Personal & político...

Aurora Luque (Almería, 1962) es una de las voces indiscutibles de la poesía española contemporánea. Ahora que se abrió un debate, un tanto extraño, en torno a la poesía escrita por mujeres, que la prestigiosa colección Vandalia traiga a manos del lector Personal & político (Sevilla, Fundación José Manuel  Lara, 2015) es un buen argumento para no debatir más, sino para afirmar, sin duda alguna, que mucha de la mejor poesía escrita en las diversas lenguas peninsulares suena hoy con voz de mujer. No seguiré en la defensa de lo obvio, pues merece la pena que nos centremos en el último poemario de Aurora Luque, donde esplende sobre la superficie de lo cotidiano la hondura de su discurso clásico, forjado entre antiguos y modernos, que huele a Mediterráneo, a Safo, a Hölderlin, a Juan Ramón, a Cernuda, a Caballero Bonald, a Anne Carson… y a viñas soleadas. Pero aquí, en Personal & político, el lema feminista (“todo lo personal es político”) que se toma como punto de partida, inspira una colección en la que la poeta busca el mito y la trascendencia en la vida humilde de cada día. El poemario se divide en dos secciones, “Cuaderno del sureste” y “Cuaderno vieja América”, nutridas de la propia experiencia vital de la autora; dicho sea esto con toda la reserva necesaria, pues el discurso lírico es siempre un discurso de ficción: la verdad de lo poético no se halla en la anécdota, ni en el episodio más o menos autobiográfico que sirve de espoleta a la escritura, sino en la (re)creación del mundo a través de la palabra. Así, en estos dos cuadernos de viaje, lo mismo salta el recuerdo del desierto almeriense de su infancia al contemplar unas fotografías, que se reflexiona sobre el...

Hotel Origen

(Imagen tomada de: http://www.notodo.com/libros/7299_javier_vela_hotel_origen.html) El premio de poesía Emilio Prados va ya por su décimoquinta edición, consolidado como uno de los referentes más fiables para saber por donde va la poesía más sugerente del panorama literario español. El pasado año se le concedió al joven, pero muy reconocido poeta, Javier Vela por un poemario impresionantemente bello, Hotel Origen, que acaba de salir en librerías coeditado, como siempre en colección propia, por la Diputación de Málaga, a través del Centro Cultural de la Generación del 27, y la exquisita editorial valenciana Pre-Textos. Al modo de los stilnovistas del renacimiento italiano, Hotel Origen es la crónica poética de una pasión amorosa y la donna angelicata es aquí nombrada como Amara. Lo angélico de este hotel lírico donde se viene a nacer es carne abrazada, no espíritu inalcanzable; el esforzado amante nos ahorra los trabajos de merecimiento del amante cortés y se centra en construir un fascinante tema con variaciones sobre los goces del amor. Poemas que brillan como luminarias en la noche, contrapunteados por pequeños poemas de un sólo verso largo (a veces organizado por la pausa en dos hemistiquios, un octosílabo más un endecasílabo) que funden la tradición del aforismo, de la imagen surrealista, de la iluminación casi de greguería y del afán del haiku por atrapar el instante en su huida, eso que algunos llaman inspiración. El libro tiene una fuerte unidad en su arquitectura, que gira en torno al misterio de Amara, una mujer con un país propio que el yo poemático explora en su geografía de piel y besos, mientras aprende la enigmática lengua con la que Amara nombra el mundo. O, dicho de otra manera,  Hotel Origen es el lugar de encuentro de un poeta con la poesía. Versos en estado...

POESÍA DEL AMOR SECRETO PARA UN VERANO TÓRRIDO...

Una buena forma de pasar las horas más calurosas del día es leer a la sombra de algún árbol; en casa, dejando que el calor siga con su trabajo. Si nos acercamos a la poesía encontraremos alivio porque la poesía va más allá de lo mundano. Y si nos acercamos a los libros de Clara Janés encontraremos ese lugar reservado al progreso personal con dirección a uno mismo. La entrada hace dos meses en la Real Academia de la Lengua de Clara Janés (Barcelona, 1940) supuso para quien escribe un raro placer. Acostumbrado a no celebrar nombramientos que huelen por anticipado a pergamino ajado o a precipitación de afanes comerciales mal disimulados, aquella mañana del ocho de mayo en que supe por la prensa la noticia bebí mi primera copa de vino helado de la temporada. Una celebración secreta, tan confidencial como lo fue siempre la poesía de Clara Janés. Traductora reconocida, ensayista brillante de todo aquello que arrastra su pasión hasta casi la puertas del abismo (el eterno femenino, la música de Mompou, la poesía de Vladimir Holan, la cosmovisión sufí, la plástica del aire hecho piedra o Chillida…); mujer admirable, yo celebré en confidencias de jardín, el reconocimiento a la poesía de Clara Janés, una llama viva que humea a Hölderlin, tal es su arrebato, aunque las influencias literarias de la poeta catalana vayan más allá de la grandes elegías del poeta alemán. Y así, entre los espejismos de la calor de este julio ardiente, no se me ocurre mejor paralelo que un peregrinaje por los últimos poemarios de Clara Janés. Camino que empieza, con la recopilación de los poemas amatorios que la editorial Vaso Roto reunió en 2010 bajo título más que explícto: Poesía erótica y amorosa. Allí se recogían impresos...

