. Finalmente aprendiste a vivir». Ya lo decía uno de los epígrafes del libro: «”Compruebo/ Que la más alta expresión del dolor/ Consiste esencialmente/ en la alegría”, Augusto dos Anjos». Pero una pregunta muy difícil se hace Lori a pesar...

El lector del tren de las 6.27...

Un hombre lee en voz alta, cada mañana, páginas sueltas. Lo hace sentado en un vagón del tren que le lleva a la ciudad. Como a todos los que comparten con él el medio de transporte. Van a ocupar su puesto de trabajo. Son personas normales que hacen cosas normales, que guardan secretos normales y que, por ello, son extraordinarias. Jean-Paul Didierlaurent firma este libro lleno de sorpresas y de amor por la literatura. Ya había destacado con sus relatos breves y no oculta en su escritura que se maneja con mayor soltura en las distancias cortas. De hecho, aunque la apariencia de El lector del tren de las 6.27 es el de una novela, en realidad es un grupo de relatos que el autor logra unir con gracia aunque sin poder ocultar que el recorrido de sus personajes y de las distintas tramas es limitado y, por tanto, tiene que buscar fórmulas para que progresen pareciendo que suman buscando un resultado único y extenso. En cualquier caso, la novela se lee bien y en algunos tramos encontramos literatura de buena calidad cargada de una finísima ironía que convierte la lectura en algo gratificante. El asunto que ataca Didierlaurent es muy simple: lo que llamamos normal puede ser extraordinario. Como ven nada del otro mundo. Pero es algo que nos gusta pensar a todos como cierto y, así, el atractivo aumenta. Tipo de lectura: Muy agradable Tipo de lector: El que quiere confirmar que el mundo es de todos Argumento: La máquina que mueve el mundo es la normalidad Personajes: Amables, entrañables ¿Dónde puede leerse?: Viajando en el cercanías,...

El poder del perro

El año 2005, Don Winslow entregó una novela que hablaba del narcotráfico mejicano. Y en esas páginas se mezclaban la CIA, la corrupción política, el tráfico de armas, la prostitución, la mafia italiana y los asesinos a sueldo. Winslow hace una fotografía en la que los malos son la propia maldad sin que existan grandes diferencias con los buenos que son, tan solo, candidatos a ser tan terribles como los otros y que, si no dan el paso, son seres desprotegidos, engañados y títeres que manejan los poderosos. El dinero y los que lo poseen son fábricas de sufrimiento, de dolor y de muerte. El poder del perro es un best seller. Esto quiere decir que, dadas las circunstancias, inevitablemente nos encontramos ante una propuesta con grandes lagunas literarias. En lugar de literatura de calidad el libro nos ofrece una trama muy entretenida envuelta en esa fórmula tan sencilla que muy pocos autores saben aplicar con cierta solvencia: acción trepidante que no permite respirar al lector; unos villanos que nos hacen imaginar actitudes que no podríamos intuir por su extravagancia, una violencia dolorosa y disparatada; una heroína que nos termina enamorando como a alguno de los personajes que suele encarnar la segunda oportunidad a la que todos deberíamos tener derecho; y unas gotas de sexo (a veces, explícito y casi salvaje) que permiten al lector echar imaginación al asunto. Don Winslow es de los que saben qué hacer son estas cosas y cómo mezclarlas para conseguir un producto sugerente y atractivo, un relato que el lector se traga sin rechistar. Con la apariencia de trabajo bien documentado previamente, el libro habla de cómo el mercado de la droga es imparable, cómo genera violencia y cómo es capaz de acaparar desde lo mejor a lo...

Me llamo… Maria Callas...

