Cuando las alas arraigaron y las raíces echaron a volar

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Extraordinarios cincuenta minutos los que regaló José Luis Gómez sobre el escenario de la sala San Juan de la Cruz del Teatro de la Abadía de Madrid. Logró, con una maestría descomunal, emocionar al espectador con la selección de poemas y fragmentos de prosa poética del libro Diario de un poeta reciencasado de Juan Ramón Jiménez. Un viaje propuesto que arrastra a una nueva poesía, a una forma única e irrepetible de enfrentar la existencia del ser humano.

Hacer teatro es algo muy difícil. Convertir un libro de poemas en un espectáculo teatral es un reto que sólo pueden superar los grandes. Si añadimos que ese libro es el Diario de un poeta reciencasado (escrito así, pegadas las dos palabras, como le gustaba al autor), poemario firmado por Juan Ramón Jiménez; el asunto se complica extraordinariamente. Sin embargo, José Luis Gómez se atreve, le da forma a la idea, la representa y triunfa.

El pasado 25 de octubre, en el Teatro de la Abadía de Madrid, se representó la obra, con un buen número de espectadores en el patio de butacas y con el actor y director, José Luis Gómez, sobre el escenario.

Una mesa, dos sillas, dos maniquís y un fondo de tela en el que se proyectaron luces de color representando las tonalidades predominantes de cada paisaje evocado. Y, de forma intermitente, los sonidos -que imprimieron ritmo a la escritura de Juan Ramón- envolviendo la sala. Son los sonidos que el poeta escuchó durante el viaje que le llevó de Madrid a Nueva York. Y, del mismo modo, en el camino de regreso.

El 17 de febrero de1916, Juan Ramón Jiménez iniciaba un trayecto que le llevaría a encontrarse con Zenobia Camprubí. Su amor, su musa, su futura esposa. Pero el viaje llevaría al autor a descubrir el nuevo yo poético, a indagar en el amor, en la infancia, en la idea de mujer (amante, esposa o madre), a recordar su amada España despojada de lo superfluo, llena de luz y sólo de luz. Del mismo modo que su poesía se despojaría de todo lo que no fuera la palabra pegada al concepto, de lo irrelevante. Vida y poesía llena de luz.

Según dijo el propio Juan Ramón, con este poemario «empieza el simbolismo moderno en la poesía española». Este es un libro en el que el poeta descubre y se descubre, en el que plantea la confrontación (desde la lírica) de cielo, amor y mar. Un libro en el que la mirada se ejerce desde la cama, desde la cubierta de un barco, desde un compartimento del tren o desde lo alto de un rascacielos. Siempre desde la pureza. Un libro que nos abre camino hasta la verdadera poesía.

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Y José Luis Gómez recita sobre el escenario. Resaltando alegrías y amores, pero, también, las dudas, los temores o la angustia de un hombre que se enfrenta con un mundo nuevo, con un yo nuevo. Los poemas se construyen sobre esas sensaciones que el actor expresa con tonos de voz cambiantes, economizando hasta lo improbable con su lenguaje corporal (cada gesto se llena de sentido y escapa de lo prescindible); consiguiendo que el público experimente con tranquilidad y emoción. Terminamos viendo a Juan Ramón sobre el escenario. Porque la interpretación es tan auténtica, tan cristalina, como los versos que se escuchan.

El viaje que se propone se hace con suavidad, en cincuenta minutos, sobre unos poemas que se mezclan con la prosa poética. Se cruza el océano, media España; se visita Nueva York. Pero, al mismo tiempo, sabemos que la personalidad de un gran poeta se está transitando; y nuestra sensibilidad; y la existencia que sólo puede contarse con poemas.

Diario de un poeta recién casado resulta ser una experiencia deliciosa que comienza su propio viaje por Europa. Hamburgo, Bremen y Dublín son sus destinos.

Esperamos que José Luis Gómez nos vuelva a regalar una experiencia única. Lo hizo en 2009, en 2011, ahora. Seguro que pronto.

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