Antonio Méndez Rubio: La poesía como antídoto...

Antonio Méndez Rubio quiere que sus lectores existan, que busquen eso que no cabe esperar y que, además, sea en un poema donde lo encuentren. La publicación de Nada y Menos en Ediciones Liliputienses hace pensar que, todavía, es posible un espacio para la buena poesía y que lo comercial ha dejado, casi sin saberlo, ese hueco tan necesario para que las letras sigan vivas sin necesitar del dinero. Acabas de publicar Nada y menos (Cáceres, Ediciones Liliputienses, 2015), un volumen que recoge los poemarios que has ido editando entre los años 2007 y 2011, continuación, en cierto modo, de aquel otro volumen anterior de poesía reunida, Todo en el aire (Poesía 1995-2005) y enlace con los poemas de tu último libro publicado en edición exenta, Va verdad (Madrid/México, Vaso Roto, 2013). En estos volúmenes se recoge una carrera literaria que comienza hace aproximadamente treinta años. ¿Cómo ves ahora perfilado este largo camino recorrido?  Hay trayectos. “Camino” es una palabra quizá excesiva, que conlleva una dirección, o al menos un sentido, y no estoy seguro de que eso se dé en mi trabajo poético. Y “carrera”… da miedo. Me siento mejor hablando de tramos, o tramas, de “trayectorias”, no siempre continuas, que se cruzan y se dispersan, que se desvían de sí mismas. Me pareció que los primeros poemarios recogidos en Todo en el aire formaban un ciclo, a pesar de que cada cual era singular y contenía ya sus ciclos propios y múltiples. Y cuando luego tuve la misma sensación, decidí reunir los siguientes libros para marcar ese ambiente común que ahí se respira. Esto último es lo que da forma a Nada y menos, que dialoga con el previo Todo en el aire: éste quería reactivar el aviso de Marx (“todo lo...

Nada y menos

Ediciones Liliputienses recoge los poemarios escritos entre los años 2002 y 2008 por Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz 1967), aunque han seguido un orden de publicación algo más dilatado en las ediciones exentas y queda fuera el excepcional Va verdad, publicado por Vaso Roto en 2013.  Sumado este volumen a Todo en el aire (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2008), dispone el lector de la poesía reunida, casi completa hasta el momento, del poeta extremeño radicado en Valencia. Méndez Rubio es sin duda una de las voces más personales del panorama poético en lengua castellana. Su indagación en los límites del lenguaje sólo es comparable a la tensión de la palabra de Paul Celan, Emily Dickinson o Wallace Stevens. Solitario francotirador en la poesía española, el poeta entiende como nadie la máxima deleuzeana para el gran arte: labor de exilio en la propia lengua, pelea constante por el encuentro con una forma para el desvelamiento del ser. Y Méndez Rubio la encuentra, vaya si la encuentra, por eso su escritura es necesaria como el pan de cada día. Con el paso del tiempo, su obra se levanta como un edificio de sólida arquitectura, erguida sobre una conciencia de la escritura basada en la exploración de la materia del sentido a la que no estamos acostumbrados en la poesía española. Poeta metafísico, aunque de la noche oscura del alma, maneja el tono de tal forma en su escritura que es un prodigio cada poema y un milagro cada libro. Escritura meditativa, intempestiva, radical, pero no desolada ni solitario ejercicio de complacencia. Y es que toda batalla en el lenguaje es una batalla en la vida, porque la realidad es la realidad nombrada y la poesía de Méndez Rubio no es un juego estéril...

