EL VIAJE DE LOS MALDITOS

sant louis

La historia la cuentan Gordon Thomas y Max Morgan-Witts en su obra del mismo título; la novela Leonardo Padura en su extraordinaria Herejes; la transcribe Julian Barnes en Una historia del mundo en diez capítulos y medio. La recordamos para que no se olvide, cuando se cumplen 76 años, mientras que barcos cargados de seres humanos atraviesan el mar buscando amparo entre nosotros, puesto que aquellos que no conocen la Historia están destinados a repetirla.

El 13 de mayo de 1939 el trasatlántico SS Sant Louis, de la compañía alemana Hapag zarpaba del puerto de Hamburgo con destino a las Grandes Antillas. A bordo viajaban 937 personas, familias en su mayor parte, en posesión de visados como turistas en viaje de placer expedidos por las autoridades consulares de la República de Cuba en Alemania. El navío, una motonave de propulsión diésel, ondeaba la bandera del Tercer Imperio Alemán. La travesía transcurrió con la normalidad con la que se desplazaban en la época los burgueses, entre juegos de mesa, paseos por las cubiertas y cenas elegantes. A la vista de las costas de Cuba se celebró el habitual baile de máscaras para celebrar la feliz llegada. Todo parecía previsible y normal. Tras entrar en la bahía de La Habana el barco izó el pabellón de cuarentena y se dispuso a recibir a las autoridades portuarias para verificar que los pasajeros estaban libres de enfermedades, una medida habitual para evitar la expansión de epidemias.

Entonces comenzó a escribirse una de las páginas más negras de la Historia de la Humanidad.

sant louis-ines y renata spanier

Porque los pasajeros del Sant Louis eran judíos. Llegaban huyendo de su país, donde habían vivido por generaciones enteras, aterrados por las nubes de tormenta que se cernían sobre Europa. El precio de sus pasajes –de los de sus esposas, de los de sus hijos- había sido TODO: haciendas, inmuebles, patrimonios enteros, solo se les había autorizado a llevar consigo los bienes más básicos y diez marcos nominales del Imperio. Las comodidades del crucero lo habían sido por la voluntad del capitán Gustav Schroeder, en un intento de evitar deshumanizarlos aún más. Los salvoconductos que los debían amparar habían sido vendidos con engaño por los servicios diplomáticos cubanos y anulados posteriormente por una ley del parlamento.

La mayor parte de aquellos hombres –y mujeres, y niños- pretendían un tránsito en la isla antes de asilarse en los Estados Unidos, y el miedo de ambos gobiernos era que una oleada de refugiados siguiera el ejemplo del Sant Louis, que de hecho había debido ponerse a toda máquina para sobrepasar en el Canal de la Mancha al Flandre y al Orduña que navegaban atestados en la misma dirección. Aun en estas circunstancias, el gobierno de Federico Laredo Bru inició innobles negociaciones aprovechándose del miedo de aquellas personas. Se movilizaron en su favor las organizaciones hebreas y la judería de La Habana, junto con un comité de juristas que se constituyó a bordo. En contra presionaban los Estados Unidos, las organizaciones filonazis cubanas y los falangistas españoles residentes en Cuba, además de la opinión popular, siempre temerosa de lo extranjero, de lo diferente. En aquella subasta de derechos, muy pocos, solo los que tenían más recursos y conexiones internacionales consiguieron desembarcar, el resto permanecía a bordo, como hechizado por la luz de los trópicos. Hubo intentos de suicidio, algunos pasajeros desesperados se lanzaron al mar, estallaron motines y revueltas pero todo fue inútil, no había dinero suficiente para las insaciables reclamaciones del gobierno cubano, que finalmente denegaba el desembarco y exigía al capitán del Sant Louis que abandonase de inmediato sus aguas territoriales.

sant louis pasajeros

La expectación era tan grande que más de cien mil personas contemplaron la partida desde los muelles de La Habana con un nudo en la garganta. El barco partía escoltado por lanchas en las que les acompañaban hasta mar abierto sus familiares, losa que les habían esperado en balde, y que ahora les gritaban que no tuvieran pena, que hubiera confianza, las costas de Florida estaban a menos de cien millas, la Tierra de la Libertad no les negaría el amparo.

No fue así. Un cúter de la marina estadounidense les esperaba con una noticia devastadora, los Estados Unidos de América denegaban el permiso y no se les autorizaba siquiera a entrar en su zona de exclusión marítima, ningún puerto de la nación –incluidos los de Puerto Rico- estaba dispuesto a recibir al Sant Louis. Cables y telegramas atravesaron entonces el mundo, llamando a todas las puertas posibles. Canadá rechazó la entrada. La Republica Dominicana exigió unas cantidades que nadie podía desembolsar. Honduras se enzarzó en negociaciones interminables. En los días siguientes Venezuela, Ecuador, Chile, Colombia, Paraguay y Argentina rechazaron acoger a los desgraciados. Así que un mes después de la salida el trasatlántico viraba 180 grados y ponía proa de regreso a Europa, porque el aparato de propaganda de Goebbels había dado a entender -escupiendo sobre el mundo- que puesto que ningún país estaba dispuesto a recibir a aquellos degenerados, el Reich alemán se haría de nuevo cargo de ellos.

sant louis lanchas

Es imposible concebir los sentimientos de aquellos desgraciados durante la singladura de regreso, agotados por la tensión, por el calor, y por el viaje, deshechos en desesperanza. In extremis, a las puertas del viejo continente, Francia, Gran Bretaña, Bélgica y Holanda aceptaron repartirse a aquellos seres humanos que fueron internados en albergues y campamentos. El resto de su relato pertenece a la Historia: el 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán comenzaba su paseo triunfal sobre Europa, la desdichada Polonia fue rapiñada, Francia, Bélgica y Luxemburgo cayeron de un golpe, mientras las familias reales de Noruega y los Países Bajos salían hacia el exilio y Dinamarca era intervenida.

El destino de los pasajeros del Sant Louis se une al del resto de los judíos europeos y se inscribe con nombres funestos en los libros de Historia: Belzec, Dachau, Treblinka, Bergen-Belsen, Austwitch-Birkenau, Buchenwald, Flossenbürg, Gross-Rosen…