Los niños y niñas que tengan cumplidos los nueve años o algo más pueden disfrutar de unos libros estupendos que forman parte de la colección Me llamo… de la editorial Parramón. Pintores, hombres y mujeres ilustres, músicos, cantantes o científicos, son los personajes de los que se habla en cada volumen. El dedicado a Maria Callas resulta divertido. Y mucho. Además de relatar lo fundamental de la vida de la soprano más famosa de la historia de todos los tiempos, los jóvenes descubrirán desde los detalles más simples del universo operístico hasta los que requieren de cierta investigación posterior a la lectura para conseguir una comprensión absoluta. Si el lector o lectora son mínimamente curiosos buscarán el significado de algunos términos que aparecen en el texto y que les llevarán mucho más allá que el propio libro que han leído. Sin ser una biografía exhaustiva sobre la cantante, el texto proporciona la información suficiente para entender una vida rodeada de lujos y de miserias, de mentiras conocidas por todos y verdades que convertirían la vida de Maria Callas en un remolino inmenso y peligroso. Las ilustraciones, muy bien ideadas, acompañan el texto en busca de matices que no se incluyen en el texto (posiblemente para no extenderlo en exceso). Los dibujos de Inês Galo constituyen un trabajo estupendo. Es conveniente y muy saludable que los adultos compartan la lectura de este libro. Se trata de ayudar en la comprensión de los pequeños y, por qué no, una forma de recordar o aprender junto a ellos. A pesar de que Manuel Margarido procura en su texto utilizar un lenguaje asequible, algunas cosas pueden encontrarse algo alejadas de alguien que se acerca por primera vez al personaje, al mundo de la ópera o al de la...

Lamentaciones de un prepucio...

Me encantan en Woody Allen las escenas neuróticas con el psicoanalista, y las desternillantes con la familia judía ortodoxa. Pues eso es Lamentaciones de un prepucio. La Nueva York del judío ante el psicoanalista, pero el judío crítico, el que se ríe de su familia judía, y no se ríe del psicoanalista sólo porque le cobra 300 dólares y eso ya no es gracioso. Shalom Auslander escribió uno de los mejores libros de la “literatura independiente estadounidense” (la under, la que publican las editoriales cool, la que trata temas originales, la que si fuera una peli sería cine independiente -algo así como Jonathan Raymond, que lo lleva al cine Kelly Reichardt-) y Blackie Books de Barcelona lo publicó para España. El libro es absolutamente autobiográfico y está narrado desde la voz de Shalom con treinta y pico de años, que nos cuenta desde su infancia hasta su presente, cuando su mujer está embarazada y posteriormente nace el bebé (¿judío?). Circuncidarlo o no, esa es la cuestión. Podría ser un libro feroz, el retrato de una infancia terrible con un padre judío alcohólico y violento y una madre judía inútil y ama de casa aficionada a las revistas de decoración. Sin embargo, es de un humor supremo (hacía mucho que no me reía tanto con un libro… ¿quizá con Flann O´ Brien? Es otro humor; es que este es neoyorquino-siglo veintiuno). Esa infancia narrada con cinismo, inteligencia e ironía resalta los momentos en que Shalom niño descubre la pornografía o se atreve a abordar la comida no kosher. Por no entrar en detalles sobre la odisea del Sabbath, el listado de todo lo que no se puede hacer (entonces el pecado permanente); la educación en manos de rabinos ortodoxos que amenazan a gritos a los...

Personal & político...

Aurora Luque (Almería, 1962) es una de las voces indiscutibles de la poesía española contemporánea. Ahora que se abrió un debate, un tanto extraño, en torno a la poesía escrita por mujeres, que la prestigiosa colección Vandalia traiga a manos del lector Personal & político (Sevilla, Fundación José Manuel  Lara, 2015) es un buen argumento para no debatir más, sino para afirmar, sin duda alguna, que mucha de la mejor poesía escrita en las diversas lenguas peninsulares suena hoy con voz de mujer. No seguiré en la defensa de lo obvio, pues merece la pena que nos centremos en el último poemario de Aurora Luque, donde esplende sobre la superficie de lo cotidiano la hondura de su discurso clásico, forjado entre antiguos y modernos, que huele a Mediterráneo, a Safo, a Hölderlin, a Juan Ramón, a Cernuda, a Caballero Bonald, a Anne Carson… y a viñas soleadas. Pero aquí, en Personal & político, el lema feminista (“todo lo personal es político”) que se toma como punto de partida, inspira una colección en la que la poeta busca el mito y la trascendencia en la vida humilde de cada día. El poemario se divide en dos secciones, “Cuaderno del sureste” y “Cuaderno vieja América”, nutridas de la propia experiencia vital de la autora; dicho sea esto con toda la reserva necesaria, pues el discurso lírico es siempre un discurso de ficción: la verdad de lo poético no se halla en la anécdota, ni en el episodio más o menos autobiográfico que sirve de espoleta a la escritura, sino en la (re)creación del mundo a través de la palabra. Así, en estos dos cuadernos de viaje, lo mismo salta el recuerdo del desierto almeriense de su infancia al contemplar unas fotografías, que se reflexiona sobre el...