El forzado inocente

El forzado inocente (Madrid, Pre-Textos, 2014) es el poemario clave de la carrera del poeta franco-uruguayo Jules Supervielle (Montevideo 1884–París 1960), en su día amigo inspirador del gregueriante Ramón Gómez de la Serna y, como él, escritor único e inimitable. Publicado en París en 1930, en plena efervescencia surrealista, El forzado inocente es un triunfo de la inteligencia, de la necesidad sobre el azar. En una línea de búsqueda parecida a la surrealista, Supervielle nunca aceptó la escritura automática propugnada por André Breton y sus seguidores, aunque navegó las aguas del momento de duermevela en el que la razón empieza a anegarse en el mundo de los sueños. Casi un hierofante, invocaba la magia en la espuma de lo cotidiano como el que convoca los espíritus ancestrales para encontrar el sentido trascendente que anida en el corazón de los hombres. No tengo noticias de que frecuentara los paraísos artificiales, pero la alucinación es la pauta de su discurso lírico. Y, sin embargo, la metáfora deslumbrante no era su camino, prefería la construcción de un universo de imágenes extrañas por asociación improbable de ideas comunes, no por la superficie irracional de un lenguaje violado por el inconsciente (“Olvida ya las manos y los ojos del viaje, / escucha las razones de tus muros sensatos, / es por aquí, te digo, es por aquí”). Supervielle nunca fue un poeta a la moda, ni ahora en estos tiempos postmodernos anda de moda. Poeta a la antigua, no por su clasicismo formal, ni por la exhibición de una retórica ampulosa, sino por creer aún que la poesía era una forma de conocimiento capaz de elevar al ser humano por encima de la vulgaridad. Poeta suprarrealista, no por despreciar la realidad, sino por querer asirla entre sus manos más...

No se quebrará la rama...

No se quebrará la rama (Madrid, Vaso Roto, 2014) es uno de esos libros que el lector de poesía no se explica que siguiera inédito hasta ahora en nuestro país, teniendo en cuenta que se trata, de un clásico verdadero de la poesía norteamericana moderna. Su autor, James Wright (nacido en Ohio en 1927 y fallecido en Nueva York en 1980) ha sido hasta el momento un escritor poco o nada leído entre nosotros, no obstante su papel central en el desarrollo de la poesía norteamericana contemporánea. The Branch Will Not Break, que ahora podemos leer en español, fue publicado por primera vez en 1963. Libro clave, se presenta casi como un cuaderno de viajes por un paisaje y las gentes que lo pueblan, vistos desde la hondura de un sujeto lírico abierto a llenarse de los otros hasta ese dolor expiatorio que lleva aparejado la lucidez de la conciencia de lo real. Tal es aquí la ambivalencia de su palabra, que nace de nombrar la belleza arrebatada de la naturaleza salvaje, tanto como la dureza de la vida de los hombres y las mujeres que huellan los campos y las ciudades, que la contemplación implicada del poeta aún le sigue hablando de la fuerza regeneradora de la vida hasta en medio de la derrota. Quizá porque saben, el poeta y el arrendajo azul que desde su ventana ve posarse sobre la rama de un pino, que al fin y al cabo “no se quebrará la rama”. En efecto, la sensibilidad esponjosa de Wright se llena de lo que ve a su alrededor. Unas veces el poeta se pierde en “…las hermosas ruinas blancas / de América”; otras descubre, amargo, que los hijos de los padres orgullosos del Medio Oeste “crecen hermosos hasta el...

Tormenta de uno. Poemas...

Tormenta de uno. Poemas (Madrid, Visor, 2009) no es una novedad editorial, pero quien escribió estos poemas, Mark Strand, falleció el pasado 29 de noviembre en Nueva York, donde pasaba los otoños desde que se trasladó a vivir a Madrid hace unos años. La enorme potencia lírica de la obra que nos deja merece que se traiga hoy a la memoria de los lectores, hoy, que del poeta ya sólo queda la palabra escrita. El poemario, publicado en 1998, recibió el Pulitzer al año siguiente y la crítica suele considerarlo como uno de los libros capitales del minimalismo lírico norteamericano. Etiquetas aparte, Tormenta de uno es un canto maravilloso a la conciencia de que “nuestra obra maestra es la vida privada”. El individualismo norteamericano que cantó Walt Whitman por vez primera con su retórica de la libertad del “uno”, tenía hasta hace unas semanas en Mark Strand su más depurado cantor. Desde la mirada interior al transcurso de la vida cotidiana, desde la identificación con el paisaje, con los aromas de la comida, con la arquitectura de las ciudades y los hoteles de playa surge el pensamiento de la metafísica de lo mínimo. La hondura magistral de la mirada de Strand desvela el sentido trascendente de los actos más banales, enseñándonos a ver con nueva luz la importancia de tener conciencia de cada minuto de nuestra vida para entender nuestro lugar en el mundo de los otros. A partir de ahí, la lección del poeta es clara: “¿cómo / podría yo / no ser sólo yo mismo, este sueño de la carne, sin tardanza?” Así, la poesía es no sólo una escritura para plasmar lo que se ve, lo que se siente, lo que pasa, sino también para nacernos el “yo” en el poema....

DIÁLOGOS ENTRE LA PALABRA Y LA IMAGEN...

