EL TRIÁNGULO ESTÁTICO- ESTÉTICO DE LA BIENAL

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El festival de Flamenco de Sevilla complementa su programa de espectáculos que tendrán lugar en el Teatro de la Maestranza, en el Teatro Alameda, en el Espacio de Santa Clara, la Capilla del Palacio de San Telmo, en el Lope de Vega, en el Teatro Central, en El hotel Triana, y en el Real Alcázar, con otras actividades artísticas y docentes como cursos, charlas, proyecciones y exposiciones. Un paseo por una Sevilla que vuelve a renacer después del letargo vacacional con sones de la guitarra de Paco de Lucía y la voz profunda de Enrique Morente, se convierten en una apetecible propuesta. Tendrán hasta la primera semana de octubre para pensárselo.

En estos días inclasificables verano- otoñales en los que regresa a las calles de Sevilla el ambiente estudiantil, una opción para los “pre- post- universitarios” enfrascados en tanto papeleo, para los “afortunados” trabajadores, víctimas del síndrome post- vacacional, y para aquellos que se embelesan con los escaparates de Tetuán barruntando un sustituto vestuario de invierno, podría ser hacer una pausa en sus, todavía, elásticos días trazando una ruta cultural y flamenca, un triángulo estático- estético, propedéutico y aproximativo al universo de la Bienal.

Pueden comenzar el paseo entrando por la Puerta de la Carne, pasando por la capilla de San José para justo a la izquierda alcanzar la calle Madre de Dios, donde se sitúa el CICUS. Allí aguarda Donde mana la fuente, una muestra fotográfica y audiovisual de retratos de Enrique Morente, realizada por Manuel Montaño y patrocinada por la fundación Sgae. La voz lastimosa y extenuantemente cóncava del cantaor del Albaicín te embruja antes de poner el primer pie en la sala, como si el imán te estuviera llamando al rezo. Una vez dentro, la figura de un revolucionario del flamenco se ensalza en una serie de imágenes que muestran un Morente reflexivo, carismático, desgarrado y extravagante. Su postura artística traspasó los límites de su trabajo para hacer plausible una concepción holista de todas las artes.

Al pasar por el pequeño parque de la Alfalfa una multitud de niños corretean inaugurando su infancia, en la plaza de El Salvador empiezan a servirse los primeros vinos, de soslayo por la boca de Sierpes y, finalmente, entro en el Ayuntamiento. Nunca había estado y la ocasión no era administrativa. Una de las dependencias, el Salón Colón, contiene, bien dispuestas, la serie de los 18 carteles que han anunciado, bianualmente la Bienal. Desde el primero de 1980, con la firma del pintor Joaquín Sáenz, hasta el actual de Rafael Canogar. Un comienzo clásico del grafismo que se irá convirtiendo en trazos que definirán un concepto de flamenco más contemporáneo y vanguardista. Desconocía que Rafael Alberti, Antonio Tápies, Carlos Saura y Francisco Moreno Galván fueran algunos de los autores de la historia de la cartelería que estará expuesta hasta el 4 de octubre. Estas composiciones gráficas que se presentan anticipan la llegada de lo conceptual al flamenco ya que transforman lo explícito en la sugerencia.

La Alameda de Hércules sigue tan encantadora como siempre. En uno de sus edificios colindantes, concretamente, en el dormitorio bajo del Monasterio de Santa Clara, se ha concebido una exposición museística del tocaor algecireño y universal, Paco de Lucía (1947- 2014), muy completa y montada con mucho cariño. Una azafata guía la visita deteniéndose ante los de detalles biográficos del guitarrista que fue y que seguirá siendo.

En el ala izquierda de la sala, Fuente y caudal comienza con una hilera de paneles que narran la trayectoria artística del maestro de flamenco, quien comenzó a tocar para ganarse la vida y sus cuerdas acabaron convirtiéndole en un genio. Aparecerán en ellos sus principales influencias de El niño Ricardo, Sabicas; sus aventuras jazzísticas o con sones latinos; sus incursiones en el cine como creador de bandas sonoras, actor y productor; quiénes le acompañaron en su carrera, José el Greco, entre otros, y destacando a su compañero del alma, Camarón, con el que inventó un nuevo palo, la canastera; su consideración de la política; sus creaciones más personales entre las que destacan, la picaresca Entre dos aguas de su disco Fuente y Caudal, Almoraima, Siroco y Luzía tras la que permaneció algunos años de luto por los que le abandonaron en su camino; sus trasiegos en Japón, EE.UU y en el resto del mundo.

Además de este viaje por su trabajo, en el que podrán conocer hasta quiénes fueron los luthiers que fabricaron sus guitarras, disfrutarán en la pared diestra de la sala de las fotos más íntimas, los momentos con los suyos. Unas vitrinas atesoran, también, discos de pizarra y de vinilo, cartas personales, una guitarra, libros, premios, regalos que la familia más cercana del compositor ha querido compartir con los visitantes.

Les despedirán las manos de bronce que formarán parte del túmulo funerario en su pueblo natal, del escultor Nacho Falgueras y la música de La rondeña. Salgo pensando en que es en esa rondeña en la que se ha reencarnado Paco de Lucía. Por eso los artistas son artistas porque son los únicos que sobreviven ejemplarmente al tiempo, dejando sus huellas, y sólo eso significa ser alguien, sobrevivir a tu propio tiempo en el tiempo de otros. Así le pronosticó su propio padre al tocaor de Algeciras, «cuando cumplí nueve años mi padre me dijo, hijo ¿sabes leer y escribir?, hijo, ¿sabes sumar, restar, multiplicar y dividir? Ya no te puedo seguir pagando la escuela, quédate en casa, tendrás todo el día para tocar la guitarra y podrás llegar a ser alguien». Y así fue.

Ya, al aire libre, podrán culminar esta jornada estático- estética, cómo no, en una de las terrazas que rodean las columnas de Hércules y Julio César o, simplemente, pueden respirar el atardecer paseando por pasear por la Alameda.