La elección del narrador (II)...

Contar una historia no encierra grandes complicaciones. Lo que ya es más complicado es saber cómo narrarla, qué voz utilizar, cómo aportar credibilidad al relato, para qué narrar eso y no otra cosa. En literatura todo es exactamente lo que debe ser. No sirve utilizar materiales que se puedan intercambiar entre ellos. Las respuestas a todo esto la encontramos en el narrador, en ese artefacto creado por el escritor que servirá para llegar hasta el lector. Del mismo modo que una persona habla con otra estableciendo una relación, el narrador de un relato cuenta al lector (el narrador es la voz narrativa de ese relato y no el escritor, insistimos). Pronto sabremos si quiere ser escuchado o tan sólo aspira a contar la parte de la historia que le interesa. No es lo mismo una cosa que otra, lógicamente. El lector, por su parte, recibe un mensaje, o no lo hace, dependiendo de sus apetencias, de su estado de ánimo o de cualquier otra cosa. Y lo recibe de principio a fin; o deja de hacerlo pasado un tiempo más o menos largo. Por tanto, el narrador puede contar desde el principio y el lector puede dejar de escuchar desde ese mismo principio, desde esa primera línea. Ya avanzábamos en el número anterior que lo difícil de esta relación entre lector y narrador no se encuentra en que el lector escuche y el narrador cuente. Pronto sabemos lo que ese narrador dice y eso no presenta dificultad alguna. Lo complicado es saber determinar por qué lo hace, qué pretende al hacerlo. Además, hay que sumar una complicación añadida: saber quién es ese narrador. Leer y enfrentarse a un narrador cualquiera es algo parecido a encontrarse con un desconocido del que no sabemos nada y...

La elección del narrador (I)...

Para un lector es sencillo seguir y entender la trama de un relato. Salvo que el autor juegue al ratón y al gato; o se ponga estupendo o imposible o todo al mismo tiempo mientras escribe; la trama (la historieta del relato) suele ser algo muy accesible para un lector medio. Pero al enfrentarnos a un relato de calidad, esta afirmación que parece una evidencia puede no serlo tanto como creemos. Hay elementos técnicos en la narración que de no ser tenidos en cuenta hacen imposible la comprensión. Y no son trucos, ni trampas, ni cuestiones que se introduzcan con el fin de despistar. Eso ocurre cuando el autor no es bueno y se ve obligado a utilizar baratijas literarias para hacer creer al lector que tiene entre las manos algo mucho mejor de lo que realmente es; jugar con fuegos de artificio, generalmente, colocados cerca del desenlace de la trama. Hay relatos que, efectivamente, están escritos para ser entendidos con facilidad. Poco más. La fuerza narrativa está en la trama. Todo se apuesta a una carta. La historia es buena y el autor la suelta creyendo que eso le gustará a cualquiera. Pero en estos relatos aparecen dos problemas fundamentales. Por un lado, es posible que esa potencia de la trama no sea para tanto, que, sencillamente, no guste. Y por otro, sucede que desde Homero ya está todo contado. Se le ha dado un montón de vueltas a lo que él trato en La Iliada y en La Odisea; pero, al fin y al cabo, lo que venimos leyendo desde entonces es lo mismo colocado de diferente forma. El amor es el amor, la venganza es la venganza o la guerra es la guerra; y esto provoca que apostar todo a la...

El diálogo en la escritura creativa (III)...

¿Desparece el narrador en el diálogo narrativo puro? ¿Por qué hablan los personajes? ¿Para qué un escritor introduce este recurso en el relato? ¿Modifica el diálogo el estado de ánimo del personaje? Estas son algunas de las cuestiones a las que tratamos de dar solución en esta entrega del Taller de Escritura Creativa Aladar. La próxima estará compuesta por ejemplos de diálogos de distintos autores de todos los tiempos que acompañarán lo que hemos dicho estas semanas. En la anterior entrega, decíamos que el narrador no identificado saca de sí cuanto puede, mientras el identificado trata de apropiarse cuanto puede, y de hecho no es otra su misión; pues bien, si esto es así en un sentido muy general, no será difícil ponerse de acuerdo en que una vez llegados a los personajes y, en concreto, a sus propias voces, estos dos narradores han de comportarse de forma bastante diferente. Lo que pertenece a uno, puede no pertenecer a otro. De hecho, podemos decir que el no identificado, en su intención de exponer, de sacar de sí, tratará de mostrar por todos los medios que las voces de sus personajes son de sus personajes y que ésta es una cuestión crucial para que él sea creíble (es decir, eficiente). Una voz externa, sin identificar, como es la suya, quedaría en muy mal lugar si encendiera la sospecha de que actúa en el territorio de primer plano de los personajes. Mientras que esa sospecha, por muy verosímiles que sean las voces, ya está en el arranque del narrador identificado (sin que esto quiera decir que no haga todos los esfuerzos que quiera para distraer esa sospecha). En el diálogo puro la voz del narrador se abstiene. Los personajes toman el mando, sus discursos prevalecen sobre...

El diálogo en la escritura creativa (II)...

El diálogo es confrontación de dos formas de entender el mundo; choque entre los universos de los personajes. Y el diálogo es un recurso literario que funciona dentro de la estructura del relato al estar integrado en el punto de vista elegido. No es algo independiente. Al contrario, afecta definitivamente al resto de lo narrado y al resto de los recursos. Además, se arrastra hasta el final del relato. Su sentido y la relación con el narrador es motivo de análisis en esta segunda entrega sobre el diálogo del Taller de Escritura Creativa de Aladar. A todo diálogo le sucede inmediatamente una pregunta: ¿qué me han querido decir? Los diálogos están cargados de silencios, de vacíos, de incógnitas. Pero estos silencios no pueden resolverse con información. El conocimiento que buscamos en el diálogo no procede de la información sino del sentido. La información la podría proporcionar el narrador y, siendo así, no tiene sentido utilizar un recurso tan difícil como el diálogo. No olvidemos que estamos enfrentando a dos logos y que el logos es estructura del universo de cada uno. Por tanto, enfrentamos dos formas de ver el mundo. Ahora bien, ambos son necesarios y ambos mantienen su inteligencia (que uno prevalezca sobre otro convierte ese diálogo en un monólogo encubierto). Los interlocutores se hablan porque se necesitan uno al otro. Se establece una relación de interdependencia, de necesidad, sobre la base común del no saber. El lector (después de un diálogo) debería aplicar las preguntas sugeridas al movimiento de los personajes a lo largo de la narración, pero desde la perspectiva de una respuesta constante a la pregunta ¿qué nos han querido decir? Por ello, el diálogo es una estructura abierta, se arrastrará durante toda la narración. Cuanto más se abstiene el...

El diálogo en la escritura creativa...

Todo lo que aparece escrito en un texto literario debe estar completamente justificado. Sea utilizado un recurso u otro, no puede ponerse en juego la coherencia interna del relato o su verosimilitud. El diálogo es uno de esas herramientas creativas que el escritor puede utilizar. Y es la más compleja, la que más problemas puede generar si se utiliza con poco tino. Comenzamos una serie de cuatro artículos en los que se analizará el diálogo en sí y sus relaciones con el resto de materiales narrativos. Ya que el asunto que vamos a tratar es muy importante y complejo, dividiremos en cuatro partes su desarrollo. Muchos lectores siguen creyendo que el diálogo en literatura es un recurso que utilizan los escritores para dar aire al texto, para que la lectura sea menos costosa y más divertida. En definitiva, para aligerar el peso de las zonas expositivas más densas. Por supuesto, esto es un error. Y si en algún relato encontramos diálogos que nos hacen relajarnos, mal asunto. El diálogo es, sin lugar a dudas, el recurso literario más difícil de manejar y su importancia es absoluta en el conjunto de la narración. Conviene no olvidar nunca que lo que dice el personaje se arrastra de principio a fin. Para saber distinguir entre un buen diálogo y otro que no lo es, lo primero que debemos saber es qué es un diálogo. Parece esto una perogrullada aunque no lo es. No podemos confundir eso con cualquier otra cosa que se le parezca. Por ejemplo, cuando charlamos con un compañero de trabajo y le damos los buenos días, cuando nos contesta cortésmente y cambiamos impresiones sobre el calor que llegará en breve, lo que hacemos es intercambiar frases y guardar silencio cuando habla el otro. Si,...