El ángel negro

José Manuel Portero ok
La editorial almeriense Círculo Rojo promete.  Lo hace en esta ocasión, publicando el texto pergeñado por José Manuel Portero, escritor de El Rubio (Sevilla).Entrega una novela policíaca que, como debe ser en el siglo XXI, cuenta con comisarios cotillas que se fían más del WhattsApp o Internet que de sí mismos, así como un buen puñado de personajes, hijos de la crisis económica en que nos vemos envueltos.

Existe elegancia en la propuesta, si bien muchas veces se rompe con la etiqueta de lo políticamente correcto. A su vez y sin caer en el galimatías, aunque echando de menos más precisión en el lenguaje de algunas partes, la obra de Portero recuerda a thrillers de acción como Grupo 7 y bebe en sus fuentes y argumentos de las tragedias intergeneracionales de las que se nutre Chirbes.

Las pesquisas e investigaciones policiales, parecen querer dar un respiro al género negro como tal y, sobre todo, el autor parece sentirse cómodo describiendo y haciendo dialogar ágilmente sobre situaciones no sólo rocambolescas, sino con un punto de absurdo nada circunstancial.

La elección de narradores es compleja y parece querer tomar esta vía con la intención de ir desnudando las aviesas intenciones de los personajes. Por ello, que empiece Ricardo contando qué sucedió al ver cómo unos neonazis trataron de quemar en el centro de Benalmádena a un mendigo inmigrante que duerme entre cartones en los bajos de una sucursal bancaria, nunca será casual para el lector; sobre todo cuando es en la segunda parte cuando Lino Ortega y su compañero toman las riendas del asunto.

Planea sobre toda la trama la existencia de objetos relevantes por misteriosos, como son esas máscaras africanas, que el padre de Ricardo, Manuel, colecciona con ánimo de rendir homenaje no sólo a sí mismo como empresario maderero que tenía negocios en Guinea.

Encontramos igualmente cierta morosidad en los detalles, y eso a la hora de potenciar la identificación con Ricardo y Juan, resulta a veces ser un lastre, ya que estos dos hermanos, dispuestos no a todo por heredar, son más grises de lo que pudiera parecer y quedan desdibujados, cuando pidieran quizás más protagonismo dado lo tortuoso de sus vidas.

A su vez el seguimiento a los jóvenes neonazis resulta complicado y prueba cierto gusto más por el chascarrillo, que por lo que se esconde tras los hechos, donde sería más adecuado encontrar esa gracia de la que, en general, hace gala.

Calificación: Bueno.
Tipo de lector: Aficionado a la novela policíaca.
Tipo de lectura: Abierta.
Argumento: Complejo.
Personajes: Hay de todo.
¿Dónde leerla?: En Asturias, por cambiar de aires.