En el patio de un hotel sevillano, entre escandalosos grupos de turistas, charlamos con Jenaro Talens, poeta, teórico, traductor, profesor gaditano, para comentar su nuevo libro, Lo que los ojos tienen que decir, un “iconotexto” a medias con el fotógrafo Alberto García-Alix.  Acaba de salir a las librerías Lo que los ojos tienen que decir (Madrid, Cátedra, 2014), su último poemario, donde continúa la colaboración con artistas plásticos, en este caso con el fotógrafo Alberto García-Alix. El poemario anterior, Según la costumbre de las olas (Madrid, Salto de Página, 2013) también incluía fotomontajes y collages de Clara Janés. A lo largo de toda su obra el diálogo entre imagen y palabra ha sido una constante, no sólo en su concepción de la propia materialidad de la escritura poética, sino en el trabajo a medias con pintores, fotógrafos o dibujantes, que ha dado lugar a lo que usted llama “iconotextos”, al menos desde aquel ya clásico La mirada extranjera (Madrid, Hiperión, 1986), con el fotógrafo Michäel Nerlich. ¿Desde qué planteamientos se construye la relación entre la palabra poética y la imagen en sus libros? Bueno, de hecho la relación de la imagen y la palabra es una cosa que viene de lejos, era la famosa ut pictura poiesis de los clásicos. Lo que ocurre es que una cosa es plantear la imagen como ilustración visual de la palabra, o bien la palabra como descripción verbal de la imagen, y otra cosa es hacer que estas dos formas de enfrentarse con la realidad que nos rodea dialoguen como si estuvieran en un nivel tercero, que no pertenece ni a una ni a otra. Es a eso a lo que he dedicado parte de mi trabajo en colaboración, como decías tú con artistas plásticos. Algo que empezó...

Ella: invierno

Podría calificarse a María Alcantarilla (Sevilla, 1983) en la categoría de los artistas emergentes, pero la solidez de la escritura de Ella: invierno (Granada, Valparaíso, 2014) nos lleva a pensar más bien en una obra caudalosa que se ha mantenido casi secreta, buscando la decantación del tiempo. Hay madurez  y mucho papel escrito en la sombra tras este poemario intenso y emocionado, el tercero de la autora, tras El motivo es lo de menos (2008) y los poemas visuales de El agua de tu sombra (2013, Premio de Poesía Multimedia Poemad). Se nota madurez serena, pues no otra cosa es lo que se necesita para entrar como un torrente a ejecutar ante los ojos del lector las iluminaciones de la razón poética, que diría otra María, Zambrano. Así, madura, es esta colección de poemas y microrrelatos en prosa que ahondan en el invierno de corazón, parten de la desdicha y del abandono pero no nos lleva hacia las melancólicas elegías o los llantos desesperados. No hay trazas de neorromanticismo en la palabra: “lo realmente salvaje es la humanidad de todo ello”. Lo que ha pretendido la poeta es pensar desde el discurso de la pasión la pérdida, la ausencia, la imposibilidad de los retornos al pasado, entonando la sonora música de las emociones en carne viva, pero con un fino dominio de la inteligencia sensible sobre la efusión sentimental o la confesión autobiográfica. Lo que busca la voz poética es comprender la esencia del adiós y el reverdecer de la vida del corazón; para ello, la escritura lírica se aleja de la autobiografía (que nadie la busque en Ella:invierno) y se abre a un canto a tres voces: el yo se alía con el tú y con el él para mostrar en forma caleidoscópica...

Mente animal

Mente animal (Córdoba, La Bella Varsovia, 2014) es una sorpresa, no así su autora, Pilar Adón, poeta, narradora, traductora de, entre otros, Henry James, que viene construyendo con calma y mucho tino una sólida carrera literaria a la que la crítica ha atendido convenientemente (no es por casualidad que el novelista Manuel Longares, salude el libro en la contraportada). Mente animal es un poemario fieramente escrito desde las entrañas del recuerdo, con un inesperado aroma a norte que al lector quizá le lleve a evocar los paisajes líricos del poeta sueco Tomas Tranströmer. El marco real del que nace la escritura puede ser el espacio rural castellano, pero el tono es de brumas frías, de bosques en sombras, de amenaza, de temores ancestrales. Con una escritura precisa que penetra como un bisturí en la carne de la vida cotidiana en la aldea, en los campos soberanos donde el hombre soporta una vida de lucha desesperanzada y de desgracia, Pilar Adón se enfrenta a los fantasmas del pasado, a un origen que no es celebrado sino con el abandono: “¿no es la retirada la actitud más noble?”. La suya es una mirada que contempla la tragedia con la naturalidad de lo que ya se entiende casi como una cruel e invencible rutina, por eso la visión que estructura los poemas es seca, sarmentosa y descarnada o como de piel vieja, casi en cueros; así que no, bucólicas evocaciones de una naturaleza esplendente no espere el lector aquí, no será el Virgilio de Las Geórgicas, ni el Fray Luis de los poemas de dones y gracia escritos en El Cigarral de Toledo lo que se va a encontrar en estas páginas donde siempre acecha la bestia. Otras son en Mente animal las viandas con la que...

Poesía reunida. Philip Larkin...

