Danzando entre las luces del Mediterráneo

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La compañía TPO presenta en el Teatro de la Abadía de Madrid su producción Bleu!; una invitación a danzar, entre los mitos mediterráneos, para niños y adultos; un espectáculo en el que la imagen y lo simbólico toman protagonismo desde el primer minuto.

Si algo llama la atención de un niño es el color, el movimiento, la luz, una historia sin descifrar que sólo él puede ordenar y llenar de sentido. Si algo entusiasma a un niño es poder participar en algo que han preparado con mimo para él. Mirar y sólo mirar, como lo hace una vaca al tren mientras pasa, les aburre mucho. Si algo interesa a un niño es todo aquello que le hace sentir mayor por ser una invitación a realizar un gran ejercicio de inteligencia.

Pues bien, es eso lo que se presenta en el Teatro de la Abadía de Madrid. El espectáculo de danza Bleu!, dirigido por Francesco Gandi y Davide Venturini; un trabajo que recupera esas cosas que siempre estuvieron delante de nosotros, pero en las que no solemos reparar, ni en las que pensamos como parte fundamental de nuestra vida: los mitos y, por tanto, lo simbólico. Comienza el espectáculo teniendo los mitos mediterráneos como primer anclaje; nos los colocan allí, sobre el escenario, para que indaguemos, para que pensemos. Y es cuando el símbolo aparece porque lo visto te conmociona y te hace crecer (aunque sea un poco; es de lo que se trata). Adultos y niños (sobre todo niños) se colocan en un lugar alejado de la estupidez y del materialismo que invade nuestras sociedades para acercarse a eso que les hace ser personas. Es lo importante del mito, del símbolo. Y, por ello, lo agradecen. Niños y, también, mayores.

En el escenario, dos actores bailarines. En el patio de butacas, un buen número de jovencitos que son invitados a descalzarse cuando llegan y que obedecen sin rechistar. Poco después, muchos de ellos (en grupos de entusiastas) estarán sobre el tapiz de danza que cubre el espacio escénico, intentando atrapar estrellas, subidos en una nave en la que serán atrapados por un remolino, escapando de cangrejos juguetones o haciendo música con caracolas llenas de magia. Cuando se trabaja con el mito, pronto se descubre que todo está por interiorizar más allá del cascarón que vemos. El mar, los animales, el ser humano, todo, es simbólico. Y esto es algo que hace felices a los niños que juegan sin percibir que eso que creen un privilegio (estar sobre un escenario o jugar con luces y colores) forma parte de su descubrimiento del mundo.

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Todo comienza cuando la ninfa (interpretada con gracia por Martina Gregori) lanza una perla que llega hasta donde está el marinero (Luca Tomao; incansable y acertadísimo con el ir y venir de los niños de la butaca al tapiz). A partir de aquí, el personaje (todos) va descubriendo los secretos de una costa mediterránea y un fondo del mar llenos de color, de brillantez y de sorpresas. Las olas borrarán los dibujos que los niños hacen sobre la arena (sobre el escenario aparecen colores y formas sorprendentes), los peces escaparán de sus perseguidores, uno enorme logrará huir del agua y volará sobre el público.

El sonido es excelente y logra matizar muy bien cada movimiento de los actores. No hay que olvidar que este es un espectáculo de danza. La iluminación es perfecta y sirve de hilo conductor de todo el relato. Cuidadísima y bien ideada, convierte la espiral de tul que vemos sobre el escenario en parte fundamental para la comprensión.

En fin, Bleu! es un espectáculo muy divertido, muy brillante. Una producción que busca la interacción con los niños sin utilizar gritos molestos y canciones estúpidas a las que nos tienen acostumbrados en los trabajos pensados para niños. Si una obra de danza logra que las sensaciones del niño se agigante hasta la emoción, a través de los sentidos y no del chiste fácil o del ruido de petardos, la interacción está garantizada y será una fuente de conocimiento extraordinaria. Por su puesto, esto lo agradecen pequeños y mayores. Porque, del mismo modo que el que escribe pide a voces, siempre que puede, ese espectáculo inteligente para los niños, quiere divertirse con sus hijos viendo una sola cosa que no te sumerja en las profundidades del tedio. Somos muchos los que amamos el teatro y los que queremos hacer de este arte una pasión para los niños.

Lo que queda demostrado, además, es que hay artistas que, disponiendo de los fondos necesarios, son capaces de entregar trabajos muy meritorios y a los que merece la pena acudir, trabajos que nos permiten convivir a personas de todas las edades y condiciones en igualdad alrededor del arte.

A los niños les encantó. Sencillamente, les resultó una experiencia fascinante. Eso es lo importante. Porque que me encantara a mí no deja de ser una anécdota sin mayor importancia.