El diálogo en la escritura creativa (II)

dialogo

El diálogo es confrontación de dos formas de entender el mundo; choque entre los universos de los personajes. Y el diálogo es un recurso literario que funciona dentro de la estructura del relato al estar integrado en el punto de vista elegido. No es algo independiente. Al contrario, afecta definitivamente al resto de lo narrado y al resto de los recursos. Además, se arrastra hasta el final del relato. Su sentido y la relación con el narrador es motivo de análisis en esta segunda entrega sobre el diálogo del Taller de Escritura Creativa de Aladar.

A todo diálogo le sucede inmediatamente una pregunta: ¿qué me han querido decir? Los diálogos están cargados de silencios, de vacíos, de incógnitas. Pero estos silencios no pueden resolverse con información. El conocimiento que buscamos en el diálogo no procede de la información sino del sentido. La información la podría proporcionar el narrador y, siendo así, no tiene sentido utilizar un recurso tan difícil como el diálogo. No olvidemos que estamos enfrentando a dos logos y que el logos es estructura del universo de cada uno. Por tanto, enfrentamos dos formas de ver el mundo. Ahora bien, ambos son necesarios y ambos mantienen su inteligencia (que uno prevalezca sobre otro convierte ese diálogo en un monólogo encubierto). Los interlocutores se hablan porque se necesitan uno al otro. Se establece una relación de interdependencia, de necesidad, sobre la base común del no saber.

El lector (después de un diálogo) debería aplicar las preguntas sugeridas al movimiento de los personajes a lo largo de la narración, pero desde la perspectiva de una respuesta constante a la pregunta ¿qué nos han querido decir? Por ello, el diálogo es una estructura abierta, se arrastrará durante toda la narración. Cuanto más se abstiene el narrador presentándonos «directamente» a los personajes (seleccionándolos, seleccionando su diálogo, cortando o abriendo parlamentos) más recae la interpretación de esta estrategia sobre el lector, al haber quedado eliminada la mediación convincente de la voz narrativa. El diálogo construye, con su estructura abierta, interrogativa, silenciosa, un modo nuevo de intensidad y también un compromiso diferente para el lector, que se ve obligado a enfrentarse directamente, no a los personajes, sino al silencio de lo que sucede, a la interpretación de un espacio narrativo, a una estrategia temática.

¿Habla el narrador en el diálogo, habla por boca de los personajes? Vamos a considerar dos tipos de narrador: identificado y no identificado (aunque cada uno engloba un buen número de narradores diferentes nos basta para llegar dónde queremos)

Llamaremos narrador identificado al que forma parte de la acción como sujeto o espejo y cuya conciencia está ligada al desarrollo de los acontecimientos de la narración(ojo, esto puede hacerse, también, en tercera persona). Es decir, cuenta lo que pasa y «lo que le pasa con lo que pasa». Con este tipo de narrador ¿hablan los personajes por sí mismos? Un narrador puede decir la verdad pero, claro, el lector no puede contrastar esta verdad. El lector no cree a este narrador por tener pruebas que afirmen esa verdad (la ficción tiene sus propias reglas). Todo dependerá de la propia experiencia representada, del grado de empatía (muchas veces creemos por no tener más remedio). Los sucesos narrados se articulan en torno a una intención y no gravitan sobre la comprobación de un universo demostrativo (esto sirve tanto si el narrador ofrece pruebas de su falsedad como si organiza una coartada perfecta).

Si el diálogo, en su intencionalidad extrema, pretende enfrentar dos o más voces mediante el silencio del narrador, parece verosímil que este silencio es menor en el caso del narrador identificado. Es decir, en el caso de alguien que se presenta a sí mismo en la narración y la manipula visiblemente.

Esto no significa, ni mucho menos, que un narrador no identificado, no  manipule: pero quizá no lo manipula en el mismo sitio ni con el mismo objeto.

De entrada, este último narrador no se justifica con la acción que cuenta, sino solamente con la capacidad para exponer, con la potencia (eficiente) de la voz que utiliza. El artificio narrativo de esa voz que sin decirnos quién es nos lo cuenta todo, ha sido uno de los grandes desarrollos del siglo XX. De la misma manera en que cuando vamos al teatro aceptamos la convención de que aquello no es un escenario construido por un productor, sino una escena, y de que hay personajes y no actores, de esa misma manera aceptamos la voz no personal que nos cuenta una historia sin preguntarnos por su identidad secreta.

Pongamos que un narrador no identificado nos enfrenta a un diálogo entre personajes. Si hemos prescindido de interrogarle sobre su identidad, también podemos prescindir de preguntarle por cualquier clase de interés personal, tanto en lo que nos diga ese diálogo, como en otros asuntos. Pero ausencia de interés personal, no significa ausencia de todo interés.

Este narrador es simplemente una estrategia de la voz. No es de nadie en particular. Por tanto, no habrá que sospechar una manipulación de las voces que intervienen en el diálogo, que podrán adjudicarse sin mayor preocupación a los personajes de los que salen.

Esta sería la primera diferencia entre los dos géneros de narradores a la hora de establecer sus relaciones con el diálogo en el interior de la narración. El identificado puede manipular: los personajes y las voces salen de su necesidad de contar qué le pasa a él, de modo que su injerencia es presumible más allá del arte que se dé en disimularla o incluso de la propia convicción. El no identificado es una voz cuyo único interés reside en demostrar que puede contar lo que cuenta. Pero para demostrar que puede contar es preciso que en muchos momentos tenga que dejar de hacerlo. Esa voz sin identificar ha decidido entrar en la historia no para apropiársela o no para permitir que se la apropie ninguna conciencia, sino para exponer. El narrador no identificado saca de sí cuanto puede, mientras el identificado trata de apropiarse cuanto puede, y de hecho no es otra su misión.