Hotel Origen

(Imagen tomada de: http://www.notodo.com/libros/7299_javier_vela_hotel_origen.html) El premio de poesía Emilio Prados va ya por su décimoquinta edición, consolidado como uno de los referentes más fiables para saber por donde va la poesía más sugerente del panorama literario español. El pasado año se le concedió al joven, pero muy reconocido poeta, Javier Vela por un poemario impresionantemente bello, Hotel Origen, que acaba de salir en librerías coeditado, como siempre en colección propia, por la Diputación de Málaga, a través del Centro Cultural de la Generación del 27, y la exquisita editorial valenciana Pre-Textos. Al modo de los stilnovistas del renacimiento italiano, Hotel Origen es la crónica poética de una pasión amorosa y la donna angelicata es aquí nombrada como Amara. Lo angélico de este hotel lírico donde se viene a nacer es carne abrazada, no espíritu inalcanzable; el esforzado amante nos ahorra los trabajos de merecimiento del amante cortés y se centra en construir un fascinante tema con variaciones sobre los goces del amor. Poemas que brillan como luminarias en la noche, contrapunteados por pequeños poemas de un sólo verso largo (a veces organizado por la pausa en dos hemistiquios, un octosílabo más un endecasílabo) que funden la tradición del aforismo, de la imagen surrealista, de la iluminación casi de greguería y del afán del haiku por atrapar el instante en su huida, eso que algunos llaman inspiración. El libro tiene una fuerte unidad en su arquitectura, que gira en torno al misterio de Amara, una mujer con un país propio que el yo poemático explora en su geografía de piel y besos, mientras aprende la enigmática lengua con la que Amara nombra el mundo. O, dicho de otra manera,  Hotel Origen es el lugar de encuentro de un poeta con la poesía. Versos en estado...

EL SUEÑO DEL CELTA

Novelar una vida, documentar unos acontecimientos biográficos y convertirlos en una ficción, oscureciendo o aclarando algunos de los hechos en beneficio del mensaje y de la trama no es una labor grata, ni sencilla, ni prudente. Se arriesga a la crítica y a la impostura. Adquiere una responsabilidad con la sociedad para la que se escribe y con las generaciones futuras. Precisa de calcular una ambigüedad que no vale para el documentalista o el historiador y –al mismo tiempo- un uso limitado de la imaginación. Cuando quien emprende esta tarea es uno de los más importantes escritores vivos, laborioso trabajador, incansable investigador de las estructuras literarias, pensador de los tiempos pasados dentro de su propio tiempo, como es el caso de Mario Vargas Llosa, el resultado debe de ser satisfactorio. Y lo es. El sueño del celta es la historia de Roger Casement, adalid de los derechos de los nativos del Congo y de la Amazonia frente a la explotación colonial, polémico precursor de la independencia de Irlanda. Idealista, pecador, traidor. Una vida con la complejidad de sus numerosos viajes –físicos y mentales- en torno a la libertad de los oprimidos y a la suya propia. La novela, como no podía ser de otra manera, tiene ecos de El corazón de las tinieblas, de Conrad, de otras novelas de Vargas Llosa como La casa verde o El hablador  en las que ya se preocupó por el encaje de las culturas primigenias en eso que llamamos civilización, donde investigó los sistemas de esas sociedades y les infundió vida con su escritura prolija. La esclavización del hombre por el hombre, la violencia de los espacios naturales, las trampas del nacionalismo. El escritor peruano se enfrenta a estos temas con el pragmatismo de quien los conoce y...

