Una torre de Babel, un Big Bang y el Quijote...

Con motivo de la celebración de los cuatrocientos años de la publicación de la segunda parte del Quijote, el Instituto Cervantes ofrece, hasta el 4 de octubre, una exposición al público que propone a la obra como un viaje, homenajea a los traductores y muestra al Quijote traducido no sólo a otras variables lingüísticas, lenguas o dialectos, sino también al lenguaje cinematográfico, al de las ilustraciones, e incluso a las adaptaciones infantiles y juveniles. Este cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote vino impregnado de la idea de traducción y comprendió la imposibilidad de homenajear la obra si no es a través de su condición de “obra más traducida después de la Biblia”. La Biblioteca Nacional (BNE) anunció el julio pasado que lanzó un portal con acceso a 3.300 ediciones del Quijote en más de cuarenta lenguas diferentes. El Instituto Cervantes, por su parte, acoge la exposición “Quijotes por el mundo” en la que se puede ver la obra adaptada al cine, escuchar un fragmento en diferentes idiomas y observar las tantas ediciones y traducciones que tuvieron lugar a lo largo de los siglos. No falta la posibilidad de admirar las ilustraciones que tradujeron al Quijote en imágenes (desde Doré hasta Rep, pasando por Dalí) ni de contemplar en una gigantografía del mapa mundial en qué siglos y a qué glotónimos ha sido traducida la obra. David Pérez, diseñador de esta exposición y responsable del diseño y la maquetación del excelente catálogo que la completa, habla con Aladar sobre esta experiencia. La exposición “Quijotes por el mundo”, que se organiza con motivo de los cuatrocientos años que se cumplen de la publicación de la segunda parte del Quijote, se propone como un homenaje a los traductores. ¿Por qué se eligió...

50 años de una esencia exclusiva...

Hasta el próximo 30 de agosto, James Bond se ha instalado en el Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez de Madrid. Todo su glamour se celebra en la exposición Diseñando 007: Cincuenta Años de Estilo Bond. Una estupenda muestra de todo lo que ha influido en la creación de uno de los más importantes iconos del mundo del cine y la literatura. Los fans de James Bond están (estamos) de suerte. Hasta el 30 de agosto pueden disfrutar (podemos) de una exposición exquisita en la que se pueden ver gadgets originales con los que 007 era capaz de cualquier cosa imaginable; maquetas de esos aparatos tan imposibles en su época, de algunos escenarios; trajes y vestidos que utilizaron los artistas para interpretar sus papeles; bocetos y storyboards. La exposición traslada al visitante allá donde quiera. El buen aficionado al cine o a la literatura encontrará referencias a los mejores momentos del agente del MI6 británico. Los trajes espaciales de Moonraker, los coches preferidos de Bond, representaciones de escenas concretas de las películas. Tal vez, la más impresionante es la que encontramos al comenzar la visita. ¿Recuerdan esa mujer guapísima que es asesinada por asfixia cutánea en James Bond contra Goldfinger? Sí, Jill Masterson; el personaje encarnado por Shirley Eaton. Pues allí está para recibir al personal; sobre su cama giratoria. Cada cosa tiene su espacio. Los villanos y sus aparatos diabólicos; el casino en el que Bond jugó tantas partidas acompañado de hombres y mujeres a los que terminó arruinando; los dibujos que terminarían siendo un escenario colosal y las maquetas que se utilizaron para dar vida a las ideas. James Bond es un icono, pero, también, un mito. Para entender lo que representa hay que acudir a la simbología de lo que...

Veinte años no es nada...

