Las Furias: Alegoría política y desafío artístico Mar17

Las Furias: Alegoría política y desafío artístico...

Museo Nacional del Prado 21 de enero – 4 de mayo 2014 Cierren los ojos. Imaginen una sociedad en la que el cine y la televisión no existen. Tampoco la fotografía ni la publicidad han aparecido. Solamente la pintura es capaz de convocar imágenes. Éstas sacuden la imaginación del pueblo, que apenas si puede tener -en el claroscuro de los templos o en la clausura de los palacios- el atisbo de una realidad paralela poblada por seres mitológicos. Pintados en carne y hueso, envueltos en colores que no se encuentran en lo cotidiano de la naturaleza: tornasol, escarlata, púrpura, índigo, amaranto… cuanto más nos adentremos en las brumas del norte de Europa más sobrecogedora resulta la composición. Porque al fin y al cabo en el sur –Nápoles, Sevilla, Constantinopla- el sol estimula el imperio de los sentidos con las naranjas, el albero, el azafrán; llegan las naves de un más allá remoto habitado por pájaros exóticos y especias raras, cargadas con brillantes porcelanas, con seda, con plumas, con ídolos de turquesas. Aislado en la cúspide del poder, Su Majestad Cesárea Carlos, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rey de las Españas y de las Indias, de Nápoles, de Sicilia, de Cerdeña, duque de Borgoña y archiduque de Austria, rige los destinos del mundo en el nombre de Dios. Hace apenas quince años que hasta el Papa, Clemente VII, ha tenido que humillarse ante su persona para entregarle el orbe imperial. Pero en Alemania ciertos príncipes protestantes han tenido la osadía de desafiar su poder, ensoberbecidos por la herejía. El escarmiento será memorable. Las persecuciones asolaran el norte de Europa durante una década. Como aparato de propaganda y para ejemplo edificante, la hermana del césar, María, reina de Hungría y de Bohemia, Gobernadora de los...