La hermana menor

En Argentina dice mucho, pero el nombre Silvina Ocampo no llegó a ser internacionalmente conocido como el de Jorge Luis Borges, sin embargo, fue una gran autora y amiga íntima de este escritor. Mariana Enriquez, la escritora y periodista también argentina, ofrece en La hermana menor lo que el subtítulo del libro enuncia literal: Un retrato de Silvina Ocampo. ¿Por qué «la hermana menor»? Porque Silvina Ocampo siempre quedó en la sombra (imaginemos: de un cedro): la hermana de, la esposa de, la amiga de: de Victoria Ocampo, de Adolfo Bioy Casares, de Borges (respectivamente). Miembros de una de las familias más ricas de la Argentina, las Ocampo fueron figuras fundamentales de la literatura argentina del siglo XX: Victoria fundó la revista Sur, que hizo conocido a Borges. Luego abrió una editorial con el mismo nombre, que publicó a Sarte y Camus, entre otros. Era antifascista, feminista, antiperonista, escritora y hermosa. De Silvina no está tan claro: también antiperonista aunque comprometida mucho menos políticamente (o activa desde la sombra -del cedro de un jardín-). Lo de hermosa está muy en duda: se caracterizaba por tener una voz muy particular que no se sabe si queda del lado del encanto o del ridículo; sus piernas parecen que eran preciosas pero no sabemos si eran suficientes para distraer de otros rasgos de dudosa belleza. El color de sus ojos -parecen azules- tampoco alcanza para pronunciar con quórum que Silvina fuera hermosa como su hermana. En cambio, Boy Casares sí que era un galán: atlético y musculoso, ojos claros… Y era, además del lindo, el escritor de la pareja. ¿Es todo esto muy injusto? ¿Una conspiración contra la pobre de Silvina? Más bien no, podríamos mejor pensar que este fue el personaje de ella: estar en un...

El francotirador paciente...

Arturo Pérez-Reverte nos obliga en <em>El francotirador paciente</em> a lanzar una mirada sobre el arte urbano, nos transmite su filosofía y su cultura, atisbamos sus tácticas de guerrilla, entendemos su proceso y comenzamos a mirar esos nefastos grafitis que nos acosan en las calles de nuestras ciudades en su auténtica dimensión creativa. Es cierto que el escritor está más ocupado en pergeñar una jerga con veleidades de conocedor, que de componer una narración de profundidad. También que es bastante tramposo porque su narradora nos engaña escondiendo burdamente sus ases en la manga. Tampoco esa voz femenina nos resulta demasiado creíble, quizás porque nos acerquemos a la lectura conociendo a su autor y por eso no nos extrañe su dureza emocional y su extraño proceder intuitivo escondido bajo el signo del lesbianismo. Pero todo lo perdonamos por el entretenimiento que consigue con su escritura sugerente, con sus puestas en escena cinematográficas, con singulares ocurrencias de anécdotas; más que por la creación magistral de una atmósfera de thriller que se mantiene bien, hasta que el final nos resulta desconcertante y hasta pobre. No hay que desdeñar, por otra parte, el proceso de investigación y acercamiento que el autor ha hecho con seguridad al mundo de los grafiteros. Suponemos que es la novela que todos los lectores de Pérez-Reverte, que son muchos, esperan con expectación y pensamos que no debería defraudarlos. Calificación: Bastante pobre. Tipo de lector: Fans del escritor. Tipo de lectura: Entretenida. Argumento: Convencional. Personajes: Bastante planos. ¿Dónde puede leerse?: En un banco de cualquier plaza...

