El televisor de Picasso

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Una exposición en el Museo Picasso de Málaga analiza la relación y las influencias que el artista malagueño recibió con la generalización de las emisiones televisivas. Se muestran obras en conexión con el tema analizado, especialmente grabados pertenecientes a la serie de la Suite 347 además de audiovisuales de la época y algunas pinturas al oleo.

En 1937 comenzaron las primeras retransmisiones televisivas en Francia y el Reino Unido. El desarrollo de este nuevo medio de comunicación -capaz de impactar por primera vez en las masas de una manera decisiva y simultánea- será vertiginoso. A pesar de los problemas tecnológicos y de los precios relativamente elevados de los aparatos receptores, la televisión será recibida  como un acontecimiento expansivo y global. Pocos son los estudios encaminados a analizar la colisión del nuevo invento con las artes del siglo XX, aunque queda claro, en orden a la evolución de los mundos plástico y escénico, que nada continuará siendo lo mismo. Aparece un nuevo lenguaje que lo modificará todo.

Pablo Ruiz Picasso es uno de los primeros artistas globales a los que la televisión encumbra, promociona, utiliza y digiere, pero también influye. El pintor había recibido las primeras emisiones con el escepticismo de ver a personajes que no le decían nada, más tarde su esposa Jacqueline adquirió un aparato que instaló en la residencia de Nôtre-Dame-de-Vie, en Mouguins,  para entretener el tiempo que su marido dedicaba a trabajar. Poco a poco, el genio español fue encontrando retrasmisiones que le entretenían y le interesaban: primero fue la difusión de una de sus exposiciones parisinas, luego sería la boda de la princesa Margarita de Inglaterra; después vendrían el circo, las producciones que le transportaban a otras épocas –como la de la Francia de los tres mosqueteros de Dumas- y muy especialmente la lucha libre, de la que fue un fanático seguidor. Consciente e inconscientemente los temas de sus pinturas, pero especialmente de sus dibujos, se fueron impregnando de asuntos que recibía a través de esas imágenes en movimiento. Tenemos que recordar que las emisiones en el país galo, donde el artista malagueño residía, eran regulares y frecuentes. En una entrevista de 1966 vemos por primera vez a Pablo Picasso grabado para el pequeño formato hablando de las cosas que ve y que le interesan, es un documento importante porque al mismo tiempo que refiere sus aficiones, el nuevo invento –lo podemos comprobar- irá haciendo de él un objeto de interés, una figura poderosa capaz de subyugar a sus interlocutores.

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La televisión influye en lo fragmentario de su obra, en lo urgente y lo precipitado del lenguaje que irá derivando imperceptiblemente hacia lo publicitario, abundando en el monocromatismo con el que desarrolla sus dibujos para grabarlos. En Jardines de Vallauris (1953) irrumpen las antenas de los receptores en el grabado, una de ellas formando el acrónimo del nuevo invento que revolucionaría el mundo; los alambres están enredados con los tejados, las casas y los árboles en una premonición de la sociedad totalizada por un nuevo lenguaje, en la visión de un mundo por venir. La mayor parte de las obras que se dedican al tema tratado pertenecen a la Suite 347 y los recibimos en el museo como pantallazos que son a la vez un homenaje a los clásicos. La serie fue pintada compulsivamente entre el 16 de marzo y el 5 de octubre de 1968, se compone de trescientos cuarenta y siete grabados de múltiples formatos en los que el artista deja ver los temas que ocupan su obra, agrupados bajo cuatro epígrafes: La Celestina; Picasso, su obra y su público; El pintor y sus modelos, y Mitologías y circos. Supone así mismo una investigación técnica sobre lo decisivo del dibujo y los diferentes procesos de captación de las imágenes mediante el aguafuerte. Para la presentación de esta serie en el otoño del 68, la galería Louise Leiris de París se vio obligada a acondicionar una sala especial para adultos, donde exhibir las imágenes eróticas, especialmente las secuencias que tratan de la relación de Rafael Sanzio con su amante La Fornarina. Con las imágenes vistas y fagocitadas, Picasso excita su imaginación que puebla los dibujos de luchadores antiguos, con las tensiones del arco de guerra, de caballos y malabaristas, de matronas inmemoriales, con los mosqueteros que salen directamente de las producciones históricas de los canales públicos franceses. En paralelo a las pinturas y los grabados, se emiten en continuidad grabaciones documentales y retransmisiones de la época a las que Picasso tuvo acceso y mediante las que podemos analizar el efecto de éstas sobre aquellas.

Entre tanto el mundo comienza a ser consciente de la genialidad de Picasso que se convierte en un artista consagrado. Llega mayo del 68, las multitudes vociferantes se echan a los bulevares de París e inauguran una nueva era con sus protestas. Atónitos -Francia y Picasso- se sientan delante de las pantallas para ver lo que está ocurriendo en las calles. Es una sociedad que se mueve, heredera de una revolución. La violencia del mundo contemporáneo entra en las mentes como algo doméstico y -en cierta manera- domesticado, superponiéndose a esas otras violencias que atrajeron la atención del artista español: la tauromaquia, la lucha, la tensión de los movimientos y de la luz en las descomposiciones cubistas. Claro ejemplo de esa pulsión de la realidad es la Caricatura del general De Gaulle y dos mujeres (1968) que la exposición nos trae junto a las imágenes del jefe del gobierno francés dirigiéndose a la nación en un intento de contener los ímpetus revolucionarios. Por primera vez la gente común entra en los cuadros de Picasso.

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También el cine, programado habitualmente en la pequeña pantalla, abre una investigación en la obra picassiana sobre planos y secuencias, sobre los procesos de filmación y proyección que tanto tienen que ver con el cubismo en esa búsqueda de una nueva figuración. Pero nada hay tan inmediato y tan impactante, tan urgente como es la televisión y el artista se ve realizado en esa urgencia con la que él pintó. En Langosta y peces (1949) un televisor entra a formar parte de la reinterpretación de Los vendedores de pescado en sus puestos, del pintor holandés Frans Snyders, es una buena muestra del universo del inmortal pintor malagueño formado a partir de la investigación sobre los clásicos, analizando la tensión del movimiento y sus composiciones y revisitando obras célebres.

La exposición es un buen pretexto para acercarse a las colecciones permanentes del museo malagueño, en el que se ha hecho un trabajo excepcional en la creación de espacios sugerentes, en la reinterpretación de la trama urbana que rodea al edificio y en el esponjamiento de sus márgenes. También es un buen lugar para tomarse un café en una atmósfera de quietud y analizar la gestión del acerbo picassiano en cuya difusión participan las administraciones públicas en asociación mercantil con la familia, depositaria en sus diferentes ramas de una destacada colección que se pone a disposición -mediante arrendamientos, donaciones o daciones en pago de impuestos-  de los investigadores y del público en Málaga, como lo hace también en los museos de Barcelona y de París, constituyéndose en una marca potente. La muestra es una coproducción con el Kunstmuseum Pablo Picasso de Münster y la colección de la Fundación Bancaja, de Valencia, propietaria de los grabados de la Suite 347.

PICASSO TV
Museo Picasso. Málaga.
30 de junio a 16 de noviembre de 2014