Hasta el 15 de noviembre de 2014 se puede visitar en Casa de América la exposición «Reencuentro con Onetti: Veinte años después». Se trata de un homenaje al escritor uruguayo por el vigésimo aniversario de su muerte, que tuvo lugar en la ciudad de Madrid en 1994. En esta exposición se pueden ver fotos, primeras ediciones de sus obras, cartas a él y escritas por él, mobiliario de su mítica casa de Avenida de América 31, objetos personales, cuadros, revistas y libros de célebres escritores firmados y dedicados al autor. Gardel, el ícono argentino por excelencia junto con Maradona y Evita, nació en Uruguay, igual que Juan Carlos Onetti. Y cantaba: «(…) que veinte años no es nada, que febril la mirada…». Veinte años sin Onetti en Madrid es mucho más que nada. Y la sala Frida Kahlo de Casa de América nos invita a ver mucho más que sus febriles miradas, esas que descubrimos en las fotografías que muestran al escritor en los últimos años de su vida, sobre aquella con respaldo de madera, su cama de noventa. Al comenzar el recorrido por la exposición, descubrimos una copia del número 128 de la revista Cuadernos para el diálogo (Madrid, 1974), en el que Julio Cortázar publica el artículo «El pueblo “Onetti”». Allí denuncia la censura que sufren muchos escritores, entre ellos el propio Onetti, por parte de los gobiernos de facto al considerar ciertos cuentos como material pornográfico. Cortázar es irónico y hasta se burla del absurdo de tales inculpaciones. Escribe: «Cuando digo que Juan Carlos Onetti es un motivo de orgullo para nuestro continente, estoy diciendo eso y mucho más». Cortázar estaba revelando lo que todavía no se decía. Y desafiaba la idea que el propio gobierno de Uruguay había tenido al...

No mires, lo esencial es invisible a los ojos...

El Museo ABC de Dibujo e Ilustración de Madrid, construido en la calle Amaniel sobre lo que fue la primera fábrica de cerveza Mahou, expone hasta el 6 de septiembre el trabajo de dos grandes artistas: Rébecca Dautremer y Ana Juan. Con esta exposición titulada «No mires, contempla» se inaugura el nuevo Espacio Edelvives instalado de manera permanente en la planta baja del Museo. Se trata de un espacio cedido a la editorial para exponer, vender y presentar sus libros, con amplios pufs y sillones que invitan a la lectura. En esta primera exposición se puede dejar de mirar para en cambio contemplar los originales de algunas de las ilustraciones que conforman los libros Seda, de Alessandro Baricco, ilustrado por Rébecca Dautremer, y Amantes, escrito e ilustrado por Ana Juan; ambos publicados bajo el nuevo sello editorial Contempla Edelvives, que se propone acercar libros ilustrados al público adulto, y que así se lanza al mercado, con estas dos joyas. «No mires, contempla» expone dieciocho de los originales que ilustran la reconocidísima novela del italiano Alessandro Baricco, y quince originales de la obra Amantes de la española Ana Juan. Si algo tienen en común las dos obras ilustradas es que hablan sobre el amor. Por eso, el resultado de la exposición es una armonía que lejos de estar dada por una coincidencia en estilos o técnicas empleadas por las artistas, radica en una sintonía melancólica que cuando hablamos de amor a todos nos suena. Rébecca Dautremer, la ilustradora francesa que algunos niños quizá ya reconozcan por las Princesas olvidadas o desconocidas, Elvis o Babayaga (todos álbumes publicados por Edelvives), es la responsable de las ilustraciones de Seda, publicada en su momento por Anagrama en español. Gracias a este trabajo, que parece haber sido idea de...

Imagen y materia de lo intangible...