VIAJE AL TIBET

La obra maestra de Robert Byron, Viaje a Oxana, ensombrece toda la obra de este aventurero británico, muerto prematuramente joven al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pero sus crónicas sobre el Monte Athos y el Himalaya son también interesantes como apuntes del natural. En Viaje al Tíbet despliega el equilibrio justo entre una exposición inteligente y sabrosa, unos comentarios encriptadamente malvados y las informaciones interesantes y exactas, convenientemente expuestas. Se echa de menos la interacción con otros personajes, como en The Station, bien hubieran sido criticables congéneres o exóticos oponentes; también la brillantez de la descripción de los monumentos islámicos que es el hilo conductor de su viaje a través de Persia y Afganistán. Byron es un extraordinario observador, minucioso anotador, poco dado a las fantasías, realista y concreto. Sus líneas tienen el poder de una fotografía llena de recursos. Para alguien que ha recorrido a pié los reinos del Tíbet, como es el caso del que escribe estas líneas y salvando las distancias, su obra representa la evocación y el recuerdo de algo que efectivamente es así, y que no se puede retratar mejor. Destacan los inventarios de vestiduras y aderezos, la concreción del paisaje y de los meteoros mediante la palabra, y la minuciosa representación de las edificaciones. La prosa de Viaje al Tíbet es inseparable de cierta mirada británica sobre las cosas, así como de la modificación que el trayecto produce en todo viajero esforzado; y lo interesante es que este cambio en el carácter –el viaje interior- se va desarrollando poco a poco hasta llenar las páginas y transmitirse al lector. Calificación: Muy interesante. Tipo de lector: Aficionados a los viajes. Tipo de lectura: Amena. Argumento: Viaje. Personajes: Curiosos. ¿Dónde puede leerse?: En Laddak o en...

La lenta furia

El oxímoron del título del libro atraviesa el estado de todos los cuentos. Frente a lo lento, la rapidez violenta e instantánea de una sacudida. Ante la furia, la calma de la hora de la siesta, de la pulcritud impensada y obsesiva de una verdulería. Esto es Fabio Morábito: «Hay un terremoto de paso. Está esperando que se abra una falla», excelente metáfora de la vida humana, la actitud de todo lo que nos pasa, de todo lo que somos (temblor). «Oficio de temblor» es el último de los cuentos. La materialidad del espacio y la materialidad del cuerpo humano se ponen al servicio de la sacudida. Cuando suceda, habrá golpe («¡Pum! ¡pum! ¡pum!», dice) o se percibirá lo más ínfimo. Pero el espacio ruinoso, la materia resquebrajada, desarticulada, descascarada de los espacios de cemento, los subsuelos que esconden la ruina, y el polvo, y la tierra, son los elementos que organizan el universo del cuento «Mi padre» pero también la materia de un muro que en «De caza» funciona para dividir lo real de lo imaginario, la verdad de la traición, el hastío por la realidad de la fantasía. En ese mundo también se abre una falla. Si todo cuento cuenta dos historias (pienso en la idea de Ricardo Piglia), una visible y otra que transcurre en los silencios y los intersticios, me parece que La lenta furia es en su totalidad una metáfora de esta idea del cuento. Cada historia guarda o debajo del mantel o en un subsuelo, o en cualquiera de estos espacios que lo cotidiano y lo visible ofrecen para silenciar u ocultar, la verdad de algo que no podría resolverse solo desde la superficie. En el lenguaje de Morábito se nota su oficio de poeta. Acude a las...

PARA ACABAR CON EDDY BELLEGUEULE...