Junto con el norteamericano Robert Lowell, el poeta inglés Philip Larkin (1922.1985) es quizá uno de los escritores extranjeros más leídos por las generaciones de poetas españoles que empezaron a salir a la luz a partir de la década de 1980. Puede que ello fuera debido a las coincidencias de visión estética entre la poética de lo cotidiano de Larkin y los intereses líricos de los entonces jóvenes ochentistas españoles que pasaban por las poéticas de la experiencia; o a algo quizá menos evidente, pero puede que más definitivo: la reinvención de la mirada realista que en aquel tiempo se empezó a fraguar tras el antirrealismo que dominó desde finales de la década de 1960. El caso es que el solitario y antipático poeta-bibliotecario encontró su sitio precisamente en la exploración de las vidas modestas, los aconteceres cotidianos y un discurso directo, natural y alejado de todo lo que no fuese una escritura antiornamental. A la altura de 1955, sus Engaños retaron a la santísima trinidad de la poesía en inglés (Yeats, Eliot y Pound) y buscaron el sentido precisamente al otro lado de la poesía, en la calle y en las vidas rutinarias de los habitantes de la ciudad. Poesía de clase media, sin alturas sublimes ni hondas simas de desesperación, sin otra aventura que no fuese la de seguir adelante con el día a día, sin más tragedias que las del vecindario, que curiosamente le llevó a la celebridad convirtiéndolo en uno de los escritores más leídos y populares de su tiempo. Hemos hablado de «reinvención del realismo» y esto de reinventar es más que evidente en la poesía que aspira a explorar la vida de la gente corriente y en el poeta que también construye su autoría como hombre corriente, sin...

El Plazo

El plazo (Madrid, Amargord, 2014) es un libro extraño, lo que no significa que sea de difícil disfrute. Todo lo contrario, apasiona. Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) ha explorado en su segundo poemario un territorio muy poco frecuentado por el discurso lírico y nos pone en las manos cuarenta y nueve poemas en prosa que dibujan la huella de un viaje iniciático al centro oscuro de la incertidumbre. Estos textos breves, tensos, elusivos, se nutren de una historia que bien pudiera haber imaginado el Conrad de The Heart of Darkness; tanta tiniebla, tanto corazón hay en El plazo, que uno piensa que casi se escribió escapando de la sombra de Kurtz. Olga Muñoz Carrasco nos ofrece la visión interior, subjetiva, de un sujeto poético (poliédrico, a veces una mujer sola, a veces acompañada de una pareja, a veces protectora y protegida de su familia) que escapa de algo nunca nombrado y busca una certeza que no encuentra, pues no hay sino camino en su peregrinaje y el final es comprender que no hay final: “Ahora nos hallamos en mitad del camino”, dice el último poema del libro. La historia de por qué la voz huye, busca, descansa, protege a sus crías, comparte con el otro, tiene miedo, parece haber encontrado un hueco de felicidad y luego la sospecha, pero conquista el camino y sigue adelante, esa historia, no se cuenta en El plazo. Está tan ausente en la trama que hilvana con hilo rojo los cuarenta y nueve fragmentos, como amenazadoramente  presente en cada palabra, en cada emoción, en cada gesto, en las acciones mínimas de los personajes que cruzan por estos poemas extraordinarios, que pueden leerse de manera independiente, como espacios textuales autónomos que son, pero que también admite (y a mí me...

Según la costumbre de las olas...

Casi desde el principio mismo de su fecunda carrera, Jenaro Talens nos viene ofreciendo de tanto en tanto libros en donde la poesía dialoga con la imagen. Esta aventura de libros compartidos, comenzó en 1970, en la edición ilustrada por Tomás March de Una perenne aurora, el tercer libro de un joven poeta que empezaba así a construir una de las obras más sólidas de la poesía española contemporánea. Su última incursión en la conversa de palabra e imagen (a la espera de la anunciada publicación del libro a medias con Alberto García Alix) es el musical Según la costumbre de las horas (Madrid, Salto de Página, 2013), sorprendente por la colaboración en los fotomontajes de la también excelente poeta y compañera de generación, Clara Janés. ¿Cómo decir? ¿Dos clásicos afinados en un concierto íntimo? Podría ser un intento de aproximación a la lectura de este libro. Cierto es que Talens y Janés son clásicos modernos y que los motivos que animan los textos son musicales. Marca la pauta una idea de convergencia poética a través de dos lenguajes diferentes, que ofrecen, por este orden, una obertura, un dúo, un «trío transfinito», un quinteto, un cuarteto, una fuga y un «encore» de cierre. No hay preeminencia de la palabra sobre la imagen o viceversa, los fotomontajes de Clara Janés no son ilustraciones de los poemas, ni el poema intenta descifrar la imagen, no son sino dos formas acompasadas de interpretar el mismo tema. Como aclaran los autores en las notas que cierran el volumen, el diálogo entre imagen y texto verbal surge de propuestas casuales: una ilustración de Janés da pie a un poema de Talens y poco a poco los poetas se van intercambiando intuiciones, pálpitos, que poco a poco se entrelazan sobre...

