El cine según Hitchcock

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En torno a cincuenta horas de rigurosa y enriquecedora entrevista, con un trabajo previo por parte del realizador francés de la Nouvelle Vague encomiable, en torno a un cuestionario de quinientas preguntas que se modifican con el devenir de la conversación con el denominado mago del suspense, responsable entre otras, de Con la muerte en los talones, De entre los muertos o Psicosis, es éste un libro pensado para directores de cine interesados en todo el proceso por el que una película se convierte en tal, aficionados al Séptimo Arte en general y de todo proceso creativo que tenga que ver con la planificación y el sentido de las imágenes.

Ingeniero y dibujante de formación, solitario en su niñez y tremendamente observador, Alfred Hitchcock tenía dentro de sí una serie de fantasmas y miedos que marcaron todo su oficio y forma de hacer, algo que ya vemos en su etapa muda, donde colaboró en múltiples adaptaciones de novelas (algunas de ellas de ínfima calidad) como ayudante de realización. El salto a director lo dará antes de 1930 con Woman to woman, al menos oficialmente, siendo especialmente destacables algunas películas, cortas y largas, inacabadas otras, entre la que destaca The ring, un film de rivalidad entre boxeadores.

Para el entrevistado, la llegada del sonoro confiesa que supuso una merma técnica en el sentido en que no podía practicar del mismo modo sus ejercicios de ingenio y dramatización visuales como hubiese querido y D.W. Griffith trató de enseñarle.

No obstante, la fotografía, la música  el diálogo, lejos de amedrentarlo, le sirvieron para profundizar en conceptos tales como el suspense (lo que le convertiría en eficacísimo contador de historias), su aberración a los films donde no es identificado un narrador claro a través del tiempo (whodunits) o el macguffin, un concepto por él mismo acuñado, difícil de explicar, si no es desde cierto humor inocente y que alcanzó su mayor grado de sofisticación en el film Encadenados, gracias a una botella de champán que guarda toda una maquinaria de sentidos.

Se analizan películas realizadas posteriormente en Estados Unidos en segunda versión, como por ejemplo El hombre que sabía demasiado, así como nada baladíes son sus incursiones del suspense en el género de aventuras (Sabotage o Sospecha, de la primera de las cuales ya hizo en su primera etapa una réplica con el sustantivo del título cambiado ortográficamente).

Es cuando se expande su carrera americana, primero con David O.Selznick y después como productor en solitario de su propio cine, cuando todo toma una altura descomunal.

A este respecto su primera película fue Rebeca, basada en el texto de Daphne de Maurier, de la que adaptaría años después Los pájaros, siguiéndole en importancia Recuerda, con decorados de Salvador Dalí.

Pero el film hitchcockiano por excelencia y del que más orgulloso se sintió siempre, fue Psicosis, y a pesar de que en The birds o Marnie la ladrona, consiguió gracias a sus actrices algo más que mantener el tipo visual y artísticamente, pronto la influencia de la televisión y el teatro le asestó un duro golpe, que empezó con el incierto resultado de Cortina rasgada (confiesa que no sabía cómo dirigir a Paul Newman), Topaz, Frenesí o La trama.

De una vida que rueda cincuenta películas, a pesar de estos muchos avatares, son más las enseñanzas que se sacan de lo que estamos vulgarmente acostumbrados, lo que se agradece a toda esta biblia rigurosa del mirar y ser mirado, lo que en muchos casos equivale también a vivir y ser vivido.

Si quieren un testimonio excepcional, en primera persona y sin más intermediario que un buen periodista, cinéfilo y director francés que sabe cuándo y cómo hacerse notar, éste es de obligada lectura.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Fácil. Puede hacerse sin seguir el orden establecido.
Tipo de lector: Aficionados al cine. Amantes del cine de Hitchcock.
¿Dónde puede leerse?: A las puertas de la filmoteca.