Para acabar con la persona –o el personaje- que fue, Édouard Louis –o el narrador de la novela- escribe este memorándum destinado a ser una liberación, una terapia, una denuncia, un grito de llamada a una sociedad acomodaticia e hipócrita. Una crítica destructiva de la que considerábamos una de las sociedades perfectas, un retrato social de lo escondido por la propaganda de las instituciones y los conciertos sociales. El origen de todo prejuicio, de todo racismo, de toda xenofobia y de todo populismo: la ignorancia. Supone también el triunfo de la literatura, de la cultura como la gran redentora de la humanidad por su capacidad de trasmitir, antes que el conocimiento y los valores, las experiencias de los demás. El descarnamiento con el que Eddy cuenta su historia, la sinceridad, su capacidad para manejar dos registros fonográficos, el de lo que ha dejado atrás y el de donde ha llegado; la brutalidad de lo que cuenta y la certeza con la que comprendemos que todo es verdad, que sucede cada día a nuestro alrededor, que Louis es una entre la cantidad de personas que luchan por erradicarlo, por activa o por pasiva. Denunciando o resistiendo. La acción se desarrolla en un pueblo de Francia, la de los valores republicanos ¿qué es lo que está ocurriendo entonces en las sociedades del Medio Oeste americano, en las poblaciones islámicas; en la nueva Rusia, ortodoxa e imperial? Édouard Louis salió, escapó, acabó; gracias –al fin y al cabo- a los recursos y la fortaleza de esos valores republicanos que no alcanzan a todos. Leyendo la biografía de Eddy Bellegueule -o la novela de Édouard Louis- me siento orgulloso de ser como ellos, débil, afeminado, homosexual, maltratado, al fin y al cabo, un chico duro. Calificación: Extraordinario  testimonio....

El jardín de Rama

La ciencia ficción no es más que el intento de explicar la realidad (al menos lo que creemos que es) utilizando mundos remotos, tecnología desconocida, seres insólitos. Es decir, a través de otros mundos tratamos de llenar de sentido el nuestro. El jardín de Rama -firmado por Arthur C. Clarke y Gentry Lee- narra la aventura colosal de un pequeño grupo de humanos a bordo de un gigantesco cilindro -llegado desde algún lugar del universo hasta el sistema solar- y que les trasladará por diferentes lugares hasta regresar para que se puedan unir más seres humanos y volver a marchar hacia algún lugar desconocido. La propuesta pasa por reproducir lo que sucedería si esos humanos tuvieran la oportunidad de comenzar, de nuevo, con todo a su favor. Aunque el asunto se reduce mucho, una vez terminada la narración, puesto que los autores (después de mostrar lo más bajo de la especie humana) nos ofrecen una bella imagen que consiste en que todo ser inteligente del universo no es más que la manifestación de su esencia de distinta forma. Que somos lo mismo que los alienígenas, vaya. O que, al menos, existe una conexión enorme y desconocida entre todos los elementos del universo. El libro comienza con el diario de una de las cosmonautas que quedó atrapada dentro de la nave Rama. Este diario lo utilizan los autores para explicar qué es Rama, qué pasó anteriormente (es la segunda nave que se acerca a la Tierra). El que conozca Cita con Rama tendrá que aguantar un poco (168 páginas de las 700 totales) para conocer cosas nuevas. Algo pesada esta parte para el lector si sabe en qué cosiste ese mundo extraordinario. A partir de ese momento comienza una trama muy entretenida aunque, a decir...

Lo que importa

Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) ama la palabra, de eso no cabe duda si uno ha frecuentado sus traducciones de Shakespeare, Milton, Marlowe, Tennyson, Yeats o Pound, si se sabe de su fidelidad al estudio de las letras irlandesas y de su labor al frente de la revista sevillana Estación de poesía, pero su amor a la palabra de los otros no debiera ocultar al lector el disfrute de la que escribe en nombre propio. Lo que importa (Sevilla, Renacimiento, 2015) es su quinto poemario y no dudo en calificar el libro como un encuentro feliz para el lector que se tope en el anaquel con un ejemplar sevillanamente encuadernado en albero y granate. Feliz, porque Rivero Taravillo escribe una poesía que recubre el mundo de luz y abre sentidos donde se espera la rutina, como en la espléndida oda a la ciruela que viene a la boca “del cesto de frescor del diccionario” y se derrama en jugos como una “constelación de asombros”. No es que falte el tono amargo y el recuerdo de la vida canalla sepultada en el pasado, la culpa o el olvido que no llega, pero la mirada del poeta se resiste a las visiones negras y encuentra siempre una metáfora para salvar la inocencia. Es una mirada adánica, en cierto modo, que descubre cuánto mira como recién nacido. “Qué concordancia, / mi corazón y el trino”, dice desde el jardín cuando el yo se pierde entre las hojas y la brisa. Su oficio es pulcro y bien medido, pero busca la naturalidad del curso del pensamiento, centrando su labor en la construcción de metáforas que recubren la anécdota y la visten de atardeceres serenos. No es un poeta neomodernista el que asoma en esta miscelánea de versos soplados...

AUGUSTO, DE REVOLUCIONARIO A EMPERADOR...

La biografía de Augusto se publica como una obra de divulgación, va destinada por lo tanto a un público culto pero generalista, que exige rigor científico pero también cierto estilo literario; esto es importante no solo por la forma, sino también por la manera en que se vehicula la información, por la capacidad de tocar emocionalmente, de pulsar determinados resortes en la mente lectora. Su autor es sin duda un experto en la materia, ha escrito ampliamente sobre la época –César, Antonio y Cleopatra, La caída del Imperio Romano– seguramente sus análisis son exactos, pero falla en el momento de poner ante nuestros ojos al hombre de carne y hueso, no consigue sostener el pulso narrativo en la construcción de un personaje magnético -Augusto sin duda lo fue- y el libro desprende cierto tufo académico. Tampoco como fuente está demasiado bien estructurado. Augusto fue un político prudente y astuto, general precavido, fiel a sus amigos, a su esposa y al poder; su camino fue trazado por la suerte y por su gran capacidad para aprovechar las oportunidades. Fue un hábil propagandista de sí mismo, la mejor muestra de ello es el peso de su nombre y su iconografía dos mil años después. Para él, una retirada era el inicio de un gran paso atrás para tomar impulso. Una de las virtudes de Goldsworthy es la contribución a desdibujar al héroe divinizado y subsumirlo en su humana mediocridad. Su principal error, pretender explicar cada uno de los entresijos de la época y repetirse en detalles, que además de no aportar nada al biografiado distraen al lector. La costumbre romana de prohijar, las modificaciones de los nombres propios, los divorcios y los cambios de familia tampoco ayudan a que fluya la Historia. Reflejar prolijamente estas metamorfosis...

La gente no es como tú...

En la contraportada de este libro de Sloper, dentro de la fabulosa colección “La noche polar” se advierte que su autor es y ha sido diseñador de notable éxito en España y Estados Unidos y que se estrena en las letras con esta colección de arte-factos en forma de cuentos e hiperbreves. Son piezas que entienden el riesgo en literatura desde un alto estado de gracia que los hace particularmente contrastados y punk entre sí. Apenas detrás hay un personaje o una línea de acción, pensamiento y conflicto comunes, la de un perdedor que siente haber nacido desde una rebeldía necesaria y adolescente que le hizo madurar demasiado pronto. Hernán Migoya dice que hay mucho de él mismo en la apuesta; los que creemos en la literatura como disfraz (que no tiene por qué ser deshonesta) aplaudimos igualmente. Porque sabemos que tras estos relatos y aforismos no sólo hay una tremenda libertad, sino ese humor que tanto nos gusta. Las repugnantes gaviotas hacen moverse de sitio al más pintado. Eso y su sorpresa. Agujeros también va de emociones, que son como trozos viscerales que terminan en Grúas, un relato del paisaje que no abandona todo lo anterior. Fiebre y Heridas son dos piezas que siguen hurgando desde el atractivo formato escogido. Sin embargo, es a partir de Hugo Boss on the beach, donde el personaje se queda en pelota picada ante su lector y lo hace con altos vuelos, como poca gente se atreve, consiguiendo que la vergüenza aunque le pueda, le convierta en autoinmune. Recuerda más este recorrido por el lado salvaje a En el camino que a cualquier libro de Bukowski o Fante, novelas y cuentos éstos, muchos hilvanados desde la necesidad de escribir honestamente sobre el trabajo y devenir cotidiano. Anfetas,...