El orden de las cosas (poemas escogidos 2000-2013)...

Siempre es bienvenida la poesía de Nuno Júdice, uno de los mejores escritores europeos y sin duda el más brillante de los que escriben hoy en lengua portuguesa, así que no queda sino celebrar la edición de la antología bilingüe El orden de las cosas (Poemas escogidos 2000-2003), que ha publicado la editorial valenciana Pre-Textos, al cuidado de Juan Carlos Reche. De obra caudalosa, que abarca la poesía, la novela, el teatro y el ensayo, Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Algarve, 1949) ha alcanzado una merecida notoriedad en los círculos poéticos nuestro país gracias a haberse alzado el pasado año 2013 con el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más alto galardón que un poeta de lengua española o portuguesa puede recibir a los dos lados del océano. Una suerte para los lectores españoles, que seguramente irán viendo con más frecuencia en los estantes de novedades la firma de Júdice. Pero lo cierto es que, poco atentos a lo que se escribe en el país vecino, no suelen encontrarse con la normalidad deseable en los suplementos culturales españoles reseñas de la actualidad literaria portuguesa (amén de los nombres consabidos, por supuesto) y Nuno Júdice ha sido casi un secreto hasta no hace tanto. De hecho, aún queda por traducir al español la mayor parte de su producción, tarea muy necesaria, dada la originalidad de su escritura que desde una concepción contenida del estilo, siempre ajustado a un ritmo de naturalidad discursiva, que en poesía casi le acerca al tono conversacional en sus últimos libros, explora el caleidoscopio de las experiencias y las sensaciones con una hondura que produce simplemente pasmo. Tiempo habrá de comentar cómo se fragua esto en sus novelas, porque lo que nos llama hoy es la acertada selección de Juan...

La vida en los ramajes...

El Premio Nacional de Poesía que concede cada año la Fundación Cultural Miguel Hernández es un buen termómetro para medir el pulso con el que escriben las voces jóvenes de nuestra lírica; el último ha sido concedido al primer libro de Olalla Castro, cantante y columnista del diario La Opinión de Granada. Parece que su pulso es de la mujer comprometida. La vida en los ramajes (Madrid, Devenir, 2013) es, en efecto, una clara expresión de ese giro de retorno hacia una conciencia social activa que se deja ver en algunas de las múltiples líneas poéticas de nuestra literatura más reciente. En el caso de Olalla Castro, su compromiso social nace de una mirada de mujer, de una autoafirmación de la mujer como sujeto deseante y de una exploración de las maneras de ser mujer en el mundo. Diríase más bien que en este poemario asistimos al desgranarse de una voz que se vive plena en femenino. La sección titulada precisamente «Los modos del deseo o la mujer-sujeto» es la que se levanta como el centro desde el que aquí se mira el mundo: el amor. El amor vivido como una elección de la que la mujer es la única dueña: «Casi con rabia horado tu perfil / dejo caer espuma en tus pestañas», dice quien en otro lugar titula un poema –reverso del tópico descanso del guerrero- «Hombre-oasis». Libre de toda atadura que no sea la voluntad deseante, en los poemas de Olalla Castro escuchamos una voz que rinde culto a las hermanas mayores, no faltan Emily Dickinson y Virginia Woolf y se agradece el recuerdo a Carmen de Burgos, Colombine, periodista, novelista injustamente olvidada y feminista que rehuía etiquetas fáciles. Desde aquí, desde la herencia del pensamiento de mujer, la autora de...

Pobreza

Suele decirse que el estado perfecto del ser humano es tener los pies bien plantados sobre la tierra, mientras la cabeza vaga por las nubes. Víctor Gómez Valentinos, poeta y agitador cultural, valenciano de adopción nacido en Madrid en 1967, no viola el adagio. Su poesía nace pegada al suelo de la realidad, porque sólo desde ahí es posible levantarse, erguirse orgullosamente entre la tormenta y mirar a los otros hombres con dignidad. Así ha venido siendo desde que en 2010 comenzaran a llegarnos sus poemarios, tres casi al mismo tiempo en ese año: Detrás de la casa en ruinas (Valencia, Amargord), seguido de Huérfanos aún (Madrid, Santa Cruz de Tenerife, Baile del Sol) y, cerrando la temporada, Incompleto (Logroño, Ed. 4 de Agosto). Luego vendría Trazos del calígrafo zurdo (Toledo, Bucca&Neers, 2013) y pocos meses después su último libro de poemas, el sorprendente Pobreza (Madrid, Calambur). Pobreza, la mirada escrita de Víctor Gómez Valentinos, no se conforma con crear ilusiones, espejismos, simulacros de la materia de vida que atraviesa los días, no usa el lenguaje como superficie reflectante. No, el lenguaje no es inocente, aunque nos venga dado como si lo fuera; de manera que no hay otro remedio que torcerle el cuello al lenguaje, tartamudear en la propia lengua hasta reinventarla,  que sentenciaba G. Deleuze como lo propio de todo arte digno de llamarse arte. En Pobreza la palabra lucha verso a verso por esculpir de nuevo el sentido de la lucha por la vida, a veces sangra y a veces ilumina, porque el poeta ha puesto en marcha un mecanismo crítico de alto voltaje emocional: se emplea a fondo en no llamar a las cosas por el nombre heredado, sino en nombrarlas por vez primera para lograr que existan en la...

