El hablador

Vargas Llosa
Hace poco, en su artículo del diario El Pais, Juan Goytisolo hablaba de Amazonia verbal para referirse al escritor peruano Mario Vargas Llosa. Y está todo dicho. Cierto que Goytisolo se refería a La Casa Verde, pero esa expresión es más perfecta si cabe para El hablador. Ya verán porqué cuando la lean.

Mario Vargas Llosa es un gran investigador, un constructor del lenguaje, creador en el sentido más amplio de la palabra. Su maestría se afirma sobre unas arquitecturas elaboradas e impecables. Aquí esa estructura es dual, con dos relatos que se complementan, que se confrontan, que se enriquecen mutuamente y finalmente se explican uno a otro.

Hay una ingente labor etnográfica, lingüística y documental. No se anda el escritor con chiquitas. Trabaja, trabaja y trabaja hasta la perfección.

E investiga sobre la selva, su poder, su atracción, sus habitantes. La pureza de las culturas, la influencia de unas sobre otras, del relativismo moral –ahora sí- que se desprende de la multiculturalidad. Provocándonos interrogantes con los que cualquier persona interesada en los seres humanos y sus relaciones se sentirá identificada.

Al través de su obra, rica, poderosa, Vargas Llosa va narrando su patria –Conversación en la catedral-, su adolescencia –la ciudad y los perros– y juventud –La tía Julia y el escribidor-, su deambular político –¿Quién mató a Palomino Molero?-, convirtiendo el Perú y sus cosas en un profuso caleidoscopio.

La exuberancia de la literatura latinoamericana no se explica. Simplemente se manifiesta en novelas como ésta.

Calificación: Espléndida.
Tipo de lector: Indispensable para los aficionados a los latinoamericanos.
Tipo de lectura: Prolija.
Argumento: Intenso.
Personajes: Complejos.
¿Dónde puede leerse?: En la selva.