No me suele gustar el arte religioso. Me aburre que me mata. Y sin posibilidad de una vida futura, en mi caso. Hay pocos artistas en los que encuentre una mirada, esa pulsión de misticismo de Ucello, la transgresión de un Caravaggio, un virtuosismo que se aleje de los estereotipos, como el de Rafael Sanzio; la desmesura de Sert. Casi siempre la chispa se enciende en lo histórico de las escrituras o en lo pagano. Eso no resta mérito a la carga cultural e histórica de este tipo de arte, ni tampoco implica que no existan obras memorables. En esta exposición se pueden ver algunas de ellas. La primera vez que oí hablar de las Obras Maestras de la Colección Masaveu fue con motivo de la exhibición que organizó el Museo del Prado en 1989, en el Palacio de Villahermosa, la actual sede de la Thyssen-Bornemisza. Me quedé estupefacto. ¿Cómo podían estar en manos particulares esos fabulosos retablos góticos y renacentistas, los bodegones? Con el paso del tiempo, diarios e informativos anunciaron el pleito de los gobiernos de la Comunidad de Madrid y el Principado de Asturias por lo que fue el pago de los derechos sucesorios más elevados de la Historia de España, tras la muerte de Pedro Masaveu en 1993, que supuso finalmente el depósito, como dación, en el Museo de Bellas Artes de Oviedo de más de cuatrocientas obras de una calidad extraordinaria. Se fue desgranando el proceso de acumulación de arte en manos de una familia: el establecimiento de unos grandes almacenes en la capital asturiana, aprovechando el auge de la minería y de la industria a finales del ochocientos; el salto a la banca, la diversificación de los negocios en una productiva postguerra y la consolidación final de un...

Dimensión de la masculinidad...

Vive la France. La fotografía pintada de Pierre y Gilles que representa a tres futbolistas desnudos en un estadio, vestidos solamente con las medias en los colores de la bandera tricolor, sacudió a la sociedad austriaca, causando un escándalo que obligó a censurar las imágenes de las banderolas publicitarias de las calles. ¡En Viena!, donde los músculos erectos de Los trabajos de Hércules adornan con sus miembros titánicos las entradas del palacio imperial de Hofburn. En todas las posturas, con toda la obscenidad de sus escorzos. Una clara señal de hipocresía que centra el foco sobre lo que investigaba la exposición: el momento –histórico y mental- en el que el cuerpo desnudo de un hombre deja de ser algo artístico, intrascendente, banal, que habita impunemente las fuentes públicas y los dinteles de los templos, para convertirse en algo intencionado y perturbador. Sucedía en una exposición del Leopold Museum en 2012. Rápidamente, Francia recogió el testigo alrededor de la misma imagen, que tiene también un mensaje político, en cuanto que pretende representar a su selección nacional de fútbol –blanc, black, beur; blanco, negro, moro- que se alzó con la Copa del Mundo en 1998. A la multiétnica sociedad francesa con sus luces y sus sombras. La exposición del año pasado en el Musée d´Orsay, Masculino Masculino, el hombre desnudo en el arte desde 1800 hasta nuestros días, esquivaba el escándalo y profundizaba en la revolución de los cuerpos, proyectándose con otra imagen emblemática de la misma pareja de artistas franceses, Mercurio (Enzo Junior) (2001), lo mismo que hace el museo mejicano. Más académica, mitológica, simbolista. Donde lo transgresor es esa encarnación por la que un joven humano se convierte en un dios por mediación del arte, y no al contrario. Esa doble masculinidad a la...

Le Corbusier. Un atlas de paisajes urbanos...

Las ciudades utópicas de Le Corbusier nos asaltan, desde sus esbozos, como las pesadillas de un futuro omnisciente, pero también con la belleza de lo soñado. Río de Janeiro atravesada por autopistas habitadas, netos edificios residenciales en cuya azotea continua se establece el tráfico en torno a la bahía de Guanabara. Los bloques habitacionales que, en el plan para Argel, debían apantallar la medina tradicional separándola del mar. París, destruido en un sueño futurista y entre cuyos monumentos emerge una ordenada urbe de rascacielos de cristal, para la que solo se conservan los hitos como anclajes al pasado. El arquitecto se centraba en construir un hábitat adecuado a las necesidades humanas, donde la luz del sol y el aire penetrasen en el interior de las viviendas. Éstas se estructuran en bloques de hormigón sobre pilotes, que permiten los tránsitos e insertan la habitación en la naturaleza. Ideas novedosas e interesantes teorías sociales que hicieron avanzar el urbanismo y la arquitectura pero que se olvidan de esa prolijidad de concha con la que las generaciones construyen excrecencias, núcleos irregulares que se suceden a sí mismos en la historia. El paradigma de la obra de Le Corbusier es Chandigarh, capital simultanea de los estados indios de Punjab y de Jariana, cuyo Capitolio surge en el trópico como un espejismo, con su onírica Corte de Justicia, su monstruoso Secretariado, con la cubierta hiperbólica de su Asamblea Legislativa. Es uno de los únicos desarrollos generales que le fue dado levantar, recoge el testigo de las antiguas ciudades construidas sobre papel, como Udaipur o Nueva Delhi y las enlaza con la Brasilia que crearán más tarde sus seguidores, Lucio Costa y Oscar Niemeyer. Traer esta exposición desde el MoMA de Nueva York puede tener algún pretexto -como los planos...