La poesía de Antonio Machado: Esperando la marea que llega Jun03

La poesía de Antonio Machado: Esperando la marea que llega...

Dentro del marco del modesto homenaje que la revista Aladar está brindando durante las últimas semanas a Antonio Machado, no podía faltar una pequeña referencia a su obra poética. Aunque, del mismo modo que vamos recorriendo la periferia de lo que representa el autor, no aspiramos a realizar un análisis extraordinario que muchos otros ya hicieron. Intentamos buscar puntos de vista alejados de lo profundo, de lo académico o lo puramente técnico. Los poemas interpretados por alguien que los necesita es uno de ellos. Sobre la poesía de Antonio Machado ya se ha dicho casi todo. Existen miles de páginas en las que se analizan todos y cada uno de sus poemas; su teología, su estructura… Ni siquiera es mi intención un torpe análisis de cualquiera de ellos. Tan solo quiero escribir recordando algunos versos de Machado; pensar en por qué regresan, una y otra vez, a la consciencia; intentar encontrar algo que, como mucho, puedo intuir con dificultades. Si tuviera que dar un buen consejo al joven que lo necesitara para llegar a ser poeta, no dudaría en robar un alejandrino de Machado para poder entregarlo en forma de tesoro; tal y como me llegó a mí leyendo poesía en el metro o tirado en alguna pradera del parque del Retiro madrileño. «Sabe esperar, aguarda que la marea fluya». Machado parece indicar el camino de la autenticidad y la honrada verdad. Esperar a que la emoción repose después de leer, de mirar. Convertida en experiencia necesaria podremos dejar que llegue esa marea que se produce en el mar océano que es nuestra propia vida. Saber aguardar leyendo un poema, saber vivir la vida como un poema. Un alejandrino construye la vocación, la existencia del joven soñador que fui y desea que sea en...

¿Qué es eso de la poesía?...

El lenguaje es una herramienta aparentemente dócil, flexible. Da la sensación que podemos modificarlo a nuestro antojo y en cualquier momento. Creemos que nuestro dominio sobre él es importante, casi absoluto. Incluso tendemos a incluir palabras cuando gustan a más de uno o a eliminarlas al no pronunciarlas jamás; por dejadez, por matices de carácter político, por rencor, por olvido. Sin embargo, el lenguaje es una herramienta que, muchas veces, nos impide decir lo que queremos, muchas más veces de las que estaríamos dispuestos a admitir. La expresión no tengo palabras es una fórmula que lo dice todo y que utilizamos cada dos por tres. La imposibilidad de comunicación es una opción que, teniendo en cuenta la naturaleza del propio lenguaje (esa comunicación), resulta paradójica. ¿Qué podemos decir a alguien que acaba de perder a un hijo? ¿Cómo podemos expresar la emoción que sentimos en un momento especial? ¿Con qué palabras (exactas) seremos capaces de transmitir una idea? El lenguaje es escurridizo, es traicionero. Queremos decir y no podemos; creemos estar diciendo una cosa cuando estamos diciendo otra bien distinta o los que escuchan interpretan lo dicho como les parece mejor convirtiendo en lenguaje es un auténtico desastre; la misma frase significa algo distinto si la digo aquí o allá, a este o a aquel. Desde que el hombre es hombre, hemos tenido que recurrir al mito para explicar y explicarnos. Al relato. Y desde que el hombre es hombre, casi con seguridad, siempre hubo quien buscó la forma exacta de decir las cosas. El ser humano será siempre ese niño en constante proceso de búsqueda y aprendizaje con el lenguaje. Decir las cosas de forma exacta. Es este el trabajo que hacen los poetas. Eso es la poesía: la exploración, la experimentación con...

No me gustaría palmarla...

