El estilo confundible que responderá siempre al nombre de Cornelius

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The Cornelius es una banda que, a pesar de su completo historial, todavía no ha soplado ni diez velas. Con un estilo que se mueve entre corrientes de funk y pop rock, ha conseguido que productores como Mick Glossop se enamorasen de su trabajo. Tras diferentes experiencias en escenarios y estudios de grabación, en 2013 publicaron Walking in Circles, donde algunos de sus temas recuerdan al álbum que supuso su primer y asombroso trabajo: Greatest Hits.

Son actualmente The Cornelius, antes han sido Cornelius 1960 y, en sus orígenes, decidieron acompañar el agua bendita de un simple Cornelius. Y ese, guste más o guste menos, será el nombre que perdurará: Cornelius. Al igual que el estilo con el que abrieron tantas bocas y se ganaron tanto respeto. Una banda compuesta por auténticos profesionales de la música, tanto en materias de composición como de ejecución. Su carácter funky, sus composiciones trabajadas y pulidas hasta el detalle más sutil, y la genialidad de sus directos los convierte en un grupo que todavía no goza de todo el prestigio que merece.

The Cornelius se compone en la actualidad de David Caneda «Chiquillo» (voz), Antonio Casado «el Abuelo» (guitarra), Toni B. Willisch (guitarra), Andoni Arcos (bajo), José A. Vilas (teclado) y Alberto Dopico (batería). A pesar de que a las baquetas la banda ha registrado varios cambios a lo largo de su trayectoria, el bloque se ha mantenido sólido desde sus inicios. Este conjunto, de origen gallego, se dio a conocer a lo grande en 2007, con su álbum Greatest Hits. Quienes conocían a los músicos sabían lo que podía dar de sí cada uno de ellos, pero el lanzamiento de este trabajo demostró la contundencia y calidad que atesoraban formando equipo. Fue un impacto, y una alegría, porque de una localidad más bien pequeña (los integrantes son de distintos puntos de la geografía gallega, pero en Vilagarcía de Arousa es costumbre decir que la banda es de la casa; siempre gusta presumir de lo realmente bueno) acababa de surgir lo que sin duda estaba llamada a ser una banda de referencia. Greatest Hits abría con un tema que, a día de hoy, bien se puede considerar como el himno de The Cornelius. Fool Forever reúne la frescura y el carácter que hacen de un grupo algo más. Con una pincelada de su funky característico, esta composición de pop rock sedujo a todo aquel que tuvo el placer y la oportunidad de escucharla. Y esto no era más que la carta de presentación. Un trabajo de estudio con un total de doce composiciones, donde se despachan con absoluto dominio (y lo que es mejor, con un estilo propio tan acertado como creíble) en los amplios terrenos del funk, como muestran Dance o Wait, o en materias de pop rock más puro, como es el caso de Extermination Angels que, con permiso de Fool Forever, es de lo mejor del álbum; sin olvidar Dragonfly, canción con tintes de balada que cierra el excelso trabajo.

Tras Greatest Hits, y en una época donde la red social MySpace vivía su perecedero apogeo, la banda llegó a muchos oídos y se ganó la confianza de muchos seguidores. Sobre todo de uno en particular: Mick Glossop. El productor musical de nombres como Van Morrison que, impresionado por lo que había escuchado, se desplazó a Galicia para encargarse de la producción del grupo. Y así fue como Cornelius añadió a su nombre 1960, que además fue el título de su siguiente álbum (y de la canción que lo abría). Con este cambio, o salto más bien, Cornelius 1960 se coló en emisoras como Europa FM, el videoclip de su single se ganó un lugar en canales como 40TV y su música llegó a miles de personas. Sin embargo, y sin menospreciar el trabajo de producción realizado, este encubrió alguna de las cualidades mágicas inherentes al conjunto. Y si bien la banda pudo gozar de una etapa de giras y actuaciones con lleno hasta la bandera, algo había cambiado en el estilo con que había triunfado. Pero entonces llegó en 2013 Walking in Circles, y con él el cambio definitivo en el nombre: The Cornelius. Un trabajo de estudio donde recuperaron sensaciones no perdidas, pero sí tenuemente enterradas.

Walking in Circles se presenta con el tema Never surrender, apenas tres minutos que sirven para descargar potencia y declarar intenciones. Y es que el grupo, sin trazar un patrón por el que cada canción sea hermana gemela de la anterior, mantiene ese estilo propio, característico. Composiciones como Whistle song relajan la vitalidad de la que acostumbra a hacer gala la banda, para dar muestra de que no son un grupo en absoluto plano. En total, son once composiciones donde el nivel musical no tiene picos, y eso es algo que se agradece y disfruta en cualquier disco. Y si además nos regalan temas como On my own, no queda más remedio que volver a aplaudir el esfuerzo reunido para dar lugar a un trabajo tal. Una vez más, The Cornelius se sale con la suya, a pesar de que ello signifique, por desgracia, encontrarse con más dificultades para llevar su música a un número amplio de oyentes. Es la cara más amarga, tal vez, de un mundo tan perteneciente al arte como al negocio. Lo que está claro es que, con canciones así, lo amargo termina desapareciendo del frente. Por eso queda hueco para la esperanza, para creer que, algún día, esta banda gallega gozará del reconocimiento que año tras año han perseguido, con material de estudio impecable y demostraciones de que en directo son un conjunto tanto de músicos como de profesionales. Cornelius, Cornelius 1960 o The Cornelius, tanto da; su música se sobrepone a todo lo demás.