Concierto para los rincones del silencio

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Una joven orquesta asturiana lleva nueve años llevando música a distintos lugares del mundo, deprimidos por distintas circunstancias. Conciertos, formación musical, luthería y donación de instrumentos son las líneas de un programa solidario que ha conseguido arrancar miles de sonrisas y hacer nacer y resugir algunas vocaciones musicales.

Hay rincones del mundo en los que no suena la música. Son lugares en los que la tristeza ha silenciado todas las melodías. El ritmo al que pasan los días es el que marca la subsistencia. Las canciones que no llegan a la garganta hablan quizás de hambre, quizás de soledad, quizás de pérdidas, de odio, de miedo. Suenan en la memoria, en el recuerdo de otros tiempos que se fueron. De tiempos en los que si había ritmo, y melodía.

Pero hay quienes se han empeñado en llevar música a esos rincones sin música. Han decidido hacerlo porque saben que la música es capaz de transportar todo aquello que les falta a la gente que vive en esos lugares, ya sea libertad, esperanza o progreso.

Hace ya nueve años que Manuel Paz, el director de la Orquesta de Cámara de Siero, decidió poner en marcha el proyecto Vínculos, señalando con su batuta dos puntos del mapa de América Latina: Bolivia y Brasil. Con un programa de doce conciertos, actuaciones en lugares como la favela Cantagalo de Rio de Janeiro, y decenas de horas de formación de instrumento a niños que jamás podrían haber soñado siquiera con abrazar un violonchelo, se iniciaba la andadura solidaria de la orquesta.

Desde entonces, los maestros de la OCAS han decidido consagrar sus vacaciones a la solidaridad. Volvieron a Bolivia dos años después, y volaron a Honduras y Guatemala en 2008. Nicaragua, Ecuador, Grecia, Marruecos en dos ocasiones, y también Portugal han sido los destinos de sus conciertos solidarios y sus proyectos de formación de jóvenes músicos, que en muchos de los casos consistían en una primera aproximación a la música por parte de niños desfavorecidos, enfermos o con alguna discapacidad física o intelectual.

De casi un decenio de ‘Vínculos’, los jóvenes maestros de la orquesta asturiana se han traído una colección de vivencias y nuevas ideas para hacer que su música sonara como suenan las sonrisas. Ya en el primer proyecto, en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, decidieron poner en marcha una campaña de donación de instrumentos para que los niños que los habían acariciado con admiración por primera vez pudieran seguir sintiendo su contacto, y soñar con una carrera, o simplemente con seguir haciendo sonar música en las densas atmósferas silenciosas de los escenarios de su vida cotidiana.

Fue entonces cuando entraron en contacto con la Fundación SEUR, que les ofreció apoyo logístico para hacer llegar las donaciones a cualquier rincón del mundo. Decenas de violines, de clarinetes, de flautas traveseras y de todo tipo de instrumentos han llegado a su destino, en las manos inquietas de un niño que quiere ser músico, o de un músico que no quiere dejar escapar la alegría del niño que fue.

También han atesorado miles de imágenes únicas, como la de la nómina completa de integrantes de la orquesta cruzando el desierto en una caravana de camellos. O las que dejó la interpretación por sorpresa de un sirtaki en el Aeropuerto Heraklion, de Creta. O las que captaron las decenas de cámaras que se disparaban para perpetuar el momento en el que un niño con parálisis cerebral dirigía a todos los maestros, batuta en mano, en Ecuador.

Muchas de esas imágenes han sido convertidas en documentales por Jabuba Films, una productora audiovisual integrada por jóvenes realizadores que han acompañado a la OCAS en sus tres últimos proyectos, como una iniciativa con músicos de la calle en Nueva York, con el que han participado en la prestigiosa Seminci de Valladolid.

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La última gran apuesta de la Orquesta de Cámara de Siero ha sido la de la construcción de instrumentos con materiales reciclables. La iniciativa partía de un proyecto de la Fundación SEUR para recoger tapones de envases que se intercambiaban con empresas de reciclaje por juguetes para niños de entornos empobrecidos. Los músicos asturianos decidieron reinterpretar el proyecto, y encargar a un profesor de acústica de la Universidad de Oviedo que diseñara un violín de bajo coste, que sería posteriormente construido por un luthier. Para completar la iniciativa, también han llevado por el mundo talleres de luthería, y han interpretado el “Concierto para tapones solidarios y orquesta”, compuesto por el maestro Iyán Méndez.

Llaman a todas las puertas que se encuentran en sus caminos diarios, para seguir alimentando ilusiones con su propia ilusión. A los que se las abren, les piden apoyo que muchas veces se sustancia principalmente en instrumentos, pero también en pasajes de avión, en horas de trabajo, y en todo aquello que se pueda transformar en música para combatir el silencio de los paisajes tristes. Entre los iconos de la música que les han brindado su imagen y su tiempo, el granadino Miguel Ríos o el violinista de origen armenio Ara Malikian.

La batuta de Manuel Paz ya ha seleccionado el próximo destino: el próximo verano, la Orquesta de Cámara de Siero viajará a Bosnia y Croacia, para conmemorar el vigésimo aniversario de sus paisajes más tristes, de sus silencios más densos, sólo rotos por el horror de la guerra. Durante el viaje, pretenden rendir homenaje a un hombre que también luchó con las armas de la cultura contra la sinrazón de la violencia: Kemal Bakarsic, quien fuera director de la Biblioteca Nacional en Sarajevo, de confesión musulmana, decidió salvar de las bombas numerosos manuscritos escondiéndolos en los sótanos del Banco de Bosnia, y entre ellos la Haggada sefardí, con una fecha de creación que los especialistas sitúan a mediados del siglo XIV.

Entre las intenciones de los maestros de música que integran la orquesta está también la celebración de conciertos solidarios en Mostar, como ciudad símbolo del conflicto de los Balcanes, y también de la cooperación militar y civil española, que contribuyó a su restauración.

Para culminar la décima edición del proyecto Vínculos aún faltan nueve meses, en los que la imaginación que les ha llevado por ejemplo a organizar conciertos en los que incorporaban instrumentos como globos que se hinchaban y estallaban volverá a impregnar cada uno de sus ensayos, cada una de sus reuniones. Siempre con el objetivo de romper los silencios tristes con la alegría de la música.

Donar un instrumento es construir una sonrisa
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