Magnífico volumen editado por Demipage que reúne 23 poemas de Boris Vian para recordar al autor cuando se cumplieron 50 años de su muerte. Cada poema está traducido por alguno de sus seguidores más ilustres (desde Javier Krahe hasta Santiago Auserón, pasando por Fernando Savater) e ilustrados por profesionales de primera línea (Jochen Gerner o Emmanuel Pierre, por ejemplo). Todo un reto para los traductores (el lenguaje de Vian es difícil e incluye palabras inventadas o al menos palabras que recogen significados distintos a los habituales, lo que hace muy difícil poder dar el sentido a cada poema) y, supongo, un verdadero placer para los ilustradores. Boris Vian habla de la muerte en No me gustaría palmarla. Pero lo hace desde el humor y desde una irreverencia absoluta. Juega a escapar de lo que sabe seguro con un lenguaje transgresor y divertido. Los fans de Vian no pueden perderse algo así; los que no conocen al autor tienen una oportunidad inigualable de acercarse a él por la vía más rápida; los jóvenes encontrarán un hueco en el que pueden dar rienda suelta a su rebeldía; y los temerosos ante la muerte lo pueden tomar como un curso intensivo con el que perder el miedo ante lo seguro. Los más miedosos pueden estar tranquilos si quieren echar un vistazo a este libro. No sólo se habla de muerte. También se habla de la literatura, del oficio del escribir y de esas cositas. Una forma de hablar de la muerte más amable, más llevadera. Una muestra. El poema está traducido por Luis Antonio de Villena (francamente brillante). No ando muy ganoso No estoy con la conveniente alegría Para escribir pohesías Si fuera como antaño Las haría más de grado Pero me siento aviejado Me siento muy serioso...

Nocturnidad poética Abr01

Nocturnidad poética

El Festival Iberoamericano de Poesía de Cádiz ofreció el pasado 21 de marzo el recital “Poesía y disidencia”, a cargo de los poetas cubanos Manuel Díaz Martínez y José Pérez Olivares. Este último ha sido recientemente galardonado con el IV Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. Emilio J. Gallardo Saborido/Jesús Gómez de Tejada Desde hace ya algunos años, contamos en España (como residentes y nacionalizados) con dos de las voces poéticas más potentes y portentosas de la poesía cubana contemporánea: Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, 1936) y José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949). Conversamos con ellos a raíz del atractivo Festival Iberoamericano de Poesía, que ha tenido lugar en Cádiz durante los días 20-22 de marzo, y junto al rumor tutelar de la noche del Atlántico. ¿Qué ha supuesto para vosotros esta nueva patria de acogida? MD: Para mí ha sido, francamente, eso mismo que acabas de decir: una nueva patria. Cádiz fue mi primer contacto con España como exiliado. La vida de mi mujer y la mía en este país no puede decirse que hayan sido azarosas. Conozco historias de los primeros años de acomodamiento de muchos exiliados cubanos en España o en otros países que son verdaderamente siniestras. Nosotros tuvimos suerte. Ha sido una experiencia incluso enriquecedora, a pesar de los problemas. Uno en el exilio se incorpora a nuevas realidades, nuevas experiencias; son vidas, también son vidas. JP: Prefiero emplear el término “nacionalidad”. Llevo 11 años viviendo en España. Adquirir una nueva nacionalidad supone una especie de aprendizaje que me ha obligado a asimilar mi condición de emigrante desde otro ángulo. Tengo que sobreponer la nueva condición a todo lo vivido y eso supone un proceso de adaptación. La soledad es parte de la condición del emigrante y del poeta....

Días de lengua roja

Uno tarda unos instantes en decidirse a abrir Días de lengua roja. Los que tarda en examinar la preciosa encuadernación japonesa que lo envuelve. Y, cuando lo hace, es como si hubiera abierto uno de esos libros mágicos, en los que las imágenes saltan de cada página. Leerlo es recrearse en la cadencia y en el Verbo, en la sonoridad que llena la boca como las especias. Uno se ve, de pronto, transportado al desierto, sentado en corro alrededor de un fuego, asistiendo al devenir de los tiempos. Batallas, jinetes, traiciones, lunas, sangre, nostalgias, todo surge en medio de la noche. El poder evocador de la palabra, en manos de Pilar Salamanca, es enorme. Rotundo. El de la Palabra hermosa, musical, casi olvidada, de los bellos vocablos de origen árabe que subsisten en nuestra lengua, y a los que la autora rinde homenaje en estos versos. Poemas en los que nos narra, rememorando y recreando la tradición oral, la historia de un pueblo. El poemario, con un total de 53 poemas, se divide en tres partes. Tres lenguas. Las dos primeras, Lengua vieja y Lengua rota, a pesar de estar separadas, y diferenciadas, forman una unidad (poemas I a XXXV), inspirándose, respectivamente, en la expulsión de los moriscos en el siglo XVII, y en el levantamiento de las tribus árabes contra el Imperio Otómano, con Lawrence de Arabia como enviado del aún Imperio Británico. La tercera parte Lengua Roja, está dedicada a los sentimientos actuales del pueblo palestino. Muy recomendable. Calificación: Hermoso. Tipo de lector: Amante de las palabras. ¿Dónde puede leerse?: Bajo la noche del desierto, real o...