Compañía Nacional de Danza en el Teatro Real

HUBBARD-superJumbo

Allegro Brillante con coreografía de George Balanchine y música de P. I. Chaikovski; Delibes suite coreografiada por José Carlos Martínez; In the Middle, Somewhat Elevated de William Forsythe y T. Willems, y, por último, Casi-Casa de Ek y Fleshquarted, son las piezas que forman el espectáculo que podrá disfrutarse en el Teatro Real de Madrid hasta el próximo 1 de junio. Una mezcla entre lo clásico y lo contemporáneo en la que se aprecian altibajos técnicos.

Se echa de menos un espectáculo importante de danza. Eso es lo que podrían pensar los buenos aficionados que se acercan al Tetro Real de Madrid. Y se echa de menos un golpe de timón por parte de la dirección de la Compañía Nacional de Danza que dirija a sus profesionales hacia lugares en los que se encuentren cómodos y sean capaces de lograr cotas artísticas importantes. Hoy, viendo el Allegro Brillante y Casi-Casa (principio y final del espectáculo) parece claro que las cosas deberían deslizarse hacia las piezas contemporáneas, ya que el resultado va de lo insulso e imperfecto (en la primera pieza) a lo correcto y esperado.

La música enlatada que han preparado para representar estas piezas resulta casi dolorosa si nos centramos en la primera parte en la que nos obligan a escuchar música de Chaikovski y Léo Delibes como si estuviéramos metidos en un ascensor. Y la megafonía empeora todo hasta la irritación. Hay momentos en los que parece que todo se convierte en una película de ciencia ficción en la que las computadoras se estropean (otra vez Chaikovski). No sé como alguien no ha pensado en algo tan simple como que siendo la música un pequeño desastre, el disfrute de la danza se ve afectado. Se pongan como se pongan algunos, el espectador contempla un todo y no pueden cuidarse algunas cosas abandonando otras.

Nos quedamos con la belleza plástica de la danza de Yae Gee Park y Anthony Pina en la segunda parte de la zona clásica del espectáculo. Un paso a dos sin grandes pretensiones aunque muy bien ejecutado por los bailarines. Adagio, variaciones de cada uno de ellos y coda. Simple, bello y evocador. Del Allegro Brillante se puede resaltar la rigidez de Natalia Muñoz que no consigue emocionar ni demostrar una técnica depurada. Y lo peor de todo es que la tiene como ya ha demostrado en alguna ocasión.

Lo importante llega con In the Middle, Somewhat Elevated. La música de Thom Willems es de una potencia arrasadora y, a pesar de reiterar, una y otra vez, el mensaje central, logra una conexión absoluta con lo que sucede en el escenario y con el patio de butacas. La coreografía de William Forsythe comienza con una sencillez pasmosa que se va tiñendo de complejidad dando paso a una demostración técnica por parte de los bailarines que resulta potente y estremecedora. La pieza deja imágenes de gran belleza.

Y con Casi-Casa de Mats Ek el escenario se llena de buenas intenciones, de buenas maneras y de mensajes tan complejos como lo es el ser humano y su cotidianidad. Podría tacharse de superficial en algún momento la coreografía, de enviar un mensaje sin peso sufiente. Sin embargo, esa sería una lectura algo cicatera. Al fin y al cabo, la danza es una manifestación artística que lo que pretende es representar lo que somos y el mundo en el que nos movemos cada instante de nuestra vida. No es necesario ponerse exquisito para hacer arte, ni rarito al dar forma a las ideas porque estás suelen ser mucho más sencillas de lo que queremos admitir. Mats Ek parece tenerlo claro y pone a funcionar a los bailarines con esa idea por delante. La pieza se divide en siete partes: Televisión, La cocina, Aspiradora, La puerta, Trío, De rosa y Con sombrero. El absurdo, lo cómico, lo entrañable, la extrañeza y el carácter social del ser humano van apareciendo en escena con suavidad, con inteligencia. Los bailarines se sitúan a un nivel sobresaliente. Destacan Lucio Vidal y Elisabeth Biosca mezclando su técnica con una capacidad dramática poderosa. Trío, con un Francisco Lorenzo estupendo, es la parte más evocadora y cargada de emoción.

Si algo ha quedado claro hoy en el Teatro Real es que estos jóvenes profesionales se mueven como pez en el agua con algunas piezas y con bastante rigidez con otras. Algo que hace pensar en lo que debería ser una institución como la Compañía Nacional de Danza, en cómo habría que enfocar el trabajo y en qué zonas deberían hacerse mayores esfuerzos. Eso y lo poco preparado que está el público frente a espectáculos como este. Nadie hace demasiado caso, ni da importancia, a una pedagogía que, sencillamente, no existe; ni a la potenciación de espectáculos como este.