Lola Montiel a través del espejo...

Lola Montiel es una mujer enigmática a quien le apasionan todas las caras del arte. Desde que contaba con dieciséis años, ya imaginaba cuentos que escribía e ilustraba. Descubrió la fotografía cuando estudiaba diseño gráfico y con estos hábitos artísticos amasados, actualmente, realiza una fusión coherente de pintura, fotografía y tratamiento digital, para configurar obras donde su cambiante alma se deja transparentar. Habíamos quedado en la sala «La Fundición» donde, por primera vez, Sevilla le permitía un espacio destacado para poder mostrar varias de sus colecciones. Cuando llegué, la adiviné atando su bicicleta. A mi pregunta respondió, muy sutilmente, «Sí. Soy yo». Lola, ¿cuántas de tus obras han visto la luz? «Las series «Corazón Flamenco», «Hormigueo», «Crisálida», «Abismal». Esta última refleja la sensación de dolor porque no hay ninguna clase de sensación que sea más viva que el dolor; sus impresiones son seguras, no confunden para nada como las del placer. Pero aún tengo muchas en el tintero». La artista sevillana ha concebido cuarenta retratos, que ofrece en la serie «Corazón Flamenco» y que ha acompañado de un pequeño dossier de investigación. «Con este trabajo he podido alzar las voces de las gentes de etnia gitana dando su clara opinión sobre la influencia de su cultura, sus vidas y su historia. Las fotografías que normalmente se ven sobre el pueblo gitano muestran el aspecto más negativo. Nadie merece un trato injusto por pertenecer a un grupo social diferente al resto, en estos retratos les doy valor humano». La intención artística de Montiel no se agota en la sublimación personal, ni en proporcionar goce estético a  quienes observan sus hibridaciones creativas. «Tengo un trabajo sobre la crisis que me gustaría exponer. Entrevisto a trabajadores del sector del «ladrillo», hago que reflexionen sobre la situación que...

Picasso y el arte moderno (en el taller)...

Para todos es de sobra conocido lo que representa la figura de Pablo Picasso dentro del arte moderno y lo de menos, aquí, es si el pintor y escultor malagueño fue más cubista que naturalista, o viceversa. Eso parece hoy carente de sentido para un espectador común o medio e incluso mínimamente versado en estas lides. En la exposición que se celebra en Madrid se pretende mostrar el trabajo de taller de un gran pintor y dibujante que como saben sólo unos pocos triunfa aún hoy día más fuera que dentro de su propio país. Ha tenido que ser precisamente esta exposición de carácter gratuito, donde de un modo algo obtuso, nos lleguen grandes obras. La financiación es de lo más variopinta: desde el Philadelphia Museum of Art, la Phillips Collection de Washington, pasando por el Centre Pompidou parisino, la Tate londinense, hasta el Museo de Arte Moderno de Kioto, eso sin contar el apoyo museístico de Madrid y Barcelona, por todos conocido, entre otros. Disfrutar a Picasso en su taller desde la mera fruición o goce estético es tarea complicada y esto es porque, como los grandes, Pablo era esencialmente un bromista en su actitud con el arte, de tal forma que tras años de rigurosa disciplina y con tal de no repetirse, acabó convirtiendo en arte todo lo que tocaba, y aún así el monstruo no le devoró. Si ustedes quieren ejercer de voyeurs, no vengan a esta exposición, pues encontrarán más recursos espiando a su vecina o vecino o simplemente observando la realidad que les rodea. Complejas naturalezas muertas (aún así muchas de ellas carentes de un estudio riguroso de la perspectiva afeada adrede), mandolinas sin cuerdas y extrañas figuras así lo atestiguan, de tal forma que de las más de...

