Creía que mi padre era Dios

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Si Paul Auster creía que su padre era Dios, caben aún más interpretaciones acerca de la presencia del azar a lo largo de su obra. Pero como, hoy por hoy, no hay constancia de que así sea, sería meramente especular. Quien sí lo creía era Robert Winnie, uno de los oyentes que respondió al llamamiento de Auster en la Radio Pública Nacional, cuando tenía seis años. A raíz de una idea de Siri, su mujer, Paul Auster y la RPN concibieron el Proyecto Nacional de Relatos, que vio la luz el 1 de octubre de 1999. Ese día, Paul Auster pidió a todos los oyentes que enviaran sus relatos. Dos requisitos: debían ser verídicos,y breves. De los recibidos, se haría una selección semanal, y los escogidos serían leídos por él en antena. Tras un año, más de cuatro mil personas habían participado escribiendo y enviando sus historias; sus recuerdos; sus momentos gloriosos y sus fracasos. Aquellos que los hicieron felices, y aquellos por los que aún se culpaban Al cabo de unos meses, Auster decidió publicar un libro con los mejores. Seleccionarlos no debió de ser fácil. Finalmente, recopiló los 180 que le parecieron “más humanos, auténticos y atractivos”, dando lugar a este libro. De los 180, uno se inserta en el prólogo, y los otros 179 se distribuyen a lo largo del mismo, agrupados en diez categorías (Animales, Objetos, Familias, Disparates, Lágrimas y estupideces, Extraños,  Guerra, Amor, Sueños, y Meditaciones), en función de su argumento. Pero, en realidad, todos, aunque puedan clasificarse formalmente en cuanto a contenido, hablan de lo mismo: el ser humano. De sus sueños. Sus anhelos. De padres, hermanos, tíos, primos. De alegrías y decepciones. De la guerra. De sentimientos, en suma. Es lo que lo hace un libro universal, a pesar de ser una radiografía de la sociedad estadounidense en concreto. Hay algo que llama especialmente la atención, por la abundancia de relatos en los que aparece: la sincronicidad, tan vinculada a Auster. Es posible que le gustasen especialmente. También, que fuese los que entendieran los oyentes que buscaba, al decir que le interesaban especialmente “historias (…),que revelasen las fuerzas desconocidas y misteriosas que intervienen en nuestras vidas”. O que se deba a una tendencia presente en muchas personas a establecer relaciones entre sucesos, y grabarlos como algo extraordinario. O todo ello a la vez. También es llamativo el hecho de que, a pesar de que en el prólogo, resalta precisamente la diversidad de voces y maneras de expresarse de sus colaboradores , el libro tiene un tono narrativo y un estilo bastante homogéneo, que, dado el comentario, es posible que se deba a la traducción. Porque, precisamente, en esa diversidad es donde está la grandeza de este libro. En la de todos y cada uno de quienes participan en el mismo, y en la de aquellos cuyas historias se quedaron sin publicar, que no sin escribir. Cada uno a su manera, más burda, más descarnada, más elegante, todos los relatos tenían que tener por fuerza lo que hace que la escritura sea tal: autenticidad. De eso se trata.

Calificación: Interesante.
Tipo de lector: Cualquiera
Personajes: Todos los autores
¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.