CUANDO STAR TREK DESCUBRIÓ LA SINGULARIDAD

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(Texto cortesía de Cipriano Valenzuela)

Star Trek es la mejor serie de ciencia ficción por sus excelentes guiones; una saga que (creada en 1966 por Gene Roddemberry) ha inspirado grandes inventos tecnológicos para la humanidad (teléfono móvil, “intercomunicadores”, tablets, nanosondas, programas de detección computacional para la medicina, etc.). Viendo su primer largometraje, realmente me doy cuenta que también ha sido el germen de una dimensión paralela que ha convergido con la Singularidad (Singularity): crecimiento exponencial que empieza a volverse explosivo y profundamente impactante hacia la era de la fusión inteligencia humana-artificial; un valor que trasciende. Nuevo paradigma del proceso evolutivo, en el que las máquinas “en un futuro muy, muy, cercano” serán humanas aunque no sean biológicas.

En 1979 comenzó la saga de largometrajes de la serie Star Treck, que ha llegado hasta 2015 con la excelente película En la Oscuridad, obra maestra de la ciencia ficción, con un Benedict Cumberbatch sublime (Sherlock Holmes, The Imitation Game) en el papel de Khan, tal vez el enemigo más interesante y de mayor personalidad de la saga, junto a los Klingon.

Pero volvamos a la primera película: The Mothion Picture (1979). En ella, una gigantesca nebulosa de energía que resulta ser una nave, se dirige hacia la Tierra eliminando a todas las unidades de carbono (seres biológicos inteligentes) que encuentra a su paso. Veyer (V’Ger) va en busca de su Creador, lo que descubre el señor Spock cuando logra entrar en el interior de la nave, enigma que desvela el capitán Kirk en la escena final, ya que se trata de la sonda Voyager 6, encontrada por un planeta-máquina que la había reprogramado para reunir toda la información del universo y así transmitirla a su Creador. En ese viaje de 300 años V’Ger evoluciona y adquiere conciencia propia, pero necesita la capacidad humana para superar la lógica. Espectacular y profético el final con la simbiosis hombre-máquina (representados en las figuras del comandante Decker –humano- y la sonda robótica –en forma de bellísima mujer- la abducida teniente Ilia, ahora convertida en un ente biónico): “Hemos asistido al nacimiento de una nueva forma de vida –Kirk-“… “una nueva forma de evolución”, responde Spock en el profético acto final, junto al doctor Mc.Coy que se congratula de asistir a tan singular parto.

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Del 12 al 14 de marzo, tuve  el honor de asistir a un evento único en Sevilla: Singularity University (Summit Spain), ubicada en el campus de la NASA Research Park, en Silicon Valley, probablemente el mayor epicentro en su globalidad de innovación. Y pude conocer de primerísima mano cómo hemos entrado de lleno en el comienzo de un nuevo paradigma tecnológico y social, donde no sólo hablamos de impresoras en 3D que pueden crear una figura fotográfica, un edificio o su estructura, una zapatilla deportiva a medida, una herramienta; comida como, por ejemplo, un exquisito chuletón de carne ¡hecho con vegetales! o piel humana para su uso médico. O los respiricitos (nanorobots, glóbulos rojos mecánicos). O la tecnología biónica que ayudará a personas a suplir graves minusvalías físicas mediante brazos o exoesqueletos robóticos. Y lo más impactante: la investigación en materia de inteligencia artificial o cómo las máquinas podrán aprender de ellas mismas. Resumiendo, pude asistir al conocimiento de la realidad tecnológica por encima de la ficción en alimentación, investigación, salud (medicina), medio ambiente, energía, seguridad, agua (ecología), educación o recursos humanos ante el paradigma que supondrá la nueva era de la sustitución del trabajador por el robot; hasta llegar al momento cumbre de la Singularidad, donde no habrá distinción entre humanos y tecnología. Y esto será así, no porque los humanos se hayan convertido en lo que hoy entendemos por máquinas, sino más bien porque las máquinas habrán progresado hasta llegar a ser humanas, y más que humanas (Ray Kurzweil, padre de Singularity).

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Y como empecé finalizo aludiendo al cine, ahora con el padre de la computación y visionario de la inteligencia artificial Alan Turing en The Imitation Game: escena en la que el agente de policía le pregunta “¿es verdad que las máquinas pueden pensar como las personas?”, a lo que el protagonista  contesta que “es una pregunta absurda, debería formular si las máquinas pueden pensar, a lo que respondería que sí, porque el hecho de que sea de forma diferente no significa que no piensen”.  Visto lo visto, al menos a mí, no me parece una contestación retórica. Ray Kurzweil estima que en 2020 estará listo el hardware para emular el cerebro humano y que el del cerebro completo para 2029.