El autor con el pijama sin rayas

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Paco Roca es uno de los nombres que más suenan cuando hablamos de cómic en España. Arrugas lo lanzó a la fama porque la adaptación de ese cómic al cine hizo posible que el autor llegara a un público mucho más amplio. Recientemente acaba de salir al mercado su último libro: Andanzas de un hombre en pijama.

Paco Roca continúa en su último libro lo que había comenzado con la entrega anterior, Memorias de un hombre en pijama, pues una vez más se trata de una recopilación de tiras humorísticas escritas en principio para ser publicadas en un periódico. El autor con el pijama de rayas, ese que le regalaron en una de las historias de Memorias…, se quitó ese a rayas y se puso uno liso como el primero que tenía. Ahora son sus andanzas y ya no sus memorias. Hojeo entonces Andanzas de un hombre en pijama, recientemente llegado a las librerías. Encuentro en esas hojas gags que heredan el humor de Memorias… Me río, me divierto. Reconozco rápidamente a la clase media española que tan bien retrata Roca en estas viñetas. Las tareas domésticas, las vacaciones, los viajes, el consumo, la mismísima vida cotidiana. La economía diaria, las trampas del sistema. Disfruto especialmente de los gags que retratan la imposibilidad de dar de baja un servicio en una compañía de teléfono y demás odiseas absurdas. Por supuesto, me identifico, soy también víctima de este mundo. Paso las hojas y descubro otro tema, que al igual que a los anteriores, como si le obsesionaran, el autor ya viene arrastrando de Memorias…: el proceso de escritura. Otro universo, diferente al corriente, pero con sus propios conflictos cotidianos: el problema de la inspiración, de la soledad del escritor, de la complejidad en la escritura de los finales. Y hasta el autor (sin importar si está o no en pijama, si es o no a rayas) es un tema que se toca: ¿cuál es la necesidad narrativa de dibujarse a sí mismo y ponerse en escena? La respuesta no tiene nada que ver con el pijama, claro. La pregunta apunta al por qué de ese recurso narrativo y la respuesta que el mismo autor-personaje da en el cómic señala una comparación: es como la primera persona en literatura. El narrador en primera. El yo.

Pero mejor cambiar a la segunda, a tú, y entrevistarlo. Para yo simplemente preguntar y que el resto lo cuente él.

Con Andanzas de un hombre en pijama, tu último libro recientemente publicado, se va a repetir la experiencia de llevar uno de tus cómics al cine. ¿Qué significan para ti esas adaptaciones?

Siempre es interesante el trabajo de adaptación a otro medio. Se aprende mucho de lo que funciona y no funciona en la historia. Por otro lado, el cine es un medio muy mediático y con un tipo de público diferente al del cómic. La adaptación de Arrugas hizo que mucha gente ajena del mundo del cómic se interesase por mi trabajo.

¿Crees que el cómic, como género, está más cerca del cine que de la literatura?

Comparte muchas herramientas con el cine, es un medio visual como éste. Pero la lectura de un cómic lo asemeja más a la de un libro. La libertad del lector, y esa flexibilidad en la lectura, lo diferencian totalmente del cine.

Andanzas de un hombre en pijama recopila las historietas que se fueron publicando en El País semanal, mientras que Memorias de un hombre en pijama (2011) recopilaba las que ibas publicando en Las Provincias. ¿Sientes que has madurado en el ejercicio de escritura periódica en esta última experiencia respecto a la anterior?

Aunque mantengo al mismo personaje como protagonista y sigue siendo una serie de humor, he intentado cambiar un poco el planteamiento. Memorias… eran gags o chistes de una sola página. Al cambiar el formato y pasar a dos páginas con Andanzas…, necesitaba dotar de contenido las entregas. Es por eso que la serie se ha vuelto más reflexiva.

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Vayamos un poco al pasado. En tu anterior cómic, Los surcos del azar, vuelves a un tema que ya habías tratado, aunque de manera diferente, en El faro: el tema de la guerra civil; pero en este último para contar sobre «La nueve». ¿Qué fue «La nueve» y de qué manera elegiste contarlo en el cómic?

Había visto alguna vez unas imágenes de la liberación de París donde se veían tanquetas que llevaban nombres de ciudades españolas. Nunca me había planteado el por qué.

Fue de casualidad que coincidí en París con dos excombatientes de La Nueve, una compañía inscrita dentro de la Segunda División Blindada de De Gaulle y que estaba formada íntegramente por exiliados españoles. Esta compañía fue la primera en entrar en el París ocupado por los alemanes.

Me pareció una historia increíble. Además, por medio de ella podía hablar del exilio español, y de una parte de él, el del norte de África.

Los surcos del azar toma cuestiones históricas y políticas. En Andanzas de un hombre en pijama aparecen temas de actualidad. ¿Viviste la creación de estas obras como un posicionamiento político o ideológico?

No me lo planteo como algo propagandístico, eso sería un error. Hablo de los temas que me interesan, pero intento no posicionarme en exceso. Por supuesto que es mi visión de los hechos, pero intento dejarlo todo bastante abierto para que el lector tome sus conclusiones.

Arrugas significó un antes y un después en tu carrera profesional, y ya has dicho tanto sobre esa obra que es bien sabido que te inspiraste en tus padres y en el tema de la vejez para crear la historia. ¿Todas tus demás historias también han nacido de esa manera: a partir de un tema que te obsesionaba? ¿O con alguna seguiste un proceso de creación diferente?

Hacer un cómic es para mí una forma de reflexionar sobre un tema que me preocupa o del que me interesa saber más. Me costaría mucho esfuerzo hacer uno de un tema que no me apasionase.

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Hoy en día, más por una cuestión comercial, las editoriales utilizan mucho la etiqueta de «novela gráfica», pero no termina de quedar muy clara la diferencia entre ese género y el cómic. ¿Tú, como autor, ves clara esa diferencia en algún momento, ya sea en la teoría o a la hora de trabajar?

La novela gráfica supone una libertad de autor que hace años no existía en la industria del cómic.

Cuando empecé a publicar, el editor me daba consejos de cómo debía hacer un cómic: un personaje fijo, historias auto conclusivas de 46 páginas, aventuras… Había un patrón (hablo siempre del cómic francés) de cómo había que dibujar y contar una historia.

La novela gráfica es un camino alternativo a esta industria. Puedes tratar cualquier tema y de la forma que quieras. Este nuevo camino ha conectado con un nuevo tipo de público que hasta ahora no leía cómics.

Ser autor de cómics es ser una narrador en viñetas, es decir, te vales mucho de la imagen. ¿Cuál es tu relación con la palabra?

Sería inseparable una cosa de la otra. Aunque utilizo mucho los silencios, me gusta escribir diálogos y hacer hablar a mis personajes.

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