CINCO LIBROS PARA COMPRENDER CUBA

Eastman Prado Façade, Havana, 2014,

La vitalidad de la escritura cubana se adentra en lo legendario con nuevas generaciones, siempre entre el exilio interior y exterior, sostenidas sobre la base de uno de los cuerpos narrativos más sólidos de la literatura universal. Un universo que se separa con la independencia, aferrado a las voces románticas de Avellaneda, al viaje de la condesa de Merlín, a la epopeya de Cirilo Villaverde, para emprender su propio camino hacia la inmortalidad con Lezama y Carpentier.

Un MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA CRUZAR EL ESPEJO. Todos los cuentos aquí contenidos rodean y se adentran en el universo de la sexualidad diferente, apartándose de la norma. Hay que destacar la labor de selección de Alberto Garrandés. Nos deja perplejos la cantidad, no nos asombra la calidad, porque sabemos que Cuba, una potencia cultural, lleva como una de sus naves insignia la literatura, que ha atravesado felizmente todos los regímenes y todas las circunstancias históricas.

Alguno de los relatos ha hecho historia, como El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz, sobre el que se construyó el guion de la película Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea, que forma parte del imaginario mítico de la cultura queer y simboliza la apertura del régimen a la diversidad sexual, a la tolerancia al menos sobre ese tema.

Miguel Barnet con Fátima, o el Parque de la Fraternidad, nos desvela con una voz poderosa, el retrato minucioso de las sombras de La Habana, así como un personaje de increíble belleza. Hay sorprendentes variaciones sobre la duplicidad, como Las celadas de Narciso, de Frank Padrón. Se podría decir que todos los cuentos recogen todas las sensibilidades, y que componen un universo destacado. Una fascinación, un inicio, un descubrimiento.

Hay varias cenas memorables, impostaciones, viajes al territorio de la infancia, vidas, afirmaciones, interrogantes, sorprendentes historias de vampiros como El polaco, de Rubén Rodríguez. Hay cienciaficción; terror psicológico en la Noche de ronda de Ángel Santiesteban.

Una visión poliédrica de la sensualidad y de las sexualidades separada de la ortodoxia, rica en matices, sin escamotear críticas ni ironías.

En pocos meses estará terminada una película, basada en la novela, y dirigida por Agustí Villaronga, que quizás despierte más expectativas que otra cosa, porque la ciudad, que es uno de los capitales personajes de la novela de Pedro Juan Gutiérrez, ha debido de ser sustituida por otras localizaciones caribeñas debido a los consuetudinarios problemas y restricciones para filmar o estrenar en Cuba.

EL REY DE LA HABANA es una obra maestra por su sinceridad sin límites, por la capacidad para mostrar y educar, por la prosa hipnótica y su historia realista que, huyendo de toda intencionalidad, se centra en el relato.

Descarnado hasta la crueldad, el escritor cubano realiza la biopsia de los bajos fondos habaneros con la atención y la minuciosidad con que lo haría un entomólogo, conocedor de todas las particularidades de su fauna, de su topografía de Nínive tropical, demostrando un conocimiento intenso y extenso de la calle, con el que es capaz de finalizar la radiografía de los males que –desde abajo- afectan a una sociedad particularizada por su sistema político y sus formas de entender y de gozar de la vida.

No pretende seguramente remover las conciencias más anquilosadas, sino fijar una fotografía, donde se visualice exactamente la miseria y los agujeros en la protección social de un Estado que se pretende justo, y que conducen a la degradación y la parálisis moral.

Refleja también una época concreta, el Periodo Especial, sus movimientos soterrados y su falta de expectativas, componiendo unos personajes entrañables, a pesar de su dureza y su marginalidad, que nos enfrentan con nuestra frivolidad de estómagos turistas.

Una mirada desgarradora, apoyada en un personaje muy bien dotado y atractivo, heredero de los más arrebatados pícaros, que vive sin esperanzas sobre el momento que habita y en el que reconocemos a otros que nos habremos encontrado -sin percatarnos- en numerosos viajes y ocasiones.

En todos los CUENTOS de Virgilio Piñera hay una presencia de lo maligno, extrañas asociaciones y singulares compañeros de viaje, literales en algún caso. Su humor negro y surreal lo hemos visto mucho después en el cine, en películas como las de Tarantino o Buñuel.

Llegamos a la conclusión de que el escritor se está riendo de nosotros, poniendo toda su crueldad en la intención de dejarnos perplejos con dardos incendiarios, con críticas subterráneas, tan ocultas, tan envueltas y, seguramente tan inteligentes, que se nos escapa en su sarcasmo la inaprensible moraleja de sus fantasías. Hay alguno genial. Los recorre cierta congoja existencial, un pesimismo brutal. En otros bordea la locura.

Piñera trabaja sobre el horror de lo cotidiano, la deformidad de lo que pensábamos familiar. Es un terrorista literario. Lo peligroso es que podemos comprender las psicologías enfermizas que construye, porque todos tenemos una debilidad, un arrebato, una inconsecuencia, y nos aterra llegar a formar parte de la parada de monstruos que desfila por las páginas haciendo el paseíllo.

Algunos se publicaron bajo la denominación de Goyescos, aguafuertes por su contraste entre lo fantástico y lo real, por la agresividad de su técnica; sus asuntos son una sátira social, caprichosos en su sentido y aspiraciones, demuestran lo que produce el sueño de la razón.

Un raciocinio tan sutil y una capacidad para la ocurrencia que estamos seguros de que no vienen de una mente torturada, sino al contrario, que Virgilio Piñera consiguió mantener la lucidez gracias a que proyectó sus fantasmas en su obra escrita. Decisiones políticas lo apartaron del mundo de las letras en los últimos años y lo han reivindicado después, muerto.

eastman-isabella´s two chairs with laundry 1999

PAPYRUS es una colección de cuentos que pretexta la novela que quiere ser. Son narraciones prodigiosas, llenas de misterios y ensoñaciones, escritas con un pulso narrativo notable, surgen a borbotones como el agua de un manantial, y de la misma manera fluyen, demostrando la imaginación desbordada de su joven autor. Precisas, brillantes, con la ejecución impecable de un idioma colorido, sugerente y pleno de matices.

Como la trama entrelazada de fibras que los antiguos utilizaban como soporte para escribir –Papyrus– el libro admite lecturas numerosas. La convencional es la de una narración destacada, que consigue escaparse de la influencia borgeana para adquirir un rumbo personal y lucido. Un relato con ritmo y sentido de la emoción, hipnótico y misterioso. Una novela extraordinaria.

Transversalmente se suceden las citas a escritores, músicos y cineastas, a los que se homenajea de una manera oportuna, sin caer en el enigmatismo ni en la pedantería, sino incorporando esos referentes de manera que cada lector pueda capturar los que le interesen, sin pretender conocer y entender todo.

El dorso tiene modalidad de ensayo, de reflexión sobre la creación y la literatura, en torno a los temas que se suceden en la inquietud de los escritores y los lectores desde la época de la creación de los alfabetos: la trascendencia, el nomadismo, el impacto de lo mítico, los caminos que se cruzan y se bifurcan, el azar.

Osdany Morales es digno depositario de los grandes, que situaron la literatura cubana en los altares de lo prodigioso. Escribe con medida solemnidad, un tono alto que solamente un autor preparado se puede atrever a utilizar, saliendo airoso, porque huye de toda estridencia. No renuncia al pasado ni se desubica de una generación en la que se coloca él mismo, a la que incorpora en su obra, localiza, disecciona y estudia, con la humildad de saberse parte de un todo.

TODOS SE VAN es el retrato de una generación, de una excepcionalidad, de un momento que se prolonga durante años y del que todos tratan de escapar, en un avión, en un barco o por medio del arte o de la literatura. Es también un canto a la vida, a las sensaciones y a la esperanza de encontrar en los demás un refugio donde esconderse de los naufragios de la vida.

Ir de la mano amiga de alguien que conoce en profundidad los entresijos de la vida en Cuba es la manera ideal de acercarnos, aunque sea superficialmente, a los deseos, los problemas y las incertidumbres de sus gentes. Mantendremos la convención del narrador, así que será esa autora de ficción, tan parecida a Wendy Guerra por su apellido, su sexo y su generación, la que mediante el artificio de un diario nos abra las puertas de esa realidad. Resulta ideal ese personaje porque pertenece por familia, educación y voluntad a los medios artísticos, así que tiene facilidad para contar, una visión interesante que aportarnos y el acceso a lugares -físicos y mentales- que no son habituales para el común de sus ciudadanos. Por eso se define a veces como viviendo en una isla dentro de una isla, de la que Todos se van buscando otro futuro, una alternativa al aire viciado que respiran a causa de las restricciones, de las carencias, y de las limitaciones de un régimen anquilosado.

A lo largo de su infancia y adolescencia recorremos las vicisitudes del país. Es un relato crudo porque no admiten paliativos una niñez dura, una familia extraña y una juventud de desencanto. Una historia que nos hace sentir muchas heridas, y replantearnos cualquier alineamiento romántico.

La escritora mantiene un blog con interesantes reflexiones sobre el sucederse de los días en Cuba.