Coleman Hawkins y Lester Young: Modernidad y tradición desde el saxo tenor

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Antes de que Charlie Parker y Dizzy Gillespie revolucionaran el jazz para cerrar la puerta, definitivamente, de la Era del Swing; algunos músicos aportaron grandes cosas que perduraron durante años. Los saxofonistas Coleman Hawkins y Lester Young son dos de ellos. Desde estilos y conceptos musicales diferentes, utilizando su instrumento de forma muy diversa, fueron capaces de convertir el sonido del saxo tenor en pieza fundamental dentro del jazz.

Bill Russo, músico de jazz y arreglista, utilizaba el término atenorizado para referirse a la música jazz influenciada por el sonido del saxo tenor. Esta marca perduró hasta finales de los años sesenta. Y el músico culpable de que esto ocurriera fue Lester Young.

Lester President Young marcó el jazz de los años cincuenta cuando tocaba en la banda de Count Basie. Y eso era en la década de los 30. Tras la irrupción del bebop la influencia de Lester Young resistía y se imponía, de nuevo, en los 50. Algo extraño y muy difícil de conseguir. Si tuviéramos que elegir el momento en el que este músico comenzó a ser importante tendríamos que marcar en el calendario el año 1934, momento en el que sustituyó a otro saxofonista en la orquesta de Fletcher Henderson, llamado Coleman Hawkins.

Hawkins era muy expresivo en su música. Para ello acumulaba un gran número de notas para contar lo que quería. El sonido de su saxo era directo, agresivo si la pieza era rápida; sensual y dulce cuando interpretaba una lenta. Siempre lograba embriagar al público. Young era más cuidadoso a la hora de expresar, se mantenía colocado detrás de esa línea imaginaria que divide el territorio y que es zona de amabilidad, tranquilidad y suavidad. Era tan introvertido como Hawkins extrovertido.

Pero sería injusto decir que Hawkins pertenece a la tradición y solo a ella. Del mismo modo que Young vivió la tradición en las calles de Nueva Orleans, Hawkins fue de los primeros en atreverse a tocar con los jóvenes músicos que daban un paso abanderando el bop. Ambos se encuentran en el centro del jazz y eso significa que participan de lo moderno y de lo tradicional.

Coleman Hawkins encontró un hueco de importancia al saxo tenor dentro de la música jazz. Hasta que él mismo no fue importante su instrumento tampoco lo fue. En 1923, se incorporó a la banda de Henderson. Es posible que fuera el primer solista de la Era del Swing. Y fue uno de los músicos que llegaron pronto a Europa para grabar discos. Alguno de ellos con Django Reinhardt el año 1935. Hawkins siempre estaba presente en el lugar en el que ocurriesen cosas importantes. Por ejemplo, en 1934, siendo miembro de la banda de Fletcher Henderson, grabó Talk of the Town, tal vez la primera balada dentro del jazz y marcó el camino para recorrer en el futuro. Pero fue en 1939, al grabar Body and Soul, cuando el éxito llegó de forma sólida. Al propio Hawkins le pareció sorprendente que el mundo entero se rindiese a sus pies. Decía que no entendía nada de lo que pasaba puesto que él siempre tocaba ese tipo de cosas.

Los aficionados al jazz, al pensar en este músico, no pueden evitar escuchar en su cabeza la improvisación que grabó en 1947: Picasso. Cinco minutos sin acompañamiento, música cercana a Bach, sobre la base armónica de Body and Soul.

Hawkins fue el rey del fraseo. Sus frases son, en sí mismas, base suficiente para improvisar. Y sus solos, un conjunto de frases ligadas con agilidad endiablada.

Enfrente de Hawkins encontramos a Lester Young. Enfrente porque, a pesar de ser un referente imprescindible en el jazz, es casi lo contrario a Hawkins. Enfrente porque el universo de Young era un acertijo constante y su música un reflejo de las aristas y de las sombras de una personalidad única.

La sensibilidad de Lester Young le provocaba una percepción intensa de la realidad. Una realidad que formaba un todo y en la que cualquier daño causado era un dolor común.

Lester Young

El lenguaje musical del saxofonista era claro y contundente. Casi se puede entender lo que dice con la música. Presumía de escuchar canciones todo el día y fijarse en las letras para repetir lo mismo con el instrumento. Y el resultado se puede apreciar, con total claridad, en los solos que logró acompañando a Billie Holiday (Without Your Love es el mejor de los ejemplos).

En el ejército, Lester Young perdió todo lo que un artista necesita para serlo. Libertad, personalidad, autenticidad. Nada que no le pase a cualquiera, pero Young era un artista con gran lirismo y sensibilidad. Se lo arrancaron y la vida de Young se convirtió en un pequeño desastre emocional constante. Y, por si era poco, todo el mundo le intentaba imitar. A un sujeto tan individualista eso le inquietaba hasta desestabilizarle.

