El día del Watusi

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Desaparecido en 2008, la obra del escritor barcelonés Francisco Casavella es todo un enigma. Él mismo en el capítulo de agradecimientos, nos da fe de la empresa  loca y a la vez peregrina, de lo que supuso llevar al papel sus casi 1200 páginas en torno a la imagen o idea de un asesino que es sólo un divertimento, tan identificable con el protagónico Fernando Atienza, como con tantos y tantos prohombres que recorren su arco temporal (1971-1995).

De aquellos polvos, vienen estos lodos. Dividida en tres novelas que llegaron a editarse independientemente, todo empieza con Los juegos feroces por acometer desde una dislocación un informe que le encarga a Atienza una multinacional que actúa en nombre del Bien sobre José Federico Neyra; en el proceso, sólo hay intermediarios que discuten, corruptos que juegan a ser inocentes (en este sentido el talento de Casavella es profético), jugadores de una nada imposible dado el contexto asfixiante de la Transición, vendedores de humo. Es ya en esta pate de la novela donde descubrimos los afanes prostibularios del protagonista.

Por otro lado, Viento y joyas, empieza implicando en el centro de las pesquisas al propio detective y es que Atienza ya no quiere ser como ese Watusi que va en moto como el Pijoaparte de Marsé y a la vez se eleva como criatura misteriosa. Fernando aprende a leer críticamente y desde el confort a Sun-Tzu y Maquiavelo, dado que sus rivales citan sus frases (las de El príncipe o El arte de la guerra) como si fuesen pà amb tomaca que llega ligerito y con buen vino al estómago. Al mismo tiempo, aparece Elsa, probablemente la mujer a la que más quiere y gracias a la que conquista a otras féminas.

En último lugar, El idioma imposible sirve para darnos cuenta de cómo aquel informe encargado dirigido a un lector que no existe, le sirve a Atienza sólo para permanecer drogado, ante una realidad que lo aplasta. Aún así, el tipo no alucina ni agoniza, sino que desarrolla una vis neutral que le permite salir del paso como lo hizo su ídolo (o no tanto) el Watusi, que se irá metamorfoseando.

Traducida a cinco idiomas diferentes, jugar con la peregrina idea de que el 23-F fue una patraña, no es más que un guiño novelesco descreído que juega a dar visos de realidad en ese informe para la compañía. Una idea que ha sido copiada con cierto hastío estos años.

Por lo demás, sabía el autor cómo no perder músculo en momentos decisivos, empleando en otros un léxico rico y profuso, sin descuidar ni la trama, ni la parte más metaliteraria.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Complejo.
Tipo de lectura: En apariencia sencilla.
Argumento: Nada frívolo.
Personajes: No sabemos hasta qué punto reales.
¿Dónde leerlo?: En cualquiera de los muchos lugares imposibles que se pueda imaginar.