Miel de abeja

Kursala. Universidad de Cádiz 4 de marzo-18 de abril. El bodegón como género entendido desde las artes plásticas siempre nos presenta algo que se ofrece para no poder ser disfrutado, sólo deseado (o ignorado, según el caso), y es posiblemente la forma representada que mas invoca la distancia insalvable entre el referente y la imagen. Su disposición, generalmente sobre una mesa, ordenado y preparado para la degustación, nos proporciona casi todas las sensaciones menos aquellas para las que la lógica nos indica que ha sido preparado. Los misteriosos bodegones que forman Miel de abeja, la exposición de María Sánchez (1977, Ávila) comisariada por Jesús Micó, amplifican esta siniestra sensación desde la austeridad formal y la precisión conceptual. Sus habitaciones en penumbra contienen antes que ninguna otra cosa, la mesa, el receptáculo necesario, un lugar cubierto fantasmagóricamente por una sabana en toda ocasión desde el que subyugar nuestra percepción en la distancia. Luego están por supuesto los elementos dispuestos sobre ella, siempre mínimos, siempre un contrapunto del espacio vaciado, queriendo rasgar la tabula rasa de nuestra percepción mas inconsciente, cargar de sentido la imagen, resultando siempre un ofrecimiento sutilmente peligroso en el que se nos incita a cometer algún acto, a sucumbir al deseo que se revela desde el espectador hacia la imagen abierta de par en par. Un ofrecimiento que alcanza la mayor y perturbadora contradicción en su simbólica literalidad cuando es el cuerpo de la artista el que ocupa la imagen. María Sánchez, situada en ese territorio de la creación fotográfica alejada del documento y enraizada en la escenificación, se dirige, quizás sin tenerlo demasiado en cuenta, hacia rincones metalingüísticos, hacia el misterio de la fotografía como acto de voyeur penetración en el otro, su actitud violentamente arrebatadora apunta hacia el origen de...

Más allá de ElDorado, oro y poder en la Colombia antigua...

Museo Británico – Londres 17 de octubre 2013 – 27 de marzo de 2014 Oro. La leyenda del Hombre Dorado de la laguna de Guatavita capturó la imaginación del Renacimiento y atrajo, como moscas a la miel, a los aventureros al Nuevo Mundo: Lope de Aguirre, Francisco de Orellana, Felipe de Utre, Pedro de Quesada… Las expediciones armadas atravesaban selvas y desiertos, violentas cordilleras y mefíticos pantanales, sucediéndose los sufrimientos y las penalidades en busca de la realidad de un sueño. Eran las ciudades de oro que Marco Polo había visto en Cipango, cuyo resplandor prendió con violencia en la imaginación medieval. Enceguecidos por la codicia se atisbaban ya los tesoros, en el medio de las fiebres interminables, detrás de unos árboles, al otro lado de un monte, bajo las ruinas de una ciudad perdida. En los caminos de España, cantores y lazarillos expandían la especie por los pueblos castellanos, sofocados por un sol implacable. Oro, allí, en alguna parte, a disposición de quien fuera tan osado e ingenioso como para llegar y agacharse a recogerlo.  Acudían los muchachos a los muelles de Sevilla y a las casas de contratación para embarcarse como grumetes. Oro: reconocimiento, honores, riquezas, fama, inmortalidad. Como primicia de todo ese esplendor, los indios salían de las espesuras con objetos de una belleza bárbara que intercambiaban por baratijas y la pregunta de aquellos hombres blancos y barbados era siempre la misma, gritada con desesperación, ¿Dónde, dónde está el oro, de dónde viene? El mito de Eldorado ha quedado grabado para siempre en la memoria colectiva de la humanidad a través del cine y de la literatura, hasta llegar a nuestros días. Durante siglos, los europeos intentaron arrancar sus secretos a la laguna, llegando incluso a drenarla para extraer sus tesoros....

Paisajes preferentes

Galería Birimbao. Sevilla. 18 de Marzo-11 de Abril. El arte como proyecto vivencial desarrollado en un lugar y con ese lugar como protagonista, las capacidades del ser humano de influir y ser influido por el entorno, el paisaje en definitiva como género que reivindicar conceptualmente y reinventar plásticamente, son el eje central del trabajo de Miguel Ángel Moreno Carretero (1980, El Carpio), quien regresa a Sevilla con una muestra multidisciplinar que, una vez más, difumina los límites de su discurso mezclando pintura con escultura y objeto readymade, transformando la apropiación, tanto de objetos como de imágenes, en interpretación plástica de lo cotidiano y soslayando nuestra mirada para hacernos pensar sobre lo que nos rodea y, por qué no, divertirnos en el camino. Escultura o maqueta, diseño arquitectónico o pieza conceptual, cuidada reflexión o improvisado divertimento, en Miguel Ángel Moreno todo ello es la misma cosa. La multidisciplina que en él se aleja nunca es propósito de contemporaneidad o estudiada puesta en escena de la multiplicidad de recursos habituales, sino una simple y desenfadada necesidad de hacer arte con cualquier cosa. En la presente exposición somos testigos de cómo el dibujo abandona su función íntima para ser una cartográfica fuerza interventora en el paisaje y que delimita su uso práctico, vemos las imágenes de un catálogo de record güines reducir en escala su obsesión grandilocuente convirtiendo en fetiche portátil una naturaleza manipulada con el propósito de ser mas grande que ella misma, reconocemos humanos espacios seriados sustituyendo y secando paraísos terrenales. Vemos al final una línea de horizonte, bifurcada, manipulada, tapiada… y a un artista explicarnos en qué consiste el juego del...

Typologies

Galería Alarcón Criado. Sevilla. 31 de enero-29 de marzo El objeto es, según la definición lacaniana, el lugar donde se restituye de forma continua nuestro deseo inalcanzable, de forma que cuando, por fin, se posee, el deseo pasa a un objeto diferente, configurando lo que denominamos pulsiones. El coleccionismo como ansia de poseer uno o varios objetos prescindiendo de su valor funcional, esto es, poseer por el hecho de poseer, sitúa la necesidad inconsciente en el ámbito del discurso íntimo, del dialogo con uno mismo a través de objetos e imágenes y, desde esta perspectiva, en un terreno cercano a un discurso artístico en el que productor y receptor son la misma persona. Nicolás Grospyerre (Polonia, 1975) presenta en su segunda exposición en la galería Alarcón Criado un uso sistemático de los dispositivos de colección como recurso creativo para estructurar la realidad, creando parcelas de información que, como siempre en la esfera posmoderna, tiene tanto de verdadero como de falso (falsas colecciones, objetos no originales y manipulados…), tanto de profunda necesidad psíquica como de ridícula obsesión. Los objetos e imágenes de Grospyerre no sólo prescinden de su valor útil, ni siquiera transmiten lógica alguna, y manifiestan sólo una irracional práctica en busca de algún desdibujado tipo de sentido, algo especialmente evidente en colecciones como las de objetos dobles naturales o recipientes de aire, grupos de objetos que nada tienen que ver entre sí salvo el hecho de haber sido agrupados, y, a través de ese acto, entrar en el ámbito del discurso. Su práctica fotográfica posee el mismo carácter, fría y distante, alejada de intención autoral y auspiciada en la idea de que toda fotografía consiste en la apropiación de una parcela del mundo. Sólo después del acto apropiacionista será cuando el discurso aparezca....