El amable disparate

HijaRegimiento 6264

Que en un espectáculo prime la diversión sobre aspectos más profundos del arte no está mal. Al contrario, es una cosa muy saludable. El problema es que eso sea lo más frecuente. La fille du régiment es una ópera que incluye un libreto superficial e imposible, pero, además, una partitura firmada por Gaetano Donizetti que es maravillosa y que exige de los cantantes un esfuerzo extraordinario para salir airosos de la batalla. El Teatro Real presenta un divertimento que exalta el bel canto y la inteligencia al diseñar un espectáculo.

Si usted cree que la ópera es una forma de diversión, y poco más, La fille du régiment es su obra. Si, por el contrario, cree que la ópera es fuente de conocimiento y una entrada lujosa que da acceso a miradas desconocidas y extraordinarias, La fille du régiment es su obra. Porque no pasa nada por levantar el pie del acelerador y poder asistir a espectáculos divertidos y solo divertidos. Desde luego, si alguien busca pensamiento profundo en esta obra de Gaetano Donizetti se está equivocando de cabo a rabo. Pero si alguien quiere conocer lo que es la ópera por primera vez, el trabajo de Donizetti es una oportunidad de oro puesto que lo amable es, siempre, bien recibido. Nunca estaremos agradecidos del todo con este compositor que, sin dar la espalda a la mejor música buscaba lugares comunes para entendidos, aficionados y recién llegados.

La producción que presenta el Teatro Real de Madrid es vistosa, divertida y casi entrañable. Bien la puesta en escena llena de inteligencia que explota las pocas virtudes de un libreto absurdo, bien musicalmente (Bruno Campanella cumple aunque sin grandes alardes), bien el vestuario (cuidadísimos los detalles), todo bien; salvo las voces que van de bien a excelentes.

El coro Intermezzo (esto que voy a decir no es nada nuevo) no falla ni aunque quieran hacerlo a conciencia. Esta vez, sus integrantes (además de cantar más que bien) demuestran que son capaces de moverse por un escenario sin problemas, con un orden exquisito cuando el trasiego de personajes y figurantes es enorme.

HijaRegimiento 2208

La contralto Ewa Podleś defiende su papel sin problema alguno. Logra llegar al público por su voz, logrando tonalidades muy bellas, y por una capacidad interpretativa construida con los años que parece a prueba de bomba a estas alturas de su carrera. Pietro Spagnoli, además de una voz capaz y solvente, nos entrega un trabajo dramático notable. La soprano Alesandra Kurzak, muy aplaudida, está muy bien aunque no termina de desplegar la magia que un personaje como el suyo reclama. No embelesa, gustan sus giros vocales y su interpretación llena de alegría y gracia, aunque no termina de ponernos a sus pies. La estrella indiscutible de esta producción es Javier Camarena. La capacidad para alcanzar agudos improbables de este hombre es majestuosa. Creo que no me equivoco si digo que esta será una de las voces más importantes de los próximos años. Por si era poco se maneja bastante bien sobre el escenario. Por supuesto, Laurent Pelly, director de escena, tiene mucho que ver con ello; ha sabido trabajar con el grupo para lograr un conjunto muy compacto en el que las carencias individuales pasan desapercibidas y las bondades se explotan con acierto. La aparición de Ángela Molina no deja de ser anecdótica. El personaje que encarna no da para mucho y es cortito, pero da la sensación de que la actriz está sobre las tablas más para dar lustre al cartel que para cualquier otra cosa.

Todo esto que digo se acumula en la primera hora y cuarto de espectáculo. El segundo acto es más un tránsito hacia la puerta de salida. Donizetti echó toda la carne en el asador para construir la primera hora y cuarto de la obra. Los últimos tres cuartos son una excusa para convertir (el libretista) la trama en algo más sensato (ocurre justo al contrario), pero todo es amable, todo está dispuesto con el fin de agradar. Esto es lo que llamaríamos en cine comedia ligera, pero mucho más disparatado, más imposible. Si algún espectador decide analizar lo que le están contando puede sufrir un ataque de histeria o algo así. Por eso es tan importante que las voces estén a gran altura y que la puesta en escena busque tapar lo extravagante o ridículo resaltando con inteligencia lo bueno de la obra. Es decir, la música y lo que no se escribió en el libreto original.

Esta vez, en el Teatro Real se ha conseguido. Y hay que celebrarlo.

 

Argumento de La fille du régiment

 La marquesa de Berkenfield trata de huir de la guerra en el Tirol. Al frente del regimiento 21º de granaderos francés, que llega al mismo pueblo en el que se encuentra la marquesa, está el sargento Sulpice. Entre la soldadesca se encuentra Marie, una joven que ha crecido entre los soldados puesto que fue rescatada por Sulpice en el campo de batalla cuando era muy pequeña. Es la cantinera del regimiento.

Los soldados apresan a Tonio y le acusan de traidor. Tonio resulta ser el amor de Marie y, claro, esta intercede por él. Pero Marie no puede casarse con Tonio puesto que no es soldado del regimiento. Como no podía ser de otra forma, Tonio decide alistarse en el 21º de granaderos. Y, entonces, Sulpice confiesa a la marquesa que Marie es su sobrina, que encontró junto a la niña el cadáver de un hombre que portaba un documento que así lo decía. Así que, Marie… al castillo con la marquesa.

Ya instalados (Sulpice se apunta nadie sabe la razón), la idea es formar a Marie y dotarla de buenas maneras. Tendrá que casarse con el hijo de la duquesa de Crakentorp. Pero Tonio, ya soldado, le pide la mano de Marie a la marquesa que primero niega aunque luego concede. La razón es que el 21º de granaderos al completo se presenta en su castillo de forma inopinada y ella confiesa que Marie es su hija.

En fin…