El Plazo

OLGA MUÑOZ CARRASCO
El plazo (Madrid, Amargord, 2014) es un libro extraño, lo que no significa que sea de difícil disfrute. Todo lo contrario, apasiona. Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) ha explorado en su segundo poemario un territorio muy poco frecuentado por el discurso lírico y nos pone en las manos cuarenta y nueve poemas en prosa que dibujan la huella de un viaje iniciático al centro oscuro de la incertidumbre.

Estos textos breves, tensos, elusivos, se nutren de una historia que bien pudiera haber imaginado el Conrad de The Heart of Darkness; tanta tiniebla, tanto corazón hay en El plazo, que uno piensa que casi se escribió escapando de la sombra de Kurtz. Olga Muñoz Carrasco nos ofrece la visión interior, subjetiva, de un sujeto poético (poliédrico, a veces una mujer sola, a veces acompañada de una pareja, a veces protectora y protegida de su familia) que escapa de algo nunca nombrado y busca una certeza que no encuentra, pues no hay sino camino en su peregrinaje y el final es comprender que no hay final: “Ahora nos hallamos en mitad del camino”, dice el último poema del libro.

La historia de por qué la voz huye, busca, descansa, protege a sus crías, comparte con el otro, tiene miedo, parece haber encontrado un hueco de felicidad y luego la sospecha, pero conquista el camino y sigue adelante, esa historia, no se cuenta en El plazo. Está tan ausente en la trama que hilvana con hilo rojo los cuarenta y nueve fragmentos, como amenazadoramente  presente en cada palabra, en cada emoción, en cada gesto, en las acciones mínimas de los personajes que cruzan por estos poemas extraordinarios, que pueden leerse de manera independiente, como espacios textuales autónomos que son, pero que también admite (y a mí me pide) una lectura eslabonada. Su materia temática es la propia intriga, lo impreciso, lo intuido, lo que espanta, lo que acoge, lo que abraza, lo que vuela, la mirada, el paso, los otros. La tersa superficie del discurso lírico -porque lo es sin duda alguna- dibuja El plazo con el lápiz de la elipsis; quizá sea lo no dicho el secreto que sostiene la escritura de Olga Muñoz Carrasco y provoca que su trabajo sobre el lenguaje (muy natural de ritmo, fluye) genere una radical apertura del sentido hacia lo siempre inasible. Poesía de lo indecible, maneras de hacer palabra lo que se presiente, lo que yace en lo oscuro, en una alegoría del vivir siempre a salto de mata. Su lirismo es tembloroso, de verbo alerta, que deja al lector las inferencias para (re)construir la fábula que rodea la voz que la siente, que la sufre, que la goza, pero no la cuenta.

Hay novela lírica y antes fue la poesía narrativa. No es el caso ahora, lo que nos da Olga Muñoz Carrasco no es un relato poético, en ninguna de las dos acepciones, es la poesía que se esconde bajo la secuencia de los sucesos. Su mirada busca donde pocas veces hace el poeta y, así, el lector encuentra en este libro una fuente inagotable de disfrute literario; poesía de realismo fantástico, que trabaja con obsesiones, con arquetipos (las crías, el camino, la comunidad, la vida como un puzle que vamos formando hasta ver la figura completa que es la muerte) para dejar libre una voz que nos habla desde sí misma, desde la única forma en la que la poesía comprende el mundo: desde la emoción; no siempre amable, prendida de dudas, que aquí no busca metafísicas. Sí, El plazo es una cuchillada en la incertidumbre del vivir.

Calificación: Inquietante.
Tipo de lectura: Para no ver nunca más Perdidos.
Tipo de lector: Interesado por encontrar poesía donde dicen que no la hay.
¿Dónde puede leerse?: En un banco del parque, en una tarde de otoño.