El TORCAL DE ANTEQUERA, UN BALCÓN AL UNIVERSO

Orión y Pléyades sobre la Cúpula

A 1200 metros sobre el nivel del mar, en un parque natural de grises formas kársticas se erige, en El Torcal de Antequera (Málaga), una ventana telescópica para las noches estrelladas. El próximo sábado 27 podrán ser testigos de cómo la estrella Antares se aproxima al planeta Marte, su eterno rival. Si se animan, sabrán cómo y por qué.

Cuando acomodas tu vehículo allí, en lo alto, puede que un zorro sorprendido te dé la bienvenida y que se despida como si hubiera sido una alucinación pero no, estás en un parque natural y este tipo de cosas puede suceder.

Pasar la noche bajo un manto de estrellas y enterarte de cómo se cosen sus hilos galácticos más que una buena idea es un increíble regalo. Que el guía del observatorio, Francisco Gálvez, saque su láser del bolsillo, lo pose en Casiopea, por ejemplo, trasladándote a una nave de Star Wars, estando enfundada en un saco, te sumerge en una experiencia al límite de la ciencia- ficción y si, al mismo tiempo, de fondo sonase el «ni no ni- no- niiii» de Encuentros en la Tercera Fase, apostados en sillones de estos del cine de la Expo que se giran y se reclinan en todas las direcciones, hubiese sido alucinante, aunque una buena silla de playa o el saco de dormir, del que hablamos, tampoco está nada mal para acomodarnos y poder escuchar los relatos cosmogónicos de un ameno y docto matemático- astrónomo.

Tres grandes e inteligentes telescopios se erguían ante los espectadores como escaleras hacia el oscuro azul. Normalmente, ponen dos pero debido a la concurrida asistencia (cerca de 200 personas, tan ensimismadas que parecían veinticinco) añadieron uno más para que todos pudiéramos presenciar, casi, el movimiento de los anillos de Saturno; un cúmulo globular, o lo que es lo mismo un conjunto de cien mil a un millón de estrellas y sorprendernos por los colores de los astros, como el cian de Urano o el azul y el naranja de otras estrellas, informándonos de la temperatura que los gobierna; o anticiparnos al futuro del sol desde otro cuerpo astral, en pleno proceso de expansión- extinción.

A simple vista, se puede conocer qué destellos conformaban la «W» de Casiopea, convertida en una mujer de pelo rizado mirándose en un espejo, y seguramente la verían así los que presumiesen de tener imaginación; o qué es eso de la Osa mayor y el Carro, y de la Osa menor y la Estrella Polar, a la vez que se nos confesaban los secretos del movimiento de las mismas y de los horóscopos; sí, sí, resulta que usted ahora ya no es el horóscopo que lee con premura en el periódico de la mañana, el movimiento del Universo se lo trocó por otro, puede hasta que se haya quedado sin él. Los asistentes pueden lograr discernir, incluso, que los objetos alejados con luces intermitentes, que avanzan interestelarmente en una misma dirección, son aviones y no OVNIS, como tampoco lo son los que no tienen luces intermitentes o destacadas porque son satélites; y parece ser que son muchos más, de los que suponemos, los que desean fervientemente ver visitantes de otro planeta. De hecho, las preguntas más frecuentes eran «¿y eso que se mueve por ahí?». Desgraciadamente, todos eran objetos archi-identificados por nuestro experto, quien demostraba una paciencia inaudita cuando le interpelaban con «¿y el 20 de junio del 98 qué horóscopo es ahora?».

Los monólogos más repetidos de los allí congregados eran los «uy» por las estrellas fugaces, no contratadas. Por fortuna ante un cielo abierto como aquél se pueden ver más de 10 estrellas fugaces en menos de dos horas, ¿cuántas se podrán avistar, entonces, en las noches de Perseidas, cuando Lorenzo brama y llora?

Actividades como la que recreo, forma parte de la iniciativa pública denominada Aula del Cielo para tratar de ofrecer al público ocio y conocimiento, al mismo tiempo. Fue en 2004 cuando surgió la iniciativa de divulgar la astronomía a centros educativos, culturales, ayuntamientos, diputaciones, empresas y, en general, a todos aquellos que se preguntaran por cómo es el Universo que nos envuelve. Aula del cielo promueve la observación diurna (para estudiar el sol con detalle), la nocturna y traslada hasta los amantes de la astronomía un observatorio portátil que permite la contemplación, en su interior, del movimiento del cosmos. Paralelamente, desde esta fundación pública y sede investigativa, se imparten cursos de formación adaptados a todos los niveles. Pero al margen de la dimensión didáctica, siempre podrán acudir a este mágico entorno para pasar un rato agradable en compañía de amigos, por mor de una esperada y romántica cita o para que sus hijos descubran cómo son, realmente, esos puntitos brillantes suspendidos en el cielo.

Si entran en la página astrotorcal podrán reservar sus plazas porque mediante correo electrónico le avisarían si se suspende la actividad por inconvenientes meteorológicos, para que el viaje no sea en vano. Solo necesitarán ropa de abrigo, no está demás una linternita por ser un lugar a salvo de cualquier contaminación lumínica y las ganas de sentirse más cerca de lo que, en definitiva, somos, polvo de estrellas.

Es una de esas experiencias ineludibles que se merecen vivir. Lo que cualquiera les cuente se quedará corto, suban al Torcal y observen con sus propios ojos.