Después de firmar con Granz (Verve) nada fue igual. Aunque el público le adoraba y aplaudía su música como si no hubiera otra (lo peor que podía tocar Young era una joya aunque las había conseguido de muchos más quilates y, además, conservaba intacta su sonoridad; igual que ocurrió con Hawkins) el alcohol y las drogas fueron haciendo su trabajo. Murió en 1959 en el Hotel Alvin de Nueva York.

Howkins y Young siempre estuvieron presentes en la música jazz. Desde los años 30 en los que aparecieron con fuerza no han faltado. Llegado el bop, Young parece desaparecer para que Charlie Parker suene y todos suenen igual que él, pero su estilo vuelve a impregnarlo todo en los años cincuenta hasta aparecer el hard bop en la que Parker resurge. Entonces es el estilo de Hawkins el que toma protagonismo en la música de Sonny Rollins y los músicos de su escuela. Siempre estuvieron y siempre estarán.

Los protagonistas

Ella Fitzgerald

Nació en 1918. Aunque su forma de interpretar procede de la Era del Swing, Fitzgerald es una de las cantantes más completas de la historia y su trayectoria es impecable ya que siempre supo adaptarse a los tiempos. Es extraño encontrar un músico que abarque tanta música, tanto jazz.

Fue descubierta en un concurso para nuevos talentos en el Apollo de Harlem. Su éxito más rotundo fue el tema A-Tisket, A-Tisket que interpretaba cuando formaba parte de la banda de Chick Webb (más tarde, después de morir Webb, acabaría haciéndose con las riendas del grupo). Eso ocurría en la Era del Swing. La improvisación le unió durante un tiempo al bop. Más adelante, fue capaz de cantar los temas compuestos por Porter, Gershwin o Kern. La balada de Fitzgerald es imponente. Hasta el final de su vida, logró mantener un nivel envidiable.

Sarah Vaughan

Nació en Nueva Jersey en 1924. Es, sin duda, la cantante de jazz con un registro más versátil y más poderoso, la cantante de jazz que mejor controló el vibrato de todas las que se han subido a un escenario. Su voz de contralto aportó una tonalidad al jazz que nadie había conseguido y que, hoy, no puede superarse. El fraseo, la respiración de Sarah Vaughan, ha sido envidiado por las cantantes de jazz desde su aparición. Sarah Vaughan incorporó líneas del bop en su forma de cantar, practicó el scat con soltura e improvisó con una  agilidad melódica única y genuina. Murió el año 1990 en Los Ángeles.

Cine y Jazz

Piano Blues

Con Piano Blues en pantalla, si alguien le pegara con cola los zapatos al suelo no podría evitar que usted se los quitase para poder seguir el ritmo. Porque esta película es una joya que contiene blues de gran categoría. Ya sabe usted que el jazz despojado se su estructura modal deja al descubierto el swing; y que ese swing envuelve al blues. Pero esto pasa en cualquier tipo de música moderna. Todo es blues. El pop lo es, el rock, el soul…

Piano Blues es una película documental de Clint Eastwood. Lo que hace Esatwood es ir charlando con músicos vivos sobre su propia música y sobre la que más ha influido en cada uno de ellos, es decir, habla con ellos de su propia vida. Pero no habla con cualquiera. Ray Charles, Dave Brubeck, Dr. John o Marcia Ball, son algunos de sus invitados. Les escuchamos contar y les escuchamos tocar. No hace falta decir que resulta muy agradable y toda una lección de lo que es interpretar una pieza de jazz al piano.

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A medida que fluyen las conversaciones van apareciendo nombres míticos. Y, lógicamente, Eastwood nos regala imágenes y sonido de actuaciones de músicos que fueron claves en el desarrollo del blues. Art Tatum tocando Humoresque, con la mano derecha potente y la izquierda a una velocidad imposible. El Stride de Harlem interpretado por Dorothy Donegan. Otis Spann al piano para dejar una versión de Blues Don’t Like Nobody que quita el hipo. El sorprendente Nat King Cole (al que muchos recuerdan como cantante y solo como cantante) al piano interpretando It’s Better to Be Yourself. Y cantando, claro. Y muchos más.

Los noventa minutos de película resultan emocionantísimos. Eso es lo que busca Eastwood. Porque el lugar que ha ocupado el piano desde los años 20 del siglo pasado en la música jazz ha sido especialmente importante. Esta música, la música norteamericana en general, no se puede comprender sin escuchar a Duke Ellington o a Count Basie (también aparecen en el documental) y su aportación desde el piano.

Si echan un vistazo a la cinta presten atención a la versión de Boogie Woogie Dream de Pete Johnson y Albert Ammons; y a la que Ellington y Ray Charles hacen de Duke’s Place.

La película se puede encontrar en formato Dvd dentro de la colección The Blues que presenta Martin Scorsese. Y no está traducida al español. Se puede ver en